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Getafe: padre, maestro y profesor

Dios le pide de nuevo que se ponga en camino. Su brújula señala la dirección a tomar... ¡Getafe!. Y su vida se va modelando como un “sí” constante a Dios.

Llega el 19 de septiembre de 1861 para sustituir al P. Juan José Romero que ha sido destinado a la nueva fundación de Úbeda[Notas 1]. A los pocos días, el 29 del mismo mes y año, el Juniorato es trasladado de Getafe a Alcalá de Henares -al frente del cual va el P. Ramón Cabeza-, y el Noviciado de San Fernando a Getafe. ¡Otra vez el P. Faustino junto al Noviciado! ¿Casualidad?, ¿don? Quizás un regalo que le permitió contemplar siempre el aire joven de la entrega.

Algunos de los religiosos con los que convive durante estos años son: Juan Francisco Peña, rector; Manuel Pérez de la Madre de Dios, que será su rector en la comunidad de Sanlúcar de Barrameda; Modesto Peña; Marcelino Ortiz; Andrés Espinosa[Notas 2].

El joven Vicente Alonso Salgado cursa sus estudios teológicos en Getafe durante estos años. Era natural de Quiroganes, provincia de Orense, y permaneció de 1856 a 1858 en el Santuario de Nuestra Señora de los Milagros. Estuvo en el Seminario y en 1861 vistió la sotana escolapia[Notas 3]. Coincidieron, de nuevo, en El Escorial. Llegaron a ser buenos amigos.

Getafe es para el P. Faustino lugar de crecimiento y maduración. Son ocho años de profundo ministerio escolapio -como profesor, maestro y director de internos- y de intensidad espiritual con sabor a donación y confianza plena en el Dios que le salva.

Aquí su misión educativa desborda el ámbito puramente escolar para invadir, en parte, el familiar. Se le nombra director de una de las tres secciones en que está dividido el internado de Getafe. Seguramente recordó sus años de interno en el Santuario. Una experiencia que le ayudará a comprender mejor a esos niños con los que tiene que desempeñar la función de padre, madre y maestro a la vez.

En las Escuelas Pías la figura del director de internos era de gran relieve por la responsabilidad que suponía la formación y orientación de estos niños alejados de su familia. Se procuraba que fueran personas de grandes dotes pedagógicas y capaces de crear un ambiente cercano y acogedor, para atenuar así la ausencia familiar y educarles en un auténtico talante humano y social. El P. Ramón Valle en la circular enviada en 1865 a los directores de internos les dice: “...antes haciéndose todo para todos, trátenlos a todos con aquel afecto, interés y delicado miramiento que se deja traslucir aún en medio de las severas reprensiones”[Notas 4].

El P. Faustino sabe que una vez finalizadas las clases su tiempo es para los internos; ellos son el objeto de su mirada, afecto y cariño. Les entrega lo mejor de su vida para ayudarles en el camino del crecimiento. Busca establecer con ellos “esos dulces y poderosos lazos que jamás se rompen”, basados en el sacrificio y el respeto[Notas 5].

Todo en su vida es para Dios, desde la entrega al niño “que es de Dios y para Dios, de cuyo poder es hijo y obra de su mano e imagen de su gloria”[Notas 6]. El niño es en su vida “lugar” de encuentro con Dios, y así intenta convertir su trabajo en oración[Notas 7].

La actividad académica que lleva a cabo en Getafe llama la atención por la variedad de asignaturas que imparte. Nos sirve como ejemplo el curso 1861-1862: Ejercicios de análisis y traducción latina y castellana, Rudimentos de Lengua Griega, Nociones de Historia General y particular de España, Aritmética y Álgebra hasta las ecuaciones de 2º grado inclusive, Francés, Historia Sagrada y Moral.

En el curso 1862-63 figura también como Profesor de Aritmética y Álgebra; en los cursos 1866-67 y 1867-68 imparte Física y Química.

En todas estas asignaturas dio siempre una nota de sabiduría y conocimientos profundos, adquiridos sin duda después de muchas horas de dedicación al estudio. Hizo vida la afirmación de José de Calasanz: “quien hace voto de enseñar, lo hace también de aprender”. Y él nunca se cansó de aprender. Lo hizo hasta el final de su vida cuando a los 94 años asistía a las conferencias que daban los jóvenes con papel y lápiz en la mano. Su corazón de maestro le llevó a sentirse siempre discípulo del Único y Verdadero Maestro[Notas 8].

La profundidad y amplitud de su ciencia quedó patente en el hecho que nos relata el P. Anselmo del Álamo: la discusión filológica mantenida con el eminente profesor de Latín, D. Raimundo de Miguel, muy conocido por su gramática y diccionario latino. El P. Faustino llega a demostrarle que no ha traducido correctamente algunas de las expresiones del Homo Apostolicus de S. Alfonso Mª de Ligorio. El catedrático quedó admirado de sus conocimientos y, por medio del Marqués de Morante, discípulo del colegio de San Antón, recibió la ayuda del P. Faustino en la elaboración del diccionario etimológico latino-español.

En el centro académico el P. Faustino asiste a un cambio cuyas ventajas no le pasaron desapercibidas. El colegio gozaba de independencia económica respecto de los poderes públicos, pero no la tenía a nivel pedagógico. Los alumnos debían convalidar los estudios con exámenes realizados en el Instituto correspondiente de Madrid. Esto suponía, en la práctica educativa, mucha dedicación al aspecto académico con detrimento de una formación integral.

En el 1865 el colegio es reconocido como Centro Oficial de Segunda Enseñanza, lo que le confiere autonomía e independencia. Este reconocimiento estuvo motivado, en gran parte, por el prestigio alcanzado por el colegio debido a la presencia de profesores con grandes dotes pedagógicas, entre ellos, el P. Faustino.

El centro es agregado al Instituto de San Isidro de Madrid y los catedráticos del mismo se trasladan a Getafe para examinar a los alumnos. El P. Faustino experimenta los beneficios que este nuevo funcionamiento supone para los alumnos y las mejores posibilidades que ofrece para una educación integral. De aquí “nace” el acérrimo defensor de la libertad de enseñanza.

Un acontecimiento importante para las Escuelas Pías de España, tiene lugar en 1862, durante su estancia en Getafe. Fue la Visita Apostólica a las Casas de los Escolapios en España, decretada por Pío IX.

Fue nombrado visitador el Cardenal de Toledo que delegó en los respectivos obispos de los lugares donde estaban establecidos los colegios. Para la de Getafe nombró a su secretario D. Pablo Yurre. Fue un hecho que el P. Faustino vivió intensamente, con el que se comprometió hasta el final como él sabía hacerlo y que “no dejó que pasara” sin más por su vida.

Con sus treinta años recién estrenados se siente urgido a aportar, de forma clara y “sin máscaras”[Notas 9], el propio punto de vista sobre el momento por el que pasa la Orden. Le mueve a ello su deseo de verdad y un profundo cariño hacia las Escuelas Pías. Lo hizo a través del interrogatorio a que fue sometido por el Visitador y de la documentación que él libremente le entregó: “que para mejor expresar sus ideas y sentimientos presentaba una instancia dirigida al Sr. Visitador Apostólico, y copia de otras que había dirigido al mismo fin al Sr. Nuncio de Su Santidad en estos reinos, las que se unirán a estas diligencias para los efectos oportunos”[Notas 10].

En el memorial - instancia que entrega al Visitador expone “con toscas palabras y humildes conceptos” su “humilde parecer”[Notas 11]. Muestra grandes anhelos de vivir en profundidad y radicalidad la entrega al Señor desde el auténtico espíritu de José de Calasanz. En él habla de la “sagrada obligación de nuestro ministerio”; aparece como inconformista con la “medianía de vida”, e inclinado hacia la educación de la infancia desvalida. Considera que es necesario fortalecer el espíritu con ejercicios espirituales y con el estudio “para bien imbuir a la juventud en sanas máximas y cimentarlas más en las letras”[Notas 12]

En cuanto a su caminar espiritual tenemos un documento de esta época, 1866, escrito por el P. Faustino de su propio puño y letra, que nos revela la profundidad espiritual que vive ya en esta etapa de su caminar. Es el voto en favor de las almas del Purgatorio[Notas 13].

A sus treinta y siete años aquel joven inquieto que ayudaba en la catequesis, se nos muestra como incansable en la entrega, en el amor a los niños y jóvenes, en la búsqueda de la verdad, en la fidelidad a su conciencia. Su vida es donación continua y ahora quiere extremar esa donación, a través de esta promesa, en la que ofrece el bien que puedan reportar sus obras a los necesitados de ellas. Es un gesto de plena confianza en Dios y de pasión por el hombre necesitado.

¿De dónde brotan tanta vitalidad y dinamismo? Al hacer este voto deja traslucir las claves espirituales por las que está traspasada toda su vida: la honra y gloria de Dios, el seguimiento-imitación de Cristo, su cordial esclavitud a la Madre de Misericordia.

En Getafe le vemos viviendo con hondura, con intensidad. Asimismo se va identificando cada día más con su ser escolapio por el que está dispuesto a renunciar a todo. En 1891 el P. Faustino escribe una carta al P. General en la cual nos desvela un dato de su vida, que debió acontecer en estos años, pasando por él como a vuelo de pájaro:

“y el habérseme ofrecido hasta la dignidad episcopal y pingües colocaciones, las que yo pospuse siempre a mi hábito”[Notas 14].

De este tema nos llegan también noticias a través del P. Cerdeiriña, hermano de Comunidad en Getafe durante su segunda estancia: “tal vez, si alguno de mis hermanos de hábito lee este pobre artículo necrológico, se pregunte de dónde me ha venido a mí la noticia sobre el ofrecimiento de una mitra que se le hizo al sabio y virtuoso P. Faustino, cuando estuvo la primera vez en Getafe, es decir, desde el año 1860 a 1868, y, por consiguiente, cuando aún no había cumplido los 40 años...un lazo de simpatía nos unía a los dos...de tal suerte que no faltará en el Colegio de Getafe quien me suponga a mí enterado de este asunto”[Notas 15].

También hace referencia a este hecho el P. José Olea, escolapio, que le conoció en Getafe en 1899 y que siendo novicio se confesaba, de ordinario, con él: “por su prestigio justamente adquirido en esta ocasión, hacia 1865 se le indicó que iba a ser propuesto en terna para una Sede Episcopal a la cual renunció resueltamente”[Notas 16].

No acepta el ofrecimiento. Seguramente, Faustino Míguez, seducido por el Dios de los niños y jóvenes, ya no encuentra otro modo de vivir si no es desde el mayor tesoro que cree tener: su vocación escolapia. Al igual que le ocurrió a José de Calasanz en Roma, cuando exclamó: “he encontrado en Roma mejor modo de servir a Dios ayudando a los niños pobres, y no lo dejaré por cosa alguna del mundo”[Notas 17].

Se siente inclinado, en lo más profundo de sí mismo, a rehusar el honor a los ojos del mundo: “quiero vivir oculto para morir ignorado”. Son los primeros pasos del camino interior hacia el que el Espíritu le irá conduciendo: el de la renuncia a sí mismo. Y la tierra va estando preparada para ello.

Notas

  1. PSV, pág. 38
  2. Archivo Provincial. Tercera Demarcación. Caja 13. Catálogo de enero de 1862 y 1864.
  3. DENES, vol.II, pág. 46
  4. PSV, pág. 55
  5. Del Álamo, Anselmo: Habla el Padre Fundador (HPF), Madrid 1984, pág. 53
  6. Ibid., pág. 49
  7. Ep, nº 153
  8. HPF, pág. 86
  9. PSV, pág. 58
  10. Ibid., pág. 57
  11. Ibid., pág. 58
  12. Memorial-instancia al Sr. Visitador, de fecha 12 de agosto de 1862, en Getafe. Copia en el Archivo General del Instituto Calasancio H.D.P. Caja de Escolapio
  13. Ep, nº 8
  14. López, Salvador; Faustino Mïguez Sch.P. Fundador de las Religiosas Calasancias (FMS), Salamanca 1988, pág. 171
  15. Cerdeiriña, José: El Padre Faustino Míguez, Madrid 1970, pág. 33
  16. Summarium Proc.-ord. Matriten (Summarium), pág. 30
  17. Berro, Vicente: Annotazioni, t.I, pág. 73