CerdeiriñaFaustino/01

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Capítulo I

El día 8 de marzo último falleció santamente, como había vivido, en el Colegio de Escuelas Pías de Getafe el virtuoso y sabio Escolapio P. Faustino Míguez. La prensa de Madrid y también de provincias, sobre todo de Andalucía, ha dado la noticia de esta muerte tan sensible, y hasta ha hecho cumplidos elogios de tan excelso varón. Pero las necrologías de los rotativos de Madrid, lo mismo que la de El correo de Andalucía, que ve la luz pública en Sevilla, apenas si nos dicen algo de lo que fue en realidad el P. Faustino, como le llamábamos ordinariamente todos los que le conocíamos y nos honrábamos con su amistad. Era preciso, por consiguiente, hablar un poco más y dejar correr con más libertad y amor la pluma en honor del malogrado Escolapio, aunque a decir verdad muchas cosas que pudieran servir de alabanza - y las más interesantes sin duda- se quedan por decir, porque el preclaro hijo de S. José de Calasanz se ha llevado consigo al otro mundo el secreto de datos preciosísimos, con los cuales a buen seguro se podría hacer un libro, que resultaría muy interesante, muy provechoso y muy instructivo. Quien esto escribe lamenta muy de veras no haberle tratado en estos últimos años, porque quizás hubiera “soltado prendas” este hombre reservado hasta la exageración, este hombre que sólo se franqueaba con muy contadas personas. Este trato hubiera corrido el velo a muchas anécdotas y detalles de una valía extraordinaria y de una eficiencia sin límites, capaces de hacer casi legendaria la vida por demás modesta y sencilla de un religioso, que no fue un hombre brillante, pero que atesoró en sí las dotes más excelsas y privilegiadas y que aunó y recapituló en su persona las virtudes más raras y las habilidades más peregrinas, trasunto del hombre que vivió solo para Dios y para la ciencia, cifra y compendio del santo y del sabio, que se sirvió de sus virtudes, que consagró su santidad, para levantar a los caídos y llevarlos hasta Dios, imán infinito de toda su grandeza espiritual, y aprovechó su gran saber para cumplir y llenar su vocación de pedagogo, con tal acierto , con tal dominio de las variadas disciplinas que en todas ellas encontró fácil el camino y seguro y certero el desempeño de su misión. Pero, ¡cómo iba yo a suponer entonces que algún día había de hacer su necrología! Si yo hubiera sido profeta, si yo hubiera leído en el porvenir, ciertamente que mi panegírico hubiera rayado casi en lo inverosímil. Es tal la grandeza, tal la fisonomía moral, son tales los hechos portentosos realizados por mi insigne biografiado que no caben en las cuadrículas de un artículo necrológico, hecho, con más o menos acierto, pero, eso sí, con la mejor intención, para que quede en el puesto que le corresponde en este girón idolatrado de la patria chica el P. Faustino Míguez, tanto más cuanto que siendo el malogrado Escolapio una gloria pura y legítima de Galicia, deben saberse en la región gallega, y singularmente en Orense, los méritos y las virtudes de uno de sus más preclaros hijos.

Notas