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No tiene otro móvil que la honra y gloria de Dios

“Todo a honra y gloria de Dios”

Como hemos visto, el caminar espiritual de Faustino Míguez va conformándose en torno a la experiencia de Dios, que le ama, y está “sobre todo”[Notas 1]. Esto hace brotar en él una adhesión filial, como respuesta a esta iniciativa divina. Es una adhesión que en Faustino se traduce en alabanza[Notas 2] y, sobre todo, en búsqueda de su gloria.

“A Dios, la gloria. A sólo Él, la gloria. A Ti, que no a mí, sea siempre, mi Dios, la gloria”[Notas 3].

Nos encontramos ante lo que fue uno de los grandes dinamismos espirituales de su existencia. El modelo es Jesucristo, a quien Faustino contempla como Aquel que fue profundamente celoso por la gloria de su Padre[Notas 4], y cumplió la misión encomendada buscando solamente el honor del que le envió[Notas 5] y dejando la propia honra en sus manos[Notas 6].

No podemos olvidar que Faustino recorre el camino del seguimiento de Cristo desde el espíritu de Calasanz, de quien fue un fiel hijo y en quien descubre al hombre urgido por la gloria de Dios:

“¿Quién era este héroe que desde la más tierna edad con tanto valor miró por la honra y gloria de Dios? Era el futuro fundador de las Escuelas Pías, José de Calasanz, que en todos los instantes de su vida sólo procuró agradar al sagrado Corazón de Jesús”[Notas 7].

Vive como dirigidas a él las palabras de su Fundador al P. Alacchi: “Demostrará ser verdaderamente pobre de la Madre de Dios si no tiene afecto a otra cosa que a la gloria de Dios y la utilidad del prójimo”[Notas 8].

Y como buen escolapio, Faustino Míguez llegó a ser el hombre movido por Dios, por su exaltación y reconocimiento, dejándose modelar por Él desde la renuncia a sus propias ambiciones y a su propio honor, como veremos más adelante. Esto le supuso recorrer cada día la senda del desprendimiento para entregarse totalmente en manos de Otro y en las cosas de Otro. Así experimentó, como dice San Ireneo, que la gloria de Dios es la vida del hombre.

Uno de los testigos en el proceso de Beatificación lo define como una persona a la que “consumía el celo por la honra de Dios”[Notas 9]. En el decreto de Virtudes Heroicas se subraya que “olvidándose de sí mismo y de las vanidades del mundo buscó únicamente la gloria divina”.

Se sintió llamado a transparentar aquí en la tierra, en el mundo, la gloria de Dios haciendo todas las cosas sólo por Él y por su amor”[Notas 10]. Para Faustino glorificar a Dios es llevar a cabo la obra que se nos ha encomendado; es secundar su Voluntad de amar a todos.

“Renunciar por Cristo a todo lo que no sea para honra y gloria del mismo que tenía por única comida el hacer la Voluntad de su Padre”[Notas 11].

El hombre da gloria a Dios cuando busca descubrir lo que Él quiere en cada situación para acogerlo y responder; cuando se ocupa en lo que es de su agrado[Notas 12] y apuesta por el ser humano para que alcance la plenitud. En Faustino resuenan las palabras de Jesús al Padre: “Te he glorificado sobre la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar, manifestar tu Nombre a los que me has dado”[Notas 13].

La “gloria de Dios” es para Faustino Míguez el criterio de elección por excelencia: nada debe hacerse y por nada se ha de optar si no es por Dios y para su honra[Notas 14].

“Pensadlo bien y obrad como más convenga a honra y gloria de Dios. Nada hagan ni digan que por Dios y para su gloria no sea. ¡Qué Dios nos ilumine para hacer lo que sea de su mayor agrado, para su mayor gloria”[Notas 15].

Podemos decir que toda su vida gira en torno a la glorificación de Dios, hecho que se pone claramente de manifiesto en algunos momentos trascendentales de su existencia:

-La fundación del Instituto. El P. Faustino al final de sus días, cuando ya ha saboreado la cruz, nos revela cuál fue el móvil que le llevó a la fundación del Instituto de las Hijas de la Divina Pastora:

“Vuestro padre como sabéis, no tuvo otro pensamiento que el buscar, con vuestro Instituto, la gloria de Dios...”[Notas 16].

Por ello desea, sobre todo, que en el Instituto hasta lo más insignificante esté orientado a este único fin[Notas 17]. Aquí encontramos un nuevo entronque con la savia calasancia, desde donde podemos afirmar que a través del P. Faustino llega a nuestra Congregación este rasgo:

“Sea todo a honra y gloria de Dios y bien de las almas o como dice mi santo padre: A mayor incremento de la piedad”[Notas 18].

José de Calasanz señala en el último número de las Constituciones que escribe para las Escuelas Pías, cuál es el objeto de la Orden: “Para gloria de Dios Omnipotente y utilidad del prójimo”[Notas 19]. Y así aparece también en las Bases de la Asociación de las Hijas de la Divina Pastora al expresar cuál es el espíritu de la misma: “ni otro móvil que el de la gloria de Dios y el de la salvación propia y ajena”[Notas 20].

Faustino Míguez ha vivido de forma tan clara y radical que esa es la finalidad del Instituto, que le vemos escribir en varias ocasiones que si la Congregación no responde a este fin, desaparezca. Dios y su honra por encima de todo, aún a costa de estar dispuesto a aceptar como inútiles los esfuerzos realizados.

“Hace 29 años que vengo pidiendo al Señor, que si este Instituto no ha de ser siempre para honra y gloria de Dios, lo disipe como humo en el aire, sin dejar siquiera rastro ni memoria. Continuamente pido al Señor que si ese Instituto ha de ser para honra y gloria suya, edificación y salvación de las almas, traiga a su seno miembros dignos que lo honren con su vida ejemplar y lo multiplique como las estrellas del cielo; pero si ha de ser piedra de escándalo y ruina de las almas que lo disipe, como el humo en el aire”[Notas 21].
-El Análisis de las aguas de los manantiales de Sanlúcar de Barrameda. Emprende esta tarea en la convicción de que es un bien al pueblo y un medio de que Dios sea glorificado pues es quien le otorga el don de poder realizarlo. A Él se muestra agradecido porque sabe que a Él pertenece la gloria de su obra[Notas 22].
“Trazándome un plan y emprendiendo una pesadísima serie de minuciosos, cuanto delicados experimentos que, gracias a Dios, por cuya gloria lo empecé, me indemnizaron de la paciencia y desvelos que me costaron”[Notas 23].
-El Voto en favor de las almas del Purgatorio. Es este mismo celo por la gloria de Dios el que le mueve a entregar sus obras en favor de aquéllas, como ya vimos en el primer capítulo.
“Para mayor honra y gloria de Dios, uno en esencia y trino en persona; para alguna imitación de mi dulce redentor...”[Notas 24].

Notas

  1. Ep. nº 467
  2. HPF, pág. 177
  3. Ep. nº 701 y 760; HPF, pág. 177
  4. Ep. nº 124; MSC, pág. 44
  5. Jn. 7,18
  6. Jn. 8,50-54
  7. MSC, pág. 14
  8. Espiritualidad y Pedagogía de José de Calasanz, Ensayo de síntesis, Madrid 1995, pág. 44
  9. Summarium, pág. 93
  10. Míguez, Faustino: Reglas de las Hijas de la Divina Pastora, Madrid 1906, pág. 28, nº XXXIII
  11. Ibid., pág. 58, nº XII
  12. Ibid., pág. 12, nº III y pág. 48, nº VIII
  13. Jn. 17
  14. Ep. nº 495
  15. Ep. nº 340, 360, 567 y 677
  16. Vilá Palá: Documentos Presentados para la Positio Super Virtutibus (PSV), Roma 1984, pág. 394
  17. Míguez, Faustino: Reglas de las Hijas de la Divina Pastora, Madrid 1906, pág. 148, nº II
  18. Ep. nº 125
  19. Constituciones de José de Calasanz, nº 345
  20. Míguez, Faustino: Reglas de las Hijas de la Divina Pastora, Madrid 1906, pág. 45, nº I
  21. Ep. nº 230, 643 y 705
  22. HPF, pág. 178
  23. Míguez, Faustino: Análisis de las aguas públicas de Sanlúcar de Barrameda, Sevilla 1872, pág. 15
  24. Ep. nº 8