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1. UNA VIDA QUE BROTA AL RESCOLDO DEL AMOR
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Un lugar, unas personas

En Galicia, en la provincia de Orense, y cerca de Celanova, la villa del majestuoso monasterio de San Rosendo, está Acebedo del Río. Es una parroquia formada por varias aldeas, y dedicada a San Jorge. Por ella avanza hacia el río Arnoya, un pequeño riachuelo, y entre su vegetación abundan los acebos; dos detalles en los que habría que buscar el origen del nombre.

Una de las aldeas que dan vida a la naturaleza verde y generosa de esos valles es Xamirás. Allí vive la familia Míguez González. Su casa está rodeada de prados con frutales. Benito Míguez y María González, son un matrimonio generoso y sacrificado que sabe de trabajos y entrega. Se dedican a las tareas del campo y son buenos cristianos. Su mayor riqueza es la fe.

Abiertos a la naturaleza, a la vida y a Dios van acogiendo en el hogar los frutos de su amor matrimonial que reciben con alegría: Carmela, Antonio, José y el más pequeño Manuel. Éste será el futuro P. Faustino. Nace el 24 de marzo de 1831. Es bautizado al día siguiente de su nacimiento -el 25 de marzo, festividad de la Encarnación- en la iglesia parroquial. Recibe el sacramento de la Confirmación el 24 de octubre de 1832, cuando aún no tiene los dos años, coincidiendo con la Visita Pastoral del Obispo de Orense, D. Dámaso Iglesias Lago.

En Xamirás la vida es tranquila y sin sobresaltos. Hay tiempo para todo y para todos. Cada mañana y cada tarde, Dios se hace presente en los hogares con la oración sosegada de las familias unidas en torno al fuego. La parroquia es el centro, el foco de atracción para todos los habitantes del valle. Sus campanas marcan el ritmo de la vida, del trabajo: el toque del alba, el ángelus, la oración de la tarde. Los vecinos asisten a la celebración de la Eucaristía los domingos y también algunos días entre semana, y rezan a Dios por los muertos enterrados en torno al templo.

El hogar familiar del Siervo de Dios, era de virtudes acrisoladas reconocidas por todos sus convecinos”[Notas 1]. En él, Manuel asimila una de las líneas claves de su espiritualidad en el futuro, el amor a María bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. La imagen ocupa un lugar preferente en la Capilla de San Cipriano, que está más cercana a la casa de los Míguez que la Iglesia parroquial. ¡Cuántas veces se postraría Manuel de la mano de su madre, ante la Madre del cielo! María será siempre clave en la vida de Manuel.

En este ambiente de familia, y fe sencilla y cálida echó raíces aquel árbol que llegaría después a dar tan buenos frutos y en el que tantos encontraron cobijo.

Manuel realiza los primeros estudios, como cualquier niño de su edad, en la escuela municipal. Para llegar a ella tiene que caminar con frío o con calor, al amparo de los mayores, en sus primeros años, o siendo responsable de los pequeños, ya crecido. Las tareas escolares se compaginan con los trabajos que en el entorno familiar se reservan para los más pequeños.

Notas

  1. Summarium Super Dubio, Proc-ord. Matriten (Summarium), pág. 19