BuscandoLaVoluntad/Anexo 2.- Introducción del libro Análisis de las aguas públicas de Sanlúcar de Barrameda, escrito por el P. Faustino Míguez. 1872

De Wiki Instituto Calasancio
Saltar a: navegación, buscar

Anexo 1.- Discurso pedagógico pronunciado por el P. Faustino en Celanova (Orense)
Tema anterior

BuscandoLaVoluntad/Anexo 2.- Introducción del libro Análisis de las aguas públicas de Sanlúcar de Barrameda, escrito por el P. Faustino Míguez. 1872
Índice

Anexo 3.- Consejos del P. Faustino. 1922
Siguiente tema


2.- Introducción del libro Análisis de las aguas públicas de Sanlúcar de Barrameda, escrito por el P. Faustino Míguez. 1872

Desde los primeros momentos de mi llegada a Sanlúcar oí encarecer la variedad y virtudes medicinales de sus aguas no solo a sus vecinos sino que eran fervorosamente encomiadas por la multitud de forasteros que anualmente acuden a tomarlas; y desde entonces concebí el proyecto de sus análisis que no emprendí inmediatamente por carecer de los medios que exigen los procedimientos tan delicados como reiterados que son indispensables para conseguirlo.

Las instancias de personas respetables especialmente las del Señor arcipreste de la misma ciudad y de D. Joaquín Hontoria, en gran manera fomentaron mis deseos, a la vez que justificaron las treguas que les daba y tuve que romper el 16 de Abril en que recibí un oficio del Excmo. Ayuntamiento que animado de un gran celo por el bien público, que ciertamente le honra y tiene muy acreditado, por acuerdo del 5, me suplicaba que emprendiese esta tarea.

Así honrado, vacilé por algún tiempo en la adopción de los medios. Deseché los antiguos en concepto de pesados e inexactos. De entre los modernos preferí los que me parecieron conformes con los principios químicos más evidentes y tangibles.

Ya provisto por los Sres. Patronos del Instituto de todo lo necesario y aún bastante adelantados los trabajos, interrumpidos con frecuencia por las lluvias; tropecé con la opinión pública que a decir verdad y apoyado en los recursos ordinarios de la ciencia, creí infundada. Digo mal: aun lo demostré ante alguna persona ilustrada, que me honra con su amistad, tan palpable y al parecer tan incontestablemente, que concluyó por creer lo mismo que yo me persuadía.

Deferente con el pueblo y el testimonio de los sentidos, seguí apurando todos los recursos de la ciencia que ya creía en oposición abierta con aquellos hasta que, después de muchos días y repetidos ensayos, por un procedimiento que me pertenece, pude encontrar lo que buscaba y señalándolo con el dedo, exclamar con gozo: ¡aquí está!

Desde este momento me fue ya fácil desdoblar todas las substancias y algunas más de las que sospechaba en las aguas sometidas a mi análisis, caracterizar sus diferentes combinaciones y determinar sus cantidades con una aproximación que de intento no he llevado más allá de un diez miligramo por litro.

Un nombre ilustre que pudiese subsanar cualquier defecto en el vasto y accidentado campo que cultivaba, eminencias como los Sres. Wurts y Belgrand, Boutron y Boudet, Mille y Robinet; investigadores del calibre de Filhol, Cailletet, Viltard, Dupuís Bardy y Diendonne, tal vez hubieran detenido aquí su paso, seguros de no ser tachados de superficiales por el solemne mentís que a sus presuntos detractores darían sus profundos y bien nutridos trabajos.

Un nombre desconocido, y escasos conocimientos sin mentar otros motivos poderosos, no podían ofrecerme en Sanlúcar esta garantía que demandé al trabajo, a fin de prevenir los reparos que evitarme pudieran premisas de más valía.

Hechos los primeros ensayos en aguas trasportadas con esmero, pase a repetirlos en su origen con especial cuidado, diferentes veces y en distintas ocasiones, encontrando siempre, como era consiguiente, enormes diferencias que me sugirieron reflexiones importantes y de aplicación inmediata a la economía e higiene, a la industria y agricultura.

Sí, que no he emprendido este trabajo como entretenimiento pueril, por chico que parezca: no ignoro los preciosos y preferentes momentos que le consagraron los Priestley, Clarke y Wollaston en Inglaterra, Girardin Boutron y Bouden en Francia, Voura, Casares y Muñoz de Luna en España; ni lo que han preocupado a los centros populosos, así en nuestra patria como en otras naciones, la elección y abastecimiento de aguas; ni las numerosas comisiones científicas enviadas a sorprender y analizar esa savia de nuestro planeta, así en Asia como en África, y en la América como en la Oceanía.

Consagrado a la enseñanza del pueblo, no he podido tener otro objeto que su bien, ni concebido la prosperidad material del mismo sin el exacto conocimiento de sus aguas bajo el punto de vista higiénico, agrícola e industrial.

Si es verdad que algunos medicamentos producen en perfecta salud las dolencias que curan ¿qué no debe interesar al pueblo el conocimiento de ambos para prevenir estas y aplicar aquellos? ¿Y si lo contrario es cierto, le importa menos por ventura? ¿No viene a ser el agua una verdadera panacea universal? ¿Y podrá su conocimiento ser indiferente al pueblo? Estoy tan lejos de pensarlo, que lo miro como una de las mayores necesidades populares.

Ni sospecho quepa duda sobre la trascendencia de la composición de las aguas a las aplicaciones agrícolas e industriales. ¿Y cómo puede haberla de la influencia contraría o favorable de las más o menos selenitosas y calcáreas en los efectos del riego? ¿Cómo del papel que desempeñan en industrias determinadas?

Solo podrá tenerla quien desconozca esas incrustaciones calcáreas en los tubos abductores de ciertas aguas que los inutilizan en poco tiempo, y los depósitos perjudiciales que los bicarbonatos y sulfatos también calcáreos forman en las calderas de vapor, ocasionando tantos accidentes y pérdidas considerables, y la enorme cantidad de sosa y de jabón que ciertas aguas destruyen sin provecho alguno para la industria y la economía doméstica.

La piscicultura, si bien no muy conocida en este país, está desarrollada en otros que saben aprovecharse de los curiosos trabajos de los Sres. Coste, Mine Elwars y Quatrefages y de las preciosas observaciones de M. Millet. ¿No toman sus indicaciones en dicha industria de la composición de las aguas? ¿No investigan con el mayor esmero las sales que contienen? ¿No observan que una pequeñísima porción de cloruro sódico destruye por completo los huevos del sábalo y del salmón que por lo mismo suben en su época a depositarlos en las orillas de los ríos?

Pero ¿a qué esforzar razones, ni aducir ejemplos para encomiar a un pueblo culto un conocimiento necesario al marino para sus aguadas y al jefe de sanidad para los ejércitos en campaña, al facultativo para tratar las enfermedades que ocasionan ciertas aguas y al ingeniero para investigar el origen de las fuentes y el curso subterráneo de los ríos, los terrenos que atraviesan y los afluentes que reciben?

Hecho el primer análisis, me informaron que existían otros cuyos resultados me ofrecieron y rehusé, por evitar se me tuviese como plagiario; una vez que, siendo una misma la verdad y las mismas las sustancias que tienen en disolución las aguas, deben serlo también los resultados.

Estoy por asegurarlo desde ahora, si los A.A. siguieron el mismo procedimiento; que de lo contrario, me parece habrá enormes diferencias, así por la perfección del método, como por la precisión de los instrumentos, que, por lo que hace a la delicadeza en las operaciones, creo habrá puesto cada uno en tensión su mente y todos los sentidos, como lo exigen trabajos de esta clase.

Por mi parte confieso ingenuamente que además de emplear lo más perfecto que en el día se conoce; de haber preparado por mí mismo, no solo los reactivos, sino también hasta las sustancias de que se componen; asegurarme de su pureza y exacta proporción, probándolos diferentes veces en aguas artificiales, y de tener siempre a la vista de mis operaciones una especie de patrón con que confrontarlas; las he repetido diferentes veces y en varias ocasiones he procurado que las reprodujesen otras personas inteligentes y hasta mis alumnos, ocultándoles siempre mis resultados, y no satisfecho todavía, he tomado la media proporcional, a fin de acercarme en lo posible a un resultado exacto. Más aún; siempre que el resultado del ensayo no fue conforme al cálculo, lo rectifique hasta dar con uno que se hallase en perfecta consonancia con el mismo. Por eso hice tres análisis de la mayor parte de las aguas; pues terminado el primero, encontré una diferencia no despreciable, según el cálculo, ignorando a que atribuirla.

Confronte de nuevo los reactivos que se me habían enviado de la misma fábrica que los instrumentos y los hallé conformes con su tipo según las rectificaciones que hiciera para el primer ensayo.

Seguro de mis operaciones, dudé del tipo que analicé con todo el cuidado que exige la norma de una tarea tan delicada y casi me ruboricé de hallar una diferencia de 7 grados.

Procedí a la formación de otro con la precisión posible y rectifiqué por e. todos los reactivos del análisis que volví a emprender con el mismo resultado.

Nuevamente desmedido por el cálculo, sustituí al volumétrico el análisis ponderal cuya infalible exactitud me llevó al término de esta tarea con tantos escollos continuada.

Repetidas preguntas y consultas sobre las virtudes medicinales de algunas aguas me decidieron a emprender el arduo y para mi osado estudio de su acción terapéutica.

Pero ¡Cuánto de fatiga en esta senda no trillada!

Sin guía que pudiera conducirme, ni norma a que atenerme, confiado del todo a la experiencia, trazándome un plan y emprendiendo una pesadísima serie de minuciosos, cuando delicados experimentos que, gracias a Dios, por cuya gloria lo empecé, me indemnizaron con usura de la paciencia y desvelos que me costaron, llevándome del conocimiento de las propiedades físicas y químicas a las sustancias que tienen en disolución las aguas al de la acción terapéutica de las mismas.

Reconociendo sin embargo mi incompetencia en materia tan delicada, por si hubiese empeño en sacarla de la esfera físico-química en que la presento; me impuse como un deber someterla y escudarla con la sanción facultativa, suplicando de oficio al Excmo. Ayuntamiento se dignasen nombrar una comisión de médicos que revisasen mis indicaciones y emitiesen su informe por escrito, como otro distinguido médico, físico y químico a la vez lo había hecho de palabra en términos que omito, por ser para mi excesivamente honroso.

Ni creí fuera de propósito con objeto de que más resultase la importancia de sus análisis reasumir en sólo un cuadro la contribución de jabón o sea. el consumo de esta sustancia que imponen a Sanlúcar sus diferentes aguas; pero omito de intento el dato referente al gasto de combustible, que estudie a la par, porque, ni emplean todos los mismos, de que yo me he servido , ni en hogares de la misma clase. Con todo, sépase de paso, que tomando por tipo el agua destilada y aun usando todos, el combustible más barato y las hormillas más económicas, dicha contribución viene a ser igual, sino excede a la de los jabones.

Tampoco incluyo, en gracia de la brevedad y de exceder los límites de la honrosa comisión que se me ha confiado, los buenos resultados de algunos ensayos hechos a insinuación de Don Joaquín Honoris para modificar las de las aguas de los pozos convirtiéndolas en un líquido a propósito para el lavado.

Pero debo indicar la solución satisfactoria del raro problema de convertir algunas aguas especiales en sulfurosas y sulfatadas con riqueza arbitraria de sales y propiedades.

Si después de todo mi trabajo cuyo mejor premio es leerlo todo, y el plan seguido cual en él está trazado, no pluguiese a mis lectores; siempre será una prueba del gran deseo que tengo de satisfacerlos, si bien no comparable a los productos superiores de esos talentos que hicieron época en esta ciencia.

Humilde discípulo de esos grandes herreras del majestuoso edificio de la química, de los verdaderos legisladores de la moderna y de los fundadores de la orgánica que se ciernen cono águilas en el cielo ,descienden a la tierra , a tomar la materia, remontándose de nuevo a su mansión celeste; modesto imitador de los A.A. de ese monumento levantado a la moderna y colosal catarata de riqueza y civilización de las naciones contemporáneas; no he tenido otra aspiración que la más desinteresada, la aspiración de ser útil al pueblo que me ha adoptado como suyo, siguiendo las indicaciones y aplicando con discernimiento las leyes formuladas por aquellos varones eminentes.

No dudo en vista de las consideraciones precedentes, que el vecindario de Sanlúcar prestará buena acogida a este primer ensayo sobre la riqueza y excelencia de las aguas de su privilegiado suelo riqueza ignorada o muy poco conocida; no sólo de los extraños, sino aun de los hijos de la misma población, y que siguiendo el ejemplo de sus mayores, siempre propicios a fomentar cuando tiende al aumento de la prosperidad o a la mayor grandeza de esta ciudad notable, pagará con usura mis esfuerzos por patentizar a todos los salutíferos veneros que brotan de sus seno, aceptando benévola esta producción de mi ingenio, pequeña por su mérito, grande por mi afecto a la misma ciudad, el cual me ha impulsado a publicarla, no sin vencer los poderosos obstáculos que, al pensar efectuarlo, se presentaban a mi mente, en la íntima convicción de mi escaso valer para empresa de tamaña transcendencia.

Notas