DelAlamoBiografia/CAPITULO XVI: PRIMERA ETAPA DE LA ESTANCIA DEFINITIVA EN GETAFE

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CAPITULO XV: DEFINITIVA RESIDENCIA DEL PADRE EN GETAFE.
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CAPITULO XVII: NOVEDADES DE LOS AÑOS 1990 – 91
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CAPITULO XVI: PRIMERA ETAPA DE LA ESTANCIA DEFINITIVA EN GETAFE

(Años 1888-1890 cincuenta y siete a cincuenta y nueve del P. Míguez)

En el mes de septiembre, día 30, de 1888 llegó el Padre a Getafe, su morada definitiva en la tierra[Notas 1]. La prueba de la obediencia, tramitada con tanta intemperancia y apasionamiento, tuvo que ser dolorosísima para el Siervo de Dios, porque dejaba su Obra en la orfandad, si bien confiaba en la Divina Providencia. El oro se prueba en el crisol; la valía y el temple de las almas en las dificultades y persecuciones. El Padre había madurado en su espíritu extraordinariamente ante las incomprensiones y angustias espirituales, a las que se vio sometido durante estos tres años de entrega generosa y apasionada a un ideal que deseaba fuera “todo de Dios”. No se amilanó ante las calumnias y maledicencias; se apoyó en Cristo, que era su fortaleza y siguió su camino…con la confianza de que dios haría triunfar la verdad y su Obra. Vamos a seguir paso a paso, por medio del copiosísimo epistolario del Padre durante estos años, los hechos y sucesos más interesantes de su obra y persona. El Padre, a pesar de la distancia, sigue vinculado a su Institución con el amor, el interés y el sacrificio, del que se sabe progenitor ante Dios y ante la Historia de este apreciadísimo fruto de sus ansias apostólicas y desvelos sacerdotales. Porque conoce por experiencia íntima que el verdadero apóstol revitaliza sus soñados ideales al transmitirlos directamente a otros; que un alma sin celo, es un alma sin amor, como sentencia S. Agustín, y que el sacerdote que no engendra cooperadores capaces de transmitir y continuar el mensaje de salvación de Cristo, es un pastor mercenario, a quién no le importan las ovejas.”.

Durante los tres meses que restaban de 1888, se dedicó en Getafe sustancialmente, además de atender a sus clases con todo esmero y cuidado como había hecho durante toda su vida, a escribir un REGLAMENTO para las religiosas, más extenso y completo, que sirviera un día de Base a las Constituciones Posteriores[Notas 2]. También escribe algunos capítulos de la FISICA TERRESTRE, que quiere se publique en Sanlúcar a nombre de las Religiosas Hijas de la Divina Pastora. Ignoro si llegó a ver la luz pública, porque la edición que conocemos está editada en Madrid en el año 1904. Da órdenes para que a Doña Trini y a los Señores de Argüeso se les trate con toda consideración y se les permita entrar y visitar el Colegio, porque son auténticamente patronos y dueños. Ante una expresión apasionada de M. Ángeles para su persona con una comparación que consideraba como…impropia, casi blasfema, le pone de penitencia simbólica, pero exigente, que pida perdón a Dios, aunque era una falta meramente material, que bese el suelo y que rece tres padrenuestros. Compra un centenar de diplomas en Madrid y se los manda para que los utilicen como premios en los exámenes y ordena que sean muy exigente en éstos, porque el aprovechamiento y éxito de las niñas son el mejor reclamo y propaganda de la Institución. Anima a M. Ángeles, que ha quedado como Superiora, y a todas las demás a que cumplan con sus obligaciones.

“¡Animo! que Dios no te ha puesto ahí para perderte, sino para hacerte santa; lo mismo que a mí, aquí Ayudémonos mutuamente con nuestras oraciones y ejemplos. Y a todas lo mismo. Te esperan muchas tribulaciones, como las pasadas; son el camino recto para llegar a lo que prometes. Tienes que ser la bandera de otras muchas. Sola nada puedes; en Dios lo puedes todo. Gózate en el que te conforta y te confortará más, según le vayas siendo más fiel y agradecida. Comprende que las Reglas son lo más estrecho que se conoce, pero dice el mismo Jesucristo que también lo es el camino del cielo. Yo no me atrevo a cambiar nada en lo esencial; vosotras haréis lo que os parezca”. ¿Quién temeréis si lleváis a Jesús en vuestro corazón y fuereis así cumpliendo su Stma. Voluntad y ganándole almas? ¡Animo ¡ que cuanto mayor fuere la cruz, mas cerca estaréis del cielo. Santas, muy santas, santísimas y para eso humildes, muy humildes, humildísimas os quiere vuestro indigno Padre en el Señor”[Notas 3].

Llegamos al año 1889. Sigue en sus cartas animando a todas a aspirar a la perfección y a cumplir fielmente con sus deberes. Se refiere al día de su santo, S. Manuel, 1 de enero, y dice para consolarlas y consolarse:

“… que ha tenido la habitación llena de PP. y Hnos. que le han felicitado hasta las dos de la tarde, como nunca en Sanlúcar. Todos, todos, en todas partes está Dios. ¡Bendito sea! Hasta he tenido varias cajas de botellas, de regalo, para obsequiar a los felicitantes”[Notas 4].

En casi todas las cartas de esta época transmite algunas recetas de su invención, para acudir a las necesidades o indisposiciones que sienten sus religiosas o personas conocidas, que por medio de éstas le piden medicamentos para la difteria, bronquitis, malestar de estómago, dolores de cabeza o normalización de las reglas, etc. Ordena también la manera de distribuir los distintos vales de aplicación, asistencia a clase, buen comportamiento y escribe algunas cartas a las alumnas al comenzar el nuevo año, estimulando a todas para que vivan y trabajen como verdaderas cristianas:

“Esto Espera y desea de vosotras todas, todas, si exceptuar una siquiera y esto pide todos los días una y muchas veces para sí y para todas vosotras el que más os quiere en el mundo, pero buenas, muy buenas, buenísimas, aplicadas, más aplicadas, aplicadísimas, santas, muy santas, santísimas, esto espera de vosotras el que por lo mismo que tanto os quiere, os pide que en todas parte, en clase lo mismo que fuera, en la calle lo mismo que en nuestras casas, solas, lo mismo que acompañadas, de día, lo mismo que de noche…consideréis que os está viendo el Ángel de la Guarda y el mismo Dios, que os manda que os portéis siempre y en todo tiempo y lugares, como verdaderas hijas y discípulas de la Divina Pastora”[Notas 5].

Continúa pergeñando el borrador de las Reglas; insinúa que quiere al final de cada capítulo añadir algunas sentencias de la Sagrada Escritura y Santos Padres.

“Mi objeto al añadir unas sentencias y consejos es facilitaros medios de poder hacer mejor vuestras pláticas y apoyarlas siempre en las palabras de la Escritura y en la doctrina de los Stos. Padres dela Iglesia, que dan mayor autoridad.” “No vayas a figurarte que ese ramillete que, Dios mediante, pienso hacer, cuesta poco: tengo que andar como la abeja, libando las Sgdas. Escrituras y Stos. Padres para sacar la quinta esencia de las flores, que más hagan a mi propósito y común aprovechamiento.”

Este cuaderno, de unas 25 páginas escritas, creo haberlo encontrado últimamente en la biblioteca de nuestro Colegio de Getafe. En la portada pone el título: SENTENCIAS ESPIRITUALES, y la letra es sin duda del Padre. En su interior y a lápiz se lee: “REBUSCOS DE UN OCIOSO”; y está dividido en 37 apartados con muchas sentencias de la Escritura y Santos Padres que con frecuencia repite después en sus escritos. Algunas creo que son originales; otras, fruto de sus frecuentes lecturas.

Habla de la llegada a Sanlúcar de una señorita inglesa para dar clases de su idioma patrio y piden se aprovechen todas de esa facilidad. Se llamaba Mary Gadner, y solicitó, andando el tiempo, ingresar en la Congregación, lo que hizo con el nombre de Sor Sacramento. También dominaba el francés, lo que alegró mucho al Padre que era partidario decidido del aprendizaje de lenguas en aquella época y de su importancia en la educación, para prestigiar el Colegio. Habla igualmente de los Santos Ejercicios que han de practicar todos los años, sobre todo las “mayores” y les prodiga santos consejos.

En el mes de abril sufrió una indisposición con tos convulsiva que le provocó fiebre durante varios días, Es muy curioso y aleccionador que dio al médico, cuando éste le dijo que para mejorarse tendría que volver a Sanlúcar, con estas palabras: “Yo le daré un certificado de que así lo necesita o iré yo en persona, si Vd. quiere, a sus Superiores”. “Ni lo uno ni lo otro, gracias; no pedí salir, no pediré volver, aunque supiera que moriría hoy mismo. Esta ha sido siempre mi sistema y no lo cambiaré al último de mi vida. Tengo que morir aquí o en otra parte, lo mismo me da. Ya procurarán enterrarme. A Pekín estoy dispuesto a ir, si así me lo mandan y muy contento, porque no hace tanto frío como aquí.”[Notas 6]

Habla también del mes de mayo y de cómo han de celebrar el mes de las Flores, en honra de la Santísima Virgen, con versos apropiados. Es partidario de que lo hagan en las clases, para no tener que movilizar a las niñas y llevarlas a la iglesia a la salida de éstas.

Les indica en el mes de Mayo que el P. Vicario General está en Sevilla y que era posible fuera a Sanlúcar; que vayan a visitarle dos religiosas, ya que él les devolvió la visita de la otra vez; si no está o no baja, “Que le dejen una tarjeta con la esquina doblada”. Parece que era el P. Manuel Pérez, que había sido el principal gestor y patrocinador de la instalación del Colegio de PP. Escolapios en la ciudad del Betis.

Anuncia que en el mes de mayo ha mandado las Reglas, por fin, al Provisor de la Archidiócesis hispalense, que éste se las presentó al Sr. Cardenal, que en el acto nombró una Comisión para revisarlas.

“Aquí añade, se las di a revisar a dos PP. uno que fue mucho tiempo y otro que aún es maestro de Novicios. Y les gustaron muchísimo; añadiendo que si llegarais a cumplirlas, como están, os iríais con zapatos al cielo Dios lo haga y me llevéis con vosotras, siquiera por lo mucho que me costáis. Con tal de que me seáis santas a proporción, lo doy por bien empleado.”

Estos Padres, los dos venerables, y que dieron un laudo y aprobación tan encomiástica de las REGLAS, fueron con toda probabilidad los PP: Calixto Soto y Carlos Lasalde; ambos desempeñaron once años el cargo de Maestros de Novicios y dejaron una estela imborrable en cuantos los conocieron y recibieron su formación.

Trata de preparar su viaje para ir a Sanlúcar a presidir los exámenes, conforme se lo vienen pidiendo y añoran sus queridas Hijas, como la mayor de las ilusiones. Las Reglas han sido Aprobadas, pero el Secretario del Sr. Cardenal las envió al Colegio de Sevilla para que las trajese el P. Vicario-General, y en vez de eso, El P. Víctor las llevó a Sanlúcar, con el consiguiente trastorno. Solamente le impusieron la”. Corrección de cuatro cosillas de poca importancia”.

El P. Provincial le concede permiso para ir a Sanlúcar, una vez que termine sus exámenes en el Colegio. El P. Rector se ofreció al Padre para tenerle la clase de grado y que pudiera irse una vez que se examinaran los niños de física. No puede estar más deferente. El P. Pedro Díaz escribió a un Padre, primo suyo, que está en Comunidad en Getafe y pregunta por el P. Míguez y desea saber si va a ir este verano a Sanlúcar, y añade en otra carta (7 de junio): “Lo que le han dicho al P. General creo perjudicará más que favorecerá “No tendría nada de particular hubieran sugerido las Religiosas u otros su traslado a aquel Colegio o a Sevilla.

Anuncia que programen ya los exámenes a los que asistirá, sin poder todavía el día fijo; dice que “estuvo con el P. Provincial y con el General, que se le presentaron cual nunca. El Rector, no se diga”. El Provincial era el P. Eugenio Caldeiro, que murió poco después y el Vicario General, el tantas veces citado P. Manuel Pérez; el Rector del Colegio de Getafe, el P. Pompilio Díaz. Quiero recalcar estas informaciones, para dejar aclarada y refutada la idea persistente y bastante extendida de que nuestro Padre fue perseguido por los Superiores, incomprendido y marginado por los Hermanos de religión e ignorado y preterido por aquellos con los que convivió; seglares, religiosas suyas y familiares. Lo he oído con relativa frecuencia y con indisimulada pena, porque creo que hay datos y referencias del propio interesado más que suficientes para deshacer esa especie de “leyenda negra”. En primer lugar debe quedar bien claro que él no era efusivo por temperamento y por consiguiente introvertido y amigo de la soledad y del aislamiento; por otra parte no quiere atar su corazón a criaturas volubles que puedan distraerle de su único ideal de perfección, al que se ha consagrado por medio de los Santos Votos. Pero no es ni mucho menos indiferente a las verdaderas amistades, fundadas en motivos espirituales o de agradecimiento y estima correspondida. Crea y cultiva profundas amistades con altos personajes de la vida social; el Cardenal Ceferino González; el Sr. Provisor de Sevilla, D. Santiago Magdalena; el Arcipreste rubio Contreras, etc., y entre la nobleza; el conde de Aldama, los condes de Bustillo, la marquesa del Corte, el Rector de la Universidad de Sevilla D. Manuel Bedmar, los banqueros Señores Ruidrejo, el ex -ministro Sr. Sánchez de Toca. El general Azcárraga, que fue presidente del Gobierno y del Senado, y otros muchos. En la vida oficial de su Orden se le nombra en diversas ocasiones para cargos de importancia, como Procurador en Getafe y Sanlúcar, Rector de Monforte y Archidona, si bien a esta último Rectorado renunció; Vocal del Capítulo de Sanlúcar y Getafe, etc. Todo ello demuestra sin género de dudas que era tenido en estima y aprecio de su valía por parte de sus Superiores y los compañeros de hábito. Ahora bien, él renuncia a todos estos cargos voluntariamente, porque, por temperamento o divergencia en el planteamiento de los problemas al enfocar la vida, no se considera adecuado para desempeñar esos Oficios y Prelacías. El mismo es consciente de esta dificultad y así lo manifiesta espontáneamente y con toda la crudeza en alguna ocasión, cuando por dos veces pretende “declinar el mandato” que recibió del Cardenal de Sevilla para ser director y Capellán de la Institución por el período de seis años. Si hubo al principio algunos religiosos que no miraron con buenos ojos su intervención en los comienzos de la OBRA, puede tener alguna justificación en el medio ambiente que entonces se respiraba dentro de la vida religiosa, que hacía no se consideraran legítimas las tareas fuera de la vida de la Comunidad. Las experiencias y novedades extraescolares, fuera de nuestro carisma específico, con frecuencia suelen terminar en fracasos ruidosos y con descrédito no sólo del que las promueve sino también de la Congregación a la que pertenece el innovador y sus miembros. Hay que tener presente que el sujeto o miembro de una Corporación no actúa en solitario ni desvinculado del prestigio de la Institución a la que se debe y que tiene obligaciones sagradas para evitar que otras personas inocentes se vean involucradas en el desprestigio de sus actuaciones. La oposición del Padre Rector, Alejandro Corrales, puede deberse a alguna incompatibilidad de caracteres o celo indiscreto o celo indiscreto de autoridad, una vez que se había concedido al Padre autorización para ponerse al frente de aquella experiencia. Quizá puede abonar algo en su descargo la presión ejercida por el Colegio de Médicos de Sanlúcar, con sus quejas sobre la actuación del Padre en el ejercicio de la medicina, que ponía en una disyuntiva muy violenta la posición de su autoridad ante la Comunidad y el pueblo. Menos justificada nos parece la actuación del P. Marcelino Ortiz, Provincial, en este caso; pero de ello trataremos más adelante, como uno de los episodios más penosos y violentos que tuvo que soportar el Padre durante toda su vida. De todas formas este recelo de la Comunidad de Sanlúcar a la que el Padre pertenecía, ni fue tal ni duró más que el tiempo preciso de los primeros ensayos y titubeos de la Institución. De aquella misma Comunidad el P. Pedro Díaz le ayudó y favoreció desde el primer momento; y poco después los PP. Merry, Juan Antonio Herrero, Diego Medrano, Camallonga y otros, no sólo se prestan al Padre Fundador como amigos, sino que se ofrecen y trabajan en la consolidación de la Obra. Con toda suerte de ayudas y estímulos. Antes del año de su salida de Sanlúcar, que el mismo Padre juzga “providente” en distintas ocasiones, vuelve allí y es recibido con toda veneración y cariño.

Respecto de su estancia en Getafe, la califica él mismo como una “gracia”, ya que se considera felicísimo en esta observante Comunidad y espera llevar una vida tranquila, más que en los cuarenta años de su anterior vida escolapia”[Notas 7]. Con estas pequeñas muestras, que podríamos multiplicar indefinidamente mediante extractos de su correspondencia, queda en evidencia que, fuera de estos primeros chispazos en los comienzos de la Obra, todos rivalizaron en manifestaciones de veneración y respeto, como tendremos ocasión de verificar en páginas sucesivas

En la carta del 24 de agosto da cuenta de su viaje de regreso de Sanlúcar, donde dice que en Sevilla le esperaba D. Modesto Vinuesa, que lo llevó en coche, primero a su casa a saludar a los suyos, y después al Colegio a donde volvió a las 5:30 para llevarle a la estación. En Madrid le esperaba D. Julián Ruidrejo, el banquero oriundo de Soria que tenía en Sanlúcar y en Jerez establecimientos de Banca muy acreditados.

Le llevó en su magnífico coche a su casa para saludar a sus familiares, todos ellos muy íntimos del Padre, que se habían desplazado la víspera desde El Escorial, donde veraneaban, con objeto de saludarle e inquirir noticias de Sanlúcar y de su viaje.

“Por la tarde fui a los Colegios de S. Antón y S. Fernando. Vi a los PP: Corrales, Pedro y Diego y los saludé. Luego me vine a ésta donde me hallo muy tranquilo“.

En este mismo mes de agosto de 1889 recibió en su viaje a Sanlúcar una noticia que le produjo notable desagrado. Le habían comunicado que el Cardenal Fray Ceferino González había presentado su renuncia, por trastorno mental, a la Sede Hispalense y su Santidad la había aceptado. Termina su comunicación a las Religiosas acogiéndose como siempre a la Divina Providencia.

“… que sabe sacar bien de lo que los humanos algunas veces parece mal. ¡Dios sabe quién lo sustituirá y como mirará eso! Pero Dios sobre todo. ¡Él sabe lo que más conviene y sacar bien del mal! ¡Qué se cumpla siempre su voluntad! Qué vuestra vida intachable os recomiende: que no hay mejor recomendación que la virtud. Sed flores en el jardín de la Religión y los vientos de la tribulación, servirán para expandir y hacer sentir vuestro aroma”[Notas 8].

Parece ser que el P. Oliva, del que ya hemos tratado en diversas ocasiones, y que ahora tenía mucho predicamento en la Curia, fue uno de los encargados de dar veredicto sobre las Reglas; como estaba tan unido a M. Ángeles espera que se interesará por la Institución. Por otra parte, dedicándose a la predicación y confesonario podría mandar algunas pretendientes.

“… que de poco serviría multiplicar las colmenas, si no hubiese industriosas abejas, que las llenasen de ricos panales y miel, obras y virtudes. Sed muy buenas y santas; que Dios no ha de faltaros. Llevaréis coscorrones, pero será para otro mayor bien, mayor que el del año pasado; y ya veis que si así no hubiera sido, no tendríais REGLAS todavía, ni sabe Dios cundo, dada la mudanza del Sr. Arzobispo. No hay mal que por bien no venga, y sólo Dios sabe lo que más convenga. Poned en El toda vuestra confianza, servidle como os habéis obligado y no temáis que os abandone”[Notas 9].

En el mes de noviembre[Notas 10] hace referencia al ofrecimiento que ha hecho el Ayuntamiento de pagar los gastos de un salón en la calle Barrameda, para poner una escuela de niñas gratuitas, ya que es insuficiente el local de S. Jorge.

Ya supongo el salón que dices, contesta a M. Ángeles, fue teatro de aficionados y entre él y S. Nicolás está la casa del cura: ignoro sus dimensiones y si tiene todas las piezas que hacen falta”.

Hace una relación detallada de todo lo que a su entender se necesita, como utensilios y menaje de bancos, mesas, sillas, pizarras… etc., y en otra del mismo mes (21) le manda desde Madrid una lista de enseres escolares comprados para este departamento, que importa más de 500 pesetas, que le ha tenido que adelantar D. Julián Ruidrejo. No queda muy satisfecho de estos patronazgos de los Ayuntamientos que conoce por experiencia propia en Monforte, y por eso le dice a la Superiora de Sanlúcar:

“Lo mismo me he figurado del Ayuntamiento. Cuanto propongan unos lo cambiaran otros, hasta por sistema y porque además, no faltará quién atice, como si lo viera. Ya estaba hecho y no quiso decir nada. Pero ¿es pan para hoy y hambre para mañana?”

Toma también la determinación de imprimir unas cartas circulares con IMPRESOS DE PROPAGANDA para enviarlos a los sacerdotes conocidos y pedirles colaboración en el reclutamiento de vocaciones con destino a su Obra.

“Yo por de pronto pienso mandarlas a los Penitenciarios de las Catedrales, Arcipreste, y Superiores de los Colegios de Misioneras y Religiosos que son los que más confiesan y ocasiones tienen de favorecer, si quieren. Si se repartiesen siquiera dos o tres mil se conseguirían al mismo tiempo dar a conocer la Institución por toda España y de un tiro se matarían dos pájaros”[Notas 11].

A finales de año se ofrece también la ocasión, que le brinda M. Ángeles, de que un Sr. periodista haga una reseña para publicarla en algunos periódicos de Cádiz y de Madrid y le sugiere:

“No quiero que en la reseña que ponga el Sr. Romero me nombre a mí para nada: sino que la presente como la realización de un ideal del Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal Fray Ceferino González que sugirió y aprobó sus Bases y después sus Reglas con un encomio que supera a todo. Yo necesitaría tres o cuatro números del Periódico en que salga eso, si es que no los quisiese enviar para que se publique solamente en uno de Madrid”.

Por fin el 31 de diciembre trata del mismo asunto del artículo periodístico y escribe:

“…tal como ha venido está ya en el correo, sólo le acompañé un Reglamento de ese Colegio. Allá veremos si, y cómo lo pone EL MOVIMIENTO CATOLICO, a quién lo envié. Tengo por discípulo a un hijo del Director y creo que hará cuanto pueda. Además ese periódico es hoy el que representa la Opinión de los Obispos y las doctrinas más sanas.”

En efecto se publicó el artículo de referencia y también lo reprodujo nuestra REVISTA CALASANCIA en su núm. 26 del año II, con unas palabras encomiásticas de su Director, el P. Carlos Lasalde. Más adelante tendremos ocasión de reflexionar sobre esta referencia con que termina el año 1889. Hemos querido entretenernos, quizá con demasía, en referir la marcha de la Obra y la intervención de nuestro Padre en ella para que quede bien patente el interés y directrices que le señalaba, aún a distancia, con el fin de que continuara y no se desvirtuara el espíritu que había impreso en sus comienzos.

Notas

  1. El día 14 de agosto de 1888 está firmada su obediencia de Sanlúcar a Getafe. (Libro de Secretaría Provincial, pág, 208) Y el día 30, procedente de Sanlúcar, llegó con obediencia para este Colegio el P. Faustino Míguez. (Libro de Secretaría, III, fol. 31.)
  2. Parece que en un principio, es de suponer varios meses antes de 1885 , el Padre escribió unas Bases a las que el Cardenal Ceferino González dio su aprobación, nombrando Director al Padre, el 2 de enero de 1885. Posteriormente formó un Reglamento, al que coadyuvaron las pretendientes con sus sugerencias; finalmente, ya desde Getafe, pergeñó las primeras Reglas de que habla en varias cartas de esa época y que el Cardenal aprobó el 12 de junio de 1889.
  3. Carta sin fecha del XII de 1888, (Cf. Semblanza espiritual del Siervo de Dios A. del A. págs 172-73)
  4. Carta del Padre, del 2 del XII -1888, dirigida a las niñas y religiosas de Sanlúcar.
  5. Carta a las alumnas, del 3-1-1889, y a otras personas que van a hacer los santos ejercicios.
  6. Carta, de 23-IV-1889 , del P. Míguez a M. Ángeles.
  7. Carta del P.Míguez al General Romano Mauro Ricci (febrero de 1891).
  8. Carta del Padre M Ángeles, septiembre 1889.
  9. Carta del Padre de 1889 (21 de noviembre)
  10. Carta del Padre, 31-XII-del 1989. Dirigida a m. Ángeles.
  11. Carta del Padre, 31-XII-1889, dirigida a M. Angeles.