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4. UNA RESPUESTA A DIOS DESDE LA MIRADA EVANGÉLICA A LA MUJER MARGINADA: FUNDADOR DE UNA NUEVA CONGREGACIÓN RELIGIOSA
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Faustino Míguez: movido por el Espíritu
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La escuela de amigas

El P. Faustino llega, por segunda vez, a Sanlúcar de Barrameda con todos sus sentidos abiertos a la realidad humana,

“desde los primeros momentos de mi llegada a Sanlúcar oí”[Notas 1].

Como escolapio se sabe patrimonio de los niños a los que ama de veras y les entrega lo mejor de sí mismo. El día en la vida del P. Faustino gira en torno a ellos, en las clases, en los pasillos, en el patio de juegos.

Pero Faustino Míguez es un hombre de mirada amplia, sin límites, capaz de traspasar las fronteras de su quehacer educativo en el colegio para contemplar toda la realidad del entorno que le rodea.

A través del confesonario, conoce a Catalina García y tiene noticias de que una amiga suya, Francisca Martínez, recoge en su casa a un grupo de niñas y les enseña las primeras letras. Desde su gran celo apostólico y su amor a la educación surgen en él ardientes deseos de conocer esa sencilla escuelita, que está situada en la calle San Nicolás, frente a la casa de los Escolapios.

Por eso alguna tarde, una vez concluidas sus actividades escolares, atraviesa el umbral de la puerta del colegio y toma contacto con una “entidad” muy extendida por Andalucía y poco conocida para él: la “escuela de amigas”.

La proliferación de dichas escuelas, se debió, en parte, a la ley promulgada en 1838, reglamentando la instrucción primaria. En el artículo 17 establece una excepción que se convierte en realidad dominante en el siglo XIX: “En las poblaciones donde por falta de medios y recursos no fuese posible establecer la escuela elemental completa, se procurará establecer una incompleta, donde se enseñen las partes más indispensables, como leer, escribir y doctrina cristiana por la persona que preste el servicio, tenga o no título de maestro, si no lo desmerece por sus costumbres”[Notas 2].

En Andalucía el 80% de las escuelas son de este tipo. Además, en la segunda mitad del siglo XIX, la enseñanza primaria pública tiene grandes dificultades ya que los Ayuntamientos con la desamortización comunal no pueden efectuar el pago a los maestros.

Todo esto motiva el que sea cada vez mayor el número de personas piadosas que, sin muchos conocimientos, recogen a niñas en su casa y les enseñan escasamente las primeras reglas. Aún más, quizás en los comienzos de estas escuelas de amigas “el objetivo primero y principal tal vez no sea la escuela; hay que verlas como un lugar en el que se recoge a los niños y que, más tarde, se les va enseñando las primeras letras y oraciones y algo de catecismo”[Notas 3].

Los centros que existen en la ciudad cuando llega el P. Faustino son el Colegio Inglés, para niños de esa nación, la Escuela de Comercio, el del Real Consulado, el Seminario Conciliar que en 1842 es reducido a Instituto de segunda enseñanza, el de las Escuelas Pías, además del Hospicio, una Casa-cuna, una escuela gratuita y otra para cuarenta niñas. Estas instituciones educativas son claramente insuficientes para acoger a la población escolar calculada en 2500[Notas 4].

Los contactos del P. Faustino con la “escuela de amigas” van siendo cada vez más frecuentes. En sus paseos por las calles de Sanlúcar de Barrameda descubre algo que como educador le impresiona, igual que le sucedió a Calasanz en Roma con los niños: hay muchas mujeres analfabetas y las niñas, a veces, no tienen acceso ni siquiera a estas escuelas y mucho menos a un centro educativo.

Se detiene a pensar las causas que provocan esta situación. Se da cuenta que son insuficientes los centros públicos y privados que hay. Además, en ellos ¡la preferencia es para el niño! Las escuelas de amigas son la única solución aportada hasta el momento a esta realidad y la oferta educativa que está más al alcance de la mujer. E intuye que es claramente insuficiente.

Ante sus ojos y desde la mirada de Dios, aparece un nuevo marginado: la mujer, que está abandonada, sola, necesitada. Entiende que, en la práctica, se le niega su derecho a la educación y, por tanto, su puesto en la construcción del mundo desde el querer de Dios.

“No pasa de largo” ante esta nueva forma de marginación que descubre. Él, según lo que le permiten sus ocupaciones como escolapio, ofrece parte de su tiempo para colaborar en la escuelita con la explicación de algunas asignaturas y, sobre todo, dando una sólida formación cristiana a esas niñas y a las que están al cargo de ellas.

Con Francisca y Catalina, colaboran también Nicolasa y Pepita. Él presta su apoyo incondicional a aquellas buenas mujeres. Así se pone de manifiesto en el primer documento que tenemos referente a la Asociación: “Consultado su espíritu y sus deseos con sacerdotes dignísimos, ha merecido la aprobación de éstos, y animadas con sus exhortaciones, vienen dedicándose al ejercicio de la enseñanza y de la caridad en esta localidad de Sanlúcar de Barrameda”[Notas 5].

En el interior del P. Faustino comienza a vislumbrarse una nueva llamada...

Notas

  1. Míguez, Faustino: Análisis de las aguas públicas de Sanlúcar de Barrameda, Sevilla 1872, pág. 11
  2. Historia de los pueblos de España. Tierra Fronteriza (1). Andalucía y Canarias. Ed. Argos Vergara. 1984, pág. 223.
  3. Luque Ortega, Inmaculada: Primeros pasos de una Institución Educativa, Salamanca 1985, pág. 37.
  4. Cfr. Ibid., pág. 28
  5. PSV pág. 262