BauFaustino/INICIACIÓN EN EL SACERDOCIO Y EN EL MAGISTERIO (1855-1857)

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NOVICIADO Y JUNIORATO (de 1850 a 1855)
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INICIACIÓN EN EL SACERDOCIO Y EN EL MAGISTERIO (1855-1857)

Terminada su carrera en el juniorato de San Fernando, el p: Faustino recibió las Sagradas Órdenes hasta el sacerdocio que le fue conferido en la parroquia de S. Marcos de Madrid y cantó su primera misa en el propio colegio de San Fernando.

Aquella vocación sacerdotal que floreciera en su adolescencia allá en Acebedo, llegaba ahora a su culminación, a los 24 años de edad y estando aún bastante reciente la Profesión religiosa. San José de Calasanz había creado para los niños una Orden de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios. Los escolapios eran una orden clerical, es decir, de sacerdotes. El Fundador de las Escuelas Pías quería para los niños de sus escuelas unos maestros que fueran como sus ángeles de la guarda. Y para que fueran muy sabios y muy santos y para que ellos mismos pudieran transmitir directamente la santidad a sus niños, quiso que fueran sacerdotes-maestros.

El P. Faustino Míguez llegó con toda la alegría de su corazón al sacerdocio y aquel mismo año le confiaron la escuela de escribir y comenzó entonces su magisterio.

Todas las suavidades del altar, toda la mansedumbre de la Víctima Divina, todas las gracias sacramentales que manejaba y atesoraba en el Santo Sacrificio, las vertía sobre sus niños en la escuela.

Confesar a niños fue tarea que practicó hasta sus últimos años. Predicar o platicar a niños fue recurso principal entre los procedimientos de su pedagogía. Dar comuniones a niños constituyó una de sus mayores delicias. Y sacerdote de niños, recibió luego de Dios, como ampliación de su ministerio, la misión de adoctrinar, de platicar, de confesar y administrar la Eucaristía a multitudes de niñas.

Fuera del ambiente escolar, su confesonario fue frecuentadísimo por personas de todas las clases sociales y el apostolado sacerdotal que desde él ejerció nuestro padre fue de extraordinaria eficacia. Si el predicador -decía SD. Juan Eudes-lleva las almas a Dios, el confesor las salva. Aquel muestra a las almas la voluntad divina; este hace que la ejecuten; el primero señala los remedios seguros para la curación de las enfermedades del alma, el segundo los aplica al enfermo y lo sana. San Alfonso María de Ligorio añade: el predicador siembra, el confesor cosecha. El sacerdote que no ama el confesionario es que apenas ama las almas.

Nuestro venerado P. Faustino era en el confesonario la personificación de la fe, de la esperanza, de la caridad, de la paciencia, de la abnegación, de todas las virtudes características de un apóstol. Era un juez dotado de gran ciencia de hecho y de derecho, de imparcialidad suma, y revestido siempre de la caridad. Era un médico excelente, que sanaba las heridas de los enfermos del espíritu, derramando sobre ellas, como el samaritano del evangelio, vino y óleo de amor de Dios. Era un padre, a quien sus hijos descubrían sin reparo los escondrijos del corazón, y a quien en las horas de amargura espiritual acudían en busca de consuelo reconfortante y alentador.

El PF se fue haciendo con los años de práctica asidua un excelso director de almas.

Pero sin salirnos de la época de sus comienzos, queda otro aspecto de su formación en que fue también de los primeros y que influyó sobremanera en los ulteriores acontecimientos de su vida.

Ya dijimos que el Rmo. P. Feliú era un hombre de verdadero empuje y que para la restauración escolapia comenzada en 1845 contó ante todo con un bien pensado plan de estudios para sus jóvenes escolapios. Habíalo ideado a base de Matemáticas y de Ciencias Dogmático-morales. En su último semestre introducía la Física. Resultaba muy nuevo para las generaciones que habían terminado en el 34. Al reanudar el juniorato el año 47 los nuestros se hallaban ante realidades muy distintas de las Humanidades y Retóricas de antaño. El Comisario Apostólico lo impuso a rajatabla en todas las provincias escolapias.

Pues bien, en la provincia de Castilla se dio un paso más. En el juniorato de S. Fernando se estableció para los clérigos de aquellos primeros cursos una clase formal de Química, Fisiología e Historia Natural, regentada por los mejores catedráticos que se pudieron contratar de fuera de la orden. Hoy nos parece cosa baladí. Entonces era una audaz innovación.

Al P. Faustino cúpole también la suerte de cerrar sus estudios con aquella clase. En ella se encontraba en su centro. Descubrió en ella su aptitud y su vocación científica. Se decía que los alumnos más aprovechados eran el P. Luciano Solís, el P. Marcelino, quizás el P. Antonio M. Escolano... Pero no faltó quien advertía que el observador más profundo y penetrante el PM y el tiempo le dio la razón.

Notas