DelAlamoBiografia/CAPITULO XII: HUMILDES COMIENZOS DE UNA INSTITUCION (1884-1885)

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CAPITULO XI: SEGUNDA ESTANCIA DEL PADRE EN SANLUCAR (1879-1886)
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CAPITULO XIII: NACIMIENTO Y PRIMERAS VICISITUDES DE LA OBRA (1885)
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CAPITULO XII: HUMILDES COMIENZOS DE UNA INSTITUCION (1884-1885)

(Cincuenta y tres –cincuenta y cuatro años del P. Míguez)

Es tradición en la Congragación de las Hijas de la Divina Pastora, que el Decreto de erección de la misma estaba firmado por el Cardenal Fray Ceferino González, el 2 de enero de 1885. Así lo confirma el Padre en algunas de sus cartas y ha quedado consignado en la lápida que orna su sepulcro en la Capilla de las religiosas Hijas de la Divina Pastora de Getafe, donde reposan los restos mortales del Siervo de Dios. Es extraño que M. Ángeles, en su breve escrito, retrae estos comienzos hasta fechas más alejadas del arranque inicial. Aún más, parece lógico que los comienzos de esta humilde Obra se iniciaran bastante antes de los primeros días del año 1885[Notas 1].

No cabe duda que el Padre venía madurando el pensamiento de una fundación, dedicada a la formación y educación de las niñas, desde bastante tiempo atrás. Ansiaba hacer algo grande al Señor en las horas o tiempos que le dejaban libres sus ocupaciones escolares. Mucho más ahora que se hallaba exento de las tereas del Internado, por su edad. Atendía con asiduidad y celo a un número considerable de almas, que seguían su dirección en el Confesonario de la Iglesia del Colegio, amplia y hermosa. En este apostolado tan grato a Dios desplegaba todo el entusiasmo de su virtud y de su vida interior, procurando formar a las almas que se le confiaban en la más estricta observancia de sus obligaciones para Dios y el prójimo.

Entre las personas que frecuentaban su confesonario y seguían su dirección espiritual se hallaba una señora llamada Dª Catalina García.

Tenía esta señora a su cuidado una escuelita de las llamadas en Andalucía de “amigas” en donde por una pequeña retribución recogían a las niñas pequeñas y las entretenían durante el día, enseñando algunas oracioncitas, cuentas, labores etc... Todo ello de una manera rudimentaria, para pasar el tiempo, “teniéndolas recogidas y libres de los peligros de la calle”. La M. Ángeles, en su breve escrito de 37 páginas de un cuaderno ordinario, no cita más que a Dª Catalina, que era la “que tenía el colegio particular y que era la principal, porque llevaba la dirección de todo”. Sin embargo, parece cosa cierta que había también ayudándola otras dos más jóvenes, llamadas NICOLASA Y PEPITA[Notas 2].

Como eran confesadas y dirigidas suyas, el Padre pasaba algunas veces a visitar aquella escuelita, invitado por ellas y allí es donde comprendió la labor que podía proporcionarse a la sociedad en la formación profesional y humana de aquellas almas, ya que el alfabetismo era muy elevado en aquella región, de manera especial en la mujer. Eran, quizá, los últimos meses del año 1884 y el Padre empezó a dar vueltas en su cabeza al pensamiento que le torturaba sobre el remedio posible para paliar aquellas lacras sociales. Pero se hallaba dudoso hacia donde proyectar las ansias de su apostolado.

En estas circunstancias y siendo Confesor extraordinario de las Religiosas Dominicas de la Madre de Dios, le ocurrió el siguiente suceso que me ha narrado y confirmado por escrito, la misma Superiora del Convento y que ha permanecido inédito hasta ahora. “había endicho convento una religiosa que tenía reputación de alma extraordinaria, llamada FILOMENA MONTAÑO y un día vino el Padre a confesar a dicha religiosa y le dijo: “hoy quiero y espero recibir del Señor una gracia: LA EXPRESION DE SU DIVINA VOLUNTAD, y la tengo que recibir de Vd. Tengo idea de dedicarme a la enseñanza de las niñas o a la dirección de religiosas, ¿a Vd. qué le parece?” “LAS RELIGIOSAS TIENEN CONOCIMIENTO DE LO QUE DEBEN SER; PERO LA NIÑEZ, SI NNO SE LA ENSEÑA O DIRIGE, LO NATURAL ES QUE SE EXTRAVÍE” le contestó la religiosa. Dio un golpe con la mano, como quién se afianza en la idea que le preocupaba y dijo: “ESO ES LO QUE DESEABA SABER POR BOCA DE VD.”. Y añadió la religiosa, al contarlo, que el INSTITUTO DE LA DIVINA PASTORA HABÍA NACIDO EN EL CONVENTO DE LA MADRE DE DIOS”. [Notas 3].

Acudía el Padre a dicho centro o escuelita con alguna frecuencia, ya que se encontraba enfrente del Colegio de los PP. Escolapios, en la calle de S. Nicolás, allí se entretenía por las tardes, después de terminar sus ocupaciones escolares. Procuraba proporcionar a las niñas algunas nociones elementales de lo que llamaríamos “lecciones de cosas” y doctrina cristiana, solazándose después con sus dirigidas en alguna conversación familiar o plática espiritual.

El P. Faustino se hallaba en el ápice de su vida, como religioso y hombre de ciencia. Era Profesor acreditadísimo de CIENCIAS FISICO-NATURALES, hombre estudioso, que había llegado a la plenitud de sus facultades y prestigio. Como religioso había ocupado varios cargos en su ORDEN y hasta el RECTORADO, y era reputado como hombre de virtud acrisolada y confesor prudente y experimentado en la Iglesia del Colegio, y Director de conciencia de las religiosas en diversos conventos de la población.

Su celo y exuberancia de vida espiritual, le había puesto en trance de sacar a la luz una pequeña OBRA que le parecía agradable a Dios y de gran provecho para las almas. Pero el P. Míguez, hombre realista por esencia, temía, no sin razón, que no le faltarían envidias, dicterios y celotipias más o menos disimuladas, que podrían acibarar su vida y convertir su OBRA en quimera y objeto de irrisión. En estas circunstancias parece que tuvieron lugar dos hechos capitales, que marcaron el rumbo de manera definitiva a su obra, avalada por la protección y manifestación señalada por la Divina Providencia.

El primero fue la Visita pastoral del Cardenal Ceferino González a Sanlúcar, realizada quizá en los últimos meses del año 1884 y de la que no he encontrado constancia ni en el “Boletín de la Archidiócesis ni en otros documentos del Archivo. En ella, según la referencia que nos transmite la tradición, se encontró con esta”. Escuelita “Que funcionaba dirigida por el Padre y con resultados óptimos en todos los órdenes. Prendado de la labor y del buen espíritu que animaba a aquella pequeña grey que pretendía formar una Asociación piadosa, animó a todos a continuar por la senda emprendida. Instó al Padre para que se pusiera al frente de aquella experiencia y redactara un Reglamento o Directorio provisional, que él se encargaría de aprobar. Desde este momento tomó bajo su protección esta OBRA, y distinguió a nuestro Padre con su simpatía y favor, de tal suerte que en distintas ocasiones el mismo P. Míguez dice a sus religiosas que debían considerar al Cardenal Fray Ceferino González como su verdadero Padre y FUNDADOR.

Fue el Cardenal Ceferino González notabilísimo Prelado de la Iglesia y filósofo de primera talla, en el ambiente cultural español de aquella época. En Madrid organizó una escuela especial de filosofía de la que fueron discípulos predilectos Alejandro Pidal, Eduardo de Hinojosa y J. Manuel Ortí y Lara, que constituyeron el núcleo del neoescolasticismo español y llegaron con el tiempo a ocupar puestos relevantes en la política y docencia. En 1873 por su talla intelectual y su prestigio filosófico fue propuesto para un Obispado. El Papa León XIII le promovió a la Metropolitana de Sevilla, que dirigió desde 1883 a 1889, excepto un breve lapso de tiempo en que gobernó la Primada de Toledo durante algunos meses. Vuelto otra vez a la Archidiócesis hispalense tuvo que renunciar a su Sede por trastornos de debilidad mental. El P. Míguez le profesó gran estima y sintió en el alma su alejamiento de la dirección de la diócesis, porque le parecía que quedaba huérfana su Institución con la separación de un prelado que para él y sus Hijas fue siempre un verdadero Padre[Notas 4].

El otro acontecimiento notable al que hace referencia detalladamente el P. Míguez, en carta explicatoria de su actuación al Reverendo P. Mauro Ricci, fue la curación casi portentosa de un catedrático de Sevilla, desahuciado de los médicos, sus compañeros. Una más entre tantas como había llevado a cabo en Sanlúcar durante aquellos años, pero que tuvo una repercusión mucho más espectacular. Vamos a copiar la relación del Padre de su puño y letra.

“Presentándose a la sazón el Decano de Medicina, suplicándome en su nombre y en el de sus compañeros de Sevilla, me encargarse de estudiar y curar la enfermedad de un catedrático por ellos desahuciado, al ver me extrañaba de su propuesta y me desentendía de lo que ellos esquivaban, me explicó que cuando tan señalado triunfo había conseguido con el Análisis y estudio terapéutico de las aguas de Sanlúcar, tantos habían intentado en vano, también podría lograrlo en lo que me proponían. Como el Decano era poco afecto al Colegio de los Escolapios y significaba mucho en la Ciudad, hube de aconsejarme y pareció más prudente el complacerle, que el convertirle en enemigo declarado. En este aprieto”. Acudí al Señor “Para que, si era su Santísima Voluntad que yo siguiera al frente de la asociación de referencia, me iluminara para curar dicha enfermedad y me facilitase medios para ayudar a aquella” (El subrayado es nuestro, por la gran importancia y trascendencia que tiene, a nuestro parecer).[Notas 5]

“Curado el enfermo, comuniqué a la Superiora y Directora de la Asociación el remedio del que me había servido, indicándole al mismo tiempo el modo de prepararlo y manifestándole mi intención al emprender aquel trabajo: “Que si lograba lo que pretendía, lo que reportase se distribuiría en la confección de medicamentos, en limosnas y Misas por las benditas ánimas y en beneficio de la Asociación. La resonancia de este éxito que después tanto el referido Decano como otros doctores acudieran a mí para la curación de otras enfermedades, que dieron lugar a los descubrimientos de los demás específicos que iba preparando la Directora, aunque de un modo poco estético y recibiendo por ello lo que espontáneamente le daban. Así continuó todavía después que yo fui trasladado a este Colegio, donde pasé unos cuatro años sin preocuparme de enfermos ni de medicinas, hasta que ecos anteriores trajeron nuevos compromisos, favorables éxitos, llamaron una continua avalancha de enfermos, que hizo preciso la preparación de medicamentos a gran escala. (Sin duda hace una referencia velada al éxito alcanzado en la curación de Alfonso XIII.) Aquí mi aprieto, sin tiempo, sin local, ni medios al efecto, ni personas de confianza de quién valerme, que si bien se me ofrecieron algunos de los nuestros, reveló miras tan egoístas y tendencias tan anexionantes que no me pluguieron y opté por preparar yo mismo los extractos y suministrarlos a un Farmacéutico, que los protegiese, presentase y expendiese bajo su responsabilidad y por un tanto por ciento”.[Notas 6]

En efecto, el catedrático curó satisfactoriamente y contra toda previsión, aún de los mismos facultativos y Dios respondió de una manera clara y providencial a la súplica de nuestro Padre. Esta manifestación patente de la Providencia a su favor le movió a escribir al Padre Vicario General de España. P. Juan Martra de Jesús y María, que delegó en el M.R.P. Provincial, según consigna el mismo Padre en una carta al P. José Calasanz Homs, Procurador General en Roma.

“El P. Provincial me autorizó con tal que no faltase a mis obligaciones y previo el consentimiento del P. Rector, que lo consignó gustoso en la misma carta que conservo, del P. Provincial. “[Notas 7]

Queremos recalcar la referencia auténtica del mismo P. Faustino, según la cual el mismo P. Rector consignó en la carta del P. Provincial el consentimiento formal para que pudiera ponerse al frente de aquella Asociación recién fundada, con la apostilla de que no” faltase a sus obligaciones”.

Ahora, podía dedicarse con toda tranquilidad y gozo a pastorear aquel pequeño rebaño con la bendición del Señor, significada por su representante Diocesano y el asentimiento de sus legítimos Superiores. La voluntad de Dios que había escrutado durante tiempo por medio de oraciones y consejos, se mostraba ahora diáfana y patente, según la confianza que había depositado en ella. Bien comprendía, sin embargo, que no faltarían pruebas y dificultades para asentar una Obra que tenía todas las garantías exigibles, como proveniente de Dios. Pero la cruz, que es el marchamo de las obras divinas, no podía faltar a ésta, como es constante histórica de todas las obras que se emprenden por motivos sobrenaturales.

También él, como el Divino Modelo, sabría de su calle de Amargura, su Gólgota y patíbulo de ignominia. El discípulo tendría que semejarse al Divino Maestro y morir en el desamparo y olvido, aún de sus colaboradores más fieles y obligados… para resucitar un día glorioso a la veneración de los fieles y de la Iglesia en la hora y momento señalado por la Providencia.

Como no podemos exponer el “Pensamiento del Padre en su proyecto de Fundación” y las directrices que quiso señalar en los primeros “tanteos” de vida colectiva, me parece muy interesante rastrear y barruntar sus ideas e ilusiones en una reseña que nos proporciona el “Boletín de la Diócesis al presentar la Nueva Institución al conocimiento del público y del clero. Extractamos los puntos principales y básicos, suficientes para darnos una panorámica de los proyectos del Padre en los momentos fundacionales, aunque posteriormente, como es natural, a tenor de las circunstancias, tuvieron que cambiar “ASOCIACION DE HIJAS DE LA DIVINA PASTORA” Con este título acaba de establecerse en Sanlúcar de Barrameda una piadosa Asociación, dirigida por el R.P. Faustino Fernández (sic) de las Escuelas Pías, cuyo objeto es buscar almas para Jesucristo y dirigirlas a este fin, por los infinitos medios que sugiere la caridad.

Las Bases de este Instituto fueron aprobadas por nuestro Excelentísimo Prelado el 2 de enero del corriente año, habiéndose verificado su instalación en aquella ciudad el día 2 de febrero y obtenido autorización del mismo Sr. Excelentísimo para usar hábito peculiar con fecha 30 de marzo. Para dar una idea de tan laudable Institución y con el fin de que se extienda su noticia entre los fieles no será inoportuno consignar los principales fines que se propone:

“1° Las Hijas de la Divina Pastora, animadas de un espíritu apostólico y con recomendable abnegación acuden al servicio de las almas que se hallan en peligro de perderse, siempre que la obediencia les indique, aún con riesgo de su misma vida sin otro móvil que la gloria de Dios y la salvación propia y ajena.

“2° Para evitar que la inocencia del corazón se pierda entre las tinieblas de la ignorancia se dedican a la enseñanza de adultos y jóvenes, ya sean externas, ya colegiadas o asiladas de cualquier clase o condición que sean, en las horas y puntos que más convengan.

“3° (Extractamos este punto.) En el que se habla de asistencia a domicilio a los enfermos y asimismo”. Asistencia y admisión de señoras sin familia “Para ser atendidas por las religiosas.

“4° Han organizado ya Tres Clases, elevándolas a la perfección que exigen las actuales circunstancias…

“Por último, esta Asociación acepta por norma de su conducta la REGLA DE S. AGUSTIN Y LAS CONSTITUCIONES que S. Francisco de Sales dio a sus religiosas, modificadas solamente en lo incompatible con sus varios y múltiples objetos. Tal es, en resumen, la índole de esta Asociación de cuya saludable influencia mucho puede esperar la Religión y la Sociedad. Digna es de ser calurosamente recomendada por los señores Párrocos y por cuantos se interesan en el progreso de la virtud y en el bienestar moral y material de los pueblos”.

Aquella “escuelita de amigas” de que hemos hecho referencia atraía, cada vez con mayor interés, a nuestro Padre. Ve en ella como cristalizan sus ansias de apostolado. ¡Qué alegría la catequesis impartida a almitas de cristal, la instrucción religiosa a aquellas pequeñuelas, a las que se puede hacer un bien inmenso, troquelando desde la infancia en la doctrina de Cristo a las que serán futuras madres de familia y la célula primordial de la sociedad, que solo puede transformarse con una instrucción integral, profesional y humana desde los tiernos años, en el santo temor de Dios! Quizá no ignora que su mismo Sto. Padre Fundador se había dado cuenta de la trascendental de la mujer en la regeneración de la sociedad humana y en la felicidad del hogar. No en vano, S. José de Calasanz, aún antes de sus experiencias como Fundador, había intervenido en la asistencia y catequesis de niñas en Roma, como se constata en el “Libro de Actas de la Congregación de la Doctrina Cristiana, institución de S. Pio v y del Concilio de Trento, donde consta repetidas veces el nombre del cofrade José de Calasanz con el Sr. Vigliosdado, para visitador de las escuelas de niñas.

Pero al P. Míguez le repugna comprometerse en Obra de tanta trascendencia. Él se conformaría con hacer el bien, sin ruidos ni alharacas. Comprende y avizora las críticas y recriminaciones que van a sobrevenirle; no en vano es un hombre suspicaz por temperamento. Así lo expone al sr. Cardenal y rehúsa y suplica a los Superiores que no le concedan el permiso. Pero lo requiere Fray Ceferino González para que la Institución se afiance y tenga derroteros seguros y libres de los vaivenes de la inestabilidad. Esto choca contra la mentalidad entonces tan arraigada y defendida por los Superiores de que un Escolapio no puede ejercer y plasmar sus ansias apostólicas alejado y simultaneándolo con el ministerio ordinario de las escuelas. Estaban todavía muy desfasadas las mentes de comprender que, dentro de una vocación general, pueden concretarse otras específicas y complementarias. Otra especie muy socorrida para los eternos murmuradores era la dificultad de hallar medios legítimos para sufragar los gastos que lleva consigo el establecimiento de una Organización de esta índole, tratándose de un religioso que se hallaba ligado con lazos de una profesión solemne de voto de Pobreza. ¿Cómo compaginar estos extremos? La realidad era, sin embargo, bastante más sencilla. Se había abierto una escuela de PRIMERAS LETRAS, con una, titulada oficial, que por medio de pequeñas cuotas familiares y otros donativos podría subvenir a los gastos y, además, proporcionaba, dato del mayor relieve, educación e instrucción en el santo temor de Dios a una multitud de almas.

Notas

  1. He consultado, y, con gran sentimiento y decepción, tengo que confesar que no ha sido posible hacerme con los Documentos pertenecientes a los comienzos de la Institución y primer desarrollo, como son: Decreto de Fundación de la Pía Unión de Hijas de la Divina Pastora (2 de enero de 1885) nombramientos oficiales de las primeras superioras, MM Angeles González León y Ceferina Herrero,, y demás acontecimientos posteriores hasta 1907. Primer reglamento o directorio de la Pía Unión aprobado por el Cardenal Fray Ceferino González. Ulteriores relaciones con los cardenales Sanz y Fores Marcelo Spínola y nombramientos definitivos al ser declarada Congrgación de Derecho Diocesano; Capítulo General de 1906 y posterior deposición de M. Angeles en 1907. ¿Dónde se hallan? ¿Quién ha hecho desaparecer el nombramiento de director del Padre? Enigmas. Son muchos los puntos oscuros que no podemos dilucidar en estas circunstancias. Sospechamos, como concretaremos en sus lugares oportunos, que se interpusieron intereses muy comprometidos para hacerlos desaparecer. Ofrecemos a nuestros lectores las pruebas de nuestras investigaciones muy prolijas y accidentadas para alcanzar la verdad, pero tenemos que confesar con sentimiento el resultado infurctuoso delas mismas. Falta en el archivo Diocesano de Sevilla la primera carpeta con todos los documentos fundacionalesy los testimonios e incidencias más interesantes y comprometedores de esa época. Restan por el contrario otras dos carpetas desde 1.909, con documentos de escaso relieve, que no interesan para nuestra finalidad. He aquí el certificado que nos ha proporcionado el Sr. Archivero de la Curia, con el fin de suplir estas lagunas en vistas al proceso de Beatificación tramitado en Roma. “Arzobispado de Sevilla- D. Antonio Hernández Parrales, Presbítero,, Archivero General del Arzobispado de Sevilla, Certifica: que hechas las oportunas diligencias sobre la búsqueda del Decreto de erección de la Asociación de hijas de la Divina Pastora, fundada en la ciudad de Sanlúcar de Barrameda, de la Provincia de Cádiz y Diócesis de Sevilla, no aparece copia del mismo, pues el original debió entregarse a las interesadas (me permito insinuar que esto es una suposición enteramente gratuita del Sr. Archivero ). Así cmo tampoco ha aparecido el nombramiento de Director de la misma a favor del Siervo de Dios P. Faustino Míguez, de la Orden de las Escuelas Pías, el primer reglamento por el que debieron gobernarse las dichas religiosas. (Naturalmente tampoco han aparecido los demás documentos, tan comprometedores para algunas personas a las que había interés en “camuflar” y que ignorara la posteridad sus inculpaciones). Y para que así conste, a los efectos consiguientes, lo firmo y sello en Sevilla a nueve de julio de 1.970. Firmado: Antonio Hernández Parrales. Pbro. Hay un sello que dice: ARCHIVO GENERAL DEL ARZOBISPADO DE SEVILLA (Los incisos son nuestros.)
  2. La Priora del Convento de las Dominicas de la Madre de Dios recuerda que siendo niña y discípula de las clases de las Srtas. Pepita y Nicolasita, acudió el P.Míguez a despedirse en su desplazamiento forzoso y salieron dichas señoritas a acompañarle, llorando.
  3. Testimonio de la Rvda. M. Prior del Monasterio de Religiosas Dominicas de la Madre de Dios, que obra en mi poder desde julio de 1966.
  4. Nació en San Nicolás de Villoria (Oviedo), en 1831; por lo tanto, era contemporáneo del P. Míguez; murió en Madrid, en 1894, perteneció a la orden de Santo Domingo y ejerció su apostolado durante algún tiempo en filipinas. Fray Ceferino González tomó posesión de la Archidiócesis de Sevilla el 21 de junio de 1883 y permaneció en su sede hasta el 27 de marzo de 1885 en la que fue promovido a la sede Primada de Toledo. Le sucedió en la Cátedra Arzobispal don Bienvenido Monzón Martín Puente, Arzobispo que había sido de la Isla de Santo Domingo, y después de Granada. Tomó posesión de esta iglesia de Sevilla por poderes el 25 de julio de 1885, y falleció el 25 de agosto del mismo año. El cardenal Fray C. González inició su segundo Pontificado de Sevilla el 9 de mayo de 1886 y renunció por deficiencias de salud mental en septiembre de 1889. (C. F. Un cardenal filósofo de la historia, F, Díez de Cerio, Ed. Universidad Lateranense de Roma, 1969). En unas efemérides del Pontificado del Emmo. Sr. Dr. Fray Ceferino González, que comprenden desde 1883ª abril de 1885, podemos leer lo siguiente: “Se instala en Sanlúcar de Barrameda, por su autorización en influencia, la ASOCIACION DE HIJAS DE LA DIVINA PASTORA, cuyo objeto no es otro que llevar almas a Jesucristo por los infinitos medios que sugiere la caridad.” Cf. Boletín oficial del Arzobispo de Sevilla, núm36, sábado 25 de abril de 1885.
  5. No nos ha aclarado el Padre, ni las religiosas contemporáneas, por ejemplo M. Ángeles, a qué catedrático se refiere el suceso de la curación espectacular, que menciona el Siervo de Dios en este escrito oficial. Pero me sospecho. por diversas razones que se trató del catedrático D. Manuel Bedmar de quien habla luego el Padre desde Getafe en diversas cartas y con quien mantienen las religiosas y el mismo padre una amistad larga y profunda. La enfermedad de que fue curado pudo ser la diabetes. Son meras conjeturas, pero fundadas en razones y motivaciones convincentes para mí. Don Manuel Bedmar y Escudero nació en Sevilla en 1847. Fue profesor auxiliar de la Facultad de Derecho de su Universidad a los 28 años. Catedrático numerario de Derecho Civil en 1874 y Rector de la Universidad Literaia de Sevilla en 1890. Concejal de Ayuntamiento sevillano, nombrado por R.O. a la restauración de la Monarquía, y después también por nombramiento ejerció el cargo de Teniente Alcalde y otros muchos cargos políticos y literarios, como secretario General de la Academia de Bellas Artes, Abogado de la Beneficencia, Diputado Provincial, etc. Fue propuesto por R.O. para la GranCruz de Isabel la Catolica. (Cf.Secretaría de la Universidad de Sevilla. Legajo 1128, núm I.)
  6. El resultado admirable de la curación del catedrático enfermo, que no fue naturalmente el decano, como deja entrever equivocadamente el P. Bau en su citada obra sobre el P. Míguez, parece que ocurrió una vez puesta ya en marcha la Obra como se deduce de las mismas palabras del Padre y que fue M. Angeles la que recibió la confidencia de la composición del medicamenteo que había tenido tan resonante éxito. Ya a principios de 1890 escribe a m. Ángeles : “Guarda absoluto silencio o secreto sobre la medicina de la Diabetes, que algo os ha de valer. Las botellas.te dije que fueran como las del agua de Loeches, si mal no recuerdo” (1- 16-90 ). Al principio instaló el Padre un pequeño laboratorio de pruebas en su misma habitación, pero al verse con las dificultadas que señala, falta de local y de ayudas…, etc., pensó en cederselo aun farmaceutico llamado don Diego Gallego Ávila, hermano del P. Escolapio Nicolás Gallego, pero puso condiciones inaceptables, que no satificieron al P. Parece que se quiso entender con otro llamado D. Dionisio Perales, que llegó a defraudar en la composición de los Específicos, disminuyendo la cantidad de extracto asignada, con ganancia suya, descrèdito de los específicos y desilusión de los enfermos. Retiró entonces a éste su confianza. Durante varios años se entendió perfectamente con otro farmaceutico, D. José Acero, hombre de conciencia y amigo del Padre, pero a la muerte de este tuvo que verse precisado a reanudad relaciones con D. Diego Gallego. Al ocurrir la defraudación en la composición de los específicos, dio orden de que algunas religiosas hicieran la carrera de farmacia y ellas se encargaran no solo de su composición, sino también de su venta al público. Las dificultades fueron casi insuperables y hasta muchos años después no se alcanzó el propósito. La promera Religiosa que obtuvo el título de Farmacia fue la Rvda. M. Sagrario Martín de Jesús. La audacia de los émulos y ambiciones explotadoras llegó a la felonía de asaltar su propia habitación, en ausencia del Siervo de Dios, para apoderarse del secreto de sus medicinas, de manera especial del Antidiábeti. El del Padre, aun en la actualidad, siguen solicitándolo de España, y del extranjero, con resultados admirables para muchos pacientes. No son infrecuentes las partidas solicitadas sdesde América, Alemania, etc.
  7. Nació el Rvdo P. Juan Martra de Jesús y María en la ciudad de Barcelona. Desde niño se atrajo la benevolencia de todos por su ingenio despierto, suavidad de carácter y costumbres. Vistió nuestro hábito el 15 de noviembre de 1845. Apenas transcurrido el trágico periodo de interrupción 35-45 en la admisión de los Novicios en nuestra orden. Se instruyó en la filosofía y matemática en Barcelona, una vez admitidos sus votos solemnes. Bajo la dirección del P. Jacinto feliú, con un grupo de jóvenes catalanes marchó a Zaragoza donde perfeccionó los estudios de matemáticas y demás disciplinas propias de nuestro Instituto, descollando entre todos por la perspicacia de su ingenio. Muy joven, fue puesto al frente de los estudiantes que aspiraban a ingresar a la Academia de Artillería. Que funcionaba en dicha capital. En el año 1852 partió para Barcelona, donde se perfeccionó en matemáticas y Física bajo las direcciones de los famosoos profesores P. Amat yDr. Ravé. Ordenado sacerdote, se reintegró aa su ciudad natal, donde enseñó Latín y Física con óptimos resultados. En el año 1.854, trasladado al colegio de Mataró impartió a nuestros discípulos las matemáticas, retórica y la historia universal. Allí, atacado por el cólera morbo, libró su vida, con el favor de Dios entre las terribles mortandades de los demás ciudadanos. De nuevo en Barcelona, fue nombrado subdirector de internos, cosechando grandes triunfosd en su formación y enseñanza. Estuvo adornado de notables dotes oratorias, que le consagraron como unos de los más distinguidos predicadores de aquella época. Fue nombrado director de internos a la edad de 31 años. En el año 1864 el P. Provincial Cayetano Renom le tomó como consultor para el gobierno de la Provincia, y en en año siguiente fue nombrado por la Comunidad del Colegio Barcelonés, vocal para el Capítulo Provincial. Poco después fue elevado al rectorado de su colegio y Asistente Provincial. Durante su mandato de Superior obtuvo del gobierno español amplios terrenos para la ampliación del colegio de San Antón al ser derruidas las antiguas muralllas de la ciudad. En el mes de julio de 1869 fue enviado a Madrid como vocal para el Capítulo General que allí se celebró., y en su nombre, una vez terminado, se trasladó a Roma para resolver algunos negocios que en él se habían debatido. El P. Bernardo Collazo, una vez cumplido este cometido, le tomó como secretario para su visita a los colegios de Cuba, y le sirvió de utilísima ayuda con su prudencia y consejo. En el Capítulo Generald e 1875 fue elegido Vicario General de las Esculeas Pías de españa y Ultramar, en cuyo cargo perseveró 10 años por imposición de la Santa Sede, renunciando a dicha prelacía el 5 de abril de 1885, por su precaria salud.. alcanzó durante su mandato un nuevo decreto de la Santa Sede para la elección de nuestros superiores, con el fin de desarraigar algunos abusos que se habían introducido, pero esta determinación provocó ciertas protestas tumultuarias en algunoscolegios de España, sobre todo de Aragón. Formó en la ciudad de León un Estudentado General para todos los jòvenes de las E.P. de España, donde, bajo la dirección de profesores competentes, fueran informados en las ciencias eclesiásticas y profanas. Impuso un nuevo régimen de estudios para que pudieran más facilmente conseguir los Grados Académicos, y trabajó con ahinco para alcanzar del Gobierno español la convalidadción de los mismos. Habiendo renunciado a su cargo, como hemos indicado, y elegido para sucederle, por cédula secreta el Rvmo P. Manuel Pérez, se retiró al colegio de San Antón, de Barcelona, donde se preparó santamente para rendir su espíritu al Credador el 18 de dicembre de 1885. (Cf.Catalogus Religiosorum Sch. P. Hispaniae et ultra Maria… Matriti, 1885, pág. Núm. 13)