DelAlamoBiografia/CAPITULO XIX : EL CARISMA ESPECIAL DE LA MEDICINA

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DelAlamoBiografia/CAPITULO XIX : EL CARISMA ESPECIAL DE LA MEDICINA
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CAPITULO XIX : EL CARISMA ESPECIAL DE LA MEDICINA

Sin duda fue providencial la elección por parte de Dios para Fundador de la Congragación de Hijas de la Divina Pastora de un varón que fusionó en una sola pieza las virtudes acrisoladas de un religioso perfecto con el carisma singular de un superdotado en el arte medicinal, con perspicacia y ojo clínico del más experto galeno.

Dios nunca defrauda a los que en El confían. El padre Míguez tenía conciencia de su Misión y Carisma especial, y por tanto, de la posesión de dotes singulares que le conferían una impronta muy señalada de Mensajero de supremos valores sociales, altamente estimados, en estos tiempos modernos que él avizoraba.

La invitación y protección prometida del Cardenal Ceferino González, los permisos pertinentes de los Superiores de la Orden, la buena voluntad y entrega generosa de aquellas almas que aspiraban a una vida más perfecta, siguiendo las huellas de Cristo, impulsaron a nuestro Padre a considerar como beneplácito de Dios significado, ponerse al frente de aquella Institución. ¿Pero de dónde iban a provenir los medios materiales para mantener y asegurar una subsistencia decorosa de la obra y la expansión de la misma en el porvenir? El Padre era un hombre realista y no quiso dejar resquicios a la improvisación, confiando siempre en que Dios provee a todo con Providencia singular cuando nosotros nos entregamos a sus brazos de Padre amoroso y ponemos de nuestra parte los medios pertinentes. Dios, por tanto, proveyó desde el principio a todas las necesidades que surgían, mediante las aficiones y competencias en la rama de la medicina, ensayada con éxitos sorprendentes desde hacía algunos años.

Ya hemos visto como la curación inexplicable del señor catedrático de Sevilla fue la señal y rúbrica que exigió a la Providencia. Dios no podía negársela… Lo demás no sería más que una vida de entrega y confianza ilimitada en la bondad del Padre celestial, puesto que es natural que a los que El escoge para una misión especial los haga aptos para desempeñarla dignamente. Hemos señalado anteriormente que fue Sanlúcar el lugar donde parece que empezó el Padre la obra de misericordia de “visitar y atender a los enfermos” mediante las famosas aguas medicinales, que había analizado concienzudamente, determinando sus virtudes curativas de una manera científica con el aval de los expertos de la localidad. Después, en El Escorial, dirigió su institución hacia el estudio de las plantas y sus virtudes para concretarse de manera especial en Monforte, donde obtuvo ya curaciones resonantes y espectaculares. Pero sin duda ninguna en su segunda estancia en Sanlúcar es donde consiguió la celebridad y confianza del público, que en un principio acudía a él con cierta parsimonia, para construir posteriormente “verdaderas avalanchas”, de manera especial en su última estancia en el colegio de Getafe. Los testimonios que sobre este particular poseemos son innumerables, de tal suerte que nos veremos precisados a dedicar un capítulo especial para hacer un breve recuento, dejando en el olvido otros muchísimos, debido a su innata modestia, mejor diríamos repugnancia, a hablar de sí mismo y de sus asuntos.

Pero consignaremos algunos de estos testimonios, aunque sea a voleo, por ser atribuibles para muchos más a su virtud y taumaturgia que a los conocimientos adquiridos, que no eran pocos o deficientes. Podemos controlar en parte estos estudios en los múltiples libros de medicina que comprendía su biblioteca particular, varios de ellos conservados aún hoy día en la HABITACION – MUSEO que se ha habilitado en el colegio de Hijas de la Divina Pastora, de Getafe, donde reposa el siervo de Dios esperando la resurrección de vida futura.

Creo irrefragable el hecho de que el siervo de Dios no poseía título oficial ninguno de Medicina. No he hallado pista ni referencia ninguna en toda la documentación múltiple que sobre el padre Míguez ha pasado por mis manos. Y es obvio, pues de otra suerte los galenos de Getafe y no le hubieran molestado.

Hay quien insinúa que estando en Cuba se preparó para sacar título universitario en La Habana, pero yo creo que no se encuentra indicio positivo sobre tal pretensión. Otro asegura que poseía el título de veterinario – aseveración peregrina por no decir bufa - con la pretensión de que así lo había indicado él en algunas ocasiones[Notas 1].

Lo único cierto e incontrovertible es que era autodidacta, con excepcionales facultades para la medicina, que explotó con el estudio y tesón característicos de su temperamento. Bien se precavía él para no dar pie a ser considerado como INTRUSO en la dedicación médica. Ni auscultaba a los enfermos, ni despachaba receta ninguna, ni cobraba honorarios de ninguna clase. Ni siquiera tomaba el pulso a los enfermos, y se conformaba con la relación de la sintomatología de las dolencias y a lo sumo les observaba los ojos o las manos. Ya tendremos ocasión de precisar… las referencias que hacen diversos testigos, después de la curación del Rey-niño Alfonso XIII. Sabemos que, al instarle la Reina madre con alguna recompensa, no quiso aceptar ninguna otra que suplicar a Su Majestad que no fuera molestado en el ejercicio de su “Obra de Misericordia”. Con sus queridos enfermos. Consignemos algunos detalles y exposiciones de los testigos del proceso, ya que nos pueden proporcionar precisiones sobre muchos aspectos y particularidades desconocidos de nuestros lectores en la dedicación de la medicina. Los resultados obtenidos por nuestro venerado Padre en el ejercicio de este carisma particular tuvieron una repercusión singular en el orden social hasta conseguir una fama que él no procuró de ninguna manera y un agradecimiento íntimo e insobornable de los beneficiarios, como puede hoy día comprender todo el que sigue la labor de los Misioneros por todo el mundo. Es sin duda el cuerpo la puerta más eficiente y poderosa para franquear el interior del corazón humano y obrar las mayores maravillas de conversión e interés por la vida espiritual, ya que el cuerpo es el nexo más indisolublemente unido al espíritu y el que conduce al contacto más penetrante de nuestras interioridades. La opinión que mereció a los médicos la elaboración de los específicos del siervo de Dios puedo clasificarse en tres grupos, asevera uno de los principales testigos. “Uno que veneraba fanáticamente al Siervo de Dios, entendiendo que era un santo y que las curaciones que hacía eran debidas a la santidad, tomando como ocasión los conocimientos específicos. Otro grupo muy reducido lo consideraba como un verdadero sabio que conocía a fondo las cualidades de las plantas con las que hacía sus preparados y que sabía muy bien sus efectos, y por último el número mayor de los que creían que el siervo de Dios era un embaucador, y que no pretendía más que obtener dinero con las supuestas curaciones…

Alguien aisladamente debió atribuir las actividades curativas del siervo de Dios a arte de magia; pero esto no fue tomado en consideración ni se le dio importancia; en cambio lo tildaron de curandero, porque como veían que era visitado a veces por personajes de alta alcurnia y destacada posición, suponían que allí había por medio mucho dinero y por otra parte no dejaban de comprender que a ellos les causaba no poco perjuicio, sobre todo para los profesionales de la medicina”. “En los tiempos que precedieron al traslado del Siervo de Dios, cuando se encontraba en Sanlúcar, los médicos de esa localidad iniciaron contra él una campaña, temerosos de que les disminuyeran los ingresos, quejándose al Padre Rector de las actividades del siervo de Dios. A las protestas de los médicos se unieron las de algunos Padres de la casa de Sanlúcar, quienes aconsejaban que, por prudencia, convendría trasladarle. El Padre Rector se dejó influir de ellos y escribió al Padre Provincial, sin duda exagerando un poco la nota, y el Padre Provincial, como primera medida, le prohibió que interviniera en curaciones, determinación que el siervo de Dios aceptó sin ningún comentario, y finalmente le ordenó que se trasladara a Getafe”.

El siervo de Dios en esta ocasión dijo únicamente que este traslado era sin duda voluntad de Dios para que se viese a las claras que la naciente fundación era OBRA DEL CIELO Y NO DE LOS HOMBRES.

Los resultados de estos estudios fueron tan prodigiosos, que toda la prensa de izquierdas hablaba en sentido peyorativo del FRAYLE CURANDERO. En cambio, la reacción popular de simpatía hacia el siervo de Dios fue extraordinaria, porque a Getafe afluían continuamente gran cantidad de coches, en número tan impresionante que aún lo recuerdan hoy quienes lo presenciaron.

“Además de lo narrado, el siervo de Dios hubo de sufrir otro disgusto, que consistió en que algunos seglares, de acuerdo con algunos Padres de la Orden, intentaron sorprender algunos secretos científicos del siervo de Dios y para ello no dudaron en allanar su propia habitación. Cuantos lo conocieron se indignaron de este abuso, pero el siervo de Dios no tuvo ni una sola palabra de reproche e indignación”[Notas 2]. Cuando trataron de apoderarse de los secretos del siervo de Dios, él, precisamente para prevenir su desaparición, escribió un libro cuyo título es precisamente eso”. Secretos”, donde anotó las diversas fórmulas que habían de utilizarse para la elaboración de los distintos específicos y que entregó a la madre Natividad y a otra religiosa, instruyéndoles de cuanto procedía hacer[Notas 3]. He aquí otro testimonio muy significativo. “El siervo de Dios no hablaba de sí mismo ni de sus cosas, ni siquiera de la eficacia de sus específicos. Lo considero humilde precisamente por eso, por ser callado y por tratar de ocultar todas sus buenas cualidades.”

“Traté al siervo de Dios durante ocho años y eran muchos los enfermos que acudían al siervo de Dios en demanda de su curación, hasta el punto de que en la plazuela que hay enfrente al colegio no era infrecuente ver veinte o treinta carros con gente que había venido a ver al siervo de Dios de los pueblos”. [Notas 4]. Yo he tomado medicinas de él y eran muy eficaces para las cosas de riñón. Se, por referencias, que curó el brazo de un niño al que dijeron los médicos que había que cortárselo, y el siervo de Dios lo curó en una noche con un líquido”[Notas 5]. “Había muchas personas que le consultaban en sus enfermedades y adquirió mucho renombre porque curaba a mucha gente. He oído hablar a muchas personas del siervo de Dios y siempre bien y con encomio, pues todos lo tenían por un sabio y un santo. No sé cuándo empezó el siervo de Dios a elaborar los específicos; a nosotras en el colegio nos curaba todas las enfermedades con globulitos”[Notas 6].

Por don Jerónimo Angulo, de Sanlúcar de Barrameda, de ochenta y ocho años de edad, al prestar su declaración en el proceso, dice que “Conoció al siervo de Dios a los ocho o diez años, cuando el siervo de Dios estaba de residencia en el colegio y fue alumno suyo, habla en los testimonios del proceso de la curación del mal de piedra (cálculos) en dos ocasiones diversas y con visos de muy notables milagros”[Notas 7].

Un testimonio altamente interesante es el de M. María Casáus (la famosa Flora Casáus de los Ríos), de ochenta y nueve años, por tanto contaba veintiún años al fundarse la Congregación, y que nos dice sobre el padre Fundador: “Acudían muchos enfermos a visitar al siervo de Dios cuando venía aquí en el verano, toda la calle se llenaba de coches de gentes que venían a ver al siervo de Dios para que los curara. Salía de paseo y tría hierbas del campo con las que luego hacía sus específicos. También le mandaban hierbas de Suiza”[Notas 8].

“También oí entonces (cuando se encontraba de particular en Getafe) que había algunas disputas entre los boticarios de Getafe porque a unos daba los medicamentos y a otros no”[Notas 9].

Por este tiempo no era dado a la medicina, porque si mal no recuerdo comenzó a cultivar esta ciencia después de su estancia en El Escorial: “A mi entender, la primera ocasión en que el siervo de Dios ejerció la medicina de una manera pública fue en Sanlúcar; desconozco si antes la ejercía en personas aisladas. El padre componía otros específicos con hierbas. Lo he leído en unos libros grandísimos de medicina que ahora conservamos en casa. El siervo de Dios adquirió estos conocimientos durante el tiempo que permaneció en El Escorial. Así lo he escuchado decir a sus compañeros”[Notas 10].

“Tengo entendido que, habiendo intervenido en la curación del Rey Alfonso XIII, siendo niño, la Reina le ofreció una recompensa, y él no le pidió a la Reina sino que le dejara hacer el bien a sus enfermos”. .

“Para dedicarse a estas actividades (elaboración de los específicos), contaba con el permiso de la Santa Sede, gestionado por su legítimo Superior, el padre Rector de Getafe, padre Luis Latorre, ya fallecido, quien con ocasión de asistir a un Capítulo de la Orden (en Roma) dejó todo arreglado perfectamente”[Notas 11]. (Esta solución es válida desde 1912, que, en efecto, quedó zanjada la cuestión por la intervención de los Superiores y la “sanción in radice” de los defectos anteriores).

Una monja de clausura dictamina en el PROCESO : “Cuando había alguna muchacha que quería ser religiosa, yo iba a pedir al Padre que le ayudara, como ocurrió con una muchacha que estuvo muy mal de la vista y quería ser religiosa. Yo fui a ver al siervo de Dios y me dijo que llevara a la joven para que él la viera. La llevé, le dio unas medicinas y al mes estaba curada y la admitió en la Congregación de las Pastoras”[Notas 12].

“Iban muchos enfermos a visitar al siervo de Dios, hasta el punto de que pusieron trenes especiales para este fin desde Madrid, después de los muchos coches que constantemente iban a Getafe”.

“Yo he visto ir mucha gente a visitar al siervo de Dios, pero oí que antes iban muchísimas gentes; últimamente iba menos gente, porque él no podía ya por su edad atenderles”.

“También oí que atribuían las curaciones a arte de magia. Pero el siervo de Dios no daba importancia alguna a las críticas que le hacían”[Notas 13]

“Recuerdo que hubo una fuerte campaña de prensa en contra del siervo de Dios por sus actividades médicas. Se enteró la familia y mi abuelo le escribió, ofreciéndose por si necesitaba alguna influencia; el siervo de Dios le contestó que no necesitaba nada, pues obraba bien”[Notas 14].

“Los específicos del siervo de Dios adquirieron mucha fama y lo mismo la habilidad del Padre para curar las enfermedades, puesto que a Getafe acudían los enfermos en verdaderas caravanas; todos en general con excelentes resultados”.

“Dados mis pocos años entonces no comprendían a que podían atribuirse tales curaciones; hoy me inclino a creer que más que a la eficacia de los específicos había que atribuirlo a la santidad del siervo de Dios”[Notas 15].

“Era pintoresco el jubileo interminable de viajeros que en todos los trenes bajaban y subían en las dos estaciones de Getafe. Todos eran clientes del padre Faustino, que contra viento y marea era cada día más consultado y más venerado. Muchos, al pasar por Madrid, hacían su correspondiente viaje a Getafe, que se hizo entonces célebre como”. Aranjuez” y “El Escorial”, aunque Getafe, que tiene muchas cosas buenas, no sea en su frondosidad ni con mucho el Versalles de Madrid”[Notas 16]

Testimonio muy interesante del padre Cerdeiriña, que convivió con el padre Míguez en Getafe de 1904 – 1907, que fueron sin duda, desde principios de siglo, los años de mayor fama y actividades médicas.

Vamos a poner fin a esta lista, que podía ser interminable, de testimonios tan encomiásticos sobre la fama inusitada y clamorosa conseguida por el Siervo de Dios sin propagandas fáciles, sino en medio de las persecuciones y campañas más solapadas de muchos de los que menos se podía pensar, y naturalmente de todos los enemigos de la Iglesia, dispuestos siempre, como perros sabuesos, para descubrir una superchería o para desenmascarar cualquier abuso que pudiera introducirse por personas aprovechadas. “El siervo de Dios pasó por estas pruebas purificatorias sin verse tiznado por las miserias de la vida y con la conciencia tranquila del deber cumplido y la autorizados, pero de diversa procedencia. El primero, de M. Natividad Vázquez, que fue general de la Congregación al término de la escisión provocada en los últimos tiempos de la vida del siervo de Dios. Ella testimonia en el proceso: “Al principio, el siervo de Dios tenía el laboratorio en su propia celda. Pero después, al establecerse la casa de las religiosas de la Divina Pastora en Getafe, estableció allí el laboratorio, que él dirigía. Estos menesteres de los específicos no impedían al siervo de Dios cumplir sus obligaciones religiosas, pues he oído contar a los padres escolapios que el siervo de Dios era el más puntual en los actos de la Comunidad. Los médicos también le hicieron mucha guerra al siervo de Dios por este motivo de los específicos, porque les quitaba clientes. El siervo de Dios tenía gran prestigio y era muy estimado y sus específicos eran muy solicitados. Curaba muchas enfermedades, porque son más de cincuenta específicos, especialmente para la diabetes, pulmonía y el hígado”. A mi juicio, estas curaciones deben atribuirse más a la santidad del siervo de Dios que a la eficacia de las medicinas.[Notas 17]

El otro testimonio interesantísimo, quizá el más interesante de todo el proceso, se lo debemos al párroco de Daimiel, don Tiburcio Ruiz de la Hermosa, que escrudiñó como nadie todos los recovecos de la vida interior y exterior del siervo de Dios. He aquí sus declaraciones respecto a las medicinas y a los incidentes con los médicos; “También oí zaherir muy crudamente al siervo de Dios a otro escolapio, porque aquél se negó a darle el secreto de la fórmula de la Diabetes a un hermano suyo, que era farmacéutico“.

Ya hemos indicado que se trata, casi con toda seguridad, del padre Nicolás Gallego, que tenía un hermano farmacéutico en Getafe, que llegó a elaborar un antidiabético que fracasó rotundamente (20).

Ante estas críticas, el siervo de Dios no reaccionó con violencia, sino que guardó un escrupuloso silencio.

“A propósito del ejercicio de la medicina por el siervo de Dios, sé, por habérmelo referido él, que estando en Sanlúcar ya hizo allí el análisis de las aguas. Y me consta por referencias, que allí existe una fuente con un letrero que dice: “FUENTE DESCUBIERTA POR EL PADRE FAUSTINO MÍGUEZ” (sic). También él me dijo que las autoridades de Cádiz lo habían llamado para que buscara un MANANTIAL de agua POTABLE, como lo hizo y lo encontró, lo cual demuestra los grandes conocimientos que tenía sobre estos temas. Cuando ya se dedicó de una manera habitual a elaborar sus productos fue en Getafe, teniendo un pequeño laboratorio en su propia celda. “No deja de ser curioso esa referencia al hallazgo de un manantial de AGUA POTABLE EN CÁDIZ. No hay otra constatación de ello.

“Lo que encuentro más notable en los productos elaborados por el siervo de Dios es que él los aplicaba antes sí mismo, con lo que tenía la garantía de que no podían ser nocivos, según él mismo me manifestó. Y apoyaba su eficacia en el gran conocimiento que tenía de las virtudes de las plantas, que conocía a la perfección, tenía muchos textos, algunos muy antiguos, nacionales y extranjeros, que él estudiaba asiduamente. Muchas cosas tomó de la Biblioteca Secreta del Escorial en la época en que él estuvo allí de bibliotecario, sobre todo de los autores antiguos, como Avicena y otros“.

Aparte de esto adquirió este conocimiento por la propia observación de las planta del campo, que él analizaba minuciosamente y hasta observaba cómo los animales se valían de algunas plantas para diversos procedimientos curativos. “Encontró oposición enorme, tenaz y prolongada por parte de los médicos, y sobre todo de Madrid y de Getafe, en orden a la producción de sus específicos, porque se negaba a REVELAR EL SECRETO DE ELLOS, ESPECIALMENTE DE LA DIABETES, porque entonces no había ningún remedio para ello, y el específico del siervo de Dios era tan eficaz que en quince días me quitó a mí la DIABETES”.

Son muy interesantes los detalles que nos aporta respecto del descubrimiento de la fórmula de la curación de la DIABETES y de la promesa que había hecho de la distribución de los beneficios en favor de sus tres más caros ideales: sostenimiento de un número determinado de niñas huérfanas completamente gratuitas; gastos para la elaboración de los específicos y atención de las religiosas, y una tercera parte EN FAVOR DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO, su grande y específica devoción, por medio de sufragios y aplicación del fruto satisfactorio de la Santa Misa. ¿Cómo al fin encontró la fórmula? Según él mismo me refirió, estando un día comenzando a rezar el himno de Prima se le ocurrió la fórmula de la Diabetes; el primer impulso fue dejar el rezo y anotar la fórmula que andaba buscando desde hacía muchos años; pero reaccionó inmediatamente y dijo: “NO, LO PRIMERO ES DIOS Y DESPUES LA DIABETES,” Y así siguió rezando el Oficio, y después que terminó las Horas y dio gracias se fue al laboratorio, realizó la fórmula y comprobó en efecto que aquella era el remedio contra la DIABETES.

“También sé por él mismo que tenía casi compuesto un libro que dedicaba a las niñas del colegio, para enseñarles sus deberes, para cuando fueran madres, y en el que trataba de las enfermedades de los niños y de la medicina casera. Por cierto que me contó que, aprovechando una salida de él a Getafe (sic), cuando volvió a Sanlúcar (sic) se encontró que habían entrado a su celda y se habían llevado todos los cuadernos y notas de medicamentos y el original de este libro”.

Parece ser que están trastocados los términos, quizá por el copista del Tribunal eclesiástico; el pensamiento lógico pide que la salida fuera de Getafe a Sanlúcar y a la vuelta, como sabemos por otros testigos, se encontró con el lamentable allanamiento de su morada[Notas 18].

¡Qué pena que se haya perdido ese libro que podía ser tan interesante y que nos muestra a nuestro venerado hermano como un adelantado de todas las normas de pediatría y profilaxis puericultura tan en boga en estos tiempos! Y terminamos con unas palabras de sincera admiración a estos testimonios tan encomiásticos y unánimes sobre sus conocimientos terapéuticos de las plantas y los efectos maravillosos que el siervo de Dios obtenía; sin embargo, la mayor parte de los testigos no descartan la posibilidad de que fueran tanto producto de su ciencia como favor del Señor a su virtud acrisolada. “Por lo que dejo declarado, entiendo que el siervo de Dios estuvo dotado del don de hacer milagros” (refiere otros varios muy interesantes y que nosotros no hemos consignado en este lugar). “varias de las curaciones que hizo son inexplicables por medios humanos”[Notas 19].

Es posible que hubiéramos podido condimentar con alguna mayor gracia y poesía este relato y evitar la monotonía de tan encomiásticos testimonios, pero creemos casi imposible añadir mayor sinceridad y autenticidad. Este ha sido nuestro único propósito y lo que sin duda agradecerán mayormente nuestros lectores.

Antes de terminar esta exposición queremos recabar, para que nos sirva de síntesis, la opinión y criterio sobre los”. ESPECIFICOS MÍGUEZ” de un experto doctor en Medicina, que por diversas circunstancias se vio precisado a conocer y experimentar sus efectos beneficiosos y a los que según su valioso testimonio les debe la vida. Y aunque este estudio sobre los “Específicos Míguez” no lo hiciéremos después de un riguroso examen de los elementos que los componen y sobre una documentada información clínica y experimental, nos hubiera obligado a ello el RECUERDO TAN RECIENTE DE LA VIDA RECOBRADA, CUANDO LA MUERTE NOS RONDABA TENAZ Y DESESPERADAMENTE. Y agradecido, añade: Que deseo hablar de la gigantesca figura del padre Míguez, que con su inmenso saber puso en el mundo de la medicina fórmulas que son verdaderas panaceas para alivio y cura de las más diversas enfermedades. ”Nos han indicado ya anteriormente, alguna de las testigos más autorizadas, como son cerca de 50 los específicos que nos dejó el Padre y cuyas fórmulas guardan celosamente sus hijas como el más preciado tesoro. Unas 14 de ellas están reconocidas por la DIRECCION GENERAL DE SANIDAD y se expanden en las farmacias y laboratorios públicos. En Madrid, entre otras, “Las famosas farmacias del “globo”, en Antón Martín, y la de la”. Reina Madre”, en la calle Mayor, y lo mismo en el extranjero, sobre todo en la América Hispana.

“Hablar del muy reverendo padre Faustino Míguez, creador de una terapéutica natural, eficacísima para diversas enfermedades, es tanto como adentrarnos en una vida dedicada por entero al Amor de Dios y a la ciencia. En Roma ya, su proceso de beatificación, los documentos que atestiguan su santidad y sabiduría, cobran valor y categoría superior. Su bondad le llevó a los más duros sacrificios en bien de los demás, y su ciencia lo puso al nivel de las figuras cumbres, que han puesto en el mundo de la medicina, ya que no la anulación de la muerte, si la anulación del dolor y la seguridad de vencer la enfermedad en todas sus fases. La sólida preparación cultural y científica del padre Míguez, sus dotes de investigador excepcional en los arcanos de la Naturaleza traspasó muchas veces la frontera de lo desconocido, para entrar en el mundo de los milagros, donde se elaboran procesos orgánicos y mentales incomprensibles para la ortodoxia científica, para la ciencia de curar al hombre, encuadrada en límites reducidos, pese a su plenitud que abarca milenios de estudio e investigación. Pero esta sólida preparación y estas extraordinarias facultades para la investigación en el reino de la Naturaleza siempre se apoyaron en realidades, en hechos concretos, en experimentos controlados por un riguroso canon científico. Primero fue el estudio de las enfermedades que atacan al hombre. Después la aplicación de productos naturales, elaborados con fórmulas exactas, que alcanzaron en las dolencias preferentemente estudiadas no sólo alivio, sino curas patentizadas a lo largo de muchos años de vida terapéutica. Y este éxito estriba, como una paradoja, en su propia sencillez.”

“Las enfermedades degenerativas son las que más dañan a la Humanidad. Matan lentamente unas veces y a traición otras – entre ellas la DIABETES ocupa un lugar preferente en su acción destructora. Rompe la alegría de vivir y sume el espíritu en una desconsoladora angustia, en un temor permanente y en una rigurosa dieta que excluye de la vida del paciente muchas de las cosas que hacen amable la existencia. En sus profundas y sabias investigaciones, el padre Míguez se detuvo preferentemente en el estudio de la DIABETES. Fue la suya una investigación incansable que le llevó al más rotundo de los éxitos, hasta poder exclamar con su léxico sencillo, lleno de ciencia y de verdad: LA DIABETES ES CURABLE”. .

Hacer ahora un detenido estudio sobre los ingredientes que componen el ANTIDIABETICO MÍGUEZ sería tanto como adentrarnos en las maravillas curativas que encierra el mundo de la Naturaleza. Porque en su composición, como en cualquier preparado Míguez, sólo entran ingredientes naturales. Su fórmula es doblemente admirable por lo simple: Extracto de alcohólico de Hipnum Myoscuroide, Hutchinsia Petraca y Plumbago Littoralis, luego alcohol y agua destilada. Treinta, cuarenta, y casi un centenar de años de experimentos, y con ellos la vuelta a la salud más completa de millares de enfermos que se veían condenados al sacrificio y a la muerte. ¿Cabe mayor garantía científica? Años y años sin un fallo, con éxito creciente que por expresa voluntad del sabio naturalista cuenta con la sola propaganda que se transmite de paciente a paciente, en voces agradecidas, felices por la salud recobrada, que van siendo como eco múltiple, que llega a los más apartados rincones como una esperanza de vida.

Pero mientras tanto, en este conocimiento de drogas que la medicina va imponiendo a lo largo de los años y de los siglos en su titánica lucha contra el dolor y la enfermedad, el ANTIDIABETICO MÍGUEZ tiene derecho a un lugar preferente, por la garantía que ofrece y que no hacen disminuir los años ni los más modernos medicamentos, y porque a una enfermedad – la DIABETES - , sin cura posible ahora a, logra el milagro de una regeneración física sin precedentes con una garantía absoluta de éxito y de vida para aquellos a los que la vida va dejando en una oscura lucha sin esperanza. ¿Pero con el descubrimiento de la insulina no habrá quedado superado el específico Míguez? He aquí como respuesta las palabras de Alexis Carrel, el premio Nobel Francés y uno de los investigadores más destacados en el campo terapéutico y experimental de la medicina moderna: “La insulina determina la aparición de la diabetes, pero no cura la enfermedad“.

Si partimos del hecho concreto de que la”. Enfermedad - en cualquiera de sus manifestaciones – consiste en un desorden funcional y estructural” la simple administración al enfermo de los productos químicos que necesite no basta para armonizar el engranaje de su vitalidad. El secreto del éxito está en “poner a cada órgano en condiciones de perfección para la normal elaboración de esos mismos productos. Pero el Antibiótico Míguez logra esa finalidad frente al desorden funcional de ese grupo de CELULAS PANCREATICAS PRODUCTORAS DE LA DIABETES”. En la respuesta a ese interrogante está la virtualidad incalculable que este medicamento ofrece para combatir o aliviar, cuando menos, algunas de las especies diferenciales de la Diabetes[Notas 20].

El Padre, como se ha indicado en otros lugares, dejó anotadas en un cuaderno las fórmulas que él había hallado en sus investigaciones sobre diversas enfermedades. Son unas 14 las que están registradas en la Dirección General de Sanidad hasta la fecha; las más famosas y de mayores garantías terapéuticas son: el antidiabético, antihemorroidal; antihepáticas; antirreumáticas; hematosamuntor; antigastrálgico y vino tónico. Otras 32 están en vías de ensayo y con los mejores resultados experimentales.

Antes de dar por concluido este apartado sobre las facultades médicas de que estuvo dotado el siervo de Dios, queremos resaltar algunas facetas que pueden pasar inadvertidas a los profanos, pero que adquieren un relieve especial, a casi un siglo de distancia, para los estudiosos, ya que con esa antelación utilizó en sus curaciones planes y métodos puestos en boga por muchos doctores de ahora. El Padre emplea en sus ensayos empíricos, con los que consigue resultados espectaculares, una serie de técnicas y usos que hoy día han revalorizado los más conspicuos tratadistas de homeopatía y antropología vegetariana, como consecuciones más logradas de la medicina natural. Así los doctores Felipe Torres y Silverio Palafox, de Madrid; Wander y Capó de Barcelona, y el abate Hamon del extranjero. Si hubiera que buscar en la actualidad algún patrón especial para los vegetarianos naturistas no encontraríamos ninguno con mayor caudal de méritos que el siervo de Dios, padre Faustino Míguez. En su copioso epistolario y en las declaraciones procesales del proceso de beatificación se encuentran innumerables pruebas de sus métodos y planes de curación. La consecución de una prodigiosa ancianidad (noventa y cuatro años) conservando sus facultades mentales y funciones orgánicas en toda su integridad es testimonio fehaciente de sus éxitos. Entre los elementos de su terapéutica se hallan: baños al bajo vientre con fricciones de toalla o paño afelpado durante veinte minutos o media hora por las mañanas; ejercicios físicos o gimnásticos moderados; paseos por el campo con amplios horizontes; comida sobria y cena extremadamente parca; acostarse pronto; levantarse temprano; no sufrir disgustos; cuando se observe alguna indisposición observar abstinencia completa hasta que reaccione la misma naturaleza. Esas eran sus recomendaciones… esas las causas de muchos éxitos. Uso de tisanas e infusiones a base de plantas de la naturaleza. ¿Y lo demás? Su conocimiento prematuro de muchas enfermedades…, sus diagnósticos a distancia, etcétera, entra dentro del misterio de su vida; quizá de su unión con la Divinidad en sus comunicaciones íntimas que a nosotros, pobres ignorantes, no nos es factible desvelar en esta vida. Misterios de la vida que sólo se nos permitirá columbrar desde las alturas de la existencia ultraterrena.

Notas

  1. Últimamente hemos encontrado una alusión que hace a ello el comunicante anónimo de Getafe, sin duda para dejar en ridículo al religioso y a los a él acudían, en el artículo de desprestigio insertado en el periódico El País, donde dice: “El Proceso: Ya hemos dicho que de las diligencias instruidas por el Juez no resulta nada contra el P. en cuestión. Está comprobado que el P. Faustino no era mas que veterinario, y conste que sentimos al decir esto por las personas que acudieron solicitando su auxilio. Pero, en fín, cada cual se conoce a sí mismo. “Cf. El País, diario republicano, 30 de enero de 1901, Madrid). Sobre la cuestión de títulos oficiales en Cuba, consigna la necrología del P. Botey que tuvo que venir a Madrid a recabar del gobierno para que pudieran los nuestros seguir enseñando sin los títulos de segunda enseñanza y consiguió que fuera derogada la orden que nos los exigía. El P. Míguez no tuvo tiempo para poder obtenerlos.
  2. Testimonio del Rvdo. P. José Olea Montes, en sus declaraciones en el Proceso Diocesano de Madrid, págs. 51, 52, 69, 70, 72-r., 82.
  3. Este pequeño escrito es un cuaderno de 45 páginas, donde anota las fórmulas de distinto específicos en número de 45, de los que solamente 14, hasta el presente, están aprobados por la dirección General de Sanidad. Se conserva en Getafe y en letra original del Padre.
  4. Testimonio del Rvdo. P. Eusebio Gómez de Miguel en las declaraciones del Proceso Diocesano de Madrid, págs. 210-212.
  5. Testimonio de Doña Basilisa Argüeso González, natural de Llano, de Santander, de setenta y un años al prestar la declaración en el proceso. Conoció al Siervo de Dios cuando iba los veranos a descansar a Sanlúcar.
  6. Testimonio de Dña. Josefa Delgado Otaolaurruchi de Sanlúcar de Barrameda, de 77 años de edad al prestar su testimonio y, por lo tanto, 9 años cuando se inició la obra del Padre en la capital sanluqueña, página 312.
  7. D. Jerónimo Angulo testimonia en el Proceso en la pág. 317.
  8. Testimonio de la Rvda. M. María Casáus, Vicaria General de la Congregación y una de las protagonistas del proceso de escisión de 1.924, págs. 324-325.
  9. Testimonio de Dña. Marcelina Valtierra Tordesillas, en religión Sor María de la Stma Trinidad, de sesenta y seis años, natural de Getafe y religiosa, al prestar su testimonio en el proceso, en las Concepcionistas Franciscanas de Alcalá de Henares… natural de Getafe Religiosa.de las Concepcionistas Franciscnas. de Alcalá de Henares. (Proceso pág. 342-r)
  10. Testimonio de la M. R. M. Gemma de Jesús, Superiora General en el momento de iniciarse el proceso de Beatificación y uno de las principales promotoras. Nació en Villena (Alicante) y tenía setenta y dos años al prestar sus declaraciones en el proceso. Conoció al Siervo de Dios en 1912 por primera vez y después lo trató bastante en 1.922 y 1923. En 1.925 lo hizo con mayor frecuencia, por ser, a la hora de la muerte del Siervo de Dios, Vicaria General. Es también una de las pricipales protagonistas de los incidentes ocurridos en 1.924. Test. págs. 348-r.
  11. Testimonio del Rvdo. P. Leonardo Rodriguez, Maestro de Juniores en Getafe y profesor muchos años de los mismos en Getfe y Albelda. Rector, posteriormente, en el colegio de Sevilla. En los últimos años del Siervo de Dios le trató muy familiarmente. Test., págs. 364-365-r
  12. Testimonio de Dña.Pilar Valtierra Tordesillas . Cf. Summarium Proc. Ord. Matriten., pág. 236. Proc. Dioc. pág. 248-r.
  13. El Hno. Cirilo Vázquez, Hno OP de nuestra Orden, residía en el colegio de San Fernando cuando prestó su declaración en el proceso y tenía sesenta y un años. Conoció al S. de Dios desde el año 1909, hasta el 1918, y después, desde 1923 hasta la hora de su muerte. Fue el Hno que lo amortajó y encontró difunto en su habitación. Como hno enfermero, le atendió en sus últimos años. Después me ha transmitido noticias muy interesantes de los últimos momentos del Siervo de Dios. Hay día ya ha fallecido. Test., pág. 219-r y 220.
  14. Testimonio de Leopolda Ferreiro Míguez, sobrina nieta del Siervo de Dios, a quien conoció en 1915 cuado por motivo de la inauguración del colegio de Religiosas Pastoras de Monforte, la R. M. Julia Requena obligó al Siervo de Dios a acudir a la inauguración. Después lo llevaron a recordar sus antiguos lares en Xamirás y Celanova y saludar a sus familiares. Allí estuvo varios días. Test, pág. 164-r
  15. Testimonio de Doña Vicenta Serrano, vecina de Getafe y dirigida del S. de Dios desde sus mas tiernos años. Test., págs. 137 –r 138.
  16. El P.Faustino Míguez de las Escuelas Pias, José Cerdeiriña, 2ª Edición, Madrid ,1970, pág. 66.
  17. M.R.M. Natividad Vázquez Romero nacida en Chipiona (Cádiz) …Ingresó en el año 1889 y siendo novicia conoció al P. Fundador. cuando venía a Sanlúcar. El año 1906 fue destinada a la Fundación de la Casa de Getafe, y allí fue Superiora …tuvo mucho trato con el Padre. Después vió al S. de Dios en distintas Casas y por último 8 años en Getafe- Declaró en el Proceso en Jerez de la Frontera.
  18. D. Tiburcio Ruiz de la Hermosa, Arcipreste, párroco de Daimiel (Ciudad Real) de setenta y siete años al presentar su declaración en el proceso, fue amigo íntimo del P. Míguez y quizá el único que consiguió sonsacarle muchas interioridadesque a ningún otro confió. Hombre de gran virtud y muy querido y estimado por todos los que le conocieron por su celo y espíritu de caridad,un verdadero hombre de Dios y de los más interesados en acelerar el proceso de beatificación de nuestro P. Míguez. Conoció al Siervo de Dios en mayo de 1910. En esta fecha encontrándose enfermo de diabete, que los médicos no acertaban a cuerar, dejándose llevar por la fama adquirida por nuestro P. Míguez, le hizo una visita en Getafe y consiguió la salud perdida. Compenetrados íntimamente como dos almas gemelas se trataron desde entonces con amistad y confianza ilimitada, y recabó de él la fundación de una Casa de su Congregación en Daimiel. Con éste motivo se vió precisado a ir a dicha ciudad nuestro padre, para tramitar la fundación, unas siete veces. Siempre se aposentó en la casa del Sr. Arcipreste, y con este trato afectivo llegaron a intimar más y a conocer sus virtudes y muchos sucesos de su vida,, que el buen párroco iba poco a poco desvelando de sus más profundos arcanos y guardando fielmente en su memoria.”Yo lo considero un verdadero Santo—dice en los comienzos de su declaración testifical en el Proceso-, y esto desde que comencé a tratarle con motivo de la fundación qué aquí hizo, que es cuando mas me apercibí de la ejemplaridad de su vida y virtudes.” (pág. 96; Testimonio, págs. 99-112).
  19. Los farmacéuticos con los que tuvo trato en Getafe y a quienes encomendó mediante contrato, la venta de sus específicos. Fueron: D. dionisio Perales y D. diego Gallego Avila. Con el que tuvo gran amistad y se entendió perfectamente fue con D. José Acero. A su muerte tuvo que volver al compromiso con D. Diego Gallego. Ultimamente me confirma la suposición de que fue D. Dionisio Perales el que abusó de la confianza del Padre, las referencias que transcribimos, tomadas de los artículos aparecidos en el diario “el País”.
  20. Lucha contra la enfermedad. Revisión científica del Dr. Basil Caverlani. Madrid, Ind. Graf.S.L. Iruma, pág 5,6,7,8, 1 y 2.