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Codicilo del Testamento Espiritual
CARTA A M. JULIA REQUENA (29-11-1922)

Codicilo del Testamento Espiritual

CARTA A M. JULIA REQUENA (29-11-1922)

J.R.E.N.C.

Muy Rvda. M. Julia de Jesús e Hijas, que Dios bendiga a todas.

¡Qué mundo, Hermanas mías!; ni quejarse puede uno de sus achaques, que no haga palanca de ellos para mayores exigencias. Entreguéte a fines de octubre la carta o testamento que pidieras días antes y con fecha tres del siguiente, ya te escurres en demanda de un Codicilo.

¿Hay por ventura en aquél alguna cláusula ilegal o sospechosa que haya quedado con alguna carne en las uñas y temes que se pudra?

No, Hermana mía, no, ni en las uñas ni en el corazón quedó carne ni piltrafas; sino en este algo que, a mi ver, vale más que esa podredumbre, y es una cosa que siento y no sé explicar; noto se multiplica e ignoro de qué procede. Veo que a este paso mi corazón debiera explotar y observo se dilata más cada día.

En la cama por mis achaques, recibí y leí tu atenta en presencia del portador, por si pedía contestación urgente, y al momento empezaron a sonarme los oídos como el tic tac del reloj que tenía a mi lado las palabras "Joya, joya, joya", que a la verdad no me dejaron dormir, saliéndome cara la ilusión, el sueño por el de que me privaron y las reliquias que me dejaron en mi caletre.

Reflexionando luego en uno de mis desvelos sobre lo que es un alma consagrada a Dios, me la figuré como una joya de inapreciable valor, guardada en un estuche de barro, más o menos modelado, que no hace variar el precio infinito de aquella, o sea, de la preciosa sangre de Jesucristo; y así comprendí serían o debieran ser las tantas religiosas, como las joyas y cómo no explotaba el corazón que Dios formó para sí con una capacidad infinita.

Ya enterada de este incalculable tesoro que Dios depositó en mi corazón y que a mi muerte debe pasar a duplicar el tuyo, habrás de permitirme os suplique y conjure por las entrañas de Cristo, a ti, como Madre de todas y a todas como Hijas de la Divina Pastora, para que cada una estime en lo que vale su tesoro y procure aumentarlo cuanto pueda; lo conserve íntegro y no tenga al fin que presentarse a su Divino Esposo con solo el estuche podrido y la joya presa de satanás, que con infernal algazara se precipitará con ella en el abismo con horrendo estrépito con que se sumergen en la caldera del volcán los bloques que lanzará vertícoles por el cráter.

Nunca olvidéis, Hermanas mías, que nuestros enemigos son muchísimos y tan tenaces que no cesan de acecharnos, como leones en cuevas, y de tendernos lazos por doquiera, tan espesos que de verlos ni un paso daríamos, temerosos de ser cogidos; por eso los oculta y Dios se lo permite para hacernos cautos, advirtiéndonos de antemano por San Pedro, que estemos alerta, resistamos fuertes en la fe, armados siempre con el rompelazos de la más profunda humildad.

No, no me extraña, temáis esa lucha constante con enemigos tan diestros y poderosos; pero ¿no sois de la misma naturaleza de Santa Catalina senense? ¿No tenéis la misma profesión? ¿No elegisteis al mismo Esposo? ¿No manejáis las mismas armas? ¿Vuestra voluntad no es tan libre como la suya? Al menos así lo jurasteis al profesar. ¿No es verdad?

Y bien sabéis que con ser joven, abandonada, mejor dicho, perseguida de sus domésticos, que son los peores enemigos, y de todas las furias infernales que a nada perdonaron; lejos de vencerla los confundió a todos y proporcionó gratísimas complacencias a su Divino Esposo, que presenció sus batallas, como el fuerte armado de quien penden mil escudos, y, ¿sabéis de dónde? Desde el mismo corazón de su heroica esposa.

Como ella, pues, recójase cada una de vosotras, coetáneas y futuras, con su Divino Esposo en el castillo de su corazón; corte de los puentes de comunicación con el mundo, levante el del servicio para su misión; cierre las puertas y ventanas con las llaves del más intenso amor de Dios, que todo lo vence; y la de su santo temor que todo lo precave; y si la necesidad le obligare a salir, para cumplir su misión, baje el puente y hágalo con su Custodio, los ojos en el suelo, el corazón en el cielo y su espíritu siempre en su castillo.

Y como el enemigo no desperdicia ocasión que se le presente para sus fines, aprovechará ésta como de perlas para brindaros con sus idolillos, metiéndolos por los ojos uno por uno, como buen gitano, al que debéis contestar sin mirarle: Si es riquezas: “solo Dios basta”; si de honores: “Quien a Dios ama lo tiene todo”; si de halagos: “Dios mío y mi todo”; si de placeres: “vete de aquí, lucero apagado”. Si aún insiste: ¡Hala!, “que en mi corazón solo Dios cabe”…

Ni por esas dejará el precito de su intento, ni por las mismas debéis ceder vosotras, sino al ejemplo de Santa Cecilia, que jamás ociosa, oraba, tocaba y sin cesar alababa a Dios; así debe libar cual industriosa abeja, cada una de vosotras, en las flores u ocupaciones que os designen, la miel y gratísimo aroma de las virtudes que más necesite y agrade a su Divino Esposo.

Ya que a falta de mandar por la de piltrafas, no tengo que añadir y por el: “Dime con quien tratas…” me contagié de pedigüeño; y no ignoráis que el dar al pobre es poner a logro lo que se entrega; habréis de permitirme os pida por los santos patronos de vuestro Pío Instituto, las siguientes limosnitas que no dejarán de aprovecharos:

1º.Que las religiosas que lean durante la mesa o comida y lectura espiritual, lo hagan despacio, enterándose de lo que dicen hasta el punto de poder dar al fin, tanto ella como las oyentes, razón, si no detallada, al menos un resumen de todo lo leído; que el alimento sin masticar molesta, se indigesta y no aprovecha.
2º.Que las lectoras que así lo hacen y las Superioras que lo consienten, se convenzan que habrán de responder a Dios del fruto que pudieran haber sacado todas de esa práctica reglamentaria, que bien aprovechada y rumiada proporcionaría una riqueza de conocimientos que nunca acapararéis por falta de tiempo y recursos a la vez.
3º.Que escuchéis con mucho respeto esas lecturas y miréis con el mayor interés esas instrucciones o cartas que el Señor os envía, para que aun las menos hábiles podáis adquirir con su lectura y oración esa admirable ciencia de muchos santos de ambos sexos que sin, o con escasos principios fueron y son todavía mirados como oráculo.
4º.Que os miréis y os portéis todas como miembros del mismo cuerpo y desempeñe cada una el papel que le corresponde en inalterable armonía con las demás; que sólo así habrá orden y perdurará el bienestar del Instituto.
5º.Que las que bien quieran y deseen la prosperidad de su Congregación copien en su conducta la de cada parte de su propio cuerpo que nunca molesta a su vecina, jamás usurpen su oficio ni aspire a suplantarla. Si una sufre todas se (compadecen) conduelen y cooperen a su alivio. Imitad esa armonía, ayudaos mutuamente; amaos mucho en Cristo sin familiarizaros jamás con alguna y tendréis mucha paz y evitaréis muchos disgustos.
6º.Que huyáis como del demonio, de las azufradoras y comadrejas, si por desgracia surgiere alguna, que bastaría para convertir muy pronto al Instituto en un verdadero panderío.
7º.Que si alguna, lince de faltas ajenas se acercase a vosotras con pretexto de corregirlas, le digáis con mucha amabilidad lo que S. Pedro de Alcántara a un caballero por el estilo: “pues corrijámonos nosotras de los nuestros y nuestra enmienda contribuirá a la enmienda ajena”.
8º.Que ni en las clases consintáis chismes, críticas ni murmuraciones y otras muchas cosas que suelen ocasionar gravísimos disgustos con y entre las niñas, sus familias y a veces, en el colegio.
9º.Que así en Comunidad como en las mismas clases, no regateéis, por Dios os lo pido, vuestros sufragios y especial caridad a las benditas almas del purgatorio, que desde el principio de vuestro Instituto vienen siendo dignísimas acreedoras del mismo, por la gran parte que se tomaron en su defensa; y bien sabéis que favores obligan y que a quien mucho se debe y quiere, con frecuencia se recuerda.
10º.Que, por fin, aunque quien por todas pide, a ninguna excluye, permitidme os suplique que os empeñéis de un modo especial con vuestra Santísima Madre la Divina Pastora, que me alcance de su Divino Hijo una verdadera contrición de mis pecados y una buena muerte y que después de ésta, no ceséis de acelerar con vuestras obras y fervientes sufragios, la más pronta purificación de mi alma para que postrado a los pies de S.D.M., a fin de darle gracias infinitas, se las pida también muy copiosas para vosotras, que así lo promete.

Con el tren a la vista os bendice a todas infinitas veces Vuestro Capellán.

Getafe 29-11-1922

Notas