BuscandoLaVoluntad/La atención a los enfermos

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El “Laboratorio Míguez”
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Ingresos procedentes de la venta de los específicos.
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La atención a los enfermos

El P. Faustino “componía los medicamentos principalmente para hacer el bien a los necesitados, gratuitamente”[Notas 1]. Se muestra sensible con aquel que padece el dolor físico, a cuyo servicio pone su ciencia, con la preparación de los diferentes específicos. La trascendencia de esta dimensión del P. Faustino queda patente en las siguientes afirmaciones:

“Eran muchos los enfermos que acudían al siervo de Dios en demanda de su curación hasta el punto de que en la plazuela que hay frente al Colegio no era infrecuente ver veinte o treinta carros de gentes que habían venido a verle de los pueblos”[Notas 2].

“El prestigio que adquirió el padre en el arte de la medicina bien pronto llegó a ser extraordinario, de tal manera que cuando iba a Daimiel eran muchos los enfermos que le consultaban; de aquí que sus productos fueran muy solicitados puesto que curaban diversas enfermedades”[Notas 3].

“En aquel tiempo de su vida, nadie puede computar los innumerables enfermos que llegaban a él para buscar la salud”[Notas 4].

Una carta que escribe a Madre Concepción Hidalgo, Superiora de la Casa de Chipiona, nos ayuda a conocer la magnitud que alcanzó su fama como hombre entendido en el campo de la medicina:

“Gran satisfacción tendría en poder corresponder al Padre P.V., accediendo a lo que me indicas, pero me está prohibido y por tanto tengo que obedecer. He tenido los mayores compromisos en ese sentido y nada pude hacer para satisfacer a las personas que mediaban. Se dio el caso de mediar el Ministro de Estado y otro de la Rota porque fuese a ver a un enfermo a París, y nada. Para dentro de España habrá pocas provincias de donde no haya venido alguna pretensión por el estilo con recomendación de personas de alta categoría y nada. Si abriese esa puerta para uno no me dejarían parar un solo día en el colegio; sería un judío errante, un pájaro fuera de su nido...todo menos religioso”[Notas 5].

La dedicación a esta actividad terapéutica le proporcionó buenas amistades e intensos conocimientos personales. Así, por ejemplo, con D. Manuel Bedmar, a quien ya hemos hecho referencia; con D. Juan de Argüeso, que en agradecimiento le proporcionó una casa para la Asociación; con D. Tiburcio Ruiz de la Hermosa, natural de Daimiel y párroco de la Iglesia de San Pedro. Éste nos cuenta que en el año 1910 cuando estaba enfermo de diabetes, el veterinario del pueblo le recomendó que fuera a ver al P. Faustino[Notas 6], y así lo hizo. Consiguió controlarle la enfermedad, y surgió un gran aprecio mutuo que fue intensificándose con frecuentes contactos, dado que las religiosas fundaron una casa en dicha población, en el año 1912.

D. Tiburcio nos lo define como un hombre confiado totalmente en la Providencia. Recuerda lo que era “su frase familiar: Dios lo dispone así, para mejor será”[Notas 7]. Expresa también la delicadeza que le caracterizaba en el trato, a través de un hecho que le sucedió con él: “como entonces yo fumaba en alguna ocasión le ofrecía algún cigarrillo contestándome siempre, no tengo ese placer. Y al preguntarle yo por qué decía lo del placer, me dijo, que si decía vicio era tratarme a mí de vicioso”[Notas 8].

Algunos otros nombres de enfermos curados por él son: la Condesa de Guaquil, el Padre Miján, -rector de la Casa de Getafe-[Notas 9], D. Jesús Utrilla, -natural de Daimiel-[Notas 10], y otros muchos que acudían a consultarle. “Para él no había distinción entre ricos y pobres; más aun entiendo que tenía preferencia por los pobres y me consta que él nunca exigía nada ni por las consultas ni por los medicamentos”[Notas 11].

Ha llegado hasta nosotros el hecho de que su actividad terapéutica culminó “en la curación del mismo Alfonso XIII, a instancias de Su Majestad la Reina Madre que, prescindiendo de los consejos de los médicos, acudió al fraile de Getafe obteniendo la curación de su real hijo”[Notas 12]. El P. Leonardo Rodríguez, declara en el Proceso Diocesano para su Beatificación: “tengo oído que habiendo intervenido en la curación del rey Alfonso XIII, siendo aún niño, la Reina le ofreció la recompensa y él no le pidió a la Reina sino que le dejara hacer el bien a sus enfermos”[Notas 13].

Por la historia conocemos que el rey Alfonso XIII, aproximadamente a los cuatro años de su nacimiento, enfermó: “¡Qué grandes temores los de la corte al divulgarse una noticia terrible para el futuro del país. El rey Alfonso XIII cayó gravemente enfermo y se temió, no sin fundamento, que se produjera un ataque de meningitis”[Notas 14].

Referente a este dato de la curación no tenemos ninguna constancia escrita. Sólo nos queda el relato que de él hacen muchos, podemos decir casi todos, los testigos del Proceso. Nos surge la pregunta de cuál fue el medio a través del cual se acudió al P. Faustino para este caso. Margarita Artime, religiosa de la Divina Pastora, afirma fue por medio de Pidal y Mon que conocía al P. Faustino y tenía noticias de las curaciones que estaba haciendo[Notas 15]. Nos consta que tuvo relación con él, así como con algunos miembros de la Familia Real. De ello nos queda el siguiente testimonio en una entrevista que se le realizó al P. Faustino, en enero de 1901, en el periódico El Nacional: “¿Habrá curado personas conocidas en la sociedad?, le pregunté. Sí, señor; han llegado infinidad de personas recomendadas por la Infanta Isabel y hasta por Su Majestad la Reina. Cuenta infinidad de casos, entre los cuales recordamos un pariente de D. Alejandro Pidal, una marquesa, y otros muchos que obtuvieron un resultado satisfactorio”[Notas 16].

Sabemos por algunas cartas que en el año 1907 quiere conseguir una audiencia con la Reina Madre, para solicitarle su apoyo, ante el Sr. Obispo, en la obtención del permiso para trasladar el Noviciado de las Hijas de la Divina Pastora de Sanlúcar a Getafe[Notas 17].

Otra circunstancia que hemos de tener en cuenta por su posible relación con el hecho al que nos referimos, es que en 1851 los Duques de Montpensier, Felipe Luis de Orleans y Luisa Fernanda de Borbón, -padres de María de las Mercedes, primera esposa de Alfonso XII-, que con anterioridad habían pasado alguna temporada en Sanlúcar de Barrameda, deciden proporcionarse allí una más fija y cómoda residencia[Notas 18]. Por esta razón “entre los ilustres visitantes que tuvo Sanlúcar hemos de citar a don Alfonso XII que con su madre doña Isabel II y su esposa la reina Mercedes, estuvo unos días en Sanlúcar; el mismo monarca con su segunda mujer, doña María Cristina, habitó unos días en el palacio el año 1882”[Notas 19]. En esta última visita, el P. Faustino ya estaba en Sanlúcar de Barrameda.

La Duquesa Luisa Fernanda visitó el colegio de la Asociación a finales de 1889[Notas 20]. El P. Faustino en una carta de diciembre de este mismo año, señala que los exámenes han sido presididos por la Sra. Infanta[Notas 21]. ¿Sería la Infanta Isabel, hermana de Alfonso XII, sobrina de la Duquesa Luisa Fernanda de Borbón y prima de María de las Mercedes?

Con todo lo expresado nos queda claro que la gran actividad terapéutica del P. Faustino no podía pasar desapercibida para nadie y menos para los médicos y farmacéuticos. Éstos le acusan de intruso en la profesión médica por su atención a los enfermos, y en la farmacéutica por la elaboración de fármacos[Notas 22]. Acudieron en demanda al Colegio Oficial de Farmacéuticos de la Provincia de Madrid, delegación de Getafe. El asunto llegó hasta el Gobernador Civil, ante quien se denunció al P. Faustino como intruso[Notas 23].

De ello se da cuenta al P. Provincial, Justo de Pedro, el 26 de enero de 1901 y se le ruega encarecidamente ordene al P. Faustino se abstenga de preparar medicinas y de visitar a los enfermos[Notas 24].

Legalmente frente a estas denuncias estaba amparado puesto que desde los comienzos de su llegada a Getafe, al no tener posibilidades de espacio ni tiempo, preparaba y vendía los medicamentos a través de un farmacéutico. Y posteriormente consiguió la autorización legal[Notas 25].

A raíz de estos hechos aparecieron también artículos en la prensa, unos a favor y otros criticando su actuación. Fueron acusaciones y críticas que le ocasionaron mucho sufrimiento, el cual supo sobrellevar con gran paciencia por amor a la “humanidad doliente”.

Notas

  1. Summarium, pp. 5 y 78
  2. Ibid., pág. 151
  3. Ibid., pág. 114
  4. PSV, pág. 414
  5. Ep. nº 502
  6. Summarium, pág. 71
  7. Ibid., pág. 86
  8. Ibid., pág. 74
  9. Ibid., pág. 151
  10. Summarium Patroni responsioni additum, pág. 8
  11. Summarium, pág. 11
  12. PSV, pp. 412-413
  13. Ibid., pág. 413
  14. Alarcón Benito, Juan: Historia anecdótica de España, Madrid 1996, pág. 150
  15. PSV, pág. 413
  16. Ibid., 445
  17. Ep. nº 337 y 359
  18. Barbadillo, Pedro: o.c., pág. 662
  19. Ibid., pág. 866
  20. Artículo del Sr. Romero, en el periódico “El Movimiento Católico”. Pigretti, Celia: Abrieron el surco, sigamos sus huellas, Madrid 1984, pág. 82.
  21. Ep. nº 114
  22. Ibid., pág. 417
  23. Summarium, pág. 257
  24. PSV, pag. 431
  25. FMS, pp. 290-291