BuscandoLaVoluntad/Acoge el amor de Dios como don “El Amor y sólo el Amor Divino”

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5. UNA VIDA EN CAMINO HACIA DIOS.
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No tiene otro móvil que la honra y gloria de Dios
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Acoge el amor de Dios como don “El Amor y sólo el Amor Divino”

“Él le dijo: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda el alma y con toda tu mente” (Mt.22, 37)[Notas 1].

El hogar fue para el P. Faustino la escuela que puso en su vida las bases del amor. En él se sintió aceptado, querido y, sobre todo, aprendió a amar. Vivió en el seno de una familia que recibió y acogió el amor de Dios, y nunca se desprendió de él.

A través de sus familiares y de los vecinos de la aldea ourensana hemos podido saber cómo Faustino creció en un ambiente familiar impregnado de una profunda fe en Dios. También nos consta así en el testamento que hacen sus padres, en 1858, poco antes de la muerte de Benito: “ En el nombre de Dios Todopoderoso amén: nosotros Benito Míguez y María González, creyendo como firmemente creemos los misterios de la Santísima Trinidad, Dios Trino en persona y Uno en esencia, y en todo lo demás que nuestra Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana, cree, confiesa y nos enseña, bajo cuyo contexto siempre hemos vivido y protestamos hacerlo como fieles cristianos, hacemos y otorgamos testamento y última voluntad en la manera siguiente”[Notas 2].

Junto a sus padres comenzó a hablar con Dios, a dirigirse a Él como Alguien que le quiere y le cuida; ellos le enseñaron que Dios nos ama infinitamente más que nosotros a Él[Notas 3]. Faustino va creciendo en este ambiente y, casi sin darse cuenta, surge en su interior el deseo de servir al Señor para corresponder a este amor[Notas 4].

Cuando inicia un nuevo camino, en respuesta a su vocación escolapia, lleva dentro de sí el germen de lo que será una de sus grandes convicciones: que nada es tan necesario como el amor de Dios para ser feliz y, por lo tanto, sólo una cosa se debe aprender, amar[Notas 5]:

“¿Hay algo más justo, más hermoso, más útil, más necesario y dulce que el amor de Dios?”[Notas 6].

Como seguidor de Cristo, en la escuela de Calasanz, no olvida las palabras de su Fundador cuando dice que “al paraíso sólo se va por amor”[Notas 7]. Faustino quiere que el amor sea el “resorte y motor” de todas sus acciones, pensamientos y palabras, porque “el Amor y sólo el Amor divino” es lo que nos hace “prosperar en todo”[Notas 8]. Aspiró a esta meta, aunque por su fragilidad y debilidad no siempre logró alcanzarla, sobre todo al comienzo de su itinerario espiritual[Notas 9]. Los que le conocieron subrayan esta dimensión: “Tenía un grandísimo amor a Dios nuestro Señor y lo manifestaba en su vida, en sus conversaciones y en todo momento y de tal manera que comunicaba ese amor a los que hablaban con él”[Notas 10].

A través de sus escritos descubrimos la profunda experiencia que tiene del amor de Dios, de quien se siente verdadero hijo[Notas 11]. Es Él quien le ha amado primero. Podemos decir que vive como una invasión de la ternura divina en su ser. En respuesta, desea amarle sobre todas las cosas[Notas 12] y dejar que tome posesión de su vida.

“¡Poder infinito del infinito amor de Dios al hombre que creó a su imagen y semejanza y motivo poderoso de un amor sin límites de la criatura para con su Creador. ¿Nos pudo amar Dios con un amor más ardiente, más tierno, más generoso, más fuerte y más constante? Te quiero mucho en Dios, pero sólo por Dios y ni la millonésima elevada al infinito que a Dios”[Notas 13].

Poco a poco Faustino se abre cada día más a este Amor divino y va descubriendo la primacía de Dios. Cuando afirma, con todas sus energías, que Él es amor, se nos está revelando como un profundo conocedor de la frágil condición humana y de la necesidad de Dios que el hombre tiene para llegar a ser en plenitud:

“Dios es eterno y nos ama desde y hasta la eternidad y nos hace felices ahora y para siempre. Nunca muere, ni afloja en el amor que nos tiene. Siempre amable, siempre amante; nunca se olvida de su amor, ni se hastía de nosotros”[Notas 14].

Descubre vitalmente la bondad divina en la experiencia de su fragilidad radical. La certeza de la cercanía[Notas 15] de Dios en su vida y de su amor misericordioso es el secreto de su confianza y esperanza,

“al exterior he faltado, no en el interior, que nunca he tenido tal pensamiento por la misericordia de Dios”[Notas 16].

En la contemplación de Jesús Sacramentado, el Corazón de Cristo y su Pasión es cómo Faustino capta la profundidad de este amor de Dios, y se abre a él. Nada considera más a propósito que la cruz para hacer brotar en nosotros el amor a Dios[Notas 17]. En el Corazón de Jesús, que “es todo amor”[Notas 18] está la escuela en la que aprende cada día la más sublime perfección. Así lo expresa en el libro que escribió sobre el mes del Sagrado Corazón. También su amor a la Eucaristía es un rasgo que destacan aquellos que vivieron con él: “Tenía mucho amor a Jesús Sacramentado y comenzaba sus conversaciones con una jaculatoria al Santísimo Sacramento y nos inculcaba la visita frecuente y diaria al Señor en el Sacramento, y que nuestro refugio fuera siempre el Sagrario”[Notas 19].

A este respecto nos cuenta D. Tiburcio, párroco de Daimiel y del que ya dijimos que era un buen amigo del P. Faustino, una anécdota que le sucedió estando con él: “También amaba entrañablemente a Jesucristo Sacramentado, de lo que me apercibí la primera vez que le conocí, pues estando ambos en el Colegio de las Pastoras de Getafe donde habíamos ido paseando desde el Colegio de los Escolapios, interrumpió la conversación para decirme: Pero Sr. Cura, estamos aquí y aún no hemos ido a visitar al Amo. Y acto continuo se levantó y nos fuimos a la Capilla”[Notas 20].

Desde su visión impregnada del don del Amor es capaz de reconocer las huellas divinas en lo que le rodea. En todo cuanto existe y vive encuentra una referencia al Dador. Así, por ejemplo, la naturaleza es para él un signo del amor de Dios al hombre. Es tal la intensidad con que vive este aspecto que sus alumnos recuerdan cómo les hablaba de la naturaleza y se la presentaba como uno de los grandes regalos que Él nos hizo. “En sus clases aprovechaba la consideración de las maravillas de la naturaleza para relacionarlas con el amor Divino”[Notas 21]

Al ir caminando experimenta que el amor de Dios hacia él le da vida, le hace feliz[Notas 22], le llama a ser cada día, y por eso desea vivir en su amor eternamente. Como escolapio todo su quehacer apostólico y educativo está impulsado por este Amor. Su mirada está puesta en Dios para conocer su Voluntad y secundarla, sin otro móvil que su amor y sin más fin que agradarle[Notas 23], porque amor con amor se paga[Notas 24]. Sabe que sirve a un Señor que no premia el brillo de las obras sino el fin y amor con que se hacen.

“No es el que más puede y hace, el que más merece, sino quien más ama y hace lo que puede”[Notas 25].

El Amor de Dios le orienta hacia la entrega a los niños y jóvenes. Se siente consagrado al servicio de sus hermanos, los hombres. En su experiencia espiritual vive como inseparables el amor a Dios y al prójimo; son una misma cosa, una única realidad. Como escolapio ama al Señor desde la entrega a los niños y jóvenes, y vive entregado a ellos por amor.

“El verdadero amor figurado en el vuelo de los serafines. ¿Dos alas? Amor divino y del prójimo. Este amor es bandera con dos lemas: por Dios y por el prójimo”[Notas 26].

En la labor educativa manifestó una gran bondad y cariño en su trato con los alumnos. Lo hace por el valor que el niño encierra en sí y porque él, como educador, se sabe cauce a través del cual el amor de Dios llega al discípulo[Notas 27]. Tuvo una especial inclinación hacia los preferidos de Dios, los pobres y necesitados, en los que le descubre: “Así mismo tenía una predilección especial por las niñas pobres, de tal suerte que una de las veces, que estuvo conmigo en Daimiel, me dijo: Sr. Cura procure Vd. que no falten nunca las clases para las niñas pobres, porque donde ellas pasan, pasa Dios por ellas”[Notas 28].

Es este un elemento que podemos considerar como central en su espiritualidad calasancia, ya que José de Calasanz decía que “quien no tiene espíritu para enseñar a los pobres, no tiene la vocación de nuestro Instituto”[Notas 29]. Él, como seguidor de Cristo por las huellas de Calasanz, asumió este rasgo. “Cuando daba sus clases, se fijaba en los alumnos menos aventajados y les daba clases especiales para que pudieran aprovechar más. Atendía a todas las alumnas, pero, sobre todo, a las más pobres e indigentes”[Notas 30].

Su mirada llena de bondad para cualquier realidad humana queda patente en su atención al enfermo, a la mujer marginada, al pobre y necesitado, a los que tendió una mano llena de bondad y cariño. Con todos ellos supo ser un sencillo instrumento del amor de Dios al hombre. “Sus discípulos, los pobres, los enfermos y cuantos acudían a él experimentaron de muchas maneras la bondad de su alma”[Notas 31].

Su amor se hace extensivo también para aquellos a través de los cuales le llega el sufrimiento, la incomprensión. A ellos alcanza la bondad de su corazón y para ellos tiene palabras de perdón:

“Más me favorecen los que así me tratan de despellejar que los que me adulan; Dios les perdone a todos y a mí y les colme de tantos bienes como para mí le pido”[Notas 32].

Notas

  1. PE, pág. 57
  2. Archivo General Instituto Calasancio Hijas de la Divina Pastora. Madrid
  3. Pigretti, Mª Celia: Cartas del Siervo de Dios Faustino (Ep.), Madrid 1985, nº 501
  4. Ep. nº 5
  5. Ep. nº 627
  6. Ep. nº 140; PE, pág. 57
  7. Cartas selectas de S.José de Calasanz, nº 395
  8. Ep. nº 124
  9. Ep. nº 495
  10. Summarium Proc.ord. Matriten (Summarium), pág. 188
  11. Del Álamo, Anselmo: “Habla el Padre Fundador” (HPF), Madrid 1984, pág. 86
  12. DVH
  13. Ep. nº 15, 149 y 739.
  14. Ep. nº 107
  15. Ep. nº. 70 y 139
  16. López, Salvador: Faustino Míguez Sch.P. Fundador de las Religiosas Calasancias (FMS), Salamanca 1988, pág. 303
  17. Ep. nº 146
  18. Míguez, Faustino: Junio o mes del Sagrado Corazón de Jesús (MSC), Madrid 1904, pág. 11
  19. Summarium, pág. 188
  20. Ibid., pág. 92
  21. Summarium, pág.10-11
  22. Ep. nº 67
  23. Testamento Espiritual de nuestro Padre Fundador y otros contenidos (TE), Madrid 1979, pág. 17
  24. HPF, pág.86
  25. TE, pág. 19
  26. PE, pág. 58
  27. Míguez, Faustino: Reglas de las Hijas de la Divina Pastora, Madrid 1906, pág.206, nº XV
  28. Summarium, pág. 93
  29. Cartas de José de Calasanz, nº 1319
  30. Summarium, pp. 189 y 202
  31. DVH
  32. Ep. nº 13