DelAlamoBiografia/CAPITULO II: EN LA PRECEPTORIA DE LOS MILAGROS (1845 - 1849)

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CAPITULO I: Primeros albores de una vida (años 1831- 1845)
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CAPITULO III: VOCACION A LA VIDA RELIGIOSA. 1849 – 1850.
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CAPITULO II: EN LA PRECEPTORIA DE LOS MILAGROS (1845 - 1849)

El santuario de los milagros es el centro religioso más importante de la diócesis de Orense y uno de los más prestigiosos de toda Galicia.

En su preceptoría en el último siglo y medio se ha educado más de la tercera parte del clero diocesano.

Está situado en el monte Medo, centro geográfico de las tierras de Maceda y del Alto Limia. Sobre su cima se levanta majestuoso el santuario, que ejerce fuerte atracción sobre su círculo de circunscripción, que delimita unos ciento veinte pueblecitos, lugares y aldeas, En el siglo IX, parece que fue un eremitorio, uno de tantos como jalonaron, con hitos de piedad y trabajo, toda la extensión de Galicia. Ellos alcanzaron una notable repercusión en la transformación de la vida cristiana hasta la aparición de los grandes cenobios, como Celanova, Samos, Sobrado, etc. En el monte Medo se tributaba un culto especial a Nuestra Señora bajo la advocación de María Reina de los Ángeles. En el transcurso del tiempo, y después de diversas vicisitudes, el eremitorio del Medo constituyo un notable foco de devoción mariana que polarizó la espiritualidad de la región.

Los sacerdotes de San Juan de Vide fueron los encargados de la atención espiritual del santuario, mientras los ermitaños atendían a los peregrinos, cada vez más numerosos, y entretenían sus ocios en el cultivo y roturación de los terrenos aledaños y en el alumbramiento de aguas para su explotación. Cerca del santuario existía una casa de dos plantas con cuadras y habitaciones que proporcionaban cobijo a los peregrinos y residencia a los ermitaños.

Tanto el santuario como el poblado de Vide dependieron durante siglos de los Canónigos Regulares de Aguas Santas. Al suprimirse esta comunidad todos los bienes pasaron a la Real Cámara, así como el patronazgo sobre sus beneficios. Posteriormente, y tras laboriosas gestiones, estos derechos y prebendas recayeron en el Obispado de Orense.

Desde 1628, el cabildo catedral recibió la pertenencia de San Juan de Vide con sus diezmos y gabelas y el derecho de administración del eremitorio de los Milagros, que ejerció mediante el nombramiento de un canónigo que se cuidaba de la cura de almas y del eremitorio.

En los siglos XVI y XVII atravesó el santuario una etapa de vida lánguida en consonancia con los trastornos políticos, guerras y revueltas que asolaron nuestra Patria.

La iniciación de la preceptoría de los Milagros, a imitación de otras muchas repartidas por la geografía de toda la nación y que cumplieron una misión especial y característica, hasta la planificación de los modernos seminarios en el siglo XIX, se debe sin duda a la locación y funcionamiento de una simple escuela de primeras letras al alcance de cualquier vecino de la comarca y de los servidores y asistente del santuario.

Uno de los sacerdotes encargados del santuario, y subvencionado por éste, se dedicaba a ejercer obras de misericordia en algún lugar apropiado. Los niños solían traer de casa la comida y en la cocina se la calentaban gratuitamente. La preceptoría de latín del Medo fue sin duda una consecuencia lógica de esta escuela rudimentaria de primeras letras.

La realidad es que ya en 1801, en tiempos de la administración del señor Nieto Losada, contaba con un plantel de 50 alumnos de la diócesis de Orense y limítrofes, y durante siglo y medio constituyó el mejor semillero de vocaciones sacerdotales y religiosas de toda la comarca.

Ordinariamente eran dos los sacerdotes que se dedicaban a esta tarea de formación y educación sacerdotal. La vida y disciplina que llevaba en los Milagros aquella muchachada joven no podía diferenciarse mucho de la que conocemos en otras preceptorías por el “estilo”. Recuérdense las sabrosas escenas que nos cuenta don Andrés Manjón, el fundador de las Escuelas del “Ave María”, y que, como nuestro Manuel Míguez, está en camino de los altares, sobre su estancia en la preceptoría de Polientes[Notas 1].

Para satisfacción de nuestra curiosidad nos ha quedado una relación de la visita pastoral que en el año 1855 hizo el señor Obispo de Orense, ilustrísimo señor don Luis de la Lastra y Cuesta, que fue en su niñez discípulos de nuestra colegio de Villacarriedo. En sus determinaciones y providencias, ordena “Se rece diariamente el Santo Rosario, haya abundancia de confesores en la víspera de los primeros viernes y fiestas principales y que el clero asociado al santuario lleve una vida que pueda servir de modelo a los sacerdotes de las parroquias limítrofes”[Notas 2].

Don José Benito Conde, sacerdote celoso y digno, llevó la administración y cuidado del santuario y de la preceptoría anexa desde el año 1824 hasta el 1857, fechas que corresponden a la permanencia estimada de los hermanos Antonio y Manuel Míguez en dicha preceptoría. Cuatro años (46-49) debieron cursar los hermanos Míguez en el santuario y preceptoría de los Milagros, ya que a principios de 1850 se encuentra el más joven de ellos en el Noviciado de las Escuelas Pías[Notas 3], que en aquella fecha funcionaba en el colegio de San Fernando, de Madrid. Después de un decenio (1834-45) de calamidades y angustias de todo género, a pesar de haber sido nuestra Orden motivo de excepción en la terrible persecución y extinción de las congregaciones religiosas, fue nombrado el Padre Juan Cayetano Losada, hombre celoso y providencial, a quién en toda justicia se puede considerar como uno de los colosos de nuestra restauración y grandeza, Comisario Apostólico, por breve de Su Santidad de 27 de agosto de 1845. Así vio coronado todos sus esfuerzos en pro de la vuelta a la normalidad, dejando nuestra dependencia de los Obispos y dándosenos opción para abrir noviciados y regirnos y gobernarnos por nuestras Reglas y �superiores propios[Notas 4]. Abrióse, por tanto, nuestro Noviciado en el Colegio de San Fernando, una vez conseguido el restablecimiento de nuestra Orden en España por Real Orden de 27 de febrero de 1845. Pronto se alcanzó una cifra notable de pretendientes, que hubo de poner bajo la tutela y dirección de un hombre dotado de una serie de cualidades notables de austeridad y prudencia, de jovialidad y fervor, de piedad y de amplios saberes en toda la gama de la enseñanza. Fue éste el famoso P. Pedro Álvarez del Espíritu Santo, que estuvo al frente del Noviciado durante bastantes años y del que tendremos ocasión de hablar en el transcurso de esta historia.

Hasta 1869 no se hicieron cargo los PP. Paúles del Santuario y preceptoría de los Milagros, a los que imprimieron nuevos rumbos y directrices. Nuestra cronología oficial del Siervo de Dios incurre en la inexactitud “de que hizo nuestro padre los estudios humanísticos bajo la dirección de los Hijos de San Vicente de Paul”. Inexactitud que después han copiado otros varios sin tomarse la molestia de compulsar la verdad, como los padres Olea Montes, J. Otal y Calasanz Bau. Está perfectamente demostrado que hasta 1869 no se hicieron cargo del santuario y preceptoría anexa los PP. Paúles y, por tanto, casi veinte años después de haber abandonado dicha residencia nuestros hermanos Míguez[Notas 5].

Por estos motivos no hay constancia de la permanencia de los hermanos Míguez en la Preceptoría, de una manera oficial, ya que anteriormente de la llegada de los PP. de la Misión no se llevaban fichas ni inscripciones reglamentadas, como hemos podido compulsar personalmente en los pocos papeles y registros de aquella época que se conservan en el santuario. La vida, el orden y los estudios que privaban en el Medo los podemos rastrear por la descripción que nos legó el doctor J. María Martínez, que fue discípulos de los Milagros y luego administrador.

“Tenían que aprender los estudiantes unas Constituciones en virtud de las cuales había orden. Allí se mantenían amistades que duraban toda la vida; allí se corregían los defectos naturales o del país, en virtud de los cuales no había estudiante, que no tuviera su mote; en fin, los estudiantes alegraban y daban más nombre al Santuario… El estudiante de los Milagros pasaba la vida enredando, cantando, haciendo de comer, sirviendo en la Iglesia y estudiando mucho… En las solemnidades, también facilitaba el santuario a los estudiantes castañas y vino para una francachela. En su departamento desempeñaban por turno riguroso todos los oficios. Uno de los alumnos, muy temprano, recorría todo el paseo por el cual se entraba en las habitaciones, moviendo una matraca, cuyo ruido atronador despertaba de repente a los de más pesado sueño; a continuación se oía la Santa Misa con devoción; luego se tenía el desayuno, pero ¿qué desayuno? En lo general consistía en una gran taza de sopa, bien condimentada con grasa y huevos; y como se hacía hervor y como todos acudían al mismo tiempo, se armaba tal pelotera de unos contra otros, y especialmente con el sirviente, o porque se tenía poco fuego en el hogar y el agua menos caliente o porque intentaba poner orden, las sartenes andaban por el aire, cayendo de soslayo sobre la cabeza del paciente mozo… Había sobre todo un sumo cuidado en promover el bien espiritual de los estudiantes y por esto muchos de ellos ingresaban en las comunidades religiosas”[Notas 6].

Referente a nuestro Míguez, durante su estancia en los Milagros no nos queda más que las referencias tangenciales del señor Párroco de Acebedo en la instancia que presentó el pretendiente a su ingreso en la Escuela Pía, los recuerdos que nos legó el P. Cerdeiriña en su panegírico necrológico y en estas palabras de un testigo de los Procesos que certifica: “Por lo que yo mismo oí al P. Cerdeiriña acerca de la infancia y educación primera del siervo de Dios, puedo decir que el dicho padre aseguraba que el Siervo de Dios era de los alumnos más destacados en sus estudios y en el Santuario de los Milagros, donde sus padres estimaron oportuno llevarlo a estudiar, por su gran capacidad, era el número uno”[Notas 7].

Notas

  1. Cf. A. Manjón (Fundador del “Ave María”. Biografía), RIFE, MADRID 1940, Francisco Vélez, págs. 25-30 y 31-39.
  2. Normas disciplinarias del Sr. Obispo, D. Luis de Lastra y Cuesta año 1852. No deja de ser curioso que entre estas normas se determine que los seminaristas “no usen sombrero tricornio, ni zapatos de lujo, ni vestidos de seda. Cf. El Santuario del Monte Medo, de D. Francisco Carballo, pág, 163 y passim, de donde hemos tomado los datos anteriores. Orense, 1962.
  3. El 24 de junio de 1854 se trasladó el Noviciado de este colegio, al de Getafe, siendo provincial el P. Ramón del Valle y Maestro de Novicios, el P. Álvarez. En marzo de 1858, leemos en una nota, quedó constituido de nuevo el noviciado en San Fernando…, Desde aquella fecha firma como maestro de novicios el P. Ramón Cabeza de la V. de los Dolores, hasta el 11 de enero de 1863. Algunos meses más tarde le sucedió en dicho cargo el P. Manuel Pérez. (Cf.. Historia documentada del Real Colegio de Escuelas Pías de San Fernando de Madrid, 1928—R. P. Francisco Vesga—Madrid, págs. 143-44
  4. El P. Juan Cayetano Losada nació en Madrid en 1766 y murió en el Colegio de S. Fernando. Hombre de gran bondad y erudición, notable en todas las ciencias eclesiásticas y civiles de manera especial en Literatura española y Latina. publicó diversas obras, algunas de muchas ediciones, como el compendio de Vida de S. José de Calasanz. Fue Rector del Colegio de S. Fernando, durante muchos años, Vicario Provincial, Asistente General y Comisario Apostólico de las Escuelas Pías de España. Con celo religioso y sacerdotal se dedicó después de los tiempos de la Exclaustración y persecución de 1834-1845, a restaurar en los colegios la observancia religiosa y el apostolado específico de las Escuelas. Murió en Madrid en 1846.
  5. En aclaración y confirmación de nuestro aserto, copiamos a continuación este testimonio que nos ha transmitido, después de nuestra infructuosa visita al archivo de la Preceptoría de los Milagros, el Superior de dicho Centro, R.P. Florentino Menesses, C.M.: Hemos mirado detenidamente en el archivo que obra en este santuario, por ver de encontrar algo referente al P. Míguez, y lamento tenerle que decir que infructuosamente. No aporta ningún escrito de esa fecha a que usted me aludía en nuestro encuentro de Orense” Los Milagros, a 24 de agosto de 1967
  6. Historia del Santuario. de los Milagros, por Dr. D. J. María Martínez, páginas 95,96 y 97
  7. Cf. (Summarium - Proc. Ord. Matriten. pág. 20 P. José Olea Montes.