BuscandoLaVoluntad/Dificultades

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Expansión y consolidación.
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5. UNA VIDA EN CAMINO HACIA DIOS.
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Dificultades

Esta barquilla de la Asociación se encuentra, desde el principio, en su navegar con dificultades de las que no está exenta ninguna obra humana. Dificultades que parecen ser cada vez más fuertes. Pero es una barca que se sabe navegando al viento de Dios. Por eso pudo permanecer fuerte en la lucha, vencer otras tempestades y seguir su rumbo con la mirada y confianza puestas en Él.

La primera dificultad aparece recién comenzado el camino. En junio de 1885, el P. Faustino pide al Arzobispado se le indiquen cuáles son sus funciones al frente de la Asociación. Cuando obtiene la respuesta, ante los hechos ocurridos, se ve obligado a destituir, como presidenta, a Francisca que no quiso continuar y a expulsar a Catalina por “creer la Asociación granjería de su familia”. Nos lo relata Madre Ángeles González: “se notaba que faltaba de las provisiones que se compraban y que de noche iban familiares de una de ellas y llevaban unos bultos por lo cual entraron en sospecha y pusieron algo para conocer la verdad que no tardó”[Notas 1].

Es después de estos acontecimientos, cuando Ángeles González León fue nombrada presidenta de la Asociación.

Catalina y Francisca fueron los instrumentos elegidos para iniciar este camino. El Señor se valió de la sencillez de su “escuelita de amigas” para una obra que había de dar grandes frutos a la Iglesia de Dios. Pero los sucesos ocurridos probaron que no eran las elegidas para continuarla y vivir su espíritu.

La nave inicia su rumbo, pero en 1888 cuando el P. Faustino es destinado a Getafe, ha de seguir adelante sin contar con la presencia cercana y diaria del P. Faustino. Madre Ángeles González al final de su vida nos deja entrever lo que este hecho supuso para ellas: “se puede suponer la impresión que llevamos, todas llorando y él con nosotras, no teníamos consuelo, tres años de novicias, estaba formándonos, no se hacía nada sin preguntarle, no teníamos pensamiento que no se le consultase, era nuestro padre y él nos consideraba como a hijas muy amadas en Jesús...Terminados los meses de vacaciones se decidió por fin la marcha del Padre”[Notas 2].

El P. Faustino las anima y les transmite la única certeza que tiene en estos momentos, en los que la cruz se hace presente con fuerza también para él, Dios cuidará de ellas y de la aún frágil barquilla. “Entre otros muchos consejos, unión, caridad y amor de unas con otras para trabajar por el Instituto que se formaba, nos dijo que convenía se ausentara para que vieran era obra de Dios”[Notas 3].

Como la lejanía se les hace demasiado dura, las jóvenes novicias le insisten en que les haga alguna visita para poder compartir los avatares del camino y escuchar sus consejos. Viaja por vez primera en agosto de 1889, con motivo de la Profesión Temporal. Vuelve de nuevo en junio de 1890, para presidir los exámenes de las niñas, como ya vimos[Notas 4].

Viajes que, en parte, contribuyeron a la aparición de una de las mayores pruebas por las que pasa la Congregación.

En noviembre de 1890 recibe una carta del P. Provincial, Marcelino Ortiz. Del contenido de la carta, el P. Faustino deduce que no está de acuerdo con las funciones de Director que viene desempeñando en la Asociación.

Escribe al P. General para expresarle las acusaciones de que ha sido objeto, para defenderse de ellas y defender la Congregación. Después de un intercambio epistolar, “como hombre fuerte en la obediencia”, acoge las exhortaciones del P. General:

“Pero si a pesar de todo me exhorta a que desista de lo empezado, lo haré con mucho placer, para darle gusto”[Notas 5].

Fue un momento difícil para el P. Faustino, en el que se le hace presente la cruz. Pero él tiene claro, en medio de la oscuridad de la noche que pasa, el camino a seguir. Al conocer con claridad que no es voluntad de los Superiores que siga al frente de la Congregación, en julio de 1891, presenta la renuncia como Director al Arzobispo de Sevilla. Se lo comunica a Madre Ángeles González:

“Yo ya no os puedo dar licencia para renovar los votos ni para nada. Mientras el Sr. Arzobispo no provea otra cosa, procura tú asumir las facultades que el Reglamento te concede. Que yo ya no soy nada para vosotras, desde el 9 del pasado en que viendo que no es voluntad de mis Superiores que siga al frente de eso, mandé la renuncia al Sr. Arzobispo por conducto del mismo P. Provincial”[Notas 6].

Con esta decisión el P. Faustino se nos muestra, una vez más, como el hombre que ama profundamente su vocación escolapia, con la que se siente identificado y por la que vuelve a optar en esta hora de prueba y de dolor.

Tiene la certeza de que la barca va a continuar su rumbo porque es Dios quien la guía. Él es sólo un instrumento. Y un instrumento débil, frágil e innecesario:

“Creo que el Sr. Arzobispo nombrará al señor vicario o al P. Oliva y de todos modos ganaréis el ciento por uno con tal que acepte cualquiera de los dos”[Notas 7].

Para las religiosas es, también, momento duro de prueba. En ellas surgen muchos interrogantes, muchas preguntas... Dudas que Madre Ángeles, desde la confianza que tiene con él, le expone. Y el P. Faustino, con el corazón partido pero puesto sólo en Dios, le responde con unas palabras que manifiestan su actitud interior:

“Comprendo cuanto me quieres decir. Yo no os abandono. Me habéis costado mucho, para que os olvide. Pero es preciso imitar a la caña cuando pasa el huracán”[Notas 8].

Se aparta, igual que la caña se dobla, sin exigir, sin reclamar nada. Se considera sin ningún derecho en esta obra que el Señor puso en sus manos y que ha guiado durante casi siete años:

“Me darían una grandísima satisfacción, si todas quemaseis hasta la última letra mía que tengáis en ésa y no sea oficial. Tuve intención de mandároslo antes de hacer la renuncia y se me pasó, ahora solamente os lo suplica vuestro ex-director que se encomienda a vuestras oraciones y os pide perdón de todas sus faltas y escándalos que os haya dado”[Notas 9].

Sólo se atreve a pedirles algo que nace de un profundo cariño, que no den disgusto alguno a la persona nombrada por el Sr. Arzobispo[Notas 10]: D. Francisco Rubio y Contreras, Arcipreste de Sanlúcar de Barrameda.

La lejanía física, se une ahora a la lejanía en la orientación, en la dirección, en el seguimiento...Lejanía inmensa para las jóvenes profesas y también para el Fundador.

En este período el Instituto comienza su expansión, como hemos visto. No hay ningún rastro de relación y contacto del P. Faustino con el Instituto en este tiempo. A excepción de uno: sabemos que viajó a Sanlúcar de Barrameda para recibir la profesión de Sor Teresa de Jesús. Esta se celebró el 25 de agosto de 1893. ¡Es fácil suponer la alegría que experimentarían tanto él como las religiosas ante el reencuentro!

A finales de 1897 comienza de nuevo el contacto epistolar del P. Faustino con Madre Ángeles González y la Congregación. Vuelve a retomar sus funciones de director. ¿Cuál es la causa que motiva su vuelta?

La joven Institución cuenta con dos comunidades, la de Sanlúcar y la de Chipiona. Esta, vive bajo la orientación de los Padres Franciscanos, y la de Sanlúcar bajo la de D. Francisco Rubio y Contreras y la del P. Oliva, confesor de M. Ángeles. Es un hecho que desemboca en una cierta independencia y separación entre las dos casas.

El Cardenal de Sevilla, D. Marcelo Spínola, capta la grave situación en la que se encuentra la Congregación por las diversas influencias que tiene. Considera necesario que el Fundador, que recibió la inspiración y plasmó el espíritu de la misma, sea repuesto de nuevo al frente de la Institución.

Para el P. Faustino una nueva proposición y “obediencia”. Como instrumento dócil en las manos de Dios, acepta, otra vez en silencio, la dirección de la débil barquilla.

Se inicia un espacio de prosperidad y calma. Hubo Profesión Perpetua; se realizó alguna fundación; llegaron nuevas vocaciones... Pero la prueba, la cruz, se hace presente de nuevo en su vida y en la de la Congregación.

En 1907, M. Ángeles es la Superiora General. Ha sido reelegida en las últimas elecciones canónicas celebradas el año anterior. Es la persona que en la relación frecuente y constante con el P. Faustino se ha empapado profundamente de la espiritualidad del Instituto. Para él, supone una seguridad, una tranquilidad. Es alguien en quien confía plenamente y que le hace vislumbrar el horizonte de la Congregación con sosiego...

En Sanlúcar de Barrameda se habían realizado las obras de construcción del pabellón de clases en la casa del Picacho. El P. Faustino les enviaba cantidades altas de dinero, procedentes de la venta de las medicinas, para el pago de las obras.

“Adjunto cheque del Banco de España a favor de los Sres. Florido Hermanos por valor de treinta mil pesetas que suman próximamente los dos presupuestos nuevos de ésa (Chipiona) y de Sanlúcar”[Notas 11].

A M. Ángeles se refiere, en más de una ocasión el P. Faustino, llamándola de forma cariñosa y desenfadada “mala pagadora” porque siempre le pide y siempre tiene deudas.

“Si de esa manera quieres quitarte la nota de mala pagadora ya es tarde; que ése es tu verdadero apellido”[Notas 12].

Sin embargo en el año 1907 alguien debió poner al corriente al P. Faustino de la dramática situación económica que había en Sanlúcar de Barrameda. Desde la radicalidad y rectitud que le caracteriza, se ve obligado a deponer del cargo de Superiora General a quien es para él la persona de mayor confianza en la Congregación.

Los motivos fueron según parece la “mala administración” del dinero y el no haber dejado que esta situación económica fuera conocida por el Fundador[Notas 13]. Lleno de dolor escribe a M. Concepción, segunda moderadora:

“A grandes males, remedios radicales. Sor Julia te remitirá el acta de deposición de sor Ángeles...Basta de paños mojados y de respetos humanos. O sea la Congregación como debe o no sea”[Notas 14].

Esta circunstancia provoca un sufrimiento inmenso para el P. Faustino. Es la prueba de la fe, presente otra vez. La afronta y supera, como siempre, desde una gran confianza en Dios que no nos “ha de abandonar”:

“Me dices que no sufra... ¿Qué? ¿Voy a desesperarme? Ya lo estoy de mí mismo y muy confiado en Dios... Todo pasa”[Notas 15].

M. Ángeles fue privada de voz activa y pasiva por un tiempo. Fue una mujer que supo encajar esta difícil situación en su vida y, desde ahí, permaneció en la Congregación hasta el fin de sus días. En el Capítulo General de 1931 se le suprimió dicha privación. Fue muy querida en la Congregación, a la que supo entregar lo mejor de sí aún en medio de su fragilidad.

M. Julia Requena, primera moderadora, asume el cargo de Superiora General. Dio un fuerte impulso al Instituto que en este período abre varias casas. Su talante era de bondad y mansedumbre; de ella decía el P. Faustino que era como el “eco de su corazón”. Se identificó profundamente con el espíritu fundacional. Tiene el gozo de vivir durante su generalato acontecimientos tan importantes como la aprobación definitiva de Constituciones y Reglas.

Pero la bonanza del mar por el que navega la barca toca a su fin, al menos por un tiempo. M. Julia Requena enferma gravemente y fallece el día 28 de octubre de 1923. A su muerte se produjo una extraña situación, humanamente difícil de explicar y con un complicado entramado.

En el ocaso de la vida del Fundador, la Congregación vive una fuerte crisis provocada a raíz de la designación de la persona que ha de asumir las funciones de Superiora General. Las religiosas sufren una nueva separación del P. Faustino, al que se le prohíbe todo contacto con ellas durante unos seis o siete meses.

Como siempre sufre en silencio la noche de la prueba para él y para su querido Instituto. La luz llega en la celebración de un Capítulo en el que es designada Superiora General, M. Natividad Vázquez, que se encontraba en Santiago de Chile.

Comienza un nueva etapa para la Congregación..., esa barca que a partir de 1925 el P. Faustino continúa guiando; ahora desde el seno del Padre...

Notas

  1. MMA, pág. 5
  2. Ibid., pág. 14
  3. Ibid., pág. 15
  4. Ep. nº 162, 164, 167
  5. López, Salvador: Faustino Míguez Sch.P. Fundador de las Religiosas Calasancias, Salamanca 1988, pág. 173
  6. Ep. nº 241
  7. Ep. nº 242
  8. Ep. nº 242
  9. Ep. nº 241
  10. Ep. nº 242
  11. Ep. nº 284
  12. Ep. nº 226
  13. PSV, pág. 304
  14. Ep. nº 339
  15. Ep nº 349 y 395