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Monforte de Lemos: defensor del derecho a la educación

El P. Faustino pisa tierra gallega, de nuevo, en el verano de 1875 y toma posesión de su cargo de rector el 26 de agosto de 1875.

Su anhelo, no olvidado, de ser trasladado a la naciente provincia escolapia argentina no le impide dedicarse de lleno a la misión que ahora tiene. Se compromete, como siempre, apostando por todo aquello que suponga un bien para los niños y jóvenes. Como hombre de fe, entiende que Monforte es la “república argentina” que el Señor le ofrece, a través de los Superiores. Y él, que desea profundamente dejar que Dios guíe su vida, la acoge generoso con el anhelo de seguir viviendo aquí el espíritu de José de Calasanz.

El colegio abre sus puertas, por primera vez, el año 1874. Se había firmado un contrato entre los Escolapios y el Ayuntamiento. Las Escuelas Pías se comprometían a impartir la primera y segunda enseñanzas completas en la forma que las leyes lo permitan, en el Colegio, dotándole de personal necesario. El Ayuntamiento se obligaba a retribuir al colegio con la cantidad de veinticuatro mil reales en metálico[Notas 1].

En su función de rector pronto se encuentra con las primeras dificultades. El año escolar comienza, pero el P. Faustino constata que, durante todo el año anterior, el Ayuntamiento no abonó nada de lo pactado y que la Comunidad para vivir se ha visto obligada a contraer deudas pidiendo préstamos a particulares.

En vista de ello, el P. Faustino empezó a obrar como él lo hacía. Defendió la justicia y luchó ante los poderes públicos por el restablecimiento de los derechos del Centro. Además entendía que si los Escolapios se veían obligados a abandonar la ciudad, ésta quedaría sin la oferta de una educación integral, desde la Piedad y las Letras.

Envió un oficio al Sr. Alcalde recordándole el compromiso contraído con el Colegio. Se encuentra con que el Ayuntamiento, además de no cumplir los acuerdos pactados, quiere modificarlos y disminuir la cantidad estipulada el año anterior. Se pone en contacto con el P. Provincial y deciden mantenerse en la exigencia del cumplimiento de lo acordado.

Recibe una nueva negativa por parte de las Autoridades locales. Y el P. Faustino, con el apoyo de sus superiores, está dispuesto a una decisión impopular pero que él entiende necesaria para seguir garantizando esta oferta educativa al pueblo, el cierre del colegio. Si ello fuera necesario, explicará a la población la imposibilidad de mantenerlo abierto debido al incumplimiento de los acuerdos por parte del Ayuntamiento.

Pero después de otras gestiones realizadas con la Corporación Municipal, la Congregación Provincial, “en la sesión del 28 de agosto desistió de la idea del abandono del colegio de Monforte, supuesto que el Ayuntamiento y pueblo condonaban el anticipo que los particulares habían hecho al colegio para su instalación por los atrasos que el Ayuntamiento debía al mismo, y toda vez que garantizaba el cumplimiento del contrato fundacional”[Notas 2].

El P. Faustino había asegurado la permanencia de los PP. Escolapios en Monforte. Una lucha en defensa del “pueblo”, para garantizarle mayores posibilidades de educación. Fue, sin duda, una batalla emprendida desde la conciencia que tiene de estar “consagrado a la enseñanza del pueblo”.

Su servicio como rector y su ministerio educativo los comparte con sus aficiones botánicas, que aquí se plasman, sobre todo, en el cuidado de la huerta en la que cultiva algunas plantas medicinales. Orientación que probablemente está motivada por el hecho de ser profesor de Agricultura, además de impartir las Matemáticas, la Física y el Francés.

Otra de sus funciones como rector del Colegio fue la de ocupar la Presidencia de la Cofradía de la Vera Cruz, restablecida en 1864 en la Iglesia del actual colegio de los Escolapios. En ella se veneraban las Reliquias del Lignum Crucis[Notas 3].

En abril de 1874, al llegar los Escolapios a Monforte, se transfiere la presidencia de la Cofradía al P. Rector, “confiando en su virtud y celo que han de contribuir al aumento y esplendor de la misma”.

El P. Faustino firma las actas, como presidente, desde abril de 1876 hasta mayo de 1879. Se empeña, con gran celo, en dar vida a esta Asociación, evitando que su actividad quedara reducida a la reunión anual para la celebración del día principal de la misma. Nos han quedado, entre otras, dos huellas significativas de su paso por esta cofradía: colaboró en la modificación de sus estatutos y solicitó aumento de indulgencias. El contacto con ella le permitió adentrarse aún más en la espiritualidad de la cruz.

Una muestra de su amor por lo calasancio, en esta época, es la petición formulada al P. General para que le envíe una “Reliquia de Nuestro Santo Padre a fin de exponerla a la veneración pública”[Notas 4]. Fomenta todo aquello que ayude a la Comunidad a mantener vivo y encendido el espíritu calasancio que tan arraigado está en él. El P. Juan Mármol, rector de Sanlúcar de Barrameda, lo definirá en 1925, “como hijo de S. José de Calasanz, hijo verdadero amantísimo que copia con fidelidad las virtudes todas de su padre”

Promueve también la celebración anual y solemne de las novenas a San José de Calasanz y a la Virgen de las Escuelas Pías, que se realizan con gran fervor y asistencia de los alumnos, sus familias y allegados a la Comunidad.

Septiembre de 1878 es una fecha importante en la vida del P. Faustino. Finaliza su período como rector. La Congregación Provincial debe proceder a nuevos nombramientos.

Él vuelve a manifestar su deseo, unido ahora al de que no se le renueve el nombramiento de rector. El P. Vicario General le concede por fin permiso para marchar a Buenos Aires. Es el día 7 de septiembre de 1878[Notas 5].

Pero, los planes Dios y los suyos siguen sin coincidir. En esta fecha se celebra Capítulo Provincial, y es elegido Superior, el P. Eugenio Caldeiro, con quien ya hemos indicado que le une una buena relación.

No sabemos lo que ocurrió; sí, el resultado. El P. Faustino parece renunciar definitivamente a su anhelo de surcar los mares y acepta seguir en Monforte, como rector. Una vez más le ha tocado experimentar que su vida no le pertenece, que nadie tiene, sobre él, los derechos que Dios tiene y que el mayor gozo es dejarse en manos de Dios[Notas 6]. ¡De nuevo, Dios ha triunfado en la vida de este hombre que camina en docilidad y apertura! “Esa pronta obediencia a la voz de Dios indica que tenéis un corazón flexible y dócil”[Notas 7].

Continúa pues en Monforte, hasta el año siguiente en el que es destinado a Sanlúcar de Barrameda, después de haber presentado su renuncia como rector.

Notas

  1. PSV, pág. 89
  2. Ibid., pág. 102
  3. Ibid., pág. 93
  4. Ibid., pág. 106
  5. Libro de actas de la Congregación Provincial 1816-1918. Libro 1. Folio 135. Archivo Tercera Demarcación
  6. Ep. nº 135
  7. Ep. nº 139