BauFaustino/EL PADRE MIGUEZ, ESCRITOR. (1904)

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EL PARQUE DE GETAFE Y “EL PENSAMIENTO”
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EL PADRE MIGUEZ, ESCRITOR. (1904)

Ignoramos por qué circunstancia, pero es lo cierto que la actividad literaria del P. Faustino se centró en el año 1904, el de las profundas transformaciones en el régimen interno de la jerarquía escolapia española. Y siempre en la misma imprenta madrileña de Gabriel L. y del Horno, calle de San Bernardo, 92, imprimió sus pequeños y no numerosos libritos.

Su primera producción llevada a la imprenta quedó reseñada ya y fue el famoso “Análisis de las aguas públicas de Sanlúcar de Barrameda, con indicación de sus virtudes medicinales. “Se imprimió en Sevilla en 1872 y no es preciso recordar que produjo verdadera admiración y se reputó por un verdadero triunfo, habida cuenta del estado embrionario de las Ciencias Químicas en nuestra patria por aquellas calendas. Prologado por el Dr. Pizarro Catedrático de la Facultad de Sevilla, y avalado con la conformidad de los médicos sanluqueños constituye la garantía oficial de que el P. Míguez no cultivaba un curanderismo empírico más o menos acertado, sino que rendía culto sincero y eficaz al estudio auténticamente científico aplicado al alivio y curación de las humanas dolencias.

El P. Faustino, pedagogo, escolapio de alma entera, se nos revela en tres librillos de texto, que publicó estando en Getafe el año 1904 y en la imprenta que referida queda.

Venga el primero a nuestro examen un textito para alumnos de primaria, muy chiquitines, cuya atención se capta y cuyo lenguaje se suelta en contestaciones de una sola palabra, a raíz de preguntitas que dirigen el diálogo, después de una breve explicación contenida en un claro recitado. Forma así 50 leccioncitas, de lo que el título reza: “Historia Natural”.

Nos place efectivamente ver al sabio cómo desciende de sus alturas para ponerse al nivel del pequeñuelo, para iniciarle en la afición y gusto de la Naturaleza y luego por añadidura hacerle desembocar en un pensamiento sobrenatural. Por, toda descripción metodológica nos vamos a permitir reproducir un capitulito cualquiera, por ejemplo el 44. Hélo aquí:

Lección XLIV

Plantas medicinales, de adorno y venenosas.

Hay, por último, plantas que se emplean para curar algunas enfermedades, como la valeriana, y se llaman medicinales; otras se emplean de adorno en los jardines, como la margarita; y algunas que hacen ambas cosas, como la violeta. No pocas son venenosas y deben manejarse con cuidado, como la cicuta, el acónito y muchas otras.

¿Se emplean algunas plantas como medicina? – Medicinales.

¿Y por qué no se aplican todas? – Por ignorar sus propiedades.

¿Qué serán el llantón, la centaura, la sanguinaria, la valeriana y otras como éstas? –Medicina-les.

¿Y las que especialmente sirven de recreo? – De adorno.

¿Qué serán el pensamiento, el geranio y la margarita? – De adorno.

¿Y de qué sirven algunas a la vez? – De adorno y de medicina.

¿Hay plantas dañosas? – Muchas.

¿Y qué deben hacer los niños con ellas? – No tocarlas.

¿Podréis tocar el acónito y la digital? – No conviene.

¿Y la celidórica que tiene un jugo amarillo y la lechetrezna que lo tiene blanco y venenoso? – Tampoco.

¿Y la cicuta que se parece al perejil? – Menos.

¿Y el estramonio que tiene la flor blanca y el fruto como un erizo? – De ningún modo.

¿Y por qué? – Porque son muy venenosos.

¿Qué os pudieran causar esos venenosos? – La muerte del cuerpo.

Y antes de la muerte ¿qué os producirían? – Muchos dolores.

¿De qué os debéis guardar como de los venenos? – Del pecado.

¿Qué os acarrearía el pecado? – Muchos remordimientos.

¿Y después? – La muerte del alma.

¿A dónde iría a parar entonces el alma? – Al infierno.

¿Por mucho tiempo? – Para siempre.

Vemos, pues, condesado en esta breve leccioncita al naturalismo botánico, al pedagogo, al catequista y al apóstol. Todo ello a la vez deben ser los maestros escolapios y las Hijas de la Divina Pastora.

El librito, efectivamente, está a tiro de ballesta ideado para niños y para niñas. Al entablar en la lección 1ª el primer diálogo pregunta: Pepito, ¿sabes qué es la Naturaleza? Y en la lección 2ª interroga por el contrario: María, ¿cómo se llaman los seres que componen el mundo?

O quizá como ya por su indicación las Pastoras admitían párvulos, la intención de las preguntitas apuntaba a pequeñuelos y pequeñuelas de un mismo Colegio.

Resulta también sorprendente por su extraordinaria sencillez otro textito publicado el mismo año y en la misma imprenta titulado: “Diálogos sobre las láminas de Historia Natural de la Mesa Compendio”. Son ochenta paginitas en octavo. Sus preguntitas son para obtener de parvulitos y parvulitas contestaciones casi monosilábicas, a base de explicaciones, sino de intuición directa de las láminas con grabados multicolores de plantas y animales. Se adivina inmediatamente al profesor en contacto directo con sus pequeños alumnos, aunque alguna vez nos desconcierta algún término o explicación demasiado científicos. La relación entre la pregunta y la respuesta es mímica y la expresividad de la maestra ante las figuras de la lámina que sirve de centro de interés. Es ejercicio apropiado para entablar los primeros diálogos y estimular al buen lenguaje.

El tercer tomito de la serie que ha llegado a nuestras manos está destinado a alumnos de enseñanza primaria pero en su grado superior o perfeccionamiento. Titulase “Nociones de Física Terrestre”. Séanos lícito decir algo de lo que nos sugirió la lectura de su centenar de densas paginitas.

Aunque esté destinado a los mayorcitos, el librito nos parece demasiado elevado. El autor se cree obligado en el prólogo a rebatir la opinión de los que creen que huelga tal asignatura en la primera enseñanza. Parece consciente de la singularidad de su criterio en este punto, y efectivamente optamos por dejarle en soledad. Es mucha y muy alta la materia de Física Terrestre, verdadero tratado de Geología y Geografía Física, para poder tener cabida en la mentalidad infantil. Y efectivamente el esfuerzo de adaptación resulta estéril. No basta con adoptar la forma dialogada aun de preguntas brevísimas para sortear el escollo de la terminología artificial y de las hipótesis imprecisas .La carencia de subsidio gráfico aun del más elemental dibujo acrecienta la dificultad. Hay que reconocer el fracaso pedagógico en este caso concreto.

Pero apuntan en cambio otros valores positivos que no debemos soslayar, con criterio histórico. El librillo deja entrever una competencia científica extraordinaria, una cantidad de lecturas absorbente, una erudición científica y un enciclopedismo nada común. Todas las ciencias se ponen al servicio de la interpretación de los hechos físicos del planeta terrestre geográficos y biológicos desarrollados en su superficie. La estructura , forma y elementos de nuestro mundo terráqueo; sus modos de representación; los fenómenos térmicos y los seísmos de todas clases; la explicación de los géiseres, emanaciones y volcanismo; la orogénesis y el fondo de los mares; todo está aludido y a veces tratado con minucioso cariño, y siempre explicado con modernidad que cautiva aún , a medio siglo de distancia. La parte geológica, con sus periodos desde el paleozoico al antrópico, con las subdivisiones pertinentes de las edades prehistóricas y protohistóricas, se atrae todas sus complacencias.

Y todo ello evoca involuntariamente el recuerdo del medio histórico en que se concibió la obrilla, cuando Darwin metía tanto ruido, cuando el concordismo bíblico de Vigouroux no estaba aún superado, cuando el P. Llanas triunfaba en los púlpitos de Barcelona con sus conferencias científico religiosas, en un ambiente de pretendidos conflictos entre la Religión y la Ciencia .

El P. Míguez con su asignatura de Física Terrestre creía cumplir una misión apologética, y por ello salpicaba el libro de consideraciones de polémica religiosa.

Y trae también a la mente el recuerdo de aquella famosa circular del mismo P. Eduardo Llanas en 1900, que realizó en las Escuelas Pías de España el despliegue en abanico de las múltiples asignaturillas de la primera Enseñanza, arrinconando el viejo sistema tradicional de las escuelas de leer, escribir y ábaco que había predominado hasta entonces con no muy numerosas variantes.

Aquella Circular tuvo resonancias esporádicas en Aragón y Cataluña, una interpretación genial en Valencia con la biblioteca escolar calasancia del P. Fernando Garrigós, y un eco modesto y desigual en Castilla con estos textos de divulgación científica del P. Faustino Míguez de la Encarnación.

Un cuarto libro de otra índole salió de las mismas prensas el mismo año de 1904 con el nombre del P. Míguez en portada. “Junio o Mes del Sagrado Corazón de Jesús “. Las conferencias o pláticas piadosas que el Padre dirigía a las Novicias Hijas de la Divina Pastora en los tiempos iniciales de la Congregación se reunieron ahora en un fervoroso devocionario que traía también ecos de la influencia del último Vicario General P. Llanas con sus “Escolapios Insignes” y los más lejanos del P. Manuel Pérez con su “Corona Calasancia”. Los fervores del piadosísimo Padre se explayan aquí con los soliloquios del alma a Jesús y de María al alma, así como su espíritu escolapio brilla en los numerosos ejemplos.

El quinto libro del P. Míguez que salió de la Imprenta madrileña de Gabriel del Horno fue a los dos años del anterior, en 1906, y son las Reglas de las Hijas de la Divina Pastora.

En 1885, al principio de la fundación, el Padre compuso las Bases de la Asociación a instancias del Cardenal Ceferino González que las aprobó inmediatamente el 2 de enero de aquel año. Cuando la Asociación era ya Congregación y las Novicias trataban de profesar acabando su ya largo noviciado, el P. Director, ya en Getafe, transformó las Bases en Reglas, para la Congregación y fueron aprobadas por el mismo Cardenal el 12 de junio de 1889. Después de la Profesión Simple hubo que convertir el Reglamento en verdaderas Reglas de la Congregación y fueron aprobadas en Sevilla por el Cardenal Marcelo Spínola el 14 de Julio de 1897. En estas Reglas es donde consta la necesidad del decurso de veinte años para pasar de la Profesión simple a la Profesión Perpetua, que fue lo que costó mucho de derogar para la profesión de 1899.

Estas Reglas, pues, de 1897, son las que, apenas formalizada la hasta entonces provisional fundación de Getafe en 1905, quiso el P. Director imprimir en Madrid para uso de las tres casas de Sanlúcar, Chipiona y Getafe. El Excmo. Sr. Guisasola Obispo de Madrid Alcalá, concedió el permiso correspondiente y vieron la luz en 1906.

Las Reglas definitivas fueron objeto de la aprobación pontificia el 27 de julio de 1922, y se editaron el año siguiente.

Pero esta edición no es ya de Madrid, sino de Sevilla, imprenta de la Divina Pastora, 1923.

Estas son la última publicación del Padre a la edad admirable de 92 años. Fueron las primeras Reglas que aprobó la Iglesia después del Derecho Canónico y no haber sufrido corrección alguna es una prueba de la sabiduría de su autor en cosas eclesiásticas. Y además constituyen su testamento espiritual, las palabras del prólogo que les antepuso, y que son una exhortación ardorosa a la eficaz imitación de la Santísima Virgen.

Así la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y la fiel imitación de María son las grandes características del espíritu del Padre Míguez y las dos grandes recomendaciones que legó impresas para sus Hijas.

Notas