DelAlamoBiografia/CAPITULO IV: PARTIDA PARA LAS ANTILLAS (1857 – 60)

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CAPITULO III: VOCACION A LA VIDA RELIGIOSA. 1849 – 1850.
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CAPITULO IV: PARTIDA PARA LAS ANTILLAS (1857 – 60)

(Veintiséis a veintinueve años del P. MÍGUEZ).

San Antonio María Claret, el gran misionero y esclarecido fundador de los Hijos del Inmaculado Corazón de María, había sido nombrado arzobispo de Santiago de Cuba en 1849. Al llegar a su archidiócesis y percatarse del ambiente de ignorancia y relajación moral que reinaba en la isla pretendió poner el remedio, que su celo y experiencia le dictaba. Como pedagogo insigne y celosísimo pastor, determino atajar el mal en las raíces y solicitó del P. Comisario General de las Escuelas Pías; P. Jacinto Feliú, el envío de un contingente de sacerdotes escolapios, que se hicieran cargo de dos colegios en la isla, convencido de que la ignorancia es el calvo de cultivo más apropiado para todos los vicios.

Uno de los colegios quedaría instalado en Guanabacoa, en las cercanías de La Habana, como Escuela Normal, donde se formaran o reformaran los maestros de enseñanza primaria de la isla, y otro en Camagüey, llamado entonces Puerto –Príncipe. Conocía el santo Claret a los escolapios en su actuación pedagógica y espiritual por los diversos colegios de Cataluña y tuvo siempre gran aprecio a nuestro Instituto, manteniendo relaciones de trato y amistad con algunos de nuestros padres, que quedó sintetizada en aquella frase dicha a nuestros Superiores antes de partir para las Antillas: “Lo primero que pediré a Su Majestad la Reina será que abra en Cuba colegio de las Escuelas Pías. “

Pero no fue ésta, sin embargo, la razón más válida de la ida de nuestros religiosos a Cuba, sino el interés de Gobierno para formar a los maestros autóctonos en el amor y fidelidad a la Madre-Patria, ya que estaba entonces la educación de éstos en manos de maestros provenientes de los Estados Unidos, que les inculcaban ideas xenófobas y odiosas contra España, preparando y ayudando a los intentos de secesión que entonces empezaban a retoñar. De ahí que el Gobierno español tuviera gran interés en llevar profesores peninsulares que contrarrestasen la labor subversiva. En este sentido iban todas las providencias tomadas por el capitán general de la isla, el famoso general Concha.[Notas 1]

Comprendiendo el padre Comisario General que una sola provincia escolapia no podía soportar aquella carga y responsabilidad en tiempos de tanta penuria de vocaciones religiosas, solicitó la cooperación de las restantes provincias escolapias. La provincia de Castilla asoció a la empresa a dos sacerdotes jóvenes: los PP. Luciano González Solís y Faustino Míguez, acompañados del hermano Pedro Díaz, Hno. Op. Llegaron a La Habana nuestros expedicionarios en el vapor” Velasco “el 10 de enero de 1857 con el compromiso de permanecer en aquellas tierras, tan queridas de todos los españoles, ocho años en el ejercicio de su ministerio, según las estipulaciones dictadas por el P. Comisario General [Notas 2] Sin embargo, el hermano Pedro Díaz murió a los tres años de su llegada a la isla, siendo la primera víctima escolapia en tierras americanas; el P, Solís cumplió con exceso su compromiso, y nuestro P. Faustino solo permaneció en la Perla de las Antillas dos años y cuatro meses.

¿Qué ocurrió y por qué motivos tuvo que abandonar la empresa y acelerar su retorno a la Patria? Hasta hace poco tiempo resultaba un enigma indescifrable, pero afortunadamente entre las cartas de estos primeros tiempos, recogidas para el proceso de beatificación y que providencialmente se conservan, hay dos del mismo padre Míguez que desvelan todo el misterio[Notas 3].

En 1858 hubo nueva expedición escolapia. El P. Provincial de Castilla, Ramón del Valle reclutó una nueva leva de colaboradores para aquella ardua tarea, entre los que figuró el famoso P. Pedro Álvarez, que frisaba ya en los cuarenta y seis años, y el Hno. José Pardo, que sobrepasaba los cincuenta[Notas 4].

El P. Pedro Álvarez, que había sido Padre Maestro de novicios del joven Míguez escribía desde Guanabacoa a su Provincial anunciándole la llegada, y entre otros extremos, le decía: Quiera el Señor concedernos salud y ánimo y yo espero que V.P. se lo pedirá también y que nos dé mucha unión y celo, cosa que veo bastante difícil, por los caracteres de tan variadas provincias. El padre Faustino, tan animoso y entusiasmado como siempre, da memoria para todos”.[Notas 5]

No cabe la menor duda que la mayor dificultad con que se encontraba la fundación de Cuba era ensamblar tan diversos caracteres. Sólo el prodigio de una personalidad tan relevante como la de los PP. Collaso, Botey, Jofré y Querol podían hacer viable aquella conjunción tan heterogénea. Pero aquel prodigio no podía sostenerse indefinidamente, y al desparecer aquellos prohombres de los puestos claves de mando hubo que decidirse por la separación de las provincias, quedando aquellos colegios solamente bajo la jurisprudencia de la Provincia de Cataluña[Notas 6].

En el colegio de Guanabacoa, que funcionaba como Escuela Normal de maestros, desarrolló nuestro padre Faustino su actividad proverbial cosechando notables triunfos entre los alumnos, ya mayores, a quienes instruyó en ciencias naturales, físico-químicas y agricultura. Se conservaba la consignación de notas mensuales y relación de los alumnos de estos años de su docencia.

Por desgracia, en los avatares de la última revolución castrista han desaparecido los libros de Secretaría y otros de Misceláneas, correspondientes al período de permanencia y actuación de nuestro padre en dicho colegio.

El P. Calasanz Bau, que estuvo en Cuba antes de esta convulsión revolucionaria, pudo, sin embargo compulsar todos los documentos de primera mano, para la elaboración de su Historia de las Escuelas Pías en Cuba, y no encontró en ellos, referente a nuestro padre, más que la constancia del cumplimiento fidelísimo de todas sus obligaciones como religioso y profesor competente.

Por tradición general, que ya consigna el P. Cerdeiriña en su disertación y panegírico de su obra y muerte (pág.29), el siervo de Dios, durante su estancia en la isla, se intoxicó con una infusión de tabaco tomado al azar, ya que no fumó ni antes ni después de este percance, y solicitó permiso de su superior, P. Bernardo Collaso, para automedicinarse. Sin embargo ninguna del facultativo consiguió resultados rápidos y satisfactorios.

Ya entonces, llevado de su intuición característica, había empezado a interesarse por las plantas, que estudiaba con tesón y perspicacia y con cuya utilización, andando el tiempo, había de conseguir resultados terapéuticos clamorosos.

“Creo - dice uno de los testigos del proceso diocesano – que el siervo de Dios no era aficionado al tabaco. Yo por lo menos nunca lo vi fumar, y como entonces yo fumaba en alguna ocasión, le ofrecía algún cigarrillo, contestándome siempre: “No tengo ese placer”, y al preguntarle yo por qué decía lo del placer, me dijo que si decía vicio era tratarme a mí de vicioso.” A propósito de este percance de la intoxicación, queremos hacer destacar que ningún testigo de los procesos y otros muchos que hemos podido contrastar afirma haberle visto fumar, y sólo uno dice que alguna vez lo vio tomar rapé, quizá para combatir una afección pasajera de las vías respiratorias.

¿Cómo, pues, se intoxicó por medio del tabaco? El mismo testigo, don Tiburcio Ruiz de la Hermosa, que mantuvo con nuestro padre íntima amistad y logró sonsacarle, ya ancianito, sus secretos más íntimos, que no había revelado a nadie, da una explicación satisfactoria. “A propósito de la intoxicación de tabaco que sufrió en Cuba, el mismo refirió el hecho, manifestándome que en cierta ocasión se sintió mal, apercibiéndose que se trataba de una intoxicación sin comprender a que era debido. Se le ocurrió mirar en la tinaja del agua y advirtió que dentro había una hoja de tabaco, y comprendió que aquel era el motivo de la intoxicación, puesto que él había bebido de aquel agua. “[Notas 7] .

“Aparte de esto adquirió estos conocimientos curativos por la propia observación de las plantas del campo, que él analizaba minuciosamente y hasta observaba cómo los animales se valían de algunas plantas para diversos procesos curativos.” Así, para demostrar y patentizar su espíritu de observación, aunque referido a hechos posteriores, le narró una vez lo siguiente: Que estando en Sanlúcar dando un paseo por el campo oyó a unos labradores que le referían como una vaca que al saltar un arroyo se había producido una herida en el vientre con una rama cortante, hasta el punto de que se le salían parte de los intestinos, se iba todos los días al prado a pastar una hierba llamada “unciana”, lamiéndose a continuación la herida, y a los pocos días sanó contra lo que todos esperaban” [Notas 8].

Pero volvamos a la estancia de nuestro Padre en Cuba. Su salud rápidamente se resentía y ante el peligro de una aclimatación adversa que podía ser fatal, los Superiores determinaron su repatriación”

Poseemos de este período una carta desconcertante dirigida a su hermano José en la que insinúa este pronóstico:

“Según el dictamen médico estoy atacado del hígado, efecto de los continuos esfuerzos que por necesidad he de hacerme con tantas explicaciones como de continuo exige mi profesión y precisamente de las más difíciles, así, pues, pronto seré víctima y muy gustoso, como soldado que quiere morir al pie del cañón”[Notas 9].

“De la vista ya hace tiempo que también me encuentro mal y ya me hallo en el caso de usar espejuelos de colores; tengo en juego nada menos que tres pares, ¿Qué te parece? Basta de lástimas.”

Continúa la carta con una serie de reflexiones pesimistas sobre el estado de su familia y termina con unas patéticas lamentaciones que dejan ver con claridad no solamente que se cierne sobre él el famoso mal amarillo que tantas víctimas causaba entre los emigrantes españoles no solo por falta de aclimatación o endemia sino también por la aparición de una crisis sentimental de tipo psíquico, a la que había que poner rápido remedio. En vista de esta situación los Superiores creyeron prudente reintegrarle a España, llegando a Madrid el 5 de marzo de 1860, según se deduce de la transcripción de estas dos cartas:

“Estimadísimos y amadísimos madre y hnos., No he tenido carta de VV, en este correo ignoro la causa y les comunico otra para que me vuelvan a escribir hasta que yo lo haga a VV. para decirles a dónde y cómo deben dirigírmelas.

Voy a salir de ésta, porque no me conviene su clima; ya debe llegar pronto el día; no es cosa mía ni yo sabía nada; más cuidan los Superiores de mi salud que yo mismo. No deja de causar trastornos mi marcha, pues se ven recargadísimos los demás PP. y ni uno siquiera que haya estudiado las asignaturas que yo enseño, nada menos que a hombres que habían sido ya maestros de pueblo y ahora lo serán de superior categoría obstante conviene a mi salud y se pospone a todo miramiento, a cualquier circunstancia o necesidad, si se quiere.”

“Madrid. Escuelas Pías de San Fernando. Mi amadísimos madre y hnos.: el 12 de febrero salí de La Habana para ésta y llegué el 5 del presente (marzo); vengo a restablecer mi salud, no porque esté muy quebrantada, sino por haberla estado… Yo ignoro todavía en que me ocuparé.”

Su necrología textualmente consigna: Que durante este curso”. et alumnos externos linguan latinam edocuit “: enseñó a los niños externos la lengua latina.[Notas 10]

Notas

  1. Véase para este período de la vida del P. Míguez , la Historia de Las Escuelas Pías en Cuba (pág.99), del P.Calasanz Bau., de manera especial lo referente a la tramitación de su ida por parte de las autoridades civiles y eclesiásticas y civiles. No creo que hace el P. tanto hincapié en la importancia de las razones políticas que están muy claras. Cf. Revista Calasancia, pág. 204 de 27 de abril de 1890. T.III. También querems reclacar una idea que pasan por alto tanto el P. Calasanz Bau en su historia de las E.P. en Cuba como otros que han tratado este tema y la tomamos del articulo titulado UN PEDAGOGO INSIGNE, aparecido en la REVISTA CALASANCIA a la muerte del P. José Jofre: “corría el año 1850 y todos los empleados españoles que habían ejrcido cargos públicos en las ANTILLAS al volver a la península, confesaban paladinamente que en aquellas Islas y principalmente en Cuba, se iba formando un poderoso partido anti- español, que a todo trance era preciso extinguir, si no se quería perder aquellas Islas en plazo muy breve.” Estudiando el asunto, se creyó encontrar la causa del mal que amenazaba, en la educación poco española que los habitantes de la isla daban a sus hijos, mandándoles a estudiar al extranjero,dando por causa el no haber en Cuba buenos establecimientos de educación. Para evitar este inconveniente, acudió el gobierno de Isabel II a abrir en la Isla 2 colegios de Escolapios… (pág 204, núm, 28,27 de abril de 1890, año III).
  2. “De nuestro Rmo. P. Comisario Apostólico hemos recibido las siguientes letras: “Remito a V.R. por los correos un paquete con los decretos de la Santa Sede sobre la admisión de Novicios…Ha ordenado la misma Congregación que se admitan por ahora 4 o 6 novicios bajo la precisa condición y expresa voluntad (que deberán firmar los mismos), de pasar a la Isla de Cuba, si lo ordenare la obediencia, de donde podrán pasar a la Península a petición suya después de haber desempeñado por espacio de ocho años, etc.(115, fol. 161).
  3. El P. Calasanz Bau insinuó en su Historia de las E.P. en Cuba que ignoraba el motivo de su relevo; hoy está clarificado con las dos cartas que consignamos.
  4. Del P. Luciano González Solís hemos hecho referencia anteriormente, pág 25 . Respecto del Hno Op, Pedro Díaz solamente podemos constatar que murió víctima del famoso”vómito negro “ , según el P. Bau, y que fue el primer tributo a la muerte entre los fundadores de los Colegios de la Isla de Cuba. Nació en Hoz de Arrreba (Burgos) y desempeñó en el colegio e Guanabacoa los cargos de Ecónomoy Despensero. Gozó de excelente salud hasta que la insidiosa enfermedad le redujo al último extremo por un ataque de apoplejía. Murió en Guanabacoa el 7 de julio de 1860, Cf. Consueta núm. 166. Libro de Sufragios.
  5. También del P. Pedro Alvarez y de su figura netamente escolapia y altamente ejemplar hemos hecho referencia anteriormente. Respecto del Hno. Op. .José Pardo nació en Villavuzán (Lugo) y podemos consignar que a los 25 años tomó el hábito calasancio y después de trabajar como cocinero en nuestros colegios de Getafe y Archidona fue destinado a la Isla de cuba en la segunda expedición, donde desempeñó el oficio de portero. Vuelto a España, llevó en diversos Colegios la clase de párvulos e hizo de sacristán y librero con encomio de propios y extraños. Murió en S. Fernándo en 1903, a los ochenta y dos años de edad.
  6. En confirmación de lo que hemos expuesto, como la principal dificultad para que se consolidara la fundación de Cuba era la diversidad de caracteres y costumbres de los miembros de tan diversas procedencias que no habían recibido una formación común, nos es grato transcribir estas palabras de una carta del P. José Jofre del 13-10-1865 al Rvdmo P. General (Roma), P. Casanovas, amigo de la máxima intimidad, donde le expone: “Este rectorado es muy diferente a todos los que he conocido, lleno de complicaciones por dentro y por fuera; como si dijeramos FORIS PUGNAE. ITUS TIMORIS… Por otra parte esta Comunidad se compone de elementos tan heterogéneos que, si Dios no lo bendice, no ha de bastarla a gobernar bien toda la sabiduría de Salomón. Cada unos es de diferente provincia y de diferente Colegio y ha visto diferentes costumbres y las toma por leyes, porque las leyes y reglas generales no tienen la fuerza que deberían. Procuraré ceñirme a éstas y evitaré en cuanto pueda, toda lucha en lo restante” . (Archivo de la Vicaría de España)..
  7. Todavía en 1957, cuando escribía el P. Calasanz Bau su “Historia de las Escuelas Pías en Cuba”, constituía un enigma el regreso apresurado del P. Míguez de su experiencia ultramarina. Hoy día, como hemos visto, es cuestión zanjada definitivamente. Respecto a la intoxicación por una infusión de tabaco. Véase “Summarium proc. ord. Matriten “ pág. 74
  8. “Summarium proc. ord. Matriten. pág. 79. Nos permitimos advertir que la planta que cita el Sumario como “univana” debe ser unciana”, que en la botánica se llama a la genciana mayor o amarilla.
  9. Queremos, antes de terminar éste capítulo, señalar algunas inexactitudes que nos ha parecido descubrir en la relación que hace de nuestro biografiado el P. Bau en la citada HISTORIA DE LAS ESCUELAS PIAS EN CUBA, a quien dedica 7 págs y también otros biógrafos. En primer lugar, fue el P. Míguez el último de los cuatro hijos del matrimonio formado por D. Benito Míguez y por Dª María González, contra el silencio del P. Otal. A su única hermana la llama María a secas: en todas partes la llamaron Carmela, sin duda, Mª del Carmen. El P. Olea la coloca en tercer lugar y fue el primer vástago. También queremos recalcar que el Santuario de los Milagros no era Seminario de la Diócesis de Orense, sino una de las preceptorías, a semejanza de otras muchas repartidas por toda la geografía de España, donde se cursaban las humanidades. No es exacta la aseveración del P. Cerdeiriña de que entonces estaba “encomendado a la solicitud de los Hijos de San Vicente de Paíl” pág 10, idem). Igualmente se le escapa de los gavilanes de la pluna la inexactitud de “cumplido el año de noviciado”, cuando es obvio, y él lo hace constar en otras ocasiones, que entonces el noviciado comprendía dos años y el P. Míguez estuvo en él dos años y 35 días. Supone el P. Bau en un intento de buena voluntad y adelantándose a los acontecimientos, que ya entonces pudo el P. Míguez dedicarse en Cuba a sus aficciones del estudio terapéutico de las plantas y hasta iniciarse en el uso de preparados de globulitos de homeopatía. Me parece muy prematura esa suposición, porque el P, con sus 26 o 27 años no había tenido ocasión de estudios especiales sobre ciencias naturales que empezó entonces a enseñar, durante un lapsus de tiempo tan reducido. Veremos más adelante un proceso mas racional de sus aficciones y dedicación a estos menesteres. No ha dejado de extrañarnos tambén mucho la afirmación del mismo P.historiador, de que “el 10 de marzo, cuando el P. Collaso pidió permiso para descansar en españa, después de su campaña para la construcción del pabellon de Normalistas, se llevó consigo al P. Míguez, para dejarlo en Castilla, sin regresar ya más a Cuba (pág 185) No comprendemos como pudo acompañarlo nuestro padre, si como se deduce de su carta, estaba ya en la península el 5 de marzo. Tampoco queremos pasar por alto, aunque no pertenazca a este lugar, el lapsus muy notable de que el P. a su vuelta a S. Fernando, tuvo la misma clase que dejara antes de marchar a Cuba (o sea la 2ª de escribir, como ya indicamos en su lugar), y que los 6 primeros años de la estancia del P. en getafe regentó clases de primera enseñanza. Como expondremos más adelante, es completamente inexacto, según puede comprobarse por los estallidos de clases y asignaturas que seconsignan en el libro de matrícula del colegio.
  10. Cf. Catalagus religiosorum Sch.P. Hispaniae et ultra maria qui pie in Dno. obierunt anno 1925, Barcinone,1926.