BauFaustino/PROFESIÓN PERPETUA Y ATRACCIÓN DE GETAFE (1898 – 1902)

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PROFESIÓN PERPETUA Y ATRACCIÓN DE GETAFE (1898 – 1902)

En el Reglamento elaborado por el Padre y aprobado por el Cardenal Ceferino se consideraba que tras la profesión de votos simples habían de dejarse pasar veinte años para la emisión de votos perpetuos. El P. Míguez no había tenido en su vida religiosa más que la profesión solemne, inmediatamente después de los dos años de noviciado. Profesó en 1853. Seis años después de ser él profeso, introdujo el Papa Pío IX la innovación de pronunciar antes los votos simples. Nuestro Padre debió de encontrar tan sabia y oportuna aquella medida, que la extremó para sus religiosas, y no contento con exigir tres años de antelación o cumplimiento de los 21 de edad, para la Profesión Perpetua exigió nada menos que veinte .Es tendencia similar a la de la Compañía de Jesús , que retrasa también notablemente los votos solemnes.

A la Madre Ángeles y demás religiosas parecía ello excesivo, sobre todo por cuanto así la Congregación nunca acababa de adquirir su carácter definitivo y no lograba desplegar del todo sus alas. Escribiéronselo así a Getafe, pero el Padre no contestaba. Desde la profesión simple en 1889 no le habían visto. Estaban a punto de cumplirse los diez años desde aquella fecha. Las últimas cartas con motivo de la muerte de la Srta. Angulo habían sido de disgusto. Protección eficaz como la que recibían de su verdadero Padre, Fundador y Director en nadie la habían encontrado ni la habían de encontrar. El asunto de reducir a la mitad los veinte años que él impusiera para pasar de profesión simple a perpetua, era su verdad cuestión enojosa.

El instinto de M. Ángeles tuvo una inspiración feliz. Largo era para aquellos tiempos y para aquellas mujeres que no habían salido de su tierra natal de Andalucía o más concretamente de Cádiz, un viaje al corazón de España, a Madrid y a Getafe, sin haberle avisado previamente.

La Madre cuenta lacónica pero expresivamente: “Así lo hicimos y no le sentó mal”. Expusiéronle su deseo sobre la reducción a diez, de los veinte años de espera. Lo pensó bien una vez más y decidió afirmativamente, pidiéndolo naturalmente antes al Cardenal Spínola. Pero Madre Ángeles llevaba todavía otro asunto de más interés. Sin sus consejos inmediatos y sin su ayuda efectiva – vino a decirle – padecemos mucho. Ya que la Obediencia le impide venir allá, ¿por qué , Padre, no nos venimos nosotras aquí y hacemos una fundación para poder consultarle de cerca ;y arreglamos un botiquín y hacemos y vendemos sus medicamentos estando nosotras al frente?.

Al pronto el Padre se resistía, pero luego lo consultó. Desde 1893 estaban de nuevo en marcha sus curaciones y sus específicos, y a pesar de las trapacerías de algún farmacéutico iba él obteniéndoles algún producto; y de los enfermos visitados en el propio Colegio sin forma facultativa y sin pedirles absolutamente nada, iba no obstante recibiendo limosnas espontáneas y generosas.

Se decidió por tanto y les alquiló un local a propósito, para que provisionalmente se instalasen tres Hermanas hasta que lograran con todos los permisos pertinentes formalizar en Getafe una fundación.

Y la Madre Ángeles con su compañera se volvieron consoladísimas y aquel mismo año de 1898 fue ya un hecho la fundación provisional del Colegio de Getafe. Todas las tareas que tenía que hacer el Padre en el laboratorio ayudado del fámulo Víctor, las asumían las tres Religiosas, aligerando asimismo la tarea del Farmacéutico, del que en absoluto no se podía prescindir.

Entre tanto allá en Sanlúcar las Madres se movieron lo indecible para recabar de las autoridades diocesanas, como el Padre les había dicho ,la concesión de modificación de la Regla en lo tocante a los años para la profesión de modificación de la Regla en lo tocante a los años para la profesión perpetua .Lograron después de muchas contradicciones y pruebas .Y una vez obtenido, empezó otra lucha más complicada para lograr que el Padre también esta vez fuera a Sanlúcar, como había ido a la primera profesión de hacía diez años.

Había pasado ya el verano. Era tiempo de curso y aun cuando escribieron a todos sus Superiores y encontraron Padres de Getafe que se comprometieron por carta a suplirle en sus clases, era él quien se oponía al desplazamiento. Las monjas tenían un disgusto enorme por su negativa, y para vencerla empezaron con sus niñas una novena a la Divina Pastora. Ante las presiones de la bienhechora familia Argüeso, cedió al fin pero con condición de que nadie lo supiese .Marchó de incognito al Colegio de los Padres sin ser recibido por nadie en la estación, por no saberse su llegada. El Rector P. Juan Antonio Herrero mandó aviso secreto de la presencia del Padre al Colegio de las Hermanas. Precisamente se estaba en la novena cuando llegó la noticia. Excusado es decir que al presentarse él allí hubo desbordamiento de alegrías y terminaron forzosamente las clases, pues nadie pensaba sino en saludarle y oírle.

Túvose el acto de la profesión perpetua de las tres primeras profesas de la Congregación que eran la Madre Ángeles, Sor Concepción y Sor Antonia. Era el 26 de noviembre de 1899, fin de siglo. La pequeña Capilla del Colegio apenas pudo contener a los invitados, entre los que no faltaron esta vez los Rectores de Escolapios y Franciscanos. El ceremonial había sido minuciosamente compuesto por el P. Faustino para todos los actos oficiales de toma de hábito y las dos clases de profesiones.

Tras el refresco a los asistentes, y a los postres de la comida ofrecida a los íntimos , el P. Míguez leyó los nombramientos , refrendados en Sevilla, de Superiora, Vicaria y Secretaria de toda la Congregación, a las tres recién profesas respectivamente, quedando constituida la Dirección del Instituto. Dos días después se dio el Hábito a algunas Postulantes, y el Padre se volvió a Getafe. Desde aquel día se le empezó a titular oficialmente en la Congregación el Reverendo Padre y la M. Ángeles la Reverenda Madre. Tenía en Instituto dos cosas formales la de Sanlúcar y la de Chipiona, y en ciernes, la de Getafe.

El siguiente año1900, el Cardenal Spínola ordenó que se celebrara capítulo con elecciones formales, dejándose ya de nombramientos directos. El P. mandó el directorio escrito para la recta celebración de todos los actos capitulares, y del Arzobispado llegó el oficio de Presidente del Capítulo para el segundo Párroco. Las elecciones recayeron sobre las tres Superioras que ya lo eran, lo cual llenó de gran alegría al Rdo. Padre al ver la concordia y compenetración que reinaba en el Instituto.

En Getafe las tres Hermanas que cuidaban del Laboratorio trabajaban sin descanso. La afluencia de enfermos que acudían al Padre entró en período álgido, constituyendo verdadera romería y hablándose otra vez de trenes especiales. De 1901 datan dos denuncias oficiales de los Delegados de Medicina y Farmacia cursadas al P. Provincial con amenaza de prender y encarcelar al Fraile de Getafe si continúa con sus delitos de intrusionismo en ambas profesiones.

El Padre no hizo el menor caso, seguro de que las medicinas estaban legalizadas por la firma de un Farmacéutico, y en las atenciones a los enfermos él evitaba cuidadosamente todo acto de reconocimiento facultativo y de exigencia de honorarios de ninguna clase. Las limosnas eran, no obstante, abundantes y permitieron el acto más importante y generoso del Rdo. Padre en beneficio de la Congregación.

En 1902, leyendo por casualidad la Rda. M. en Sanlúcar un pedazo de periódico encontró que la firma denominada “El Picacho” salía a subasta. Estaba escribiendo al Padre y por broma en posdata le dio la noticia. Temióse ella que la contestación sería un regaño de los fuertes; pero pronto supo que en vez de reprenderle su gesto el P. Míguez había tenido la delicadeza de escribir inmediatamente a los Sres. de Argüeso para que en su nombre tomasen parte en la licitación y tratasen de ganar la subasta.

La Madre redobló sus oraciones; los mandatarios obraron con tal acierto que la operación se remató a favor de la Congregación ;y las Hijas de la Divina Pastora entraron gozosísimas en posesión de la casa y finca que mejor habrían podido soñar , para reunir en óptimas condiciones la casa, el noviciado y las escuelas que hasta entonces tenían dispersas en el pequeño local de la calle de González Hontoria, en el desván de la casa contigua y en los dos altos de las bodegas que últimamente les habían dejado.

Las Religiosas hicieron el traslado con toda prisa, ayudando las mismas niñas a llevar las cosas de menor peso. El Padre hizo viaje adrede para bendecir la nueva y definitiva mansión, organizando el plan de reformas que convenía y mandando luego arquitecto y maestro de obras de su confianza para llevarlo a efecto.

La finca del “Picacho” era verdaderamente espléndida, amplia, soleada, y de preciosas vistas. Aún partida por gala en dos, resulta magnifica cada una de sus partes.

Hoy el núcleo principal sigue siendo la Casa Generalicia del Instituto con el Noviciado y el Colegio – Internado. Las Madres regentan también en Sanlúcar el Colegio de Huérfanos de Marinos en la parte que se cortó del “Picacho”; tienen además la casa de Ejercicios y administran el Seminario Menor de la Arquidiócesis.

Pronto veremos que las generosidades económicas procedentes de los Específicos se derrumbaron también sobre la Escuela Pía, en forma que perdura hasta el presente, en el hermoso Parque del Internado Getafense.

Notas