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INTRODUCCION: ¿QUIÉN ES FAUSTINO MÍGUEZ?
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PRESENTACION

Estamos en el año de la beatificación del P. Faustino Míguez, escolapio y fundador, pedagogo y científico. Y nos ponemos en camino para celebrar tan importante acontecimiento. Con nosotros el mismo P. Faustino se hace peregrino hablándonos al corazón. Al escucharle, sentimos que su mismo fuego nos abrasa: su pasión por vivir a fondo su vocación escolapia, su sueño de libertad para los niños y jóvenes y, especialmente, para la mujer, “la parte más interesante de la sociedad”, su amor a la ciencia para liberar del dolor, el riesgo de vivir pendiente de la voluntad del Padre, que es- siempre la voluntad de dar vida, su deseo de seguir a Jesús con radicalidad evangélica.

Este libro es como fuente de agua fresca para nuestro andar de cada día. M. Sacramento Calderón nos acerca la palabra y la mirada del P. Faustino, el paisaje vital de este fiel hijo de Calasanz. Viene cargado de amor y profundo conocimiento de su vida. Cada página tiene una melodía interior que ha sido recreada en el propio corazón. Disfrutemos y refresquémonos con su lectura, siguiendo al biografiado de Galicia a Madrid, de Cuba a España, de Galicia a Andalucía, de Sanlúcar a Getafe, de...Casi será mejor hacerse un esquema de sus idas y venidas. Existía entonces mayor movilidad de los religiosos ante la urgencia de la misión.

Subamos en el tren que recorre lentamente la España de mediados del siglo XIX y al barco que llega a Cuba tras una larga travesía. Hay tiempo para la conversación sosegada. Y mientras, nos relata cómo amó la Escuela Pía, cómo era la mirada de las niñas de Sanlúcar que le robaron su corazón, qué luz iluminaba su alma en tantas noches de oscuridad, en qué fuego apostólico quería que ardiera el corazón de sus religiosas “para que buscaran y encaminaran a tantos niños y jóvenes, sin más armas que la caridad y aun con exposición de la propia vida”, cómo supo envejecer con lápiz y papel en la mano y la lámpara encendida del corazón.

En este camino habrá tiempo para comentar con él sobre nuestras esperanzas y temores, sobre nuestros niños y jóvenes. Será bueno que preparemos la conversación porque se convertirá en examen y evaluará cómo andamos “de paciencia y de amor sin límites para trabajar por ellos hasta ganarlos para Jesucristo”, si es la pedagogía del amor y del estímulo el distintivo de nuestros centros educativos, si los pequeños y sencillos ocupan un lugar preferente en nuestro corazón.

Sí, hay tiempo en el camino para recrear nuestra vocación calasancia, para avivar la fraternidad y adentrar la misión en el corazón. Las campanas repican ya a fiesta. La mirada se vuelve agradecida a Dios y le cantamos con el salmista: “Me encanta mi heredad”.

M. Julia García Monge

Superiora General

Notas