BuscandoLaVoluntad/Anexo 3.- Consejos del P. Faustino. 1922

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Anexo 2.- Introducción del libro Análisis de las aguas públicas de Sanlúcar de Barrameda, escrito por el P. Faustino Míguez. 1872
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3.- Consejos del P. Faustino. 1922

Nos bendiga a todas.

Hijas de la Divina Pastora:

En muchas ocasiones pensé en dirigiros la palabra para manifestaros el estado de mi espíritu, por motivos que ya pasaron y desistí, por no estar seguro de la oportunidad, como ahora que ya me creo con un pie en el andén y otro en el estribo del tren de Ultratumba y me parece, os agraviaría si callase.

Que, si es censurable hablar a destiempo, no parece menos el hablar en el próximo trance de tener que dar cuenta a Dios de la carga que me impuso respecto de vosotras.

Qué de veces sin sabores, disgustos, persecuciones, calumnias y otras lindeces por el estilo, me pusieron a pique de tirarla, Dios lo sabe; que yo no puedo ni quiero ya recordarlo. Varias veces me encontré tan fustigado que, a pesar de costarme lo contrario, llegué a dudar de si cumplía o no la voluntad de Dios de seguir dirigiéndoos, como se me había mandado; pero ahora, ¡loado sea siempre! ya me consta que no estaba engañado en proseguir lo que había comenzado, cuando el Señor lo acaba de aprobar como bueno y útil a la santa iglesia, por su Vicario en la tierra.

A nada perdono el infierno para ahogar vuestra Congregación en su cuna. ¿De cuántos medios se valió para dar al traste con todos sus proyectos! Y lo más caro, ¡cuántas y qué personas le acompañaron en su tarea! Pero escrito está: Dios hace lo que quiere y nadie triunfa contra Él. ¡Bendito sea ahora y siempre!...

Ahora bien hijas mías; los favores de Dios reclaman una correspondencia, cuanto mayor cuantos le sean aquéllos y, ¿Podréis imaginarlo siquiera? No; que al poner hoy en vuestras manos esas Constituciones aprobadas por su Vicario en la tierra, como regla infalible de perfección religiosa y vida cristiana, os dice por aquél lo que un Antecesor suyo a mi Santo Padre al entregarle las suyas: “Dadme una que las cumpla fiel y exactamente hasta el fin y la pondré en los altares”.

Sí, Hijas mías, ese es vuestro código por el que habéis de ser juzgadas en el tribunal de Dios, si no lo observarais con toda exactitud posible a la humana fragilidad. De nada servirá aunque hicierais más prodigios que unas taumaturgas. Nunca olvidéis que sobre la estrecha cuenta que se os ha de pedir de los deberes generales de cristianas, se os ha de exigir la de cada uno de los especiales que en esas constituciones se contienen.

Animo, empero, no temáis, que la generosidad que os hizo renunciar al mundo y consagraros en cuerpo y alma a vuestro divino esposo, no puede vencer la suya a dárselos a sí mismo en recompensa, no solo en esta vida, sino por toda la eternidad, si cumplierais hasta el fin lo que a su tiempo prometisteis.

Líbreme Dios de poner en parangón los bienes y deleites a que habéis renunciado con las inefables delicias con que el Señor inunda a las almas, en que reina y vive, abrasándolas en su amor. Menos que el fango de la tierra respecto al sol y estrellas del cielo son todos los bienes y deleites, con respecto a las que disfrutan los que a Dios se entregan y de su amor se embriagan. Ni las mismas almas que tienen la dicha de experimentarlo lo pueden explicar. Osadía fuera la mía pretenderlo siquiera.

Sin embargo alerta siempre, Hijas mías, que la renuncia absoluta que de todo lo del mundo en su día hicisteis y la entrega completa de vuestro ser al Divino esposo, dio grandísima dentera al enemigo que desde el mismo instante se propuso todos los lazos y armaros todas las asechanzas que el Señor le permite, para ver de falsear vuestra fidelidad a mermar, al menos, vuestro sacrificio.

Sabe muy bien el precito que el celeste esposo es celosísimo y no admite participación en el holocausto que se ofrece y por ese no pide el todo, sino una parecida, contando ya con el resto del rechazo. Valor , que si mucho puede El, más vosotras que contáis con la gracia de Dios, que es omnipotente y con la protección de vuestra amantísima madre la Divina Pastora, que es poderosa. Ni aleguéis vuestra flaqueza que sois de la misma naturaleza que los santos que hicieron tanto bien y maravillas en la tierra y gozan ahora en premio de tanta gloria en el cielo. ¡Y eso que muchos fueron enclenques y padecieron lo indecible durante su vida!

Si añadís que era mucho más animoso que vosotras, os diré; porque amaban mucho a Dios. Imitadlos y veréis también que el ánimo crece con el amor y toda excusa es hija funesta de amor propio y rémora bastarda de toda buena empresa.

Amar, todas podemos, y el que más ama más puede, y como el amor todo lo vence, si mucho amáis a Dios… ¿qué no podéis hacer por vuestra santificación, por la honra de vuestro pio instituto, por la educación de vuestras alumnas, provecho de la sociedad y gloria de Dios?

Pues no olvidéis que lo que se debe y puede es falta de omisión de que os ha de pedir Dios cuenta.

Lograréis vuestra santificación, amando y sufriendo; guardando los mandamientos; amando sin cesar a Dios, como los bienaventurados en el cielo; andando siempre en su presencia para no ofenderlo; procurando cumplir en todo su santísima voluntad y haciendo aún las cosas insignificantes por su amor y gloria, seguras de que su mandato incluye siempre la seguridad de poder cumplirlo.

Honraréis a vuestro Instituto con vuestra conducta, llenando sus fines cada una en supuesto y según sus fuerzas, con la vista siempre en Dios, como los ángeles para conocer la Santísima Voluntad y en el acto ponerla en práctica; sin más impulso que su amor, ni más fin que agradarle, ni otra aspiración que la de adquirir todas las virtudes, y sobre todo la más profunda humildad y modestia, que también caen a una Hija de la Divina Pastora.

Educaréis bien a vuestras alumnas, emulando con ellas la conducta del ángel custodio de cada una, estimando su valor por el cuidado que de ellas tiene Dios, a darle un príncipe de su corte por tutor y cuidador que la asista y gobierne durante su vida.

Extático el ángel que por su misión se llama custodio no puede por menos de amar y respetar a quien el Señor rescató con su preciosísima sangre; y no menos admirada la Hija de la Divina Pastora de la dignidad de la alumna que el Señor le confiará y tal custodio tiene, debe amarla y respetarla al mismo tiempo.

El Ángel sin dejar de ver, amar y gozar de Dios ni un instante descuida la misión que le confirió en favor de su pupila; tal debe y ser la conducta de su profesora.

Sea dócil o díscola, agradecida o ingrata, no deja el ángel de conducir a su pupila, ni de volverla al buen camino si se extraviara. Eso debe imitar la profesora que tal nombre merece para con sus alumnas.

Sólo aspira el ángel el cumplimiento a preservar de todo mal, y procurar todo bien a su pupila. Y no otra ha de ser la aspiración de toda Hija de La Divina Pastora que tal se precia, imitar continuamente con sus discípulas ese noble y maternal cariño de cada príncipe celestial con su pupila.

¿Qué entraña por dura que sea, no se materniza al ver desvivirse en un empleo, al parecer tan humilde y para Dios tan sublime?

Y, ¿qué beneficios no podréis prestar a la Sociedad? compuesta de familias que son, generalmente, lo que las madres de ayer y olas madres de mañana, lo que las niñas de hoy; figuraos lo mucho o poco bien o mal, que vuestra conducta y educación puede influir en la sociedad futura y la cuenta que de ella habréis de dar...

Baldón será para vosotras, que acabáis de ser asociadas para siempre, a la misión evangélica de la Iglesia, y, por así decirlo, puestas en candelero para que con el aroma de vuestras virtudes y el mayor celo por la salvación de las almas, sino procuraréis atraer el mayor número posible al redil de vuestra Santísima Madre. Honores obligan, y ¿Cómo corresponderíais al ser reconocidas como Hijas de la Divina Pastora y corredentora de las almas? El Instituto debe ser para vosotras una antesala del Cielo, donde todas sirváis, améis y alabéis sin cesar a Dios, teniendo presente que este Señor no premia el brillo de las obras que tiene por baladí, sino el fin y amor con que se hacen; que no es la que más puede hace la que más merece, sino la que más ama y hace lo que puede.

La misión que la Divina Providencia dio a cada ángel custodio para con su pupila y a la profesora con sus alumnos; esa misma confirió a cada superiora respecto a sus súbditas de cuyas almas ha de exigirle la misma cuenta que de la suya, sino las tratare y condujere como Madre cariñosa y, mediante el atractivo de su conducta intachable y perfecta observancia, por el camino de la salvación.

La maestra de Novicias que estas no entran perfectas, sino para adquirir la perfección religiosa que sólo alcanzarán con una perfecta abnegación de sí mismas y un absoluto adiós al mundo; tarea que exige sobre una fuerza de voluntad, una larga y continua serie de actos contrarios que no todas soportaran, manifestando en el hecho que si fueron llamadas, no serán escogidas ni aptas para el Instituto.

Como el enemigo trabaja tanto y sin descanso, las superioras tendrán, no pocas veces, que extirpar los retoños de los troncos mal arrancados del noviciado, valiéndose, con todas sus súbditas de persuasión y caridad y, si con alguna no bastare echando mano de los principios de gobierno que para eso están escritos y aprobados.

Finalmente, si lo que Dios no permita apareciese en el Instituto algún miembro gangrenado aplíquese inmediatamente el cauterio y si no da resultado, ampútelo cuanto antes para que no infeccione el cuerpo, que es primero que el miembro.

Hijas de la Divina Pastora:

Al despedirme de todas os ruego por la pasión y muerte de nuestro redentor y por los dolores y soledad de su madre, y madre vuestra que:

1. Sea vuestra hermandad inalterable y recíproco vuestro amor en los SS. CC.

2. Tan exacta vuestra observancia, que nunca necesite reforma vuestro Instituto.

3. Tal la imitación posible de las virtudes de vuestra Santísima Madre que jamás se desdeñen de reconoceros por sus queridas Hijas.

4. Realcéis, humildísimas, con vuestra intachable conducta los imponderable timbres de hermanas y esposas de Jesucristo.

5. Compadecidas de vuestro siervo inútil pidáis encarecidamente a vuestro divino esposo le perdone sus pecados, y vosotras, por caridad sus faltas.

6. Y seáis tales como os quiere y desea p0ara veros en el cielo, bendiciéndoos al efecto en nombre del Señor que hace 37 años dio por director al Ultranonagenario, que suscribe en Getafe a 28 de octubre de 1922.

Notas