BauFaustino/CONTRARIEDADES Y SUFRIMIENTOS (1885-1888)

De Wiki Instituto Calasancio
Saltar a: navegación, buscar

LOS MEDICAMENTOS DEL P. MIGUEZ
Tema anterior

BauFaustino/CONTRARIEDADES Y SUFRIMIENTOS (1885-1888)
Índice

CUATRO AÑOS PENOSOS (1888-1892)
Siguiente tema


CONTRARIEDADES Y SUFRIMIENTOS (1885-1888)

Las contradicciones y amarguras son el sello de las obras de Dios. Ningún fundador de colectividades religiosas en la iglesia, sean Ordenes, Congregaciones o Institutos de cualquier clase, ha levantado su respectiva obra sino a fuerza de lágrimas y de sangre, pero de sangre y lágrimas propias. La Santa Iglesia otra cosa no es sino el fruto de la pasión y muerte de Cristo su Divino Fundador.

En el origen y primeros años de la Congregación de la DP no faltaron las contradicciones de todas clases.

En primer término veamos esta confidencia de M. Ángeles que nos pinta gráficamente el efecto que en la comunidad de PP. Escolapios a que pertenecía el PF, causaron los primeros dispendios del padre a favor de las maestritas.

“Como todos los miembros de una comunidad no piensan de la misma manera, y todos quieren participar de los beneficios de cada uno de los demás, hubo entre los padres serios disgustos, y algunos de mucha importancia, porque aquellas cantidades no entraban en comunidad y las invertía en cosas extrañas.”

Cuando se hizo la vestición del hábito de las primeras novicias, los padres del colegio no se dignaron asistir. Y aquellas desavenencias, al trascender a actos públicos, laceraban el corazón del P. Míguez. Honrosa excepción en el ambiente hostil del colegio era el P. Pedro Díaz de Santa Teresa, que fue luego en 1906 Vicario General.

Los médicos de la población, respetuosos admiradores del padre al principio no tardaron en revolverse y tratar de hacerle imposible su vida y actuación con los enfermos. Pero la marcha interna de la, primero Asociación y luego, Congregación, es la que le deparaba más sinsabores, por cada satisfacción y alegría.

La perseverancia de M. Ángeles se vio rudamente tentada no solo por sus familiares sino también por su antiguo confesor, el P. Manuel Oliva, religioso del Oratorio de S. Felipe Neri de Sevilla. A los pocos meses cambió de pensar y bendijo y animó a la cofundadora, pero su acción inicial fue muy perturbadora.

Poco más adelante tras los hurtos de las provisiones de las primeras asociadas, el padre probó encomendar la administración a una señora no asociada, que percibiría los ingresos de las niñas y se comprometía a suministrar a las atareadas maestras todo lo necesario. El plan de tacañería a que sometió a las sufridas jóvenes hizo enfermar a algunas y casi dio al traste con la obra.

El contraste de caracteres, gallego él, andaluzas ellas, creaba también dificultades minúsculas pero sensibles, que le alejaban por unos días de la dirección y le hacían devorar amarguras y dificultades internas.

Peor cariz tomó la defección de la segunda de a bordo, que por no declarar paladinamente su cansancio, prefirió el recurso de sentirse o fingirse enferma con accesos de ira en que se mesaba los cabellos y con gritos tan descompasados que escandalizaban al vecindario. Todo pasó después que se la llevaran sus familiares. Pero quedaron las demás llenas de temores y sobresaltos que les hacían ver sombras y ruidos extraños por todas partes.

El periodo pasado en la calle de la Bolsa fue más tranquilo pero duró solo un año. El padre mostró mucha prisa en el traslado a la calle González Hontoria. Le habían regalado la casa los agradecidos sres. Argüeso para la Congregación pero en forma reversible a los donantes si la congregación la abandonaba. Esta situación la estimaba favorable para la estabilidad de la obra ante los sombríos presentimientos que comenzaron a asaltarle y no sin razón

Mala es la envidia de unos y de otros sobre todo si se involucra con cuestión de intereses. Cuanto más desarrollo tomaba la obra con su triunfante colegio de niñas, más se desataba la murmuración de la comunidad escolapia contra su miembro y hermano el P. Míguez. Cuantos más eran los enfermos que cuidaba con sus globulillos y sus específicos, más rechinaban los dientes de los galenos de la ciudad. Y se juntó el hambre con las ganas de comer. Una reunión del medicato termina con la formación de una junta delegada que se presenta en el colegio y vuelca el peso de sus resentimientos ante el P. Alejandro Corrales, rector de la casa y ante varios de la reverenda comunidad.

El propio P. Rector que diera gustoso su permiso cuando las cosas no habían tomado vuelo, se ve ahora abrumado por el número de reclamantes Y salieron cartas para Madrid dirigidas al P. Provincial Santiago Zatón, y se comprende que la tormenta estaba a punto de estallar. El estallido fue simplemente la orden de traslado, la obediencia dada al P. Faustino de su salida de Sanlúcar para incorporarse a la comunidad del colegio escolapio de Getafe, cerca de Madrid.

Puede suponerse lo que significaba su marcha para el desarrollo de la pobre congregación. Y la emoción de las novicias ante la noticia de la inevitable partida. “Llevábamos tres años de novicias, estaba todavía formándonos, no se hacía nada sin preguntarle, no teníamos pensamiento que no se le consultase, era nuestro padre y él nos consideraba sus hijas en Jesús, por Jesús y para Jesús porque estas eran sus palabras cuando nos veía fervorosas y le contábamos nuestras fechorías espirituales de mortificaciones con deseo de santificación y aspiraciones de ganar almas para Dios… Y la verdad era que nos íbamos a quedar completamente solas. Porque, ¿a quién íbamos a acudir si a todos los teníamos completamente en contra? Con los PP. Escolapios no podíamos contar porque el P Rector no nos quería y los demás tenían miedo de venir a nuestra casa. Solo uno se prestó a confesarnos en su iglesia y hubo de darle lástima de nuestra situación.

“Terminados los meses de vacaciones de aquel verano de 1888, se decidió la marcha del padre a Getafe. Y entre muchas cosas de consejos, unión caridad y amor de unas con otras para trabajar por el instituto que se estaba formando, nos dijo que convenía que se ausentara para que vieran era obra de Dios. No os apuréis confiad en que Dios cuidará más que nunca de vosotras”.

“Esta trama que nos armó el enemigo fue de mucho sentimiento y pena grandísima, aumentada en la última misa que le oímos y en el último desayuno que tomó. Nos animaba mucho a la lucha y nos consolaba con la protección de la Santísima Virgen, que desde un principio bien demostraba en todos nuestros asuntos el interés que se tomaba por nosotras.

Vinieron a despedirlo algunas señora: Dña. Francisca Argüeso y Dña. Trinidad Trechuelo, vda. de Pastrana, fueron a la estación. ¡Qué día y que mañana pasamos, Dios mío! Tantas cosas le preguntábamos que acabó por no contestar. Nos bendijo hecho un mar de lágrimas y marchó con un criado que le trajo el equipaje. Al sentir el silbido del tren nos echamos a llorar todas una vez más y en medio de tanto desconsuelo percibimos una voz desconocida, pero tan bondadosa que todas nos dimos cuenta de quién era: “Aquí estoy con vosotras, sedme fieles y cumplid con las obligaciones que os habéis impuesto y os asistiré como una madre. Más tarde veréis la recompensa”.

Notas