DelAlamoBiografia/CAPITULO X: RECTORADO DEL COLEGIO DE MONFORTE DE LEMOS (1975-78)

De Wiki Instituto Calasancio
Saltar a: navegación, buscar

CAPITULO IX: LA ESCUELA PIA EN EL REAL MONASTERIO ESCURIALENSE (1872-1875)
Tema anterior

DelAlamoBiografia/CAPITULO X: RECTORADO DEL COLEGIO DE MONFORTE DE LEMOS (1975-78)
Índice

CAPITULO XI: SEGUNDA ESTANCIA DEL PADRE EN SANLUCAR (1879-1886)
Siguiente tema


CAPITULO X: RECTORADO DEL COLEGIO DE MONFORTE DE LEMOS (1975-78)

(Cuarenta y cuatro–cuarenta y siete años del P. Míguez)

El Cardenal de Sevilla, D. Rodrigo de Castro, de la noble prosapia de la Casa de Lemos, pretendió emular a sus antepasados en predilección por el pueblo de Monforte, levantando en el solar de sus Mayores un severo y majestuoso Colegio, llamado, no sin razón, El Escorial de Galicia.

El P. Aquaviva, General de la Compañía de Jesús aceptó la fundación educativa, comprometiéndose los PP. Jesuitas a la instrucción de la población infantil de Monforte y del Valle de Lemos. No menos de ciento setenta años regentaron los PP. de la Compañía ese Centro de Instrucción, impartiendo entre los habitantes de la Comarca los beneficios de sus enseñanzas y la solicitud y cuidado de su celo apostólico.

Al sobrevenir la expulsión de los Jesuitas de España en 1767, en tiempos de Carlos III, quedó el edificio con sus rentas alhajas y demás riquezas que atesoraba, bajo la protección de la Excma. Señora Dª Rosa Mª Castro Portugal, marquesa viuda de Aytona, como patrona de la fundación.

Con la permanencia de tres cátedras, una vez ausentados los Padres Jesuitas, transcurrió la vida de la Institución, por decisión del Patronato tras diversos avatares, hasta los luctuosos días de la invasión napoleónica.

Por dos veces sufrió la población y Colegio las incursiones de las tropas francesas con la consiguiente expoliación de enseres, alhajas y reliquias que custodiaba celosamente el Colegio desde los tiempos fundacionales[Notas 1].

En 1812 la JUNTA SUPERIOR DE DEFENSA DE GALICIA aprobó unas Constituciones provisionales para el buen régimen y gobierno del Colegio, que funcionó en estas circunstancias anormales como Colegio Nacional y Universidad de 2° Enseñanza de la Provincia de Lugo.

Tras un período de vida lánguida como NUEVO INSTITUTO PROVINCIAL, que subsistía con déficit crónico y se sostenía precariamente con las rentas de la antigua fundación, en el curso de 1861-62 trasladaron el INSTITTUTO PROVINCIAL a Lugo. El Centro de Monforte se vio reducido a un simple Instituto Local de exigua vitalidad.

En estas tristes circunstancias el Colegio continuó funcionando hasta que en octubre de 1872 el diputado Sr. Gatián, (sic), según constan en las Actas de nuestra Congregación Provincial, se interesó por el establecimiento de un Colegio de PP. Escolapios. Nuestros Superiores aplazaron la resolución “para cuando la Corporación pudiera contar con suficiente personal”. Por fin el 4 de septiembre de 1874, el P. Julián Viñas Provincial de Castilla, algo restablecido de la enfermedad que lo aquejaba, partió para Monforte acompañado del P. Antonio Serna con objeto de ultimar las escrituras de Fundación con el Ayuntamiento, que fueron firmadas al efecto.

El 30 de marzo de 1873 en las actas de la Congregación Provincial consta la firma del acuerdo para la fundación del Colegio, entre la Casa de Alba que tenía el Patronato de dicho Colegio y el P. Provincial, autorizado para ello por el Rvdmo P. Vicario General de España.[Notas 2]

En el mes de julio de este mismo año se libró el nombramiento de Primer Vice-Rector in capite a favor del P. Manuel Medía de la V. del Carmen.

Muy laboriosas resultaron, sin embargo, estas capitulaciones y no fáciles de aunar las pretensiones del PATRONATO y de las ESCUELAS PIAS.

El Consejo de la ciudad se comprometió por su parte a abonar a nuestros religiosos veinticuatro mil reales anuales en concepto de compensación por atender gratuitamente a la instrucción de la población, y el Patronato hizo la Cesión a la Comunidad del usufructo de la huerta, prados y otras ventajas, el P. Provincial P. Julián Viñas falleció a los siete días de su regreso a Madrid, una vez que hubo firmado las estipulaciones. Para sustituirle como Vicario fue nombrado el P. Casimiro Serrano (12-9-74).

Muy difíciles resultaron estas gestiones de la puesta en marcha del Colegio por enfrentamiento de intereses encontrados entre las partes contratantes. El edificio se hallaba muy maltratado por la incuria del tiempo y el abandono de los años anteriores, de tal suerte que los primeros religiosos que llegaron allí se vieron precisados a pedir préstamos a los particulares para subvenir a las necesidades mas perentorias y arreglar y adecentar los alojamientos y las clases. Había igualmente interferencias o intereses de los Sres. Catedráticos de la situación y gerencia anterior, que exigían su compensación y se resistían a desaparecer o dejar sentir su influencia.

En estas circunstancias tan poco propicias y halagüeñas fue nombrado Rector nuestro P. Faustino, para llevar sobre sus hombros “la carga del Colegio”, según exige S. José de Calasanz en sus Constituciones y enderezar y planificar su desarrollo ulterior.

Era el 15 de agosto de 1875, como hemos reseñado anteriormente, cuando nuestros Padres, víctimas de intrigas políticas de baja estofa, de nuestros émulos, con gran dolor y pesadumbre por la precipitación y forma incorrecta como se había tramitado, se vieron expulsados del Real Monasterio de El Escorial, trasladando el Noviciado a Getafe y el Juniorado a Alcalá de Henares. Nuestro P. Faustino queda disponible de sus clases y ocupaciones. El P. Viceprovincial, Casimiro Serrano, puso en él la mirada para dar solidez y prestigio al recién nacido Colegio de Monforte de Lemos[Notas 3] .

Cuatro años estuvo nuestro Siervo de Dios en dicho Colegio, tres como Superior y otro como mero súbdito (1875-79).

Como dice el P. Cerdeiriña en su esbozo de biografía: “Siempre había sido el primero en la enseñanza y en la disciplina regular en todos los Colegios donde había estado. ¿Qué no sería cuando fuese el encargado de imprimir el movimiento, la vida, la ley y la piedad, como Superior de la Casa? El pecho impávido con las clases de mayor compromiso, como la Historia Natural y las Físico-Químicas, además del francés y el inglés”[Notas 4].

No hemos podido consultar los libros de la Casa de Monforte, que, por desgracia, en la algarada frente-populista de 1933-34 se extraviaron y de esta suerte verificar todos estos extremos y demás vicisitudes de su Superiorato, como hemos realizado en Getafe y Sanlúcar, pero no cabe la menor duda que sus prestigios pedagógicos, ya también cimentados en otros Colegios, se desarrollaron aquí en todo su esplendor. Como luego diría uno de sus discípulos de esta época, el Sr. Novoa, Procurador de los Tribunales, gozaba de tanto prestigio y solvencia en las clases que “se aprendía con sólo oírle y sin libros”.

También hay indicios de que aquí se dedicó con mayor intensidad y constancia a sus experimentos de Medicina empírica, pero con perspectivas y métodos diversos a los empleados en Sanlúcar, conocido nos es que en la ciudad andaluza, basándose en el análisis de las aguas medicinales, llegó a las aplicaciones terapéuticas de ellas por la utilización de bebidas, baños y friegas, que le proporcionaron resultados admirables y curaciones muy sonadas.

Pero desde estos tiempos de una manera preferente dirige sus experiencias y prácticas al conocimiento más profundo de la Botánica y las propiedades medicinales de las plantas, donde, según su opinión, la Providencia ha colocado el remedio de todas las enfermedades. En estas circunstancias analiza, estudia, experimenta, estudia las virtudes curativas de las plantas en sus tallos, raíces, semillas, por medio de tisanas, infusiones y estratos, consigue igualmente curaciones rayanas en lo inverosímil, que algunos atribuyen no tanto a sus conocimientos científicos, cuanto a la taumaturgia de su virtud. Hasta la hora de su muerte estuvo obsesionado por el descubrimiento y la curación de la tuberculosis y del cáncer, consideradas con razón los más terribles azotes actuales de la Humanidad.

En la hermosa huerta del Colegio de Monforte había acotado una parcela, donde bajo su cuidado y vigilancia crecían la genciana, ruibarbo, la arcangélica y otras muchas plantas medicinales, por medio de las cuales conseguía curaciones extrañas y maravillosas. Eran ya muchos los casos de curaciones inexplicables y asombrosas, que corrían por la población de boca en boca, propaladas por sus mismos protagonistas y beneficiarios. “Aún viven los que me han referido con gran lujo de detalles la curación de un niño desahuciado de los médicos y hecho todo su cuerpo una llaga, cuya curación que hizo el P. Faustino Míguez en el breve espacio de cuatro días. Y en el mismo Monforte donde había realizado esta buena obra hizo otra cura que yo le oí al mismo P. Faustino y que tuvo lugar en un caballero atribulado por enormes padecimientos, que en él habían tomado carta de naturaleza, y a quién acompañando por el Colegio por fin lo llevó a la huerta, y cuando le tuvo delante de las plantas medicinales que habían de darle la salud, le dijo que estaba de esa manera porque quería, pues el remedio lo tenía en la mano. “Estas plantas, le añadió, LE PONDRÁN A VD. BUENO, si se MEDICINA CON ELLAS”. Al poco tiempo volvió el caballero, ya curado, a dar las gracias al P. Rector del Colegio de Monforte[Notas 5].

Pero quizá en estos pasatiempos, ilusiones y obras de caridad por el prójimo necesitado e indigente hallaba las compensaciones de paz, alegría y satisfacción que intentaban negarle los hombres y al acontecer diario. En sus estudios, experimentos medicinales y vida piedad se refugia y acoge para huir del amargor de la vida y de las incomprensiones y flaquezas de los hombres.

El Alcalde y cabecilla político Sr. Guitián no cumple los compromisos contraídos solemnemente con el Colegio y se hace “sordo” a los llamamientos y reclamaciones que le exige el P. Rector, como Administrador de los intereses del mismo.

Pretender ignorar que tiene que habérselas con un hombre insobornable, justiciero, fiel defensor de sus derechos, injustamente conculcados. Los ediles con su alcalde a la cabeza, se vieron por fin obligados a reconocer sus compromisos y a renunciar la defraudación que cometían en la aportación prometida y pactada en las capitulaciones.

Pero no sólo fueron los representantes del pueblo los únicos que acibararon la gestión del Superiorato del P. Faustino. También el Conde de Lemos y algunos particulares pusieron a prueba su paciencia, su entereza de ánimo y los conocimientos no vulgares de los negocios públicos, como se deduce de la constatación de estos incidentes en las Sesiones de nuestra Congragación Provincial. Esta estuvo a punto de cerrar el Colegio y poner fin a la fundación, ante las informalidades de que hacían gala LOS GESTORES de los asuntos públicos del Municipio.

En las Actas aludidas podemos encontrar dos referentes a los incidentes relatados:

“En la sesión del 15 de agosto de 1876 se trató del mal estado en que se encontraba el Colegio de Monforte respecto a intereses y a consecuencia de una carta del Rector del mismo: “En la que decía que un acreedor le había pedido su débito con intereses de los que nada se sabía y que detrás de este vendrían otros, etc…”Se admitió en un principio la clausura del Colegio… Sin embargo, en la sesión del día 28 del mismo mes añade el Cronista: “se desistió de la idea del abandono del Colegio de Monforte, puesto que el Ayuntamiento y el pueblo condonaban el anticipo que los particulares habían hecho al COLEGIO para su instalación, por los atrasos que el Ayuntamiento debía al mismo y toda vez que garantizaba el cumplimiento del contrato fundacional. Para mejor asegurar esta disposición de Ayuntamiento se acordó que pasase en Comisión a Monforte el P. Antonio Serna”.

Surgieron, además otras reclamaciones, con intento de embargo de las rentas del Colegio para pagar las asignaciones a D. Manuel Parrilla y otros tres Catedráticos, que habían quedado cesantes, al hacerse cargo de la gestión del Centro educacional nuestros religiosos.

En la misma vida de convivencia de la Comunidad hubo disturbios y actitudes poco edificantes de algunos individuos reacios a la disciplina y vida común, a los que tuvo el P. Rector que conminar en nombre del P. Provincial y de su Congregación con penas canónicas graves, como la suspensión adivinis” Si no había enmienda[Notas 6].

Todas estas tensiones, que se enfrentaban con su carácter rectilíneo, observante y cumplidor fidelísimo de las REGLAS Y CONSTITUCIONES, le presionaban reiteradamente a alejarse de estos sinsabores y compromisos y a dedicarse con mayor intensidad a su vida interior y a sus aficiones especiales[Notas 7].

Son los estudios y descubrimientos científicos los que le atraen y subyugan, es su intensa vida de piedad y el apostolado especifico los que le satisfacen plenamente. Siente una especie de alergia y repulsión hacia los cargos y prelacías, que le acongojan y preocupan y no se avienen con su carácter retraído y sus inclinaciones introvertidas. De ahí que ya en 1877, a los dos años de su nombramiento de Superior, el Rvdmo. P. Vicario General José María Martra comunicaba al P. Provincial que por “Seis veces” había solicitado el P. Míguez el relevo de su cargo. En vista de sus reiteradas súplicas consideraron los Superiores legítimo exonerarle de carga tan pesada y esquiva a su peculiar idiosincrasia el 7 de septiembre de 1878, al cumplir el trienio reglamentario. Nombraron para sustituirle, como Vice-Rector in capite, al P. Antonio Serna. Este no aceptó el encargo, porque suponía para él su desplazamiento de Madrid, donde ejercía el cargo de Vocal y Secretario de la Congregación Provincial. Le sustituye en el cometido el P. Calixto Soto[Notas 8].

Hay un inciso en la comunicación oficial, al admitirle la renuncia del cargo de Rector, que nos llamó poderosamente la atención desde el primer instante que lo conocimos, y que plantea una serie de problemas de no fácil solución. El motivo de la intriga es una sola línea final, que dice en tono enigmático :”Concediéndole permiso para marchar a Buenos Aires. “Pero ¿Cómo puede marchar a Buenos Aires un religioso profeso, fuera de su nación y provincia? ¿Había Colegio de Escolapios en Buenos Aires en aquella época? ¿De quién dependía? ¿Había solicitado el P. Faustino tal permiso o se le concedía benévolamente? Todos estos extremos y otras muchas implicaciones que se deducen de tal aserto, requieren algunas aclaraciones, vislumbro en parte, pero que no puedo solucionar definitivamente por falta de datos y documentos en que fundamentarla. Intentemos, sin embargo, apuntar algunas soluciones, en gracia al lector, que quizá no están muy alejadas de la verdad[Notas 9].

En el último decenio antes de esta fecha (68-78) que intentamos aclarar habían sucedido en nuestra Patria una serie de acontecimientos trascendentales, tanto en la vida religiosa como política. El año 1868 quedó señalado en la historia como el de la Revolución llamada”. LA GLORIOSA”, con el destronamiento de Isabel II y su expatriación a Francia. En 1873 tuvo lugar la Revuelta de los Cantonales y la proclamación de la I República, y por fin, tras el fracaso de ésta, que se presentaba inviable en España, la Restauración Borbónica de Alfonso XII, con el Pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto.

Por tres veces, durante la vida del Padre, desde 1834, en menos de cuarenta años, había estallado la GUERRA CIVIL, en nuestra Patria, con terribles rebrotes de violencia sin cuartel entre las dos facciones en que se hallaba dividida España: liberales y tradicionalistas.

Estas convulsiones y reacciones, casi siempre violentas por ambas partes, produjeron en todos los órdenes una desorientación muy acusada, de manera especial en el terreno político y religioso. Fueron crisis muy similares a las que hoy día tenemos planteadas en el Mundo, la Iglesia y nuestra Patria. Ideas de libertad a ultranza, progresismos, democracias de distintos sesgos, aperturas indiscriminadas, relajación de costumbres, indisciplina de la vida religiosa, que repercutía en el bajo nivel de la vida sobrenatural, con frecuentes exclaustraciones y aún apostasías y conatos de rebeldía más o menos encubiertas en la vida comunitaria. Todo ello se percibe repasando los libros de Crónicas de nuestras Casas y el libro de Sesiones de la Congregación Provincial, que señalan, como un observatorio astronómico, las bajas y altas temperaturas, las borrascas y las sequías o los breves remansos de paz en la vida de nuestras Comunidades y de nuestra Orden y Patria. No me resisto a copiar una relación dela sesión Provincial de enero de 1869, como botón de muestra de la relajación que había invadido a nuestra Casas de Formación. Son el índice más claro de la prosperidad y decadencia de una Institución Religiosa y aún de toda la Iglesia; las Casas de Formación o Seminarios son como el regazo de la madre para la criatura de sus entrañas. Estudiar y proyectar esta panorámica resulta más significativo y elocuente que cuantos razonamientos podemos exponer para clarificar los tiempos calamitosos que le tocó vivir a nuestro Padre gran parte de su vida religiosa; de manera especial, durante el tiempo de su mandato, como Superior. El ambiente de relajación religiosa en que tuvo que desenvolverse su integridad, su generosidad de entrega a un ideal de perfección tan combatido y denigrado en aquellos años calamitosos, forzosamente tuvo que producirle una repercusión dolorosa y deprimente de la triste condición humana, tan proclive a admitir y fomentar toda suerte de extravíos y olvidos, aún de los compromisos más sagrados.

“En la sesión de este día se trató de la petición del P. Alejandro Real relativa a no serle posible continuar de Maestro de Novicios y Juniores de Alcalá (fundado en que no es para y que compromete su honor y su conciencia a causa de la indocilidad, desaplicación y ninguna religiosidad de cierto número de Cursantes). Se acordó tomar tiempo para meditar tan grave asunto y resolver lo más acertado. Madrid, 29 de enero de 1869. “

Pocos días después se publicó un decreto en el que se dispone sean expulsados de nuestra Congregación SIETE de los cursantes, que se citan con nombres y apellidos. Madrid, 28 de enero de 1869[Notas 10].

Este ambiente de insubordinación y desprestigio de la vida religiosa no era privativo de nuestro Instituto, sino general en todas las esferas de la vida nacional y religiosa. También entonces había hombres clarividentes que veían el mal y querían poner remedio y aplicar la medicación conveniente…; pero otros, ciegos y guías de ciegos, cerraban sus ojos para no ver la relajación ni alarmarse con la epidemia espiritual que arruinaba la vida religiosa. Como el famoso S. Gregorio Magno ante el derrumbamiento del Imperio romano y la invasión de los bárbaros, querían poner un valladar a la ruina de toda una civilización que se desmoronaba: “Toda Europa es hoy día presa de los bárbaros – clamaba el Santo-, las fortalezas están arruinadas, las ciudades destruidas, las tierras incultas y la vida de los fieles en manos de los idólatras.” Y Thomas Mölnar nos escribe sobre los bárbaros de hoy, mucho más peligrosos y demoledores que los de antaño: “Una cosa es cierta: nuestras sociedades, complejas y altamente desarrolladas, no podrán por largo tiempo, sufrir la invasión de los bárbaros del interior que le devoran la sustancia. Los guardias rojos diplomados en el interior de las ciudades son mucho más peligrosos que las hordas armadas, frente a las puertas de las ciudades. “No faltaban entre los nuestros, tanto Superiores como individuos particulares que acudían con sus providencias a poner en guardia y proponer remedios a aquella avalancha de confusionismo y relajación que invadía las Casas Religiosas y nuestros Colegios, como en el momento actual; si pronto se tomaran determinaciones, como en los siglos pasados, quizá no tardaría mucho tiempo en pasar la tempestad y renacer la calma. Oigamos a nuestro P. Pedro Álvarez, que en carta al P. Casanova le expone la enfermedad y los remedios: “El malestar se va haciendo crónico, por haberse desmoronado completamente el principio de autoridad; el espíritu del siglo se va infiltrando en el claustro y no se halla quién mande con gusto, porque falta quien obedezca con conciencia… hay una profunda sima entre antiguos y modernos, imposible de allanar, producida por la interrupción de los doce años en que estuvo nuestra Congregación sin admitir gente, y también por no haber puesto al frente de los nuevos reclutamientos sujetos de edad y de experiencia, una de las principales causas, en mis cortos alcances, del mal que sufrimos: V. Reverendísima sabe ya mi modo de pensar en esta parte; por no haber querido o podido expulsar a tiempo a los elementos perturbadores, el mal ha crecido hasta lo sumo, pues las circunstancias de los tiempos hacen no sean aplicables otros remedios, y, al fin y a la postre, o habrá que acudir a aquel o nos hundiremos irremisiblemente.” ¿Qué diría el bueno del P. Álvarez, si le hubiera tocado vivir en estos tiempos? (carta 29-VI- 1869, R. Gen. B. 242)[Notas 11].

Esta efervescencia de ideas y desquiciamientos de los fundamentos religiosos continuó con algunos pequeños intervalos hasta la RESTAURACION y la FIRMA DEL NUEVO CONCORDATO CON LA SANTA SEDE. Durante estos últimos coletazos de la relajación y desorientación, con chacota y desprecio de los valores sobrenaturales, tuvo que desenvolverse la etapa que estamos historiando en la vida de nuestro Padre. Choques violentos de mentalidades audaces, explosión más o menos larvada de ideas mal digeridas, que si los Superiores no estaban muy alerta podían terminar por barrenar la sustancia de la vida religiosa de consagración a los más altos ideales. Solamente saneando las fuentes puede lograrse que las aguas del río no vayan contaminadas y produzcan daños y desolaciones, que luego a la larga todos tenemos que lamentar. ¡Como tenía que rechinar la personalidad religiosa de nuestro Padre ante estas perspectivas tan desconsoladoras! de quién nos dice su primer biógrafo y paisano: “No hay en absoluto en toda su vida un solo hecho que pueda empañar su fama de RELIGIOSO MACIZO Y PROFUNDAMENTE ESPIRITUAL… La religiosidad era su idiosincrasia, la piedad su característica y el cumplimiento de sus deberes el marchamo de todas sus acciones”. [Notas 12].

Pero volvamos a la cuestión tan acuciante de su pretendida marcha a Buenos Aires.

El P. Ramón Cabeza de la V. de los Dolores, que había sido Maestro de Novicios y Juniores durante muchos años y desempeñado en la Orden otros cargos de importancia, con reputación de austeridad y observancia, se propone, ante la panorámica de relajación que vive a su alrededor y que a veces alcanza hasta las cimas de algunos Superioratos, partir para América y fundar allí en tierra de Misiones o en otro lugar un Colegio de nuestra Orden donde florezca la observancia y estén en todo su vigor las Constituciones que nos legó nuestro Santo Fundador, sin mitigaciones de ningún género. Durante varios años forcejea con su P. Provincial y con el P. Vicario General de España para obtener la licencia competente…, pero sin resultados prácticos y dando largas al asunto con motivos más o menos espaciosos. No se les oculta que si conceden permiso bajo esas pretensiones…, era declarar palpablemente que en su jurisdicción no había observancia y que ellos eran los responsables más o menos directos de esos estados de opinión y de sus consecuencias. Todavía sube más de punto la incongruencia cuando se le hace la proposición de concederle la”. Licencia de marcha “Si reconoce las anomalías de la Imprenta, cuyo desfondo económico se le achacaba. Pero el P. Ramón Cabeza, hombre volcánico y emprendedor, como pocos, que en solo seis años que había dirigido la famosa Imprenta de S. Fernando, de la que había sido Fundador y Director, había lanzado al público millares y millares de ejemplares de toda suerte de obras, desde el DICCIONARIO Y GRAMATICA GRIEGA, únicos en nuestra Patria durante muchos decenios, a la HISTORIA de ISLA, la TEOLOGIA DE PERRONE, etc., y una multitud de folletos de divulgación. Algunos de ellos, como el de PIO XII y LAS MEJORAS DE SU GOBIERNO, ¡nos dejarían perplejos y admirados en la actualidad!, con 60.000 ejemplares de tirada[Notas 13].

Por fin se cansa de tanta dilación y acude al General Romano P. Calasanz Casanovas y a la Sgda. Congregación Romana de Obispos y Regulares. Estos por diversos motivos, fáciles de comprender, dada la situación de relaciones entre ambas potestades, desde el DECRETO”. INTER GRAVIORES”, no ven con malos ojos esa determinación y acogen con cierta simpatía el intento del Padre. En efecto, después de varias incidencias, el P. Cabezas se trasladó a Roma y desde allí gestionó su marcha a la Argentina con cuatro padres más de nuestra Provincia, que le habían ofrecido su cooperación. Fundaron en las cercanías de Buenos Aires un Colegio, donde, según sus pretensiones, se proponían observar en”toda su pureza e integridad las REGLAS PRIMITIVAS”. .

En esta primera tentativa no desea que le acompañen más que tres o cuatro religiosos, pero asegura en su correspondencia al P. Vicario General de España que son varios los religiosos que están a seguirle y poner en práctica esta experiencia. En efecto en las zonas del extrarradio de Buenos Aires llegaron a fundar un Colegio con amplísimos terrenos y otro en Tucumán, que podría servirles de Casa de Probación para los futuros religiosos, que se vieron obligados a reclutar de España, ante el gravísimo problema de la escasez de vocaciones americanas. Entre estos jóvenes provenientes de España se encontró el Rmo. P. Vicente Lascaray, de santa memoria, que posteriormente llegó a ser Asistente General en Roma y murió incorporado a nuestra Provincia de Castilla, en el Colegio de Villacarriedo, en edad muy avanzada. ¿Por qué fracasó este intento tan progresivo? ¿No encontró viabilidad jurídica? ¿Por culpa de quién? ¿Cómo permitieron nuestros Superiores la extinción y muerte de una obra que perduró ocho años? Nunca parece que pueda dudarse de la buena voluntad de los iniciadores de esa experiencia. Puede ser que el P. Cabeza y sus adherentes cometieran algunas torpezas en la tramitación del ensayo, pero no creo que se atreva nadie a exculpar a los que no tuvieron perspicacia para aprovechar aquella coyuntura de asentamiento en América, una vez vencidas las mayores dificultades y obtenido los primeros resultados. No se concibe que aquella experiencia tan progresista muriera de inanición por” falta de aliento y asistencia de los Superiores”. Una cerrazón intelectual en el P. Provincial y Vicario de España y una timidez y perplejidad resolutiva de los Superiores de Roma hicieron fracasar una experiencia tan prometedora. El P. C. Vilá quiere”. Quitar hierros”. A esta, que llama “hervor de juventud” del P. Faustino, y dice que el lector menos avisado reconocerá por esa referencia una exaltación pasajera. No era tan joven el P. Míguez en aquella sazón, pues contaba cuarenta y tres años, y eran esos sentimientos la expresión de su manera de pensar ante la situación del panorama religioso de nuestra Corporación y de la Vic. General en España. Sospecho que muestro Padre Faustino estuvo comprometido de alguna manera en estas experiencias, que tan perfectamente rimaban con su genio emprendedor, su carácter independiente y desprendido y su celo conocido por una exigencia efectiva en la observancia.

Han venido a confirmar mis sospechas dos relaciones halladas a este respecto. La primera, de un P. llamado Lorenzo Bragulat, que convivió con el Siervo de Dios en Sanlúcar de Barrameda durante cierto tiempo. Uno de los testigos del Proceso Diocesano de Beatificación depone que le oyó decir respecto del Siervo de Dios”. Que era muy observante y que decía que se guardaran en la Orden las primitivas Reglas y OBSERVANCIA de los Escolapios, lo que no le parecía bien a aquel P. Bragulat”[Notas 14].

La segunda confirma plenamente y pone de manifestación el pensamiento íntimo y desgarrado de nuestro Padre, mediante la transcripción de una carta autógrafa, y hasta hace poco desconocida, al Rvdmo. P. General Romano, Calasanz Casanovas, donde le expone: “Escorial y 22 de febrero de 1874. Rvdmo. P. General: Al ver que la inobservancia y el… ha prescrito por su impunidad en esta desgraciada Provincia Castellana y al saber con verdadera fruición por alguna carta que en la República Argentina se observa nuestra regla primitiva, no puedo menos de suplicar a V. Rvdma., se digne manifestarme si es cierta dicha reforma y darme en tal caso su licencia, órdenes y bendición para incorporarme a dicha naciente Provincia Argentina. Que no me ha traído, Rvdmo. P., la Santísima Virgen a un teatro ni para alternar con ellos, sino para trabajar en su grey predilecta y salvar mi alma a toda costa. Espera rendidísimo sus instrucciones, órdenes y bendición, éste su humildísimo hijo en Jesucristo, q. b. s. m., Faustino Míguez de la Encarnación”[Notas 15].

No marcha para América nuestro Padre, como parece le inducen los mismos Superiores con su insinuación y permiso, sino que la Divina Providencia le tenía destinado para más alta aventura aquí en nuestra Patria.

En septiembre de 1879 (no consta el día), en el libro de Registro de Secretaría Provincial (fol. 179) partió de nuevo para Sanlúcar de Barrameda, la población de sus grandes triunfos científicos y admiración de las personas más ilustres y de los Regidores municipales, que lo consideraron siempre como “hijo predilecto de la población”. Ahora trocará él, sin embargo todos sus triunfos científicos en afanes apostólicos más espirituales y de mayor proyección para bien de las almas y del pueblo que consideraba su segunda Patria y en la que será venerado “en olor de multitudes”, que perdura todavía hasta nuestros días.

El Secretario local P. Antonio Herrero consigna la llegada del Siervo de Dios a su nueva residencia y providencial destino el 5 de octubre de 1879.

Aquí podrá desde ahora alcanzar la cúspide de su vida en ansias de apostolado al fundar una NUEVA CONGREGACION RELIGIOSA, que concreta al máximum la glorificación de Dios, la salvación de innumerables almas y el gran ideal de su santificación propia.

Notas

  1. Aún ahora conserva el Colegio, además del maravilloso retablo de Moure en la Iglesia, varios cuadros de valor, del Greco, Andrea del Sarto y de Ribera, el famoso autógrafo del Libro de Cetrería del Canciller López de Ayala y una copia del famosísimo cuadro de Van der Goes, titulado “La adoración de los Reyes Magos”. El original se encuentra en el museo de Berlín, enajenado por la Fundación en 1914.
  2. Libro de Actas de la Congregación General. fol. 120 “ En la sesión de este día se acordó la Fundación del Colegio de Monforte, firmándose por el P. Provincial, autorizado por su rvdma, la escritura con la Casa de Alba que tiene el patronato de dicho colegio.
  3. En el C. Provincial celebrado en Madrid el 30 de Junio de 1875, que constituía el XVIII de nuestra Provincia al nombrar las ternas para Rectorados, que solían formarse por los cinco miembros de la congregación Provincial y otros cuatro nombrados por todos los Capitulares (para cubrir esta finalidad) encontramos en el primer lugar de la terna para el Rectorado de Monforte el nombre de nuestro P. Míguez , que obtuvo 8 votos favorables de los nueve electores.
  4. En la reorganización que el P. Valverde ha hecho del archivo de nuestra provincia, han aparecido en Madrid En los tomos II y III del Libro de Crónicas del Colegio, pero el I que correspondería al superiorato de nuestro padre no hay huellas hasta el presente. (Confirma la exposición anterior del texto de las actas de Congregación Provincial . Fol. 128.)
  5. El P. Faustino Míguez , de las Escuelas P. , por el P. J. Cerdeiriña Orense 1925. ( págs.. 30 a 34 ).
  6. Cf. “ Actas de La Congregación Provincial, fol. 129 – b Consúltense igualmente del 8 y 11 de enero y 25 de febrero de 1877 para comprender estas tensiones. Para que quede constancia de ellas y se clarifiquen muchas actuaciones las ponemos a continuación. En la junta del 29 se leyó una carta del P. Rector de Monforte (P: Míguez) en la que decía que los PP. Juan Fernández, José Miralles y Cristobal Ontiveros se habían negado a prestar su consentimiento para autorizar al procurador de aquel pueblo a fin de que pudiera demandar judicialmente al Sr. Conde de Lemos (según previenen las escrituras de Fundación), para que pagase cierta cantidad al colegio. Se resolvió que el P. Provincial, como parte contratante de la Fundación mandase in of. a dicho procurador, autorizándole al efecto, en el caso de que la autorización de aquella Comunidad no fuese bastante, por cualquier incidente. También se determnó mandar otro oficio a los citados Padre, haciéndoles ver su conducta contradictoria con la que antes habían observado cuando el municipio no les pagaba y atentaria a la autoridad de los PP provinciales que habían intervenido en la Fundación, intimándoles por último que de no prestar el consentimiento que se les pedía y que estaban obligados a otorgar se procedería a lo que en justicia hubiese lugar, 29 de diciembre de 1876, Antonio Serna de J.C. (folio 129 b). En la sesión o junta del 8 de enero de 1877 se leyó una carta del P. Rector (P. Míguez en la que decía que el hno Dioego Blanco Op. De totos simples a consecuencia de una reyerta que había tenido con el Hno Mateo, no quería someterse a la absolución de censuras mientras no le probare por qué; que se le formase causa y que rehusaba la autoridad del p. Rector. Se determinó que este escrito, firmado que venía del mismo,, de dos testigos y del mismo hno Diego, pasase como se hizo al Rvdmo P. Vicario General. En la sesión o junta del 11 de (enero) de 1878 se leyó un acta que el secretario de la comunidad del colegio de Monforte mandó al P. Provincial sobre la contestación que dieron los PP. Juan Fernández, José Mirallles y Cristóbal Ontiveros al oficio que dicho P. Provincial les mandó el 31 de diciembre próximo -pasado, y también se dio lectura de una carta firmada por los PP.cuyo contenido era muy irrespetuoso a la autoridad Provincial. En vista de esto se determinó que así el acta como la carta pasasen a los jueces nombrados por el Capítulo Provincial para que los examinasen y diesen su parecer. El 25 de febrero de 1878 se trató y se sobreseyó la cuestión de ls PP.Juan Fernández, José Arguelles y Cristóbal Ontiveros en vista del Oficio que mandaron de sumisión y de estar dispuestos a coadyudar en bien de su colegio etc.. Antonio Serna, de J.C.. Secretario.
  7. No tenemos seguridad sobre elorigen de estos nuevos rumbos y directrices en la aplicación de la Botánica a la curación de la enfermedades que desde su estancia en Monforte van a proporcionar a la figura del Padreun relieve y forma singular. Hay diversas opiniones que vamos a consignar como complemento de lo que dijimos anteriormente en el Capítulo dedicado a su estancia en el Escorial Quizá entre la fronda y maraña de ellas se encuentre la verdad o parte de ella. Entre las relaciones sobre la vida y hechos del Padre consideramos siempre como las más interesantes, las consignadas por Don Tiburcio Ruiz de la Hermosa, Arcipreste de Daimiel. El P.Míguez, tan cerrado y austero en la exteriorización de su vida e intimidades, le dscubrió muchos secretos y sucesos de su existencia, que no reveló a nadie, que nosotros sepamos. Nosotros mismos al párroco de Daimiel noticias y sucesos referentes a él muy interesantes e inéditos, cuando en el año 1950, con motivo del traslado de los restos del Siervo de Dios desde nuestro panteón del cementerio a la capilla de las Religiosas Pastoras, donde ahora se encuentra, permaneció algunos días en Getafe. En el opriceso diocesano de Madrid a este respecto manifestó don Tiburcio: muchas cosas las tomó de la Biblioteca secretade El Escorial en la época en queél estuvo allí de Bibliotecario, sobre todo de autores antiguos como Avicena y otros” (tes. Pág. 99) El Hno. Cirilo Vásquez por su parte testifica : “No se cuando empezó el S. de Dios a elaborar sus específicos, pero he oído que aprendió las cualidades curativas de las plantas durante su estancia en América. “ (Proc Dioc. pág. 219 – r).
  8. “ En la Junta del 8 de septiembre se leyó una carta del Rvdmo P. Vicario sobre si convendría admitir la renuncia de Rector que por sexta vez había presentado el P. Faustino Míguez y se acordó dejarlo a la discreción de dicho Rmo. “ (Actas de la Congregación Provincial Fol, 132 – b)
  9. “Libro de Actas de la Congregación Provincial . Archivo de la provincia de Castilla. “Rezadas las Preces de costumbre, el P. Provincial anuncíó la Renuncia del Rectorado de Monforte, hecha por el P. Faustino Míguez y admitida por el Rvmo P. Vicario General, concediéndole permiso para marchar a Buenos Aires. (Fol 135-a). Libro de Actas de la Congregació( Provincial (Sesión del 6 de marzo de 1876).
  10. Libro de Actas de la congregación Provincial (Fol 135-a ) Cf. El P . fautino Míguez de las E.P., por el P. Joosé Cerdeiriña, orense,Imp “la Región”, pág 17.
  11. Carta del P. Pedro Álvarez al Rmo. P. General Casanovas del 29 de 6- 1869.(R. Gen. B 242. S. Pantaleón. Roma).
  12. El P. Fautino Míguez de las E.P., por el P. José Cerdeiriña, Orense, 1.925, pág. 17.
  13. Libro de actas de la Congregación Provincial Sesión del 20 de enero de 1869. Pág. 104. Confirma la historia documentada del real Colegio de E.P. de San Fernando de Madrid, por el P. Francisco Vesga, 1928, pág 149.
  14. PROCESO DIOCESANO DE MADRID. Test. de Sor María de la Trinidad, religiosa Concepcionista Franciscana, de Santa Úrsula, en Alcalá de Henares, en el siglo, Marcelina Valtierra Tordesillas. (pág. 342 r)
  15. Tomamos esta carta del libro del P. Claudio Vilá, titulado “Calasanz Casanovas”. Salamanca, 1970, pág 262.3. estamos conformes con la mayor parre de las conclusiones y relaciones de tramitación y fracaso de la experiencia americana del P.Cabez, pero no acabamos de entender cómo juzga tan severamente la conducta del P. promotor principal y no señala la responsabilidad tremenda que contrajeron los que directamneete gobernaban la Escuela Pía, tanto al principio, el P. Provincial, Julian Viñas,, como el VicarioGeneral de Españ, P. José Balaguer. No deja de exreañarnos la frase del mismo P. Claudio Vilá en la pág 398, donde dice: “por fin triunfaba el P. Cabeza, a pesar de la oposición de los castellanos.” Sin duda se olvida que si el P. Viñas era castellano, no así el P. Balaguer, que se opuso tanto como su propio Provincial. Respecto de la línea seguida y de la tramitación de todo este negocio de las Escuelas pías Americanas, tengo que decir que me defrauda la actitud del Rvmo P. Casanovas. Una obra en marcha, un ideal soñado, con la bendición de la Santa Sede y demás organismos competentes de la Curia de buenos Aires y dejar que pereciera al cabo de 8 años de existencia, no me parece ningún éxito del que pueda gloriarse nadie y menos los que desde Ronma le habían embarcado. A propósito de la nota sobre el P. Faustino que consigna en tal aventura el P. Claudio Vila´en la pág. 383 de su interesante libro, queremos decir que por dos veces incurre en una inexactitud notable, al señalar al P. Míguez como residente en el Colegio de Übeda, en donde no estuvo jamás de comunidad. Sin duda la equivocavión proviene de la defectuosa traducción de la ”consueta”, donde se dice “Eburam”, que es Sanlúcar de Barrameda, no Übeda. Libro de registro de la Secretería Provincia folio 170) Sin ánimo de condenar ni exculpar a nadie, y dejándolo todo a juicio del Señor, que permite a veces ciertas obcecaciones, aun en los hombres más eminentes y por tal tenemos al Rvmo P. Casanovas, queremos consignar, para conocimiento del lector y para constancia de nuestro desconcierto ante la tramitación y solución tan decepcionante e ingrata del problema de las Escuelas Pías Americanas, estos retazos de cartas y comunicaciones que hemos hallado en el archivo de Roma: “ El P. Provincial Julián Viñas con su Congregación y testificado y confirmado por la aprobación del p. Vic. General José Balaguer, pide a la Santa Sede la expulsión de los pP. Ramón Cabeza de la Dolorosa, Castor López de la Virgen del Carmen, Pedro José Díaz de la inmaculada Concepción, Fermín Molina del Dulce Nombre de María, Benito Barragán de Santo Tomás, Glicerio Junquer de la Natividad del Señor y Anastasio Domínguez de Jesús y María y que sean considerados como apóstatas. P. Julián Viñas (30-IX-1872), P. J. Balaguer(30-X-1872). Pero en una carta del P. Provincial Julián Viñas del9 de octubre de 1872, desde Madrid, al Rvmo P. Casanovas, atempera su fulminación con estas palabras: “Si porque el P. Ramón Cabeza dio ciertos pasos cuales fueron el acudir a esa capital, presentarse a vuestra Rvma, etc., V. rvma. cree que no debe ser confundido con los otros: excñúyase muy enhorabuena su nombre de ese número de desgraciados apostatas que arrastrados por la corriente revolucionaria, vagan por el siglo…” (No creemos sinceramente que ni el P. Cabeza ni el P. molina que fue también después rehabilitado en Argentina pudieran considerarse como relajadores y víctimas de la revolución). Pero cómo podemos juzgar benignamente el abandono en que los dejó el P. Casanovas, que, debatiéndose entre mil dificultades, cinco años después tiene que confersar que “por la educación moral y la instrucción de los alumnos no he oído mas que elogios y de esto que es muy principal, me congratulo con Vd. muy sinceramente. Entre las múltiples soluciones que podrían haberse adecuado, el mismo P. cabeza le pone la siguiente: “Bbuenos Aires, abril,19-1877. Aquí llegan los PP. Salesianos, todos de Italia y hacen fundaciones cuantas quieran. ¿ Por qué nosotros no hemos de aprovechar la ocasión que se nos presenta? Si, pues la mayor parte de los Escolapios de la Provincias Dsueltas (Nápoles y Sicilia, fuera del texto) SE HALLAN ENSEÑANDO Y AL SERVICIO DEL MUNICIPIO, ¿POR QUÉ NO VENIR AQUÍ CON MEJORES CONDICIONES AÚN?. (he subrayado esta última parte de la carta porque ella sola nos provca una serie de interrogantes desconcertantes en la actuación del Rvmo P. General, que desearíamos alguien nos aclarara). El mismo P. Caludio Vilá se ve precisado a decir algunas determinaciones u omisiones de su biografiao: “Lo que no nos complace en modo alguno es el paso dado poe él (P. Casanovas) y que no el deslig en absoluto de la responsabilidad plena en el asunto, a nuestro entender, por más diplomacia que revele” (P. 392 de su Calasanz Casanovas). “A la verdad, no vemos clara su postura, a no ser que acudamos a una diplomacia muy hábil y sutil”. (ídem pág 380). Valga el eufemismo de una actitud desconcertante o inhumana ante estas palabras que creemos sinceras del P.Cabeza: “Solo nos flta para tener dichacompleta el recibir consejos y órdenes (subrayado nuestro) de vuestra paternidad y después de ver marchar estas Escuelas Pías entregar mi alma a Dios y descansar de tantas fatigas”.no se explica de ninguna manera racional el mutismo e inhibición del p. Casanova cuando pesa sobre aquella fundación, después de todos los permisos romanos, la hostilidad e inquina indisimulada del P.Vicario general de España y de su P. provincial, que no cesan en el empeño de hundir aquella experiencia. “Interrogado el P. General de España y el Provincial de susodicho Padre son contrarios (a la Fundación) y han escrito a las autoridades eclesiásicas y civiles de aquel punto de América, declarando que el P. Cabeza es un apóstata lo mismo que su compañero (el P. Molina)”. A esta stuación que requería una asistencia especial y delicada se conforma con responder el P.Casanovas: “Yo había consentido que Vd fundase las Escuelas Pias de América con los recursos que la providencia le deparase. Y con el personal que Ud pudiera crear (nunca mejor empleada esa palabra en su significación más exacta, que es sacar una cosa de la nada). La Providencia se le manifestó propicia desde el principio. Sabe Vd cómo se ha servido de ella?” (Roma 10 de diciembre de 1877). Sin duda le ponían en la disyuntiva de ser un semidios o fracasar rotundamente, onsiguieron, como era natural, esto último y no tiene nada de particular que muriera de “amargura y de pena”. Nunca creo que se haya dado un caso de mayor desamparo e incomprensión en ninguna de nuestras fundaciones. (Archivo de S. Pantaleon, Reg. Gen. 242).