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Carisma y espiritualidad de las Hijas de la Divina Pastora.
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Ideal y estilo educativo

La sublime misión de la educación, “tan vasta como difícil”, es el humilde servicio a la construcción del Reino, por parte de la Congregación.

Desde su identidad espiritual-apostólica, la Hija de la Divina Pastora está al servicio de la Verdad. En su ministerio educativo se entrega con amor para conducir a los “pequeños” y sencillos hasta Dios,

“trabaja por ellas con un amor sin límites hasta ganarlas para Jesucristo...Camino, Verdad y Vida”[Notas 1].

Así se configura como persona en una constante actitud de búsqueda, de salida hacia sus hermanos “necesitados”, a los que acoge y de los que se siente “acompañante” en el camino de la realización humano-cristiana.

Desde su identidad de pastora, ella recorre la senda al mismo tiempo que encamina y acompaña. Se siente siempre en camino, itinerante hacia Dios.

La Religiosa calasancia sabe que hay una meta, un lema y unos gestos para el camino educativo.

-La finalidad del mismo es llegar al hombre para impregnarlo de los valores del evangelio. Es lograr la identidad humana desde el querer de Dios.

La educadora calasancia parte de la realidad del niño al que considera portador de unos dones, que son como semillas enterradas en el surco de la persona. A través de una educación “hija del amor”[Notas 2], no hace sino dar crecimiento, dar “vida, movimiento y acción a una existencia imperfecta todavía”.

¿Cómo lleva a cabo esta tarea? “Despertando facultades dormidas”, “cultivando en el ser humano los dones de la naturaleza” y “elevando sus facultades a todo su vigor y perfección posible”.

Tres palabras clave definen toda su acción educativa: descubrir, desarrollar y potenciar. Así, “el niño, se hace hombre por la educación”[Notas 3].

La educación es para el ser humano llamada a ser; es la posibilidad de ser desde la semilla de plenitud de la que es portador porque ha sido creado a imagen de Dios.

Desde aquí, la religiosa calasancia entiende la educación como la “obra más noble, la más grande y la más sublime”[Notas 4], porque es la “creación continuada”[Notas 5], es la colaboración en la obra creadora de Dios.

Educar para la congregación de Hijas de la Divina Pastora es “encaminar”, acompañar en el camino de la vida a los “pequeños” y “sencillos” para “evitar que la inocencia del corazón se pierda entre las tinieblas de la ignorancia”[Notas 6]. Para impedir que en ellos desaparezca la huella de Dios, para ayudarles a descubrir esa huella.

“Por las inefables virtudes de la Virgen, vino Jesús a los hombres y por ellas van los hombres a Jesús, procuraren hacer que Jesús venga por las suyas a los corazones de las niñas, y llevarlas también por ellas a Jesús”[Notas 7].
-En este camino educativo, al servicio del ser humano, la escuela calasancia tiene un lema: Piedad y Letras.

Es la síntesis del ideal educativo de José de Calasanz, que concibe la educación como un feliz consorcio de la Piedad y las Letras. Es la forma de expresar la dimensión integral de un proyecto educativo que quiere hacer crecer juntos al hombre y al cristiano. Es educar en la Verdad, la Verdad de Dios y la verdad de la ciencia humana.

Significa que para la escuela calasancia no hay diferencia entre lo que es promocionar a un hombre y promocionar a un cristiano. Y supone,

“enseñarle a elevarse por la noble alianza del saber con la virtud, y de las letras con la sabiduría, de la ciencia con la fe”[Notas 8].

La educadora calasancia es quien une, en la práctica educativa, estas dos categorías calasancias en términos de igualdad, tal como se expresa en el lema[Notas 9].

-En el caminar educativo la religiosa calasancia tiene gestos que la identifican como tal.
  • Se hace “pequeña con los pequeños”[Notas 10], lo que le da un talante de cercanía y sencillez.
  • Su humildad engendra en ella el espacio necesario para Dios y la inclina a comunicarse con los humildes y pequeños[Notas 11]. Siente preferencia por el débil.
  • Camina al lado de los hombres y mujeres de su tiempo sin descuidar su misión, como el ángel custodio[Notas 12], para procurarle el mayor bien.
  • La bondad, es el gesto que le permite introducirse en la vida de aquellos a los que es enviada[Notas 13]. Conoce, respeta, y valora a cada uno. “Admirada la Hija de la Divina Pastora de la dignidad de la alumna que el Señor le confía, la ama y respeta al mismo tiempo”[Notas 14]. En su misión educativa une la firmeza con la mansedumbre. “Hermanarán la gravedad de la maestra con el amor y dulzura de una madre”[Notas 15].
  • Mira, como madre y pastora, a sus alumnos. Su mirada al ser humano está llena de amor y de vida “para inspirarle confianza”[Notas 16]. “Mirándolos, como madres, por amor”[Notas 17].
  • Estimula, alienta y anima en el caminar. Sabe que “da mejores resultados el cuidar mucho de los alumnos y hacerles estudiar por emulación”[Notas 18].
  • Gasta su vida en el servicio de aquel con quien camina, se olvida de sí y renuncia a sus propios intereses por el bien del “necesitado”[Notas 19], “aún con exposición de su misma vida”[Notas 20]. “Esposa de Jesucristo que pasó su vida haciendo bien y dándola”[Notas 21],
  • Su mejor palabra es el testimonio. Manifiesta “en todo su porte y palabras a quien pertenece”[Notas 22]. Educa más por lo que es, por lo que lleva dentro, que por su saber. Enseña con su vida lo que será el niño con el tiempo[Notas 23].
  • Busca espacios para la reflexión, y la formación. “Se impone el solemne deber de proporcionar los medios a lo sublime de su misión”[Notas 24], y “trabaja y estudia por saber lo más exquisito y aventajado de su profesión”[Notas 25].

Notas

  1. Ibid., pág. 206, nº XIV; Ep. 27
  2. HPF, pág. 51
  3. Ibid., pág. 50
  4. Ibid., pág. 54
  5. Ibid., pp. 50 y 54
  6. Míguez, Faustino: Reglas de las Hijas de la Divina Pastora, Madrid 1906, pág. 45, nº II
  7. Ibid., pág. 203, nº IV
  8. HPF, pág. 51
  9. Estilo educativo del Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora a la luz de los documentos fundacionales. Madrid 1991, pág. 19.
  10. Míguez, Faustino: Reglas de las Hijas de la Divina Pastora, Madrid 1906, pág. 205, nº XIII
  11. Ibid., pág. 191, nº III
  12. TE, pág. 18
  13. Míguez, Faustino: Reglas de las Hijas de la Divina Pastora, Madrid 1906, pág. 203, nº V
  14. TE, pág. 18
  15. Míguez, Faustino: Reglas de las Hijas de la Divina Pastora, Madrid 1906, pág. 202, nº I
  16. Ibid., pág. 190, nº I
  17. Ibid., pág. 206, nº XIII
  18. Ibid., pág. 221, nº V
  19. Ibid., pág. 197, nº XIV y pág. 12, nº III
  20. Ibid., pág. 45, nº I
  21. Ibid., pág. 48, nº VIII
  22. Ibid., pág. 12, nº II
  23. Ibid., pág. 204, nº VII
  24. Ibid., pág. 12, nº II
  25. Ibid., pág. 8, nº 7