BuscandoLaVoluntad/Un joven arriesgado

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2. UNA RESPUESTA A DIOS DESDE LA ENTREGA AL NIÑO Y AL JOVEN: SACERDOTE - ESCOLAPIO
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Un joven arriesgado

Manuel vive parte de su juventud en este Santuario, foco de una gran espiritualidad mariana. Todos los días participa en el rezo del Rosario y tiene la dicha de vivir cada año de cerca la fiesta de la Virgen, que se celebra el 8 de septiembre y es manifestación de la devoción de las gentes sencillas de este entorno. En el Centro existían varias Asociaciones Marianas cuyo florecer espiritual pudo contemplar Manuel cuando con entusiasmo preparaban sus celebraciones.

Y aquí junto a María, la Virgen de los Milagros, vive Manuel un sencillo acontecimiento, del que Dios se sirve para manifestarle el proyecto de vida al que le llama, y que va a suponer el comienzo de un camino insospechado.

Manuel mantiene un contacto cercano y asiduo con uno de sus compañeros; estudian juntos y así se ayudan y animan. Este trato se convierte en una sincera relación de cercanía y amistad. Un día, que sin duda quedaría grabado en el corazón de Manuel, su amigo recibe la visita inesperada de un tío suyo que es sacerdote-escolapio, y se lo presenta[Notas 1]. Es un encuentro que nunca podrá olvidar, porque marcó y cambió el rumbo de su vida. Comparten y charlan un rato, y, como una chispa, brota en el joven Manuel el deseo de ser sacerdote y maestro, siguiendo el espíritu de José de Calasanz. Así son los planes de Dios; suele servirse de acontecimientos insignificantes para manifestarnos su voluntad.

Manuel reza, discierne, pide luz y Dios se le revela amorosamente cercano. Cada vez descubre con más claridad que Dios, le llama a la Vida Religiosa. A los pies de María, “Madre y protectora”[Notas 2], acoge y acepta la invitación “ven y sígueme” alentado y fortalecido por Nuestra Señora de los Milagros. Nos lo confiesa él mismo en una carta que escribe al P. General, Calasanz Casanovas, en 1874, desde El Escorial:

“Que me ha traído la Santísima Virgen María para trabajar en su grey predilecta”[Notas 3].

Y con la decisión y arranque que le caracterizan ya desde joven arriesga y compromete su vida al servicio del Reino, sin poner obstáculos a lo que se le presenta como Voluntad de Dios.

Pero las dificultades le llegan de su propio entorno: sus padres se oponen a tal decisión y se niegan, incluso, a ayudarle económicamente:

“Tampoco a mí me querían dejar, ni dar nada mis buenos padres y después que me probaron, me dieron y ofrecieron más de lo que necesité”[Notas 4].

Lucha con todas sus fuerzas para conseguir su ideal y al final, como él mismo nos dice, obtiene la aprobación que más desea para seguir el camino al que se siente llamado. Desde el comienzo Manuel sabe de obstáculos, contratiempos y, sobre todo, de cómo no dejarse vencer por ello. Ahora sólo le queda esperar a que finalice el curso en la Preceptoría del Santuario para emprender su marcha a Madrid.

Al Párroco de Acebedo, D. Felipe Sousa, se le piden informes, desde las Escuelas Pías, sobre el futuro aspirante y certifica, en junio de 1850, “que el joven Míguez, su feligrés, era un sujeto de buena vida y costumbres, en las que demuestra verdadera vocación al estado que pretende tomar”[Notas 5].

Notas

  1. Cerdeiriña, José: El P. Faustino Míguez, Madrid 1970, pp. 10-11
  2. Pigretti, Mª Celia: Cartas del Siervo de Dios Faustino Míguez, (Ep.), Madrid 1985, nº 5
  3. Vilá Palá, Claudio: Documentos presentados para la Positio Super Virtutibus, (PSV), Roma 1984, pág. 78
  4. Ep. nº 399
  5. Summarium, pág. 241