BuscandoLaVoluntad/Sanlúcar de Barrameda: “Consagrado a la enseñanza”

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Sanlúcar de Barrameda: “Consagrado a la enseñanza”

El P. Faustino llega a esta bella ciudad andaluza, situada en la desembocadura del Guadalquivir, el día 9 de septiembre de 1869. El viaje ha sido largo, de norte a sur, pero no se le ha hecho pesado porque va con el corazón lleno de la vitalidad que Dios otorga a los que, ante todo, aspiran a vivir desde su Voluntad.

Francisco Rubio y Contreras, -arcipreste de Sanlúcar y del que más adelante nos ocuparemos por su relación con la Congregación de Hijas de la Divina Pastora - intervino en la fundación del colegio de los Padres Escolapios[Notas 1]. Fue erigido en fuerza del testamento de D. Francisco Jiménez de Paula, ciudadano sanluqueño, que había dejado consignada en él, la creación de un centro para la educación de la juventud sanluqueña[Notas 2]. La inauguración del nuevo colegio, instalado en el convento de San Francisco, se había hecho un año antes de la llegada del P. Faustino, el 13 de septiembre de 1868. Pero los acontecimientos políticos ocurridos, la revolución de la Gloriosa, retrasaron el comienzo de las clases y el año pasa entre arreglos, adaptaciones y trámites.

Ultimados ya los preparativos, el colegio comienza a funcionar en septiembre de 1869. Al P. Faustino se le encomiendan las clases de Física y Química, Historia Natural y Fisiología e Higiene. Son sin duda las preferidas por él, aunque siempre aceptó aquellas que se le han indicado.

El informe del año 1870, nos lo presenta en la única senda por la que ha aprendido a caminar, la de la donación, el compromiso hasta el final, la responsabilidad en la tarea encomendada, la fidelidad a Dios: “Desempeña Física y Química y Repaso para el primer grado. Su cumplimiento en el destino es muy bueno, su cumplimiento en observancia religiosa muy bueno”. El de 1871, nos aporta algún dato interesante, por significativo: “desempeña las clases de Física y Química y la de 1ª Sección del Repaso de Grado. Es director (de internos) y procurador. La conducta literaria y religiosa buena”[Notas 3].

Por tercera vez se le pone al frente de una sección del internado. En Getafe y Celanova ha quedado patente su entrega. Ama a los niños y sabe ser para ellos lo que Calasanz pedía al escolapio: “un diestro guía...un amigo verdadero...un padre...cuyo entendimiento sólo discurra, cuyo corazón exclusivamente viva y se emplee incesantemente en su hijo, por su hijo y para su hijo”[Notas 4].

En agosto de 1872 es nombrado rector de la Comunidad el P. Manuel Pérez. Esta coincidencia, ¿casualidad?, se convertirá en algo positivo para el P. Faustino en el futuro. Será a él, Vicario General en 1885, a quien tendrá que pedir permiso para seguir adelante con la fundación de la asociación. Le conocía bien, y no sólo no le pondrá ningún obstáculo sino que le facilitará el camino.

Convive además con el P. Manuel Raboso, que era uno de los tres religiosos decididos, en principio, a marchar con el P. Ramón Cabeza a la fundación de Buenos Aires, que se estaba gestando por estas fechas. Al final se desdijo y quedó en la Provincia de Castilla[Notas 5].

El P. Faustino es feliz dedicado a la educación, a la enseñanza, a todo lo que supone este ministerio. Se siente profundamente escolapio y como tal se define:

“Como escolapio, soy del pueblo y para el pueblo, consagrado a su enseñanza, debo amenizarla con la práctica”[Notas 6].

Aquí, en este entorno de casas blancas con las puertas siempre abiertas, el P. Faustino abre las de su ser y nos permite conocerlo un poco más, desde dentro. Es el hombre que sabe que su vida no le pertenece; es “del pueblo y para el pueblo”, de los sencillos y para los sencillos, de los pequeños y para los pequeños, de los preferidos de Dios. Es el hombre que se siente dedicado, desde una entrega ratificada mediante el cuarto voto de enseñar, al “digno” ministerio educativo. Es el hombre que apuesta por una enseñanza experimental y práctica, al servicio de la educación.

Desde estos sencillos, pero profundos rasgos, encontramos al P. Faustino viviendo aquí, allí, antes, ahora, después. Su vida escolapia aparece marcada por ellos. Nos lo confirma el P. José Olea Montes: “Cumplió siempre con toda perfección el cuarto voto de nuestra Orden, que está como se sabe, supeditado al voto de obediencia, y de tal manera lo entendía el siervo de Dios que automáticamente suspendía o cortaba toda otra ocupación que tuviese en el momento en que la obediencia le llamaba a clase”[Notas 7].

En Sanlúcar de Barrameda mostró claramente su afición al estudio. Son muchas las horas que dedicó a ello, sobre todo de madrugada. A este respecto, el P. Faustino comentaba con un singular gracejo, en una ocasión, al P. Pedro Díaz, su hermano de Comunidad, que tenía costumbres diametralmente opuestas en cuanto al momento del estudio: “entre los dos podíamos comprometernos a desempeñar el cargo de sereno de la casa. Usted se hace cargo de la vigilancia en las primeras horas de la noche, y luego sigo yo hasta la hora de levantarse todos”[Notas 8].

El horizonte de esta inclinación, nos lo había mostrado, ya de joven, en el colegio de San Fernando: estudia para enseñar, para dar lo que se aprende”[Notas 9]. Y enseña para educar, para encaminar a sus alumnos hacia la Verdad de Dios y la verdad de la ciencia humana. Sabe que es “un cooperador de la Verdad”. Vive el estudio, la formación, la preparación de clases como rasgos inherentes a su ser escolapio, y exigencia del voto de enseñar que ha profesado.

Sus deseos de saber y de estudio se vieron colmados con el servicio que se le encomendó de bibliotecario. El P. Anselmo del Álamo, escolapio, nos dice que pasa mucho tiempo entre el estudio y lectura de los libros que había en la Biblioteca: “Tenía su habitación en la misma pieza o local que servía de biblioteca. Allí se enfrascaba horas y más horas en el estudio concienzudo de las asignaturas preferidas y en la lectura y meditación de muchas otras, que habrían de constituir su bagaje intelectual y la formación interior de una persona sólida y muy completa en los diversos ramos del saber humano”[Notas 10].

Es un autodidacta. Y como tal, va adquiriendo un saber que no es puramente memorístico, sino que tiene una clara orientación práctica y experimental. Así es también su enseñanza que “ameniza con la práctica”[Notas 11].

La población sanluqueña, a través del Dr. Pizarro, reconoce que ésa es una de las características de la instrucción que dan los PP. Escolapios a los alumnos. Los considera como “útiles amigos de la juventud”, y subraya que “el cumplimiento de sus deberes religiosos, no les impide consagrarse con fe viva y tesón digno de elogio, a iniciar hábilmente a sus discípulos en los misterios de la ciencia; y adivinando las necesidades de su inteligencia y de su corazón les facilitan a la mayor suma de conocimientos con método tan claro como sencillo”[Notas 12].

En las clases del P. Faustino todo se somete a experimento para comprobar las propiedades de las plantas, de las aguas, de los minerales. “Y no sólo realizaba los experimentos el profesor, sino que hacía los realizaran también los propios alumnos”[Notas 13].

Se gana a pulso la fama de sabio que cundió entre la población sanluqueña y llegó hasta oídos del Ayuntamiento. Éste le solicita realizar el análisis de las aguas de los manantiales de la ciudad. El P. Faustino accede. Dedica siete meses a esta empresa, por la que se ve obligado a renunciar a otros servicios que se le piden. Nos dice cuáles son los móviles que le llevan a acometer este arduo y difícil trabajo: la “gloria de Dios” y “la aspiración de ser útil al pueblo”. El resultado obtenido le reporta la admiración y reconocimiento de la clase médica de Sanlúcar de Barrameda. Lo recibe con una gran sencillez y normalidad.

Y también toca a su fin la presencia de esta comunidad en la ciudad de Sanlúcar de Barrameda. Un hecho político, ocurrido el 11 de febrero de 1873, la proclamación de la primera República tras la abdicación de Amadeo de Saboya, le cambió el rumbo.

Las ciudades y provincias, siguiendo el federalismo de Pi y Margall, se declaran autónomas y comienza a surgir el cantonalismo. En Cádiz el Ayuntamiento se convierte en gobierno. Y en Sanlúcar de Barrameda se constituye una Junta Revolucionaria, que el 30 de junio se presentó en el colegio y llevó presos a los religiosos a la Casa Cabildo. Allí estuvieron, “...sin haber tomado alimento en todo el día, dirigiéndoseles graves y groseras inculpaciones...No dejaba de imponerse la virtud de aquellos PP. a los que en aquellas circunstancias eran sus jueces...Se trató durante el día de tomar una determinación nada favorable sobre ellos, no faltando quien propusiera que fuesen fusilados...Los vecinos de buen juicio, sensatez y religiosos sentimientos se hallaban acobardados sin atreverse a defenderlos, sólo uno tuvo valor suficiente para... trabajar por libertarlos del furor de sus enemigos. Este fue D. Rafael Ortega... Pudo conseguir sacar a los PP. del Ayuntamiento y llevarlos a su casa”[Notas 14]

Permanecieron en su casa mientras él realizaba las oportunas gestiones para su salida de la ciudad. Consiguió que pudieran embarcar hacia Sevilla. Abandonaron la ciudad a las cuatro de la madrugada, según nos relata el secretario del colegio, P. Miguel Escolano: “allí estuvimos todo aquel día y noche hasta las cuatro de la madrugada de la mañana siguiente, en que faltos de todo y sin permitirnos volver al colegio ni que se nos trajera siquiera el breviario, nos dirigimos por la calzada a la playa, donde embarcamos en un pequeño falucho, nos dirigimos a Sevilla”[Notas 15]

A través de estos acontecimientos el P. Faustino vive muy cercana la experiencia del martirio. No se asustó por ello. Está dispuesto a entregar la vida por amor[Notas 16]. Pero “Dios no destina a su siervo para recibir la corona del martirio, lo quiere para otra obra más grande y de mayores resultados”[Notas 17]. Le fue concedido dar la vida día a día y, a partir de ahora, en un lugar aún desconocido para él, pero no le preocupa porque “en todas partes está Dios”[Notas 18]

Notas

  1. Vilá Palá: Claudio: o.c., pág. 152. Barbadillo, Pedro: Historia de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda, reproducción facsímil completa de la primera edición de 1942, nº 1160, pág. 652.
  2. Del Álamo, Anselmo: Biografía del Siervo de Dios, Madrid 1975, pág. 80
  3. PSV, pág. 65
  4. Caballero, Valentín: Aportaciones pedagógicas, Madrid 1950, pág. 117
  5. Vilá Palá, Claudio: o.c., pp. 378 y 389
  6. Míguez, Faustino: Análisis de las aguas públicas de Sanlúcar de Barrameda, Sevilla 1872, pp. 91-92
  7. PSV, pág. 121
  8. Cerdeiriña, José: El Padre Faustino Míguez, Madrid 1970, pág. 52; Summarium, pág. 54
  9. Ep. nº 2
  10. Del Álamo, Anselmo: Biografía del Siervo de Dios, Madrid 1975, pág. 86
  11. Míguez, Faustino, o.c., pág. 92
  12. Ibid., pág. 1
  13. PSV, pág. 65
  14. Ibid., pág. 80
  15. PSV, pág. 81
  16. Ep. nº 452
  17. HPF, pág. 98
  18. Ep. Nº 235