CerdeiriñaFaustino/03

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Capítulo III

Penetrado de estas ideas ultraterrenas el joven Míguez se hizo religioso; entró en la Escuela Pía para llegar a ser un día sacerdote y maestro, cuando su primer pensamiento no era más que ser sacerdote allá en el siglo a la vista de los suyos, que le querían con delirio; pero Dios le llevaba por otro camino, y sus designios eran otros. Serviría a Dios en una orden religiosa, y haría que le sirvieran muchas almas, cuyos primeros pasos en la vida los dirigiría él, como sacerdote y como maestro, por el camino de la virtud.

Una contingencia y una casualidad le hicieron conocer a los Escolapios, de los cuales nunca había oído hablar. En el célebre Santuario de los Milagros, encomendado a la solicitud y cuidado de los hijos de S. Vicente de Paúl, y por el cual han desfilado innúmeras personalidades de la provincia de Orense, que después han ocupado altos puestos en la política y en las letras, en las armas y en el sacerdocio, hizo el joven Míguez sus primeros estudios. Aquí, siendo estudiante en este Santuario se puso en contacto e inteligencia con los Escolapios, según me dijo el mismo P. Faustino. Lo que él no me dijo del todo – pero yo lo supuse- fue que descollaba entre todos los escolares de aquel centro cultural por sus grandes facultades intelectuales y por su aplicación, que fue en él proverbial, hasta el punto de que, hablando de su laboriosidad otro gallego ilustre, el P. Vicente Alonso y Salgado, actual Obispo de Cartagena, haya dicho que el P. Faustino era “un yunque en el trabajo”. Pues bien: esta inteligencia y esta laboriosidad fueron la base de que Dios le previniera con la gracia de la vocación. Ayudaba Míguez –por compañerismo, por altruismo o por caridad- con su superioridad intelectual y su preparación más adelantada a uno de los estudiantes del Santuario, y éste encontraba en Míguez el trabajo ya hecho. En una de estas conferencias se encontraron los dos amigos con una visita inesperada: Era un tío de su colega, sacerdote Escolapio, el que los visitaba, y al que fue Míguez presentado por su joven discípulo. Este fue el primer chispazo de la vocación de Míguez: hasta lo más íntimo de su alma le llegaron las razones del Escolapio, que con Míguez conferenció sobre sus estudios, sobre su porvenir, sobre la salvación de su alma, sobre la misión de las Escuelas Pías… Y Míguez, a causa de esta entrevista, quedó preso, porque su suerte estaba ya echada, y a los pocos meses había ingresado en el Noviciado, que las Escuelas Pías de Castilla tenían establecido en el Colegio de San Fernando de Madrid, donde vistió la sotana calasancia el día 5 de Diciembre de 1850.

Notas