BauFaustino/LOS MEDICAMENTOS DEL P. MIGUEZ

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TRASLADOS Y MUDANZAS (1885-1902)
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LOS MEDICAMENTOS DEL P. MIGUEZ

Dijimos que fue providencial la elección por arte de Dios para fundador de la Congregación de la Divina Pastora a un hombre que juntase las virtudes del religioso con la ciencia del médico. A primera vista esto podría parecer absurdo, pero los caminos de Dios son inescrutables y llegan a su término por vías no sugeridas por la imaginación del hombre.

La visita pastoral del Cardenal Ceferino González y los permisos concedidos por escrito por los superiores de la Orden impulsaron al P. Faustino a hacerse cargo como director de la obra naciente; pero no le facilitaron los medios materiales con que necesariamente había de contar para llevar adelante la fundación.

Precisamente para esto es para lo que Dios contó con las aficiones médicas de nuestro padre, como cuenta con las causas segundas para el logro efectivo de sus divinos proyectos. A la visita pastoral sucedió la visita del Decano de la Facultad de Medicina de Sevilla, y tras la curación del compañero enfermo por quien él se interesaba, la fama médica del padre creció como la espuma

Oigamos al mismo padre: “Curado el enfermo comuniqué a la Superiora o Directora de la Asociación (la M. Ángeles) el remedio de que me había servido indicándole al mismo tiempo el modo de prepararlo y manifestándole mi intención al emprender aquel trabajo: “que si lograba lo que pretendía, lo que reportase se distribuiría en la confección de medicamentos en limosnas y misas por as benditas ánimas y en beneficio de la Asociación”

“La resonancia de este éxito hizo que después tanto el referido Decano como otros doctores acudieran a mí para la curación de otras enfermedades que dieron lugar al descubrimiento de los demás Específicos que iba preparando la Directora, aunque de un modo poco estético y recibiendo por ellos lo que espontáneamente le daban.

Y dejemos ahora hablar a la M. Ángeles: “El padre era muy científico, sobre todo en química, en el laboratorio hacía muchas experiencias de plantas que servían para medicinas, era además muy docto en homeopatía curando muchas enfermedades y por ello le daban limosnas. Con el permiso de sus superiores primero, y después del Superior General, consiguió que estas limosnas las dedicara a este fin”.

Efectivamente dice el padre: “Posteriormente pregunté al Rvdmo. P. Manuel Pérez si le parecía bien que yo emplease en beneficio de la referida congregación y en otras obras de caridad y beneficencia lo que empezaban a producir mis específicos y me respondió textualmente: “en ninguna cosa mejor”.

En su vista determiné hacer de aquello tres lotes: uno para misas por las benditas Ánimas, otro para gastos de elaboración de dichos específicos y el tercero para los referidos fines de caridad y beneficencia”

Y estos fueron los recursos que le Señor puso de una manera plenamente normal y natural en manos del fundador para ir atendiendo desde el comienzo, no sin estrecheces y serios apuros, a la naciente familia de educadoras de niñas.

No hemos podido precisar fechas para el subtítulo de este capitulillo. Las aficiones médicas del padre se iniciaron poco después de terminar la carrera escolapia y las mantuvo casi toda su larga vida. En Guanabacoa ya le vimos medicándose a sí mismo con relativo éxito. De su fama clínica y de la divulgación de sus específicos durante el largo periodo de su última residencia en Getafe tenemos que tratar.

Repitamos que el P. Míguez no tenía título oficial de médico y por ello se abstenía de reconocer a los enfermos por los procedimientos de inspección y experimentación propios y correctos en un facultativo pero que ya no lo serian en un sacerdote. Por ello se limitaba a mantener conversación con el paciente y entre tanto se fijaba en él observándole todo lo posible. Por fin le indicaba la conveniencia de tomar, si quería curarse, los globulillos de tal clase o de tal otra, o los líquidos o jarabes del especifico tal o del preparado cual, y sus éxitos eran frecuentísimos y tan satisfactorios que su propaganda era simplemente la transmisión oral y entusiasta de los aliviados y totalmente curados.

Los globulillos solían ser algo mayores que los preparados ordinariamente en homeopatía y los preparados líquidos que se hicieron más famosos se registraron en la Inspección General de Sanidad y circulan todavía 14 o 15 de ellos con gran aceptación y recomendación propalada exclusivamente por los mismos beneficiados.

En total los específicos Míguez legalmente registrados son 53. El más notable es el antidiabético, pero los hay anticalculoso, anticatarral, anticefálico, anticolerina, antiforúnculo, antigastrálgico, antidiarreico, antierosor, antiescirroso, antiferino, antihemorrágico, antihepático, antinefrítico, cardiaco, colutorio, diurético, hematosamuntor, contra la angina de pecho, etc.

Las vicisitudes, triunfos, persecuciones, disgustos, alegrías y sufrimientos que le depararon dichos medicamentos se irán rastreando a través de los capítulos siguientes.

Notas