DelAlamoBiografia/CAPITULO XXI: RELACIONES CON LA CLASE MÉDICA

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CAPITULO XX: CURACIONES ESPECTACULARES, EL REY - NIÑO ALFONSO XIII
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CAPITULO XXII: DIMISION DEL PADRE COMO DIRECTOR DE LA OBRA (AÑOS 1891 – 1897)
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CAPITULO XXI: RELACIONES CON LA CLASE MÉDICA

Para una comprensión más exacta y de mayor profundidad ambiental de estos episodios sueltos de la vida del Padre, vamos a trazar unas pinceladas de la situación de nuestra Patria al comienzo del siglo XX.

La catástrofe de la pérdida de nuestras colonias y la guerra innoble que nos declararon los Estados Unidos América, que a todo trance pretendían hacer desaparecer nuestra influencia en aquel continente, sin duda para no tener competidores molestos, habían removido los posos antiguos de las fuerzas izquierdistas y empedernidos enemigos del trono y de las glorias patrias. Estas desdichas dieron ocasión a una exacerbación más virulenta de los ánimos, poco propicios para atemperarse en las circunstancias adversas por las que tenía que pasar la Patria ante el desastre y pérdida de los últimos vestigios de nuestro Imperio.

Una vez desaparecido Cánovas del Castillo, el más firme puntal en aquellas jornadas de la RESTAURACION de la CORONA en las sienes del hijo de Isabel II, la regente se ve obligada a tomar muchas veces resoluciones desacordes con su ética y manera de pensar ante las intrigas de los ambiciosos por hacerse con el poder. Era jefe del Gobierno por aquellas calendas el general Azcárraga, con varios elementos del partido conservador, ya disgregado desde el asesinato de su jefe, Cánovas del Castillo, a los que los elementos izquierdistas llamaban”. Neos en sentido despectivo. Uno de los más conspicuos de la situación era Alejandro Pidal Mon, a quién acababan de nombrar embajador en el Vaticano, pero no quería abandonar España hasta que no tuviera lugar el casamiento tan discutido de la princesa de Asturias con su primo Carlos de Borbón. A don Alejandro Pidal ya hemos conocido en estas páginas amigo y protector del Padre Míguez, y quizá con toda probabilidad como el intermediario para la visita del padre a palacio en la enfermedad del Rey- niño Alfonso XIII. El mismo general Azcárraga fue asiduo cliente de nuestro padre, y parece le curó de la diabetes que le aquejaba y logró vencerla, por lo que le quedó agradecido y devoto. Los vientos que corrían en Francia eran de un anticlericalismo exacerbado por las manipulaciones de Combes y Waldeck Rousseau, que habían promulgado decretos que condenaban a las órdenes religiosas a su expatriación o muerte por consunción. En España encontraron asilo y campo de expansión los perseguidos en acto de comprensión y solidaridad fraterna. Pero los elementos izquierdistas y clerófobos de nuestra Patria se movían al unísono de las consignas emanadas en las logias extranjeras y las influencias demagógicas de los ultrapirenaicos que iniciaron una campaña de descrédito de las Órdenes religiosas, del Clero en general y de la influencia, que llamaban teocrática, de la Iglesia. En este ambiente empezó a pulular, cómo los hongos en la umbría de las selvas, periódicos, revistas satíricas, o simples panfletos difamatorios de todas las estructuras eclesiásticas.

Por aquellos días se hallan en la prensa relaciones incitantes sobre un pleito promovido por los familiares de una señorita de San Sebastián que había ingresado religiosa en la Congregación de las Esclavas, según decían los libelistas difamatorios, por la presión de un padre jesuita llamado Cerdeño. Llevado el asunto hasta la alta magistratura del Tribunal Supremo, el conocido anticlerical Salmerón, que había sido Presidente de la primera República laica y disgregadora de la unidad patria, defendía la libertad contra lo que llamaba “Tiranía de las sotanas”. El Gobierno de transición del general Azcárraga se bambolea ante los embates coaligados de los socialistas, republicanos y liberales. Los mismos conservadores le abandonan, y Villaverde y Dato rehúsan apoyarle en un intento de continuación con la esperanza de que la Regente llamara a su jefe, Silvela, para formar nuevo Gobierno. Las agitaciones de los estudiantes y de las clases obreras, ya soliviantadas por sus líderes socialistas y sindicales, aumentan sin cesar. Se ataca la residencia de los jesuitas de la calle de la Flor, viéndose obligados los religiosos a abandonar su edificio y trasladarse a Chamartín ante el cariz que toman los acontecimientos y ante el peligro de una nueva matanza como la del año 1834. El mismo carruaje del Nuncio de Su Santidad plena fue apedreado en plena calle por las turbas amotinadas. Los titulares de los periódicos alarmistas y voceros de las consignas de la subversión se desgañitan en sus informaciones sensacionalistas: LOS SECUESTROS RELIGIOSOS - SILBA Y PEDREA AL NUNCIO – LA RESIDENCIA DE LOS JESUITAS SIN UN CRISTAL – CARGA – CONTUSOS Y DETENIDOS - EL MOTÍN DEL ESCORIAL… , etc. A tal situación llegó la tensión de las algaradas callejeras en Madrid y otras capitales, que el ministro señor Ugarte se vio precisado a declarar estado de sitio. La Regente María Cristina dio el encargo de formar Gobierno al Presidente de la Cámara, señor Villaverde, pero éste, al verse desasistido de los miembros más relevantes del Partido, Silvela y Dato, tuvo que declinar el encargo de palacio. Entonces comisionó la formación de un Gobierno liberal al astuto Sagasta, que con sus fórmulas mágicas de un ensamblaje de elementos heterogéneos como Moret, Weyler, Romanones, el duque de Veragua, etc., tomó las riendas del poder y formó un Gobierno que calmó las últimas punzadas de las espinas de la Regencia y preparó las alegrías y los faustos de la coronación del Nuevo Rey Alfonso XIII, declarado mayor de edad a los dieciséis años.

En esta situación atizada por las campañas izquierdistas y la propaganda anti jesuítica que había provocado Pérez Galdós con su drama”. Electra”. , estrenado en aquellas calendas, se había cargado el ambiente de fobias antirreligiosas. Estas hallaban su expresión en el desahogo de los columnistas de la prensa sectaria, que buscaba incesantemente cualquier ocasión para desencadenar una campaña difamatoria y de desprestigio contra nuestro padre Míguez. Pero iniciemos desde algún tiempo atrás nuestras aclaraciones para comprender mejor en toda su complejidad estos episodios de su vida que tuvieron que proporcionarle una saturación de amarguras y desazones inenarrables, aunque tuviera su conciencia tranquila, y bien pagada con la compensación de las muchas satisfacciones que había recibido en los éxitos obtenidos por sus específicos y curaciones casi milagrosas.

Ya hemos insinuado anteriormente que el análisis científico de las aguas minerales de Sanlúcar de Barrameda y el aval de sus aplicaciones terapéuticas, expedido por cuatro médicos de la población a instancias del Padre Míguez y por orden del Ayuntamiento de la ciudad, le obligaron moralmente a recomendar el uso y aplicación de dichas aguas, según las diversas enfermedades y dolencias que aquejaban a los pacientes. Sin duda, la caridad o, si queremos, la mera humanidad o filantropía espoleaba al Padre en el consejo y alivio de aquellas necesidades, porque si tan perfectamente conocía y analizaba la composición química y benéfica de aquellas aguas, nadie mejor que él podía aplicarlas según las necesidades pertinentes.

Ratifica esta suposición el mismo Padre Míguez en la relación que hace de sus primeras intervenciones en la fundación del PIO INSTITUTO DE HIJAS DE LA DIVINA PASTORA, en carta al reverendo Padre Procurador general, José Calasanz Homs, de la Purificación del 1° de mayo de 1910, donde expone: “Presentóseme a la sazón el decano de Medicina suplicándome, en su nombre y en el de sus compañeros de Sevilla, me encargase de estudiar y de curar la enfermedad de un Catedrático por ellos desahuciado, y al ver me extrañaba de su propuesta y me desentendía de lo que ellos esquivaban, me replicó que CUANDO TAN SEÑALADO TRIUNFO HABÍA CONSEGUIDO EN EL ANALISIS Y ESTUDIO TERAPEUTICO DE LAS AGUA DE SANLÚCAR, QUE TANTOS HABIAN INTENTADO EN VANO, PODIA TAMBIEN LOGRARLO EN LO QUE ME PROPONÍA. Curado el enfermo, comuniqué a la superiora o directora de la Asociación el REMEDIO de que me había servido, indicándole al mismo tiempo el modo de prepararlo…[Notas 1] La resonancia de este éxito hizo que deapués tanto el referido decano, como otros doctores acudieran a mi para la curación de otras enfermedades, que dieron lugar al descubrimiento de los demás específicos”[Notas 2]

“A este respecto quiero relatar una anécdota que me ocurrió hace algún tiempo, cuando sobre este asunto intenté hacer algunas investigaciones en el Colegio de Médicos de Madrid. Por fortuna dichas indagaciones tuvieron el éxito apetecido y las enviamos a Roma para el proceso de Beatificación. Al intentar hacer esas indagaciones en dicho Colegio Oficial, uno de los señores médicos encargados de la tramitación me indicó que no comprendía las razones que podía tener el Padre Míguez para haber ejercido la Medicina de una “manera fraudulenta” y como un intruso, por no tener el título correspondiente, en vez de haberse dedicado a sus clases y predicaciones como sacerdote…, Entonces le pregunté si era cristiano, y, al contestar afirmativamente, le dije que me respondiera a estas preguntas: ¿Por qué Nuestro Señor no se conformó en su ministerio con predicar y enseñar sino que curaba y realizaba otros signos portentosos? Además, la Palabra de Nuestro Señor era por si misma convincente y tenía una fuerza de expansión extraordinaria, y sin embargo, como atestigua el sagrado texto, “virtus de illo exibat et sanabat omnes; Salía de Él virtud y sanaba a todos”. Por otra parte, ¿dónde consta por Ley natural que esté prohibido curar a otros? .Es lógico que en un Estado Civilizado, los Gobiernos ejerzan cierto control, para evitar engaños y el abuso de los”. Aprovechados “en el ejercicio de una profesión que exige muchos y muy precisos estudios y aptitudes, cuyo desconocimiento podría irrogar a la colectividad perjuicios y daños sin cuento. Pero todo tiene sus limitaciones naturales. ¿Es que una persona cualquiera, aun en los tiempos actuales, donde está todo tan mediatizado por la omnipotencia de los Estados, no puede aconsejar a otra el uso de un específico autorizado que se expende bajo control en las farmacia? Pues así obró, ni más ni menos, nuestro Padre Míguez.

Me ha convencido usted, repuso, dándome un apretón de manos, y añadiéndome; tenga presente que soy discípulo muy agradecido de ustedes del Colegio de Pamplona. En efecto, al principio fueron los mismos médicos, como hemos indicado, los que solicitaron del Padre su intervención y no le regatearon sus aplausos, pero después, al obtener resonantes éxitos, en los que algunos quedaban en cierta evidencia de su exigua eficacia profesional, cambiaron su comportamiento y menudearon las críticas y dicterios desfavorables. De los médicos de Sanlúcar, parece ser que Juan Durán y don José López promovieron la mayor opsición y acudieron con sus quejas al Padre Rector, Alejandro Corrales. Este fue sin duda el motivo espacioso por el que se obligó al siervo de Dios a salir de Sanlúcar con destino a Getafe. En ésta población (Getafe) estuvo despreocupado de médicos y medicinas, según su testimonio al citado padre Homs, durante unos cuatro años, pero no abandonó su afición o inclinación innata, pues en las cartas particulares es casi difícil encontrar una sola misiva en la que no haga gala de sus conocimientos médicos en las diversas enfermedades de religiosas y alumnas. Pero ¿cómo reanudó de nuevo su dedicación a la medicina pasados cuatro años? Nos lo dice el Padre en su carta al Padre Procurador General…, pero creemos que lo sacó de su ostracismo la intervención de la curación del Rey – niño acaecida en 1890, y que el Padre insinúa con estas palabras: ECOS ANTERIORES TRAJERON NUEVOS COMPROMISOS Y FAVORABLES EXITOS LLAMARON UNA CONSTANTE AVALANCHA DE ENFERMOS, que hizo precisa la preparación de medicamentos a gran escala”[Notas 3].

Aquí mi aprieto, sin tiempo, local ni medios al efecto, ni personas de confianza de quién valerme, que si bien se me ofreció alguno de los nuestros, reveló miras tan egoístas y tendencias tan anexionistas, que no me plugieran y opté por preparar yo mismo los extractos y suministrarlos a un farmacéutico, que los protegiese, presentase y expendiese bajo su responsabilidad y por un tanto por ciento”. (Este parece que fue don José Perales, del que posteriormente tendremos ocasión de hacer alguna referencia).

Pero alguno de los demás farmacéuticos despechados y quizá también alguno de los médicos de la población le pusieron una denuncia ante el Colegio de Médicos de Madrid. No cabe duda que la denuncia fue cierta y de ello queda constancia en las Actas del Colegio Oficial de Médicos de la capital, de principios de siglo[Notas 4].

Vamos a copiar, para conocimiento general de los lectores y para calibrar las ansiedades y fatigas sobrellevadas por nuestro Padre, las referencias que sobre este asunto hemos encontrado en las Actas del citado Colegio, que por aquel entonces no poseía “Departamento propio” y se veían precisados a reunirse en algún café o local prefijado. “Acto seguido el señor Calleja expuso la necesidad de averiguar si era verdad la noticia de que un padre escolapio de Getafe tenía una consulta a la que acudían numerosos enfermos de todas clases sociales, a los que recetaba y cobraba la consulta. Se acordó por unanimidad dirigirse a los médicos de Getafe, para que informasen sobre este asunto y si resultaba comprobada la denuncia, proceder con energía, poniendo en conocimiento del Señor Gobernador y del señor Obispo este nuevo caso de intrusismo”[Notas 5].

“El 5 de noviembre de 1900…, se dio cuenta a la Junta de que el padre escolapio Míguez, de Getafe, continúa recibiendo consultas, y que, si bien no cobra éstas, manda por las medicinas a una farmacia, donde las expenden en botellas que tiene grabado el nombre del Padre Míguez. Se acordó proceder a una investigación para, si se confirmasen oficialmente, denunciar el hecho a las Autoridades”.

Mes y medio después vuelven sobre el asunto Míguez, y escribe el señor secretario del Colegio Médico: “El señor presidente (excelentísimo señor don Julián Calleja) manifestó que, respecto al asunto del Padre Míguez, ha hecho gestiones encaminadas a que cese su intrusión y tenía casi la seguridad de conseguir que dicho señor fuese trasladado a Valencia en este mes, esperando confiado en que así sucedería”[Notas 6].

Por fin el día 25 de enero de 1901, consta en las Actas: “Se dio lectura seguidamente a un Oficio del Señor Presidente dirigido al señor Gobernador Civil denunciando al Padre Míguez como intruso, que fue oída con gran satisfacción…”.

¿Cuál fue la actitud del siervo de Dios ante estas persecuciones? He aquí las respuestas de algunos de los testigos del proceso: “Ante las críticas de que fue objeto por parte de los médicos y de las personas que he indicado, y por parte de los senadores y diputados y de toda la prensa, la reacción del siervo de Dios fue callar y sufrir todo en silencio como si no fuera con él. Me contó el siervo de Dios que en una ocasión le fueron a visitar una comisión de diputados y médicos, que fueron a pedirle cuentas de su actuación, como médico, no siéndolo, y él les contestó : Que ni tomaba el pulso a los enfermos, ni analizaba jugos, ni recetaba, ni hacía nada de lo que hacían los médicos, sino que se contentaba con mirar al enfermo, oírlo y según lo que le decían le manifestaba : Que si él, el siervo de Dios, tuviera esa enfermedad tomaría tales o cuales medicamentos o específicos, pero que él (el enfermo) hiciese lo que le conviniese”.

Otro testifica que: “habiéndose quejado los médicos de Madrid ante la afluencia de personas que concurrían, de que el siervo de Dios, sin tener título ejercía la medicina, el entonces ministro de Justicia Ugarte, se presentó a nuestro Padre Provincial, padre Justo de Pedro, para decirle que le trasladara al siervo de Dios y de esta manera terminaría el descontento de los médicos”… Por fin, parece que estos incidentes tuvieron su repercusión en la prensa y se aprovecharon los periódicos izquierdistas para levantar una polvareda de desprestigio contra el Padre Míguez. He aquí lo que consigna Gumersindo Ferrero Míguez, sobrino – nieto del siervo de Dios. “Sé que el siervo de Dios tuvo que sufrir una campaña en contra de él por las curaciones que hacía. Precisamente mi abuelo (José, hermano del Padre Míguez) le escribió ofreciendo su influencia política para contrarrestar esta campaña, contestando el siervo de Dios que nada necesitaba, porque nada había hecho. Creo que un periódico liberal escribió un artículo que titulaba: En Getafe hay un CURA QUE CURA” Los fines que perseguía el siervo de Dios con sus medicinas era hacer bien a la Humanidad” ¿Podemos resumir esquemáticamente todo lo que se encuentre de autenticidad en estas manifestaciones testificales, qué quizá no nos proporcionan más que algunos retazos de la verdad? No cabe la menor duda que no todo puede ser producto de la fantasía y, por tanto, que hubo DENUNCIAS ante las autoridades por parte de algunos beneficiarios de sus mismas curaciones. –La hierba del desagradecimiento es muy prolífera—y otras promovidas por la rivalidad o envidia insidiosa, que atizaban con sus infundios el sectarismo antirreligioso de cierta prensa, que en nuestra PATRIA ha pululado en determinadas épocas de desconcierto político o social.

Ya hemos examinado la tramitación de una denuncia ante el Colegio de Médicos de Madrid, hemos insinuado su repercusión y recurso al GOBERNADOR CIVIL, y hemos igualmente, constatado las instigaciones el extrañamiento del siervo de Dios a Valencia, lejos de Madrid.

Parece ser verdad que tuvo que presentarse ante la autoridad gubernativa bajo la acusación de Intruso en Medicina. Yo mismo oí repetidas veces a la reverenda madre María Amada, de santa memoria, cómo había oído a su madre: “Que había acompañado al Padre Míguez el día que había sido citado a los Tribunales y que había ella costeado el viaje” (Era dirigida suya y de sus más fervorosas devotas); y por tanto, no hay duda que se presentó ante el Gobernador Civil de la capital y dio las exculpaciones pertinentes en sus gestiones y comportamiento en este asunto del EJERCICIO DE LA MEDICINA, que quedó zanjado definitivamente cuando probó con toda verdad que no auscultaba nunca a los enfermos, ni siquiera les tomaba el pulso, ni expendía recetas de ninguna clase y mucho menos COBRABA HONORARIOS de ningún género, sino que se limitaba a aconsejar el usos de algunos específicos, avalados por un LICENCIADO EN FARMACIA, y expendido públicamente en los ESTABLECIMIENTOS legales.

¿Existe algún indicio o vestigios sobre estas tramitaciones en algún Centro Oficial?[Notas 7] He intentado hacer algunas indagaciones pertinentes en el Archivo del Gobierno Civil, y el Señor Secretario tuvo la amabilidad de mostrarme todas las dependencias y archivo, con la salvedad de haber sufrido desde principio de siglo uno o dos incendios. De todas formas tuvo la gentileza de explanarme la tramitación que suele seguirse en casos semejantes, una vez recibida una denuncia solvente, como es el caso presente, por medio del Presidente del Colegio Oficial de Médicos en Madrid. Llamar al interesado…, suplicarle que exponga las razones que abonan su conducta, y si llegare a la evidencia de que había alguna infracción grave de las leyes en vigor sobre el ejercicio de la medicina fraudulenta, imponerle un correctivo, y en caso de reincidencia pasarlo a los Tribunales de Justicia. De lo contrario dar por zanjado el asunto y al cabo de cierto tiempo hacer desaparecer los informes y papeles legales, si los hubiera. Lo más probable es que el siervo de Dios acudió a la presencia del Gobernador, de lo que nos hablan varios testimonios, a justificarse de su comportamiento satisfactoriamente, probando la inexistencia de culpabilidad… No tendría nada de particular que, por otra parte, hubiera insinuado o invocado la protección que le venía de palacio… de la Reina Madre, que le estaba tan agradecida y le había prometido su protección.

En realidad el Padre Míguez continuó en lo sucesivo en la misma actitud y comportamiento anterior con sus enfermos, que acudían en tropel y con la invención de sus específicos que se disputaban los farmacéuticos a porfía, sin que nadie le molestara desde entonces… Sólo nuestros Superiores pusieron algunas cortapisas a la recepción multitudinaria de enfermos y exigieron al Padre garantías y hasta cartas de recomendación para recibirlos.

Respecto a la campaña difamatoria de cierta prensa de Madrid, desatada por estas fechas de principios de siglo, y la repercusión de la DENUNCIA del Colegio Médico, hemos realizado algunas investigaciones en la HEMEROTECA MUNICIPAL DE MADRID, que es sin duda alguna la mejor dotada de toda Europa. Hasta el momento presente han resultado plenamente satisfactorias nuestras investigaciones en su conjunto total. Pero por falta material de tiempo… han quedado frustrados algunos extremos. Hemos realizado, con grandes dificultades por deficiencia de datos concretos y por exceso de periódicos en que poder ejercitar nuestra paciencia y estudio, una investigación preliminar que creemos satisfará las pretensiones mínimas de nuestro deseo de exploración exhaustiva. Eran muchos los periódicos de Madrid que se editaban en aquellas fechas, con predominio izquierdista, como el LIBERAL, EL SOCIALISTA, HERALDO de MADRID , EL PAÍS, EL MOTÍN, LA NUEVA ERA, EL GLOBO, etc. Aunque nos hubiera gustado controlar todo lo que sobre nuestro hermano apareció en las páginas de esos, muchas veces inmundos papeluchos…, creo que nos puede servir de índice y paradigma lo que hemos logrado encontrar en las páginas de”. El PAÍS”. , diario republicano y anticlerical que en aquellas fechas dirigía el famoso Alejandro Lerroux, Todos los días servía a sus lectores artículos truculentos y escandalosos, como las Memorias de una Monja, Matrimonio de Curas, etc. Sobre nuestro Padre Faustino escribió varios artículos de sus colaboradores con estos títulos: ESCÁNDALO EN GETAFE, EL PADRE FAUSTINO, Una muerta. —Triunfo de El País, ESTAFAS ASESINATOS DEL PADRE FAUSTINO. – Teníamos RAZÓN, --- LA LEY Y EL PADRE FAUSTINO. Para conocimiento de esta literatura antirreligiosa y deformativa, transcribimos el artículo referente a nuestro padre en toda su integridad. Hoy día, que, por los sacrificios de muchos españoles, gracias a Dios y a un Hombre providencial y a miles de mártires, no conocemos ni de lejos esas publicaciones, no sólo pornográficas, sino patibularias, quedaremos impresionados por sus delaciones y su forma desenfadada de denigración. Tengamos, sin embargo, presentes estas líneas de uno de los corifeos de aquellas campañas, convertido después en hombre de ideas más sensatas dentro de su idealismo izquierdista. Nos referimos al mismo don Alejandro Lerroux, que escribe estas palabras esclarecedoras y exculpantes en lo que cabe. “Un periódico es una tribuna desde la cual se puede hacer mucho bien, pero igualmente mucho mal . Los periódicos políticos de combate (como era el suyo de (“El País”), generalmente órganos de un partido o de una persona destacada de la vida pública, no suelen ser dechados de imparcialidad. La pasión que se pone en la lucha es incompatible con la serenidad de juico y de buena fe o con deliberado propósito, también es POCO RESPETUOSO CON LA VERDAD. La discusión abandona pronto los temas doctrinarios para ceder al campo de la CRITICA PERSONAL. Los periodistas que han tenido la responsabilidad de directores de una publicación llevan sobre su conciencia el PESO DE MUCHAS CULPAS”[Notas 8].

Seleccionamos, por consiguiente, como paradigma de los de otras publicaciones, un reportaje del DIARIO “EL PAÍS”. , del día 26 de enero de 1901, y que dice, en letras CAPITALES, en la cabecera del periódico: “ESCANDALO EN GETAFE (SIS.) EL PADRE FAUSTINO- UNA MUERTA”

“Tenemos el honor de avisar a los numerosos clientes del reverendo escolapio, padre Faustino, residente en el convento de Getafe (sic.) Que este dignísimo sacerdote curandero no recibe a nadie ni recibirá en algunos días. Sépanlo para que se ahorren el viaje, que algunos hacen desde los extremos de España con el gasto y molestias consiguientes. El Padre no recibe a los”. Faustinos” (Así llaman en Getafe a los enfermos atraídos allí por la fama del escolapio), no quiere ver a nadie, abrumado como se halla bajo el peso de una desgracia reciente. Aún no hará seis días que una enferma de las suyas se le murió; lo que se dice morirse de repente o como fuese, en el mismo convento, en plena sala de consultas de curaciones, ¡qué dolor! ¡Qué terrible contratiempo y qué escándalo el que se armó! ¡Carreras, sustos, gritos, indecisiones, toda una calamidad surgida cuando nadie esperaba! Después, el Juzgado, con el juez y el médico forense, reconocimientos y levantamientos del cadáver, tumulto de gentes curiosas que se agolpaban a las puertas del convento, y en el pueblo comentarios vivísimos de todo género. Era aquello para desesperar a cualquiera. ¿Y dentro de la santa casa? Los escolapios que son enemigos del Padre Faustino y contrarios a que éste ejerza una profesión como la de curandero, lucrativa, sí, pero no muy conforme con la Regla de la Orden ni muy honrosa para ésta, ¡qué de cosas dijeron y cómo sacaron punta los malditos al triste suceso! En los primeros momentos, el atribulado Padre, como no estaba para nada, lo primero que hizo fue telegrafiar y luego escribir a Madrid para obtener, como ha obtenido, el silencio de la gran prensa, tan amiga de la casa y del Padre. Después tuvo el infeliz que entregarse a numerosos cabildos con médicos, jueces, caciques, y boticarios: había que salvar el honor de la casa y de las curanderías. ¡Si se enterara “El Motín”! ¡Si El País lo supiera!, ¡Horror! No se… alegrarían poco los malditos jesuitas, llenos de envidia por no tener otro curandero con el que hacer competencia a la odiada Escuela Pía ¡Al fin, el “silentium facile” fue observado; el cadáver… a la tierra con él, y todo quedó en relativa calma. El muerto al hoyo y al específio tan sano o al menos tan saneado en sus rendimientos; el Padre Faustino quedó preocupadísimo, y con razón.

Y otra vez, hace de esto algunos años, viviendo y ejercitando su industria curandera en Sanlúcar de Barrameda, se le murió a chorros otra clienta y tomadora de sus específicos; se le murió… y ¡oh impiedad de los médicos!, ninguno quería dar el certificado. Aquello se puso muy serio, mucho, los facultativos, en venganza de los muchos enfermos que el Padre Faustino les impidiera matar legalmente, se aferraron a su dictamen de que aquel cadáver era judicial y estaba rigurosamente indicada una autopsia…; la aventura costó al Padre Faustino salir de su amada Sanlúcar, donde había un convento de… chicas guapas, que él fundara (el convento, no las chicas), y en cuyo recinto pasaba los días más dichosos de su vida. Trasladáronle a Getafe, sitio muy bueno por su proximidad a la Corte, para continuar la industria de agua en frascos; pero el Rector, Padre Pompilio Díaz, hombre muy culto y aún más serio, se opuso tenazmente a que en su colegio se practicara un arte digno de los llamados apostólicos.

¿Qué hacer?, pues a intrigar y más intrigar, hasta que, a fuerza de intrigas, se consiguió el traslado del dignísimo rector, que así pudo aprender cuánta es la fuerza del Dios del oro y de la plata.

Dicho Padre Rector había querido poner a prueba los conocimientos científicos de su súbdito, el Padre Faustino. Este habíase proclamado en el colegio un químico peritísimo y había dicho que sabía hacer un CHAMPAGNE falso, de primera, capaz de competir con el verdadero y de enriquecer al convento que se dedicase a explotarlo. Entonces, el Rector: vamos a experimentarlo, dijo, y cogiéndole al Padre Faustino por la palabra púsole delante cuantos ingredientes, caldos y aparatos pidió para que se operase, y en efecto salió un champagne, vamos a decir, parecido al bálsamo de Fierbás, con un saborcillo a petróleo que daba gloria. El Rector que sucedió al Padre Pompilio, llamado el Padre Emilio Latorre, también se opuso a la industria curandera, por lo que el asendereado Faustino tuvo que volver a intrigar hasta que el Padre Latorre siguió el camino del Padre Pompilio. Por fin otro rector, el Padre Genaro Miján, que si nunca pecó de escrupuloso, menos aún se pasó de serlo, consintió que el Padre Faustino continuara en Getafe las gloriosas hazañas de Sanlúcar. Desde entonces, la Escuela Pía de Getafe es teatro de tráfico medicinal, del que ya tienen noticia nuestros lectores y que no es esta la única desgracia que ocasiona. ¿Y qué importa si produce una millonada al año? Algunos curiosos de Getafe han hecho sus observaciones y estadísticas de las cuáles se deduce que reciben prescripción de tomar el agua más de CIEN personas al día en el pueblo; en los pueblos todo se sabe muy pronto. Costando el frasco la pequeñez de cuatro pesetas, los cien clientes, por ejemplo, del 1 de diciembre se dejaron 400 pesetas. Pero con un frasco no tienen más que para cuatro días y deben tomar el agua durante más largo tiempo; de modo que a los cuatro días el producto es de 800 pesetas, mitad de ellas por las que empezaron el día 1, mitad por los del día corriente, hecha abstracción y ya es hacerla, de los que empezaron el día 2, el 3, etc. A los otros cuatro días se vende el agua y cristal en forma de frascos por valor de 1.200 pesetas y, para ahorrar números, al fin de mes 3.200 pesetas. Hecha la suma se ve que a los treinta días han comprado los”. Faustinos”. Agua por valor de 51.200 pesetas, cuyo importe es menos que 1.200 pesetas y, por tanto, la ganancia líquida es de 50.000 pesetas; diez mil duros al mes o 120.000 duros al año (dos millones cuatrocientos mil reales). ¡Bonita suma! Deduzcamos de ella 20.000 duros al año por el corretaje al boticario Perales, por silencio rotativo, reclamo en forma de folleto (LA RUTINA DE VENCIDA O LA DIABETES ES CURABLE), obsequios a…, los obsequiables, cuya amistad conviene y cuya hostilidad todo lo estropearía, y tendremos la suma redondita de dos millones anuales, sin contar una de regalos de todo género que tirita el Verbo. Lo dicho explica muchos misterios, dando la clave de que siendo el actual Rector, Padre Melchor Rodriguez, opuesto a la industria Faustina, aunque la Regla y los cánones prohíben a los presbíteros practicar el arte de curar, aunque el Faustino carece de título profesional y ejerce contraviniendo las leyes, como probaremos otro día, el negocio ha prosperado. Sería curioso saber que informe ha dado el forense de Getafe, a la vez médico asalariado de los escolapios; asimismo cual es la actitud del juez, hechura de Puigeever y a su vez pariente del prior de la Trapa (Getafe), a su vez el prior íntimo del boticario Perales… Después de todo, él con la certificación del forense cumple y el escolapio con su hábito, su presbiterado, sus setenta y tantos años y una Orden poderosa detrás… ¡Pobres los muertos! ¡La tierra todo lo tapa! , y… ¡Siga la industria! ¿Seguirá a pesar de las leyes, los cánones, el escándalo y los muertos? Creemos que sí, al menos mientras persevere otra industria, madre y protectora de todos los bribones; el neísmo”[Notas 9]. Llamaban NEOS, en tono despectivo, a los que entonces estaban en el poder y seguidores de Silvela, Nocedal, Sardá y Salvany, etc.) Acababa de estrenarse Electra y el populacho hervía en odiosidad a las Órdenes religiosas y la influencia de la Iglesia. Pérez Galdós, el santón laico, clerofobia indisimulada, atizaba con sus sarcasmos la inquina de las masas; así, no tiene nada de particular que pocos días después de esta andanada contra nuestro Padre apareciera el mismo periódico estas groserías y desfachateces que denigran a la ínclita Compañía, diana de todas las detracciones contra la Iglesia. “¡Jesuitas! Esta palabra lo dice todo. Hipocresía que tapa la más nauseabunda corrupción, perfidia, odio implacable, catolicismo falsificado, culto al dinero, único Dios, conspiración constante en favor de todas las tiranías para entronizar la peor de todas; la Teocrática. Difamación y calumnia, robo de herencias, captación de menores, prostitución de la mujer, del hombre y de la familia, creada como los Ayuntamientos que hacen los ganaderos, cinismo, degeneración de razas y aniquilamiento de los pueblos, eso quiere decir Jesuita, y eso es lo que los ignacianos, verbo y quinta esencia de todas las iniquidades y corrupciones”. Esta serie de lindezas y pelladas de bazofia del mismo género lanzaba el mismo periódico”. El País “el domingo, 3 de febrero de 1901[Notas 10]. ¿Qué conclusiones podemos sacar de toda esta sarta de falsedades, vilipendios, infundios, y sugerencias indecorosas? Por de pronto por boca de los mismos detractores del Padre, nos enteramos que eran cientos, quizá, los que diariamente se acercaban al Padre para buscar la salud ansiada; que el padre Pompilio Díaz a quién alaba el comunismo anticlerical, terminó exclaustrándose, y que lo mismo que el padre Emilio Latorre, de quién dice que fueron destituidos o exonerados del cargo por intrigas del PADRE FAUSTINO, duraron en el RECTORADO más que todos los anteriores y posteriores a ellos -cinco años cada uno - Por otra parte, el Padre confiesa que el padre Pompilio se muestra con él de la manera más deferente en el trato y le promete sustituirle en las clases para que pueda marchar a Sanlúcar en su primer año de estancia en Getafe, y después, el año 1891, avala con su firma y apoya las pretensiones del Padre ante el Padre General de Roma. Además, durante estos rectorados fue superior provincial el padre Marcelino Ortiz que, como ya conocemos, se mostró siempre hostil al Padre Míguez. Atribuir al Padre Mijan el permiso para dedicarse a la elaboración de los específicos está en contradicción con lo que nos dicen testimonios fehacientes de que el año 1897, año del comienzo del rectorado del padre Genaro Míján, fue el año en que llegaron las religiosas pastoras a Getafe, y ya hemos visto la tramitación de su llegada y su trabajo en la formación del PRIMER LABORATORIO INDEPENDIENTE, en casa propia y exenta completamente de la jurisdicción del padre Genaro Miján. ¡Qué maravillosamente se puede tergiversar la Historia cuando se manipula con materiales amorales o pervertidos, ayunos de toda responsabilidad cristiana! En efecto, hablan varios testigos de la muerte de una joven, cuando vino a que el Padre la viera…, pero esos mismo testigos jurados insinúan que fue enviada por los enemigos del Padre con objeto de denunciarle y poderle “meter en la cárcel”. El Padre no auscultaba a sus enfermos, ni siquiera les tomaba el pulso y los específicos que él recomendaba se expendían en la farmacia por los titulares correspondientes y respectivos. Parece ser cierto que el señor Perales llegó a adulterar la composición de los específicos para quedarse con lucro mayor…, pero tan pronto como quedó manifiesta su conducta, el Padre le retiró sus específicos y se los encomendó al Licenciado don José Acero, que tuvo la exclusiva hasta su muerte y siempre se entendió con el Padre como persona honrada y de conciencia. Terminamos estas referencias respecto a sus tratos con los médicos profesionales de la medicina con estas palabras de su primer panegirista y que convivió con él algún tiempo después de la tramitación de todas estas campañas de difamación. “EL FRAYLE DE GETAFE”, cómo se le llamaba en ciertos periódicos de Madrid, era cada vez más conocido y visitado, cuando ya jubilado de la enseñanza, su laboriosidad proverbial no le permitía estar mano sobre mano. Los comunicados que sin duda reconocían como autores a algunos que quisieron ser amigos suyos y cuya amistad él no aceptó por razones que ahora no hacen al caso; comunicados que con frecuencia se publicaban en los primeros años de este siglo en la susodicha prensa de la izquierda divulgaban su nombre y su ciencia y hacían famoso a su autor, cuando precisamente buscaban reducirle a la nada. Y entonces eran necesarias recomendaciones eficaces para que el Padre Faustino Míguez recibieran a los que acudían a visitarle en demanda de consulta (Así nos lo insinúa el mismo Padre, como lo hemos expuesto anteriormente). Hay más: la correspondencia que sostenía era tan intensa que él no se bastaba para despachar las cartas que recibía todos los días. Y como quiera que su medicina era cosa personalísima suya, el trabajo que con esto se imponía era inmenso. Amén de esto, recibía visitas de personajes de Madrid y a otros los visitó personalmente por imposición y ruegos de quién tenía autoridad para mandarle. Fue entonces cuando en todos los círculos de Madrid era asunto obligado hablar de las curas estupendas del Padre Faustino Míguez (ya hemos visto la visita a palacio, ya hemos leído las descripciones de curaciones resonantes la del catedrático de Sevilla, la del general Azcárraga, y visitas y consultas de varios obispos, y la del capitán General de Madrid). No era, por consiguiente, posible deshacer los halos luminosos que se habían formado en torno a la figura gigantesca. Contra su voluntad, le habían elevado quince codos sobre los más altos montes, los que ciertamente le hubieran puesto sus correspondientes grillos, después de encerrarle en una mazmorra”[Notas 11]. Quisiéramos despejar una interrogante sobre quienes eran los émulos del Padre de que nos hablan los testigos. Nada tan esclarecedor a nuestro juicio como transcribir unas palabras de la madre María Amada que, viviendo en Getafe y dirigida suya desde la más tierna infancia, puede ser un eco de las realidades que tuvo que vivir cuando contaba unos quince años de edad. “Crecía la fama del Padre Faustino, numerosas son las personas que acuden a su consulta, y es natural que la fama del santo y sabio despierte rivalidades en aquellos a quienes sus curaciones debilitan la clientela. Médicos y farmacéuticos se unen para derribar al padre escolapio que tanto bien está haciendo y que hace disminuir sus ganancias. Pero lo más raro, lo más doloroso para aquel santo varón es que algunas de las personas que tratan malvadamente de denigrarle eran personas que viven muy cerca de él; mientras el Padre Faustino calla, sufre haciendo ignoradamente tanto bien como mal a él le están haciendo.

Mucho tiene que sufrir, mucho que luchar; sus medicinas incluso son falsificadas, se echa agua a los específicos y de esta manera esas medicinas tan codiciadas y que tanto efecto surten van perdiendo su eficacia. No encuentran como formarle causa; inventan llevarle a una enferma agonizante a que el Padre la vea; presumiendo que éste la verá y le hará tomar una medicina, y como la enferma está para morir o casi muerta, no podrá salvarla. Mas el padre no es sólo sabio, sino santo, y cuando le avisan de que baje a ver a una enferma que traen en un coche, contesta que él cura enfermos, pero no resucita muertos (esta misma respuesta, en forma más o menos similar, constatan varios testigos de los procesos), que avisen a un sacerdote para que le den los últimos auxilios espirituales y que la lleven a su casa para que muera tranquilamente en ella. Todo esto sin salir de su habitación y sin ver a la enferma: “Que si quieren hacerle algún daño él no se escondía”[Notas 12]. Una vez que quedaron burlados sus rivales más o menos ocultos y que, como sospechábamos no se hallaban muy alejados de su misma convivencia. ¿Quién podía, de otra suerte, conocer tantos detalles de su vida y las pequeñas comidillas de la vida de comunidad? Echemos un manto de olvido y compasión sobre aquellos que no la tuvieron con aquel, a quién debían tantos favores. Dios se sirve de los instrumentos más diversos para pulimentar a sus servidores. Y las acciones que a unos los degradan a otros los enaltecen.

Notas

  1. Tengo sospecha que la enfermedad curada fue la diabetes y el Dr agraciado D. Manuel Bedmar, Catedrático de la Universidad de Sevilla y posteriormente su Rector. La amistad qie contrajo con el P. Míguez y sus Religiosas abonan la suposición que viene confirmada por algunas referencias del epistolario del Padre.
  2. El subrayado nuestro nos aclara perfectamente a exigencia de los mismos médicos en solicitar del Siervo de Dios la aplicación de sus conocimientos y facultades curativas. Queda igualmente patente que no fue el decano, sino otro catedrático el curado. Contra lo que algunoshan insinuado. También se deduce que ya estaba fundada la Asociación y que comunicó a la Directora el tratamiento empleado y el modo de preparrlo. Por otros varios indicios y comunicaciones se puede conjeturar que la enfermedad fue la diabetes.
  3. Recuérdese la insinuación que hicimos anteriormente del P. Nicolás Gallego, que tenía en la población un hermano farmacéutico. Varios testigos del proceso diocesano testimonian que la curación de un muchacho a quien los médicos habían dictaminado la amputación de un brazo, llenó el colmo de la fama de las curaciones espectaculares del Padre y los límites de la contemporización de algunos médicos. El redactor comunicante del periódico izquierdista y anticlaerical “El País”, como constataremos posteriormente, dice que los facultativos de Sanlúcar se negaron a a dar un certificado de defunción normal ante la muerte de una mujer que había visitado al Siervo de Dios y tratado con sus específicos, exigiendo una autopsia del cadáver por considerarlo como de intervención judicial. Históricamente no hay noticias sobre este suceso y más parece inducir sospechas de una revancha de los que el Padre, sin pretenderlo, dejaba el ridículo. Lo que si nos asegura el mismo Padre en carta al Procurador General, P. José Calasanz Homs, del 10 de mayo de 1910, es que hubo una protesta tumultuaria de parte de los enfermos por su salida de Sanlúcar: “en tal situación escribe y para evitar otra algarabía como la que armaron ls enfermos cuando me trasladaron de Snlúcar a este colegio (Getafe), en el día en que el P. Provincial cumpliese lo prometido y les privase de los medicametos…escribí a las Asociadas se encargasen de todo, si querían, que yo no podía ya seguir”.
  4. Y el Liberal del 28 de enero de 1901 nos depara la noticia de donde provenía la denuncia : Estafadores y Curanderos (el Juez de Getafe denuncia al Gobierno Civil). “Digno de encomio es el celo desplegado por este digni funcionario, quien animado por este servisio a la causa de la justicia, piensa, según parece, realizar otro más imortante, pues afecta a la salud de algunas personas (algunas miles a esta hora), que, embobados por ciertas charlatanerías, acudían en peregrinacióna un edificio que se levanta dentro de su jurisdicción y cuyos moradores no tienen ciertamente en la tierra la misión de curar el cuerpo, sino el alma, con lo que se realizan actos que el Código Penal castiga. Esta intrusión en el terreno de la medicina ha dado ya motivos a varias denuncias de los hombres de ciencia, que deben depurarse para impedir que continúen tales desafueros”.
  5. Así debió hacerlo el Excmo.Sr. Presidente del Colegio de Médicos y parece que el Ministro de la Gobernación Sr. Ugarte, acudió a nuestros Superiores en demanda de medidas coercitivas contra el Padre. Pero el Padre era muy discreto y “santamente astuto”como se ve precisado a reconocerlo otro corresponsal del “diario el Liberal”, de Madrid, que en artículo difamatorio de aquellas fechas (20 de enero de 1901), titulado “Fraile curandero” reconoce que “de una manera más o menos pública, hace dos años que el P. Faustino, que, así se llama, venía suministrando pócimas a sus creyentes, si bien acudiendo a profanas argucias para librarse de caer dentro de la Sanción del Código Penal”.
  6. El mismo gacetista que transmitía desde Getafe sus infundios y calumnias contra el Padre, en el periódico “el País”, se ve precisado a reconocer en un artículo titulado: “Teniamos razón”. El Proceso: ya hemos dicho que de la diligencias instruídas por el Juez no resulta nadacontra el Padre en cuestión”.
  7. “El Gobernador ha dirigido una comunicación al Superior de la Orden a la que pertenece el fraile curandero de Getafe, a quien nos referíamos ayer, manifestándole que se vería precisado a tomar enérgicas medidas si continúa el convento mencionado convertido en consultorio médico. Además ha ordenado al Subdelegado de Medicos de Getafe no consienta el ejercicio ilegal de la Medicina”. (“El Liberal”, 28-1-1901).
  8. Mis Memorias: Alejandro Lerroux, pág. 218. Afrodisio Aguado. Editores. Madrid, 1963.
  9. cf. “El País” Periódico Republicano. Madrid , 28 de enero de 1901.
  10. Para corroborr la campaña de desprestigio montada por los periódicos izquierdistas pondremos otras muestras muy esclarecedoras. Tomamos del “Motín”, periodico semanal de Madrid, El Curandero Mistico. “Existe en Getafe dice “El Globo” (otro periódico de la misma cuerda, pero ya el 8 de diciembre de 1900, mas de un año antes de los epidodios relatados anteriormente), un sacerdote escolapio, que al decir de las gentes es una verdadera notabilidad en devolver la salud a los enfrmos, cuyas dolecias comprende sin apelar a ninguno de los procedimientos de investigaión a que todos los médicos recurren. El escolapio tiene tan maravillosa intuición que con solo mirr la cara a quienes en su ciencia confían, diagnostica en firme. Luego prescribe la correspondiente receta, que por exceso de modestia, sin duda, se abstien de firmar, y a … ¡0tro!. Dichas recetas – y conste que nos atenemos al rumor popular- son despachads en las fermacias y también allí debe llegar la influencia de la fama del que nos atrevemos a llamar el CURANDERO puesto que como queda dicho sin firma y nada las despacha. Si aquí hubiera autoridades, , ya que no hay sentido común, estaría ese fraile curandero y ese farmacéutico, hace tiempo en la cárcel. Pero como no las hay, pueden cómodamente continuar engañando a los tontos o mandándolos al otro mundo sin que nadie les vaya a la mano. Los médicos de la localidad, si no están subvencionados para cerrar los ojos ante la intruisión de este fraile y la falta que comete ese boticario, merecían estarlo. Ya que se callaran faltando a su deber, que les produjera algo al menos”.
  11. Cf. El P. Faustino Míguez de las E. Pías.,por el P. José Cerdeiriña págs.65-66. Madrid, 1970. 2a Edición.
  12. Cf. el cuadernillo de 28 págs. presentado al Tribunal Diocesano de Madrid por la Rvda. M. María Amada García Yepes. 1953.