BuscandoLaVoluntad/Getafe: ministerio sacerdotal

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3. UNA RESPUESTA A DIOS DESDE LA MIRADA EVANGÉLICA A LA “HUMANIDAD DOLIENTE”: INVESTIGADOR Y CIENTÍFICO.
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Getafe: ministerio sacerdotal

Casi la mitad de la vida del P. Faustino transcurre en Getafe. Llega a esta ciudad, por segunda vez, el 30 de septiembre de 1888. Pasará aquí los 37 años restantes de su vida.

En algunas cartas que escribe a Madre Ángeles, deja ver que el clima de Getafe no le sienta bien y le acecha la enfermedad. Pero se nos muestra, una vez más, como el hombre dispuesto a aceptar la voluntad de Dios, manifestada a través de los Superiores, a costa incluso de la propia vida:

“El médico me vio desde el principio y a la primera de cambio me dijo: A Sanlúcar otra vez. Yo le daré un certificado de que así lo necesita o iré en persona si Vd. quiere, a su Superior. Ni lo uno ni lo otro, gracias; ni pedí salir, ni pediré volver, aunque supiera que me moría hoy mismo. Este ha sido siempre mi sistema y no lo cambio al último de mi vida. Tengo que morir: aquí o en otra parte, lo mismo da...A Pekín estoy dispuesto a ir, si así me lo mandan”[Notas 1].

Su dedicación principal, como siempre, es la docencia; imparte las asignaturas de Física, Química, Geometría y Geografía. Nos queda constancia de su hacer educativo aquí en Getafe en el testimonio de uno de sus alumnos: “Todos deseábamos en los recreos de los primeros cursos nos tocara el P. Míguez porque nos lo hacía pasar muy bien. Era muy sencillo, muy humano y profesor de mucha entrega. En los cursos superiores nos daba unas clases estupendas con gran claridad y pedagogía. Trabajaba mucho con los más atrasados y nunca dejaba, fuera la clase que fuere, de darnos alguna lección de moral o religión, algo que nos sirviera para nuestra formación. Con ocasión de hacer estudios superiores tuve oportunidad de tratar a muchos profesores de Filosofía y Letras, pero sólo puedo deciros que el P. Míguez era un auténtico pedagogo, un sabio y un hombre extraordinario por su virtud, al que otros le llamarían santo”[Notas 2].

Su amor y entrega a los niños continúa siendo total, desinteresada. Por ellos sigue estando dispuesto a todo. Esta actitud queda ratificada con el gesto que le comunica a Madre Ángeles, a raíz de un brote de viruela:

“Hemos tenido que mandar a todos los colegiales a su casa por haber entrado aquí la viruela. Yo he tenido a dos en mi cuarto haciendo de asistente y médico en todo y para todo”[Notas 3].

Los alumnos y novicios admiraban su talante de sencillez; les llama la atención sus miradas de bondad y cariño: “Fue la etapa más feliz de mi vida como estudiante. El P. Faustino tenía la costumbre de cruzarse las manos poniendo una sobre otra alternativamente cuando paseaba por el patio durante nuestros recreos. Era muy afable y cariñoso. Para cada uno de nosotros era un verdadero padre y yo sentía hacia él un verdadero afecto de hijo. Nos trataba y se comportaba con cada uno de una forma justa y equitativa. Era también para nosotros un verdadero compañero. Sentíamos hacia él un gran respeto y a la vez una irresistible atracción”[Notas 4].

El P. Aurelio Isla, que estaba de aspirante en el año 1913, recuerda su gesto amable cuando atravesaba el patio del colegio de los Escolapios para ir a visitar a sus religiosas, que desde 1906, se habían instalado en Getafe: “Con frecuencia le veíamos pasar a nuestro lado por el parque del colegio, camino del colegio de las Pastoras, para trabajar en el Laboratorio y cuantas veces se cruzaba con los jóvenes teólogos, nos saludaba levantando suavemente el bonete, con que iba siempre cubierto, sonriendo al mismo tiempo con sencilla amabilidad”[Notas 5].

En 1889 hizo un viaje a Irache, y pronunció una conferencia en San Pedro de Cardeña, a los Profesores y jóvenes religiosos que iniciaban el Curso de Física. En ella hizo “una breve reseña de la filosofía natural o sea de la Física” y pretendió “manifestar su origen y progreso hasta nuestros días”[Notas 6].

También al poco tiempo de estar en Getafe dio unos Ejercicios Espirituales a la Comunidad, junto con el P. rector. Las pláticas de la mañana estaban a cargo del P. Faustino y las de la tarde eran dirigidas por aquél. Es una muestra del prestigio que había adquirido como hombre de Dios y hombre de ciencia.

Tenemos noticias, por testimonio suyo, de que durante los cuatro primeros años de su llegada a Getafe no se dedicó a la investigación de las propiedades de las plantas ni a la atención a enfermos. Fue debido, con toda seguridad, a la situación planteada en Sanlúcar por los médicos y que, en parte, provocó su salida. Sí lo hizo posteriormente, nos dice él mismo, urgido por las instancias de personas que le conocían y por los ecos de los éxitos anteriores.

Desde su nuevo destino cuida, la Congregación de Hijas de la Divina Pastora que da con gozo sus primeros pasos. Lo hace a través de las numerosas cartas que escribe y de algunos viajes que realiza a la ciudad andaluza. En 1889, para participar en la profesión de las primeras novicias de la Asociación, en 1890 con motivo de presidir los exámenes de las niñas, y otros que hizo posteriormente, en varias ocasiones.

De los que realiza a Chipiona, pueblo gaditano en el que se hacen presentes las religiosas en 1894, nos ha quedado el testimonio de D. Juan Soto Naval, que era monaguillo del colegio y le ayudaba al P. Faustino cuando iba allí. Recuerda su gran talante humano y su capacidad de escucha: “Como era de edad avanzada, yo me consideraba como su ayuda de cámara. Le alcanzaba el sombrero, le ayudaba a ponerse el manteo. Luego apoyado sobre mi hombro y su bastón íbamos a la sacristía y de nuevo le ayudaba a revestirse. Cuando tenía que ir a casa de algunas personas, me mandaba llamar y le acompañaba. Mientras tanto se interesaba por mis cosas, por mis estudios y llegaba incluso a hacerme preguntas de los temas estudiados, y si yo no sabía las respuestas, él me las explicaba. Su sencillez, buen trato y dulzura no me pasaron desapercibidos”[Notas 7].

Él nunca abandonó la labor formativa de las religiosas, que había iniciado ya en Sanlúcar de Barrameda, en los comienzos de la Asociación. La siguió realizando siempre y a todos los niveles. El siguiente texto es una muestra elocuente: “Era el verano de 1921; en nuestro colegio de Getafe...se reunían los profesores de matemáticas de nuestros colegios con el fin de que en un cursillo de ampliación, expusieran algunos puntos de Álgebra Superior...Al reunirse el primer día nuestra admiración no tuvo límites: sentado en su banco con su lápiz y cuaderno...Como al terminar le dijeran: Padre, ¿por qué hace Ud. esto? Resulta muy pesado a sus años; respondió: lo exigen también algunos programas del Magisterio y deseo imponerme para enseñarlo a mis maestras”[Notas 8].

Los años pasan y al P. Faustino le llega el momento de la jubilación como docente. Pero sabe que en otros campos de su misión no es posible la jubilación porque el ser humano sufre bajo el peso del dolor moral y está necesitado de escucha y de reconciliación. Se dedica intensamente a su labor sacerdotal, que él tanto valoró, por la influencia que tiene en toda la vida humana:

“La influencia del sacerdote abraza inmensas proporciones. La tiene en el hogar doméstico; la ejerce, sin querer, en el ánimo del pobre que fortifica; en el del huérfano a quien consuela; en el del menesteroso a quien enjuga las lágrimas pero lo más maravilloso de su acción se encuentra en relación con la individualidad. Apenas un ser viviente abre sus ojos a la luz del tiempo, ya le pertenece; santifica el principio de su existencia, tiende a santificarle por todo el tiempo de su vida y le recoge el postrer aliento de su eterna migración”[Notas 9].

Fue además, aquí en Getafe, donde cumplió los 50 años de su ordenación sacerdotal. Acontecimiento que no pudo celebrar por estar enfermo. Así consta en una carta que, por otra parte, nos habla de la responsabilidad que supone para él este ministerio:

“¡Qué pronto se aguan las satisfacciones de la vida! Mejor dicho: ¡Qué inseguras las que nos prometemos! Por eso no quise yo celebrar mis bodas de oro hizo ya dos años; cincuenta y dos años celebrando diariamente y tan malo! ¡Qué responsabilidad la mía! ¡Dios tenga misericordia de mí! Que esto me aterra. Por sólo una misa, que celebró un sacerdote, que murió el mismo día, dijo el Beato Ávila: que harta cuenta tenía que dar a Dios. ¿Qué será de mí después de tantas?”[Notas 10].

Su fama fue grande como guía y director espiritual. Pasa muchas horas en el confesonario[Notas 11]. Contribuye desde él, para imitar a su Divino Maestro, a la salud del espíritu, devolviendo la paz al que se acerca arrepentido. Fue un verdadero samaritano del dolor moral del ser humano. Nos lo atestigua el P. Olea Montes, manifestando que armonizaba las funciones de director espiritual, médico y padre: “Era un médico excelente, que sanaba las heridas de los enfermos del espíritu, derramando sobre ellas, como el samaritano del Evangelio, aceite y vino de amor de Dios. Era un padre, a quien sus hijos no se avergonzaban de descubrir los escondrijos del corazón y a quien, en las horas de la amargura espiritual acudían los fieles en busca del consuelo y del oportuno remedio”[Notas 12].

En esta ciudad, tan cercana a Madrid, vivió el P. Faustino, en esta segunda estancia, momentos gozosos y también de dolor. Getafe fue escenario de las mayores alegrías en su vida; en esta tierra, corazón de España, y consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, experimenta las grandes consolaciones de Dios. Tiene la dicha de vivir la Aprobación Pontificia del Instituto; la aprobación definitiva de las Constituciones; la marcha de las Religiosas a Chile y Argentina...

Pero, a la vez, es una etapa no exenta de cruz, por la lejanía desde la que tiene que vivir la relación con las religiosas; por su separación de la Congregación de las Hijas de la Divina Pastora, en dos ocasiones diferentes; por las intensas críticas y persecuciones de las que es objeto debido a su atención a los enfermos; por la utilización de los ingresos de los específicos para los colegios de las religiosas...Calla, obedece y acepta. Todo lo sufre, sin duda, por la obra que empieza a crecer. Getafe significa también, en su caminar, la experiencia del gozo del silencio.

El P. Faustino vive un ambiente de relaciones comunitarias cálidas y fraternas, desde las que se debió sentir más aliviado en los momentos de prueba. Por ello, expresa su deseo de morir en el colegio “por si Dios me concede la gracia de recibir, entre mis hermanos, todos los sacramentos”[Notas 13]. En el año 1921 la Comunidad le celebra la entrada en los 90 años como el Fundador Calasanz, llegando incluso a dedicarle unas poesías. Así consta en las crónicas de la casa, “Día 25. Misa cantada en honor de la Anunciación...Se celebra también la entrada del P. Faustino en la edad de Nuestro Santo Padre. Hubo Te Deum por el P. Faustino. Después de la Misa fue toda la Comunidad a felicitar al anciano venerable por su virtud y sus canas. El P. Pedro Díaz leyó un tierno y bello poema”[Notas 14].

Fueron muchos los años vividos en Getafe, en esta última etapa, pero los aprovechó bien para madurar en santidad. A los 94 años es ya fruta madura para la recolección.

El día 8 de marzo de 1925, el Señor le llama a gozar eternamente de su amor. Su vida termina rodeado de sus religiosas, que acudían todos los días a visitarle. Nos lo cuenta Madre Dolores Carrillo: “Tuve la suerte de estar en la puerta de la enfermería cuando se dieron cuenta de que el padre había expirado. Porque precisamente nos dijo que fuéramos a verle a las dos de la tarde; cosa que no solía mandarnos a esa hora tan intempestiva. Yo vi que el Padre Felipe Estévez, llevaba la estola, entró en su habitación y le administró los últimos sacramentos. Por la mañana estuvimos con él hacia las once y se hallaba en la tribuna oyendo misa, nos dijo “venid a las dos”, y le dijimos, ¿Padre, a las dos?, pareciéndonos una hora muy rara, porque no acostumbraba a recibir a esa horas. Fuimos por la tarde y al llegar allí nos encontramos con lo relatado ya”[Notas 15].

El hermano Cirilo que lo atendió en los últimos momentos dice: “Tenía el rosario entre las manos y una placidez y serenidad grande”. De la mano de María llegó a las Escuelas Pías, bajo su protección vivió y puso la Congregación por él fundada, y acompañado por Ella llegó al seno del Padre.

Una vida que resume muy bien el P. Juan Mármol, en la oración fúnebre que pronuncia en Sanlúcar de Barrameda, el 16 de marzo de 1925, a los ocho días de su muerte: “Cuantos tuvimos la dicha de estar a su lado algún tiempo - pues dicha muy grande es la de estar al lado de algún justo -, cuántas cosas pudimos admirar de él; el dominio soberano que tenía de sí mismo; su humildad sin límites; su caridad inagotable; sus palabras sustanciosas siempre llenas de unción; su afabilidad; aquel desvivirse por servir y agradar a todos, su bondad, en fin, que se reflejaba en todas sus acciones, y resplandecía en su rostro venerable”.

Notas

  1. Ep. nº 76
  2. PVP, PÁG. 511
  3. Ep. nº 185
  4. PSV, pp. 198-199
  5. Ibid., pág. 512
  6. HPF, pág. 152
  7. Summarium Patroni responsioni additum, pág. 10
  8. Oración fúnebre. P. Juan Mármol. PSV, pág. 504
  9. HPF, pp. 22-24
  10. Ep. nº 390
  11. Summarium, pág. 86
  12. Olea Montes, José: “Vida del venerado Padre Faustino Míguez, Sch.P.,”, Salamanca 1954, pp. 33-34
  13. PSV, pág. 125
  14. Summarium, pág. 251
  15. PSV, pág. 129