BuscandoLaVoluntad/El “Laboratorio Míguez”

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El análisis de los manantiales de Sanlúcar de Barrameda
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El “Laboratorio Míguez”

“El motivo inicial de estas aficiones del P. Faustino hacia la medicina fue el deseo de practicar la caridad con los enfermos”[Notas 1].

Podemos afirmar que el “Laboratorio Míguez” es uno de los legados del P. Faustino a la humanidad, y que surge de la conjunción de varios rasgos característicos en él: su caminar cercano a las necesidades del hombre de su tiempo, su preocupación por el que sufre en el cuerpo, su amor a la ciencia, y la convicción que tiene de que “Dios ha puesto en la naturaleza los medios suficientes para curar toda clase de enfermedades, precisamente en las plantas, y que la ciencia está en conocer esta virtud de las plantas y saberla aplicar en cada caso”[Notas 2].

Después del acercamiento que tuvo en Cuba a las propiedades terapéuticas de las plantas nos lo encontramos en el Monasterio de San Rosendo, en Celanova, en contacto con documentación referente a la Botica que existía en él y que en 1868 había desaparecido prácticamente debido a las leyes de exclaustración.

Hay dos fuentes de información sobre las existencias de dicha botica: un inventario y una copia hecha o recuperada por los Escolapios a su llegada al Monasterio, y que entregaron a un farmacéutico de Orense. Entre las dos se observan divergencias notables en la escritura de los medicamentos y en el número de los mismos. Nos interesa lo que dice al respecto, el texto siguiente: “Se nota en la copia recuperada, la mano de una persona conocedora que corrigió las erratas de escritura que los representantes del gobierno plasmaron al escribir los nombres que el monje boticario les dictaba”[Notas 3]. No sería extraño que fuera el P. Faustino quien hizo las correcciones a que se alude, dados sus conocimientos sobre el tema.

Hemos visto cómo a su paso por Sanlúcar adquiere fama como científico y como sabio, por el trabajo realizado sobre los manantiales. A partir de este momento, “es lógico y natural que acudieran muchos pacientes a consultarle en sus dolencias para que les indicara, apoyado en sus estudios y experiencias, el agua más apropiada a su alivio y curación”[Notas 4]. Aquí puede estar, por tanto, el comienzo de una atención más directa, por su parte, a los enfermos.

Desde esta ciudad andaluza el P. Faustino llega a El Escorial. No tenemos noticias de que en este lugar se dedicara a la atención de pacientes. En cambio sí nos consta que aprovechó su cargo de Bibliotecario para consultar obras de Botánica y Química, según atestigua el P. David Álvarez, que le conoció en 1899, en Getafe: “he escuchado decir que se dedicó de una manera especial a los estudios de la medicina durante su permanencia en El Escorial”[Notas 5].

Es en Monforte de Lemos, donde le vemos dedicado con intensidad al cultivo de las plantas medicinales y a la aplicación de sus propiedades curativas. En la huerta del colegio ha acotado una parcela de tierra, donde él mismo planta y cuida las que luego utiliza. “Desde estos tiempos de una manera preferente dirige sus experiencias y prácticas al conocimiento más profundo de la Botánica y las propiedades medicinales de las plantas. Analiza, experimenta, estudia las plantas en sus tallos, raíces, semillas, y por medio de tisanas, infusiones y extractos consigue curaciones”[Notas 6].

Aquí, en Monforte, ha podido experimentar y comprobar la eficacia de los extractos que prepara. Es el inicio de lo que va a alcanzar su pleno desarrollo en Sanlúcar de Barrameda, ciudad en la que tiene su origen el Laboratorio Míguez.

El P. Faustino regresa de nuevo a esta ciudad en el año 1879, como hemos visto. La población no ha olvidado su aporte científico. Además de dedicarse a las clases en el colegio, continúa con el estudio profundo de las plantas y sus propiedades. Prepara algunos extractos con propiedades medicinales y los pacientes comienzan, de nuevo, a acudir al P. Faustino para consultarle y conseguir alguno de sus preparados. Al principio, todo esto tiene lugar a pequeña escala. Conforme avanza su estancia en Sanlúcar aumenta también su fama y el número de enfermos que a él acuden. Una vez fundada la Asociación, las jóvenes le ayudan en ocasiones en la preparación de estos compuestos medicinales.

Pero entre los años 1885, fecha de la fundación del Instituto, y 1888, año de su traslado a Getafe tiene lugar un acontecimiento transcendental en la actividad terapéutica del P. Faustino. Nos lo relata él mismo, en la carta que escribe al Padre Procurador de las Escuelas Pías, en 1910:

“Se me presentó a la sazón el Decano de Medicina, suplicándome en su nombre y en el de sus compañeros de Sevilla, me encargase de estudiar y curar la enfermedad de un catedrático por ellos desahuciado, y al ver me extrañaba de su propuesta y me desentendía de lo que ellos esquivaban, me replicó que cuando tan señalado triunfo había obtenido en el análisis, y estudio terapéutico de las aguas de Sanlúcar que tantos habían intentado en vano, también podría lograr lo que me proponían”[Notas 7].

Con el nombre de Decano de Medicina, se designaba al Director de la Escuela de Medicina, que más tarde se incorporó como Facultad a la Universidad. En estos años, ocupaba el cargo D. Antonio Rivera y Ramos. No podemos olvidar que en dicha Escuela, daba clases el Catedrático Manuel Pizarro, que había prologado la obra del P. Faustino, en 1872. Con toda probabilidad este sería el conducto a través del cual acuden a él.

Continúa diciendo en el mismo escrito citado anteriormente que como el Decano era poco afecto al colegio, se aconsejó y pareció más oportuno que accediera a la propuesta. Entonces, nos dice,

“Acudí al Señor para que si era su Voluntad que yo siguiera al frente de la Asociación de referencia me iluminase para curar dicha enfermedad y me facilitase los medios para ayudar a aquella”[Notas 8].

Y se entregó al estudio de la enfermedad y sus posibilidades de curación. Este hecho le llevó a una investigación mucho más profunda de las propiedades terapéuticas de las plantas. Un tema en el que llegó a estar “bien documentado pudiendo decir que conocía y manejaba los mejores textos y leía revistas extranjeras y conocía lo último que se hubiere publicado en particular de Botánica Aplicada, y en general de todos los conocimientos que sobre esto existían; todo lo cual lo sometía a su fina y delicada observación”[Notas 9]. Dato que queda confirmado por la relación de los libros de ciencias que formaban su biblioteca.

Por los datos que tenemos parece que el enfermo fue D. Manuel Bedmar, doctor en Derecho, que en 1890 fue por segunda vez Rector de la Universidad de Sevilla. A través de las cartas se pone de manifiesto que el P. Faustino mantuvo una buena relación con él[Notas 10]. Su nombre aparece en la lista de personas, mencionadas en el famoso escrito del P. Provincial, que solicitan su traslado de nuevo a Sanlúcar[Notas 11]. Por otra parte, Manuel Bedmar parece estar muy interesado en hacer algo por el P. Faustino:

“Lo de Carmen Barrio y Regla, fue porque el Sr. de Bedmar hasta me suplicó le pidiera alguna cosa, y me acordé de ellas para que les dé si puede ser alguna ayudita que les dé para vivir honradamente”[Notas 12].

El paciente se curó de la enfermedad. Sospechamos, aunque no se puede asegurar, que estaba aquejado de diabetes y que el medicamento preparado por el P. Faustino fue el Antidiabético. Él nos dice,

“curado el enfermo comuniqué a la Superiora o Directora de la Asociación el remedio que me había servido, indicándole al mismo tiempo el modo de prepararlo y manifestándole mi intención al emprender aquel trabajo: que si lograba lo que pretendía, lo que reportase se distribuiría en la confección de medicamentos, en limosnas y misas por las benditas almas del purgatorio y en beneficio de la Asociación”[Notas 13].

El preparado medicinal al que más se refiere, en sus escritos a Madre Ángeles, es precisamente el Antidiabético. En la carta del 16 de enero de 1890 da la impresión que está dando un resultado eficaz y además le pide que

“guarden absoluto sigilo o secreto sobre la medicina de la diabetes, que algo os ha de valer. Las botellas te dije fuesen como las del agua de Loeches, si mal no recuerdo; pero a personas, como ésas, no hay cuidado, que ellas corresponderán”[Notas 14]

Lo que este hecho significó lo expresamos, con palabras del propio P. Faustino:

“La resonancia de este éxito hizo que después, tanto el referido decano como otros Drs. acudieran a mí para la curación de otras enfermedades que dieron lugar al descubrimiento de los demás específicos que iba preparando la Directora, aunque de un modo un poco estático y recibiendo por ellos lo que espontáneamente daban”[Notas 15]

Por ello, casi es posible afirmar que los doctores en medicina fueron los que contribuyeron, en gran manera, a la aparición de los medicamentos que, con el paso del tiempo, serán elaborados en el Laboratorio Míguez, en Getafe.

Pero los específicos surgen, sobre todo, de la necesidad y del contacto del P. Faustino con la realidad humana que le rodea. Así nos lo pone de manifiesto el P. Eusebio Gómez, ya mencionado: “el siervo de Dios aprovechaba conversaciones de los hombres que cultivaban la tierra para hallar la composición de sus específicos; por ejemplo en una ocasión en que mi padre le hablaba de una planta que tenía las virtudes de excitar la secreción urinaria, le rogó que le enviase cantidad de esta planta”[Notas 16].

Son también los médicos, en este caso los de la población sanluqueña, quienes reaccionan ante el éxito de los preparados medicinales con amenazas de denuncias. Los mismos que en 1872 le alabaron por el análisis realizado. Madre Ángeles en sus memorias nos dice que “los médicos se reunieron y fueron al colegio de los Padres, se quejaron al rector, quedando en mostrarlo y comunicarlo a la comunidad para saber su parecer y comunicarlo al P. Provincial”[Notas 17]

Al P. Faustino se le llega a prohibir la atención a los enfermos y la preparación de los medicamentos. “Mientras, estuvo el Padre en suspenso; pero iba a vernos y nos contaba estas contrariedades para que pidiésemos al Señor el arreglo de este tan delicado asunto”, sigue diciendo Madre Ángeles. En esta circunstancia llega su traslado a Getafe. Las jóvenes novicias continúan en Sanlúcar preparando algunos específicos, ya que les ha cedido las fórmulas según las ha ido elaborando.

“Al efecto les mandé elegir una de entre ellas que sea la depositaria del secreto de la composición de los específicos y la única encargada de la preparación de los extractos, asociándole otras que ayuden en la presentación de aquellos. Hasta ahora lo han hecho en pequeña escala en su Casa-Matriz de Sanlúcar de Barrameda”[Notas 18].

Ya hemos dicho que al llegar a su nuevo destino estuvo cuatro años sin preocuparse de enfermos y medicinas, dadas las dificultades surgidas en Sanlúcar. Pero los ecos de éxitos anteriores le trajeron nuevos compromisos, que atendió con eficaces resultados. Esto provocó una avalancha de enfermos que requerían la preparación de medicamentos a gran escala. El P. Eusebio Gómez recuerda que cuando fue destinado a Getafe en 1899, el pequeño laboratorio del P. Faustino funcionaba con toda normalidad y ya era célebre con sus productos[Notas 19].

Como allí no tenía ni espacio, ni tiempo, ni nadie que le ayudara optó por preparar los extractos y suministrarlos a un farmacéutico que los protegiese, presentase y vendiera bajo su responsabilidad y por un tanto por ciento. Con el paso del tiempo descubre que éste multiplica los frascos de los medicamentos disminuyendo las dosis de extracto que le prefijaba, con el consiguiente perjuicio para los enfermos.

Ante esta circunstancia piensa que la única solución es solicitar a las religiosas que algunas de ellas se trasladen a Getafe para poder atender la preparación de los específicos:

“para no hacerme cómplice de la criminal conducta del farmacéutico, escribí a las Asociadas se encargaran de todo, si querían, que yo no podía ya seguir. Así lo hicieron, aceptando las condiciones de la distribución del producto obtenido, y designando una que las representase y firmase un contrato público con otro farmacéutico que por un tanto fijo cubre con su título y despacha bajo su responsabilidad los medicamentos por aquella preparados, y así llevan ya cuatro años”[Notas 20].

En 1906 acceden a esta petición. La primera comunidad está formada por las Madres Consuelo, Magdalena y Purificación[Notas 21]. En el mes de septiembre de este mismo año se incorpora Madre Natividad, que es la que recibirá el secreto de elaboración de los mismos:

En el año 1912 confirma mediante testamento la cesión de los específicos a la Congregación por él fundada. En esta fecha Sagrario Martín, religiosa calasancia, inicia sus estudios de Farmacia en la facultad de Madrid, por deseo expreso del P. Faustino. Fue la primera directora técnica del laboratorio. En el año 1922 se otorga la autorización oficial, como Laboratorio farmacéutico, por parte de las autoridades sanitarias.

Después de un largo camino recorrido el P. Faustino confiesa que muchas y grandes satisfacciones le han proporcionado los eficaces resultados de los específicos, pero también que han sido grandes los disgustos y amarguras que ha pasado, hasta el extremo de estar a punto de dejarlo si no hubiera sido por los propios enfermos, a los que ama y en los que descubre una necesidad de alivio y consuelo en medio de su dolor.

Notas

  1. Summarium, pág. 24
  2. Summarium, pág. 152
  3. De Sa Bravo, Hipólito: o.c. pp. 80 y 87
  4. Del Álamo, Anselmo, o.c., pág. 90
  5. Summarium, pág. 3
  6. PSV, pág. 92
  7. Summarium, pág. 259
  8. Ibid., pág. 260
  9. Ibid., pág.24
  10. Ep. nº 176, 177, 178, 179, 209, 224 y 242
  11. PSV, pág. 171
  12. Ep. nº 148
  13. Summarium, pág. 260
  14. Ep. nº 127
  15. Summarium, pág. 260
  16. Ibid., pág. 146
  17. Memoria Madre Ángeles, mecanografiadas (MMA).
  18. López, Salvador: Faustino Míguez, Sch.P. Fundador de las Religiosas Calasancias (FMS), Salamanca 1988, pág.299
  19. Summarium, pág. 146
  20. Ibid., pág. 261
  21. Crónicas de la Casa de Sanlúcar de Barrameda. Archivo General del Instituto Calasancio Hijas de la Divina Pastora. Madrid