DelAlamoBiografia/CAPITULO XXIV: BOSQUEJO ESPIRITUAL DEL SIERVO DE DIOS

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CAPITULO XXIV: BOSQUEJO ESPIRITUAL DEL SIERVO DE DIOS

Hemos alcanzado ya la cima de la Vida del P. Míguez, desde donde podemos columbrar y otear horizontes maravillosos, no sólo considerado como hombre de ciencia y popularidad multitudinaria en la expresión de una personalidad de muy ricas y variadas facetas, sino como hombre de una espiritualidad relevante de amplia irradiación, es decir, como “hombre de Dios”, “espejo y modelo de vida religiosa”, “acicate y estímulo de entrega generosa a un ideal”, “foco de proyección de actividad social cristiana, padre y progenitor de una Institución religiosa que continúa en el mundo perpetuando su carisma fundacional de regeneración de la niñez y juventud”. , como figura actualizada del Buen Pastor.

Incoado en Madrid el Proceso Diocesano de Beatificación en 1952, continuado ahora en Roma el Proceso Apostólico con felices augurios, nos interesa sobremanera presentar una panorámica de su Vida Interior. Es preciso ahondar en las profundidades de sus vivencias sobrenaturales en el transcurso de su dilatada vida de entrega generosa a la Santidad, sin fisuras ni contemporizaciones, ni con la tibieza ni con la mediocridad, descubrir el hontanar de aguas vivas que llega hasta la vida eterna, en palabras del Señor. (Jn 4,14).

Hemos de confesar, que estamos, por nuestra parte, convencidos de que el P. Míguez ha alcanzado la suprema meta de las almas grandes, como estrella de primera magnitud. Pero, desgraciadamente, si era raquítica y deficiente conocida su vida ordinaria, lo era mucho más cuanto atañía a su vida interior de hombre de Oración, de Piedad Sincera, de entrega generosa a Dios y al Prójimo, con ilusión de alcanzar las cotas más elevadas de la Montaña de la Perfección. Existe mucho desconocimiento aún entre sus mismas Hijas, y no digamos entre sus Hnos. de Religión, de la calidad espiritual y de la reciedumbre personal del P. Míguez, que lo coloca, sin desdoro, aparte comparaciones siempre odiosas, entre los varones más excelsos del Siglo XIX en España. Por diversas circunstancias, muy complejas, y factores adversos poco propicios su figura ha quedado soterrada e incomprendida. Es de justicia presentarla en su relieve auténtico, insobornable y macizo en grado sumo. Algo, y quizá mucho, podemos avizorar sobre sus sentimientos y pensamientos en la obra que publicamos no hace mucho, titulada Semblanza espiritual del Siervo de Dios, que puede servir para satisfacer el conocimiento más íntimo de su vida sobrenatural. Últimamente hemos tenido la suerte de encontrar un Cuaderno de Sentencias, de unas 27 páginas, con toda probabilidad del mismo P. Míguez, que corrobora su figura señera de espiritualidad auténtica. Restan, sin embargo, en los Procesos y en los Cuestionarios que hemos propuesto a diversas personas que le conocieron y vivieron con él, multitud de detalles, rasgos y sucesos maravillosos de su personalidad íntima y sobrenatural. No nos es posible hacer una exposición de todos, ni siquiera de la mayor parte, por vernos constreñidos por los límites que hemos prefijado a nuestro trabajo, pero creemos que nuestra exposición será suficientemente clara y convincente para calibrar el grado de perfección de nuestro Padre Faustino para alcanzar la Imitación de Cristo, como discípulo aventajado. Para él fue una exigencia insoslayable su Entrega y Consagración a un ideal apostólico por su correspondencia a la Vocación a la Santidad, que sentía antes del Vaticano II, como el desarrollo natural de la Gracia Bautismal, y un llamamiento universal para todo hombre por el mero hecho de ser cristiano. “Vocación que como moción del Espíritu Santo que es, tiene que ser iluminada con ilustraciones de la mente y con refuerzos y estímulos del corazón, para llegar a su “madurez” según la opinión de Santo Tomás.

Vamos a empezar por bosquejar el retrato físico del Padre, si no para atestiguar una vez más la fidelidad del aserto antiguo y clásico “De que el rostro es el espejo del alma”, al menos para vislumbrar a través de su figura corporal, aspecto y modales, la riqueza de su intimidad.

No son muchos, por desgracia, los retratos que se conservan del Padre quizá no lleguen ni a media docena y algunos de ellos son posteriores a su fallecimiento. Sentía una repugnancia invencible a dejarse retratar, y si como afirma uno de los testigos del Proceso, “Alabarle en algo era como ponerle botones de fuego”, presionarle a posar frente al fotógrafo era proporcionarle un sufrimiento moral intenso y por ello se resistía con todas sus fuerzas. Otro de los testigos depone”. Que él tiene algunos retratos del Padre, pero advierte que los retratos que existen del Padre son de edad provecta y siempre obtenidos contra su voluntad”.[Notas 1] Sin embargo, en los primeros tiempos de la fundación de la Obra habían conseguido sus Hijas algún retrato suyo subrepticiamente y así , al suplicarle M. Ángeles en 1889, cuando el Padre había sido desplazado a Getafe, quizá para siempre, permiso para colocarlo en la Casa Madre de Sanlúcar, le responde el Siervo de Dios: “Sí me gustaría te hicieses con los de Doña Francisca y D. Juan (Eran los Sres. de Argüeso que, como hemos visto, le donaron la Casa de la Calle de S. Jorge y fueron protectores y amigos íntimos) y los pusiesen; esos sí que se lo merecen y también el de Doña Trini (Sra. Vda. de Pastrana, dirigida del Padre y muy favorecedora de la Institución); pero el mío ni en el excusado”[Notas 2] No eran palabras de compromiso, sino índice muy significativo de una humildad profundamente sentida y practicada.

Pasemos por alto algunos otros testimonios que nos proporcionan la misma impresión y consignamos el del Arcipreste de Daimiel, tantas veces citado: “Costó mucho que se dejara retratar un día que estaba en su casa y se lo tuvo que pedir por amor de Dios”.[Notas 3] Y solamente cedió ante el conjuro de esa palabra, único resorte capaz de domeñar su carácter o torcer sus determinaciones. Ya tenía cerca de ochenta años y es el que figura en la página ( ).Pero como hemos indicado sus Hijas hicieron todos los posibles para ingeniarse con algunos retratos, pues estimaban sobremanera poseer cuando menos su “figura “Para que les acompañara en las principales circunstancias de la Institución, junto con su recuerdo y bendición. Así lo demuestra el hecho de que al intentar la Primera Expansión de la Obra fuera de los confines de Sanlúcar, al pretender la Fundación del Colegio de Chipiona, la que hacía de Superiora dice en sus Memorias que no llevaron para iniciar esta experiencia más bagaje que “un retrato de su Padre Fundador”, que entonces se hallaba extrañado en Getafe y sin comunicación con sus Hijas.[Notas 4]

Pocos testimonios se nos conservan del aspecto fisonómico o somático del Padre. Su paisano y primer panegirista, P. Cerdeiriña, solamente nos dice: “Celta por su raza, por su complexión física, por la contextura de sus rasgos y caracteres antropológicos, por su cutis blanco y sonrosado, por la sensibilidad y firmeza de su alma”[Notas 5]. Y el P. José Olea, Delegado General y uno de los hombres que más le estimaron y veneraron en vida, le aplica las palabras del P. Fernando Garrigós a nuestro Santo Patriarca Fundador, diciendo: “Fue el P. Míguez un sacerdote castizamente español, un hijo de su pueblo, heredero de su raza, noble por su sangre, caballero por su porte, hidalgo por sus actos, sabio por su ciencia, santo por sus virtudes y grande entre los más grandes de su siglo” y de su propia cosecha dice : “De buena estatura, bien formado, color blanco, fuerte, robusto… Para mí era una montaña como esa granítica del Guadarrama que vemos en la lejanía de ese horizonte y que eleva al cielos sus “siete picos” famosos”.[Notas 6]Otro testigo nos dice: “Asimismo, en los recreos siempre estaba de pie, con los brazos cruzados (hacia atrás), y los ojos bajos y en silencio”[Notas 7]. Y corroborando cuanto hemos indicado en su resistencia a dejarse retratar y ser amigo de curiosidades, nos refiere D. Manuel Sánchez Fernández, que fue alumno suyo en Getafe y luego, como abogado el Procurador de los asuntos de sus Religiosas. “he oído decir que nunca se pudo conseguir de él que se retratase y en cierta ocasión que yo llevé al Colegio un Gramófono para oír y que él nunca había oído, me costó gran trabajo llevarlo” (para escucharlo). Su mirada nos relata otro testimonio: “Era tan dominante que era difícil mirarle de fijo, sin tener luego que bajar la vista”.[Notas 8]

Aunque tendremos ocasión de aportar múltiples datos y testimonios sobre el concepto de santidad en que tuvieron al Siervo de Dios las personas que le trataron, no queremos pasar por alto la ocasión que nos brinda la referida M. Fundadora del Colegio de Chipiona. Esta tenía motivos más que motivos para sentirse recelosa y esquiva respecto del Padre, en prodigarle sus loores, como hemos visto en otro capítulo. Sin embargo era tal el prestigio y solidez de virtud que emanaba de su persona, que aún los más prevenidos contra él se veían obligados a proclamarlo. Así, el día de la Fundación del Colegio estampa sobre el Siervo de Dios estas elogiosas palabras: “Nosotras, en medio de nuestra dicha, no olvidábamos al V.P. Faustino, nuestro primitivo Fundador, al que después de Dios le debemos la existencia; el que por sacarnos a la luz sufrió horribles persecuciones y trabajos, al que no perdonó sacrificios ni sufrimientos por sus hijas espirituales…¡Padre mío,! yo no te olvidaba, pues tu recuerdo jamás se borra de mi corazón; tu recuerdo es más precioso y … grato a mi alma que todo lo que más valía. Yo no te hablaré mucho, pero mis obras te mostrarán el respetuoso y perenne recuerdo que conservo de ti. Para él solo estuvieron reservados todos los sufrimientos, todos los cálices amargos y sus días pasaron entre nosotros en una continua tribulación…su recuerdo es un suave perfume que durará siempre y jamás se borrará de nuestra memoria… sus virtudes, su amor al trabajo, su espíritu de dulzura, su dignidad y su profundísima humildad deben ser nuestro sello y no hacernos nunca indignas de tal Padre. Padre mío, yo sólo amaré a quién a ti te ame y se interese por tu Obra, hija de tu corazón, porque a ti te escogió el Eterno para instrumento de su Gloria. Sus oraciones fueron oídas y el Señor va sacando su Obra adelante, a pesar de todo el infierno.”(Crónicas pág. 4)

También quiero consignar en esta ocasión el cariño tan espontáneo y casi diríamos indiscreto de M. Ángeles, su Hija amada y principal sostén del Instituto en los primeros tiempos de su fundación, pero que después, por motivos fácilmente comprensibles, dada la fragilidad humana, y que quedarán patentes en esta Historia, se resfrió al chocar con el muro inconmovible de la Verdad, la Autenticidad y la Personalidad del Fundador, que se debía a Dios y a su Obra con todas las consecuencias de los espíritus rectilíneos, que no conocen claudicaciones ni aún ante los halagos del afecto y de la amistad. No pudo declarar en el proceso de Beatificación por haber fallecido algunos años antes, pero tenemos la más absoluta certeza que habría tejido mejor que nadie la corona de grandeza y de alabanzas a que era acreedor su Padre más amado y verdadero en Cristo. Ella reconoce a través de su inmenso epistolario, del que solo poseemos las cartas del Padre, pero que transparentan sus expresiones y sus sentimientos más audaces y entonces sin duda sinceros del amor por su queridísimo Padre Fundador. Así nos dice en sus “Memorias”. Tenía el Padre algunas temporadas tan hermosas con nosotras, que un padre natural no se extremaría más con sus hijos…tenía cosas de un santo”. Tan inmenso cariño llegó a profesarle que en algunas de sus cartas se atreve a decirle que le “quiere tanto como a Dios”. El Padre inmediatamente le impuso una penitencia por tan irreverente como espontánea y significativa expresión: “Tu falta consistió en decir que me querías tanto como a Dios, disparate que no quise dejar sin correctivo, para que no vuelvas a decirlo ni aún en broma. Te quiero mucho en Dios, pero sólo por Dios, y ni la millonésima elevada al infinito que a Dios; y tú debes hacer lo mismo conmigo”. Tranquilízate, que fue un disparate material, como suele decirse pero que no se escapa al que os quiere en Dios y todas muy santas”[Notas 9].

Estos testimonios de santidad en que fue tenido el Siervo de Dios durante su vida fue un constante y unánime sentimiento, constatado por multitud de declaraciones y aportaciones de los Procesos y por las testificaciones que nos han legado personalmente las múltiples personas a quienes hemos solicitado su parecer mediante algunos cuestionarios, al margen del Proceso Expondremos algunos de estos conceptos para que quede bien patente el concepto de Santidad en que fue tenido el P. Míguez durante su vida y que por ser tan múltiple y proveniente de tan diversos lugares y personas podemos considerar como la expresión de que en esta ocasión” la voz del pueblo era la Voz de Dios”. “Tenía mucha fama de santo y de sabio. Era muy piadoso y de vida interior” “Sobresalía en la caridad con los enfermos y en la atención a las niñas huerfanitas”.[Notas 10]

“Por referencia sé que el Siervo de Dios fue siempre muy bueno”.

“Lo considero un verdadero santo y esto desde que comencé a tratarlo con motivo de la Fundación que aquí hizo, que es cuando me apercibí de la ejemplaridad de su vida y de sus virtudes.”[Notas 11]

“También oí zaherir muy crudamente al Siervo de Dios a otro Padre Escolapio porque aquel se negó a decirle el secreto de la fórmula para curar la diabetes a un hermano suyo que era farmacéutico (sin duda se refiere, como hemos indicado en otro lugar, al P. Nicolás Gallego, que pretendía cediera a su hermano dicha fórmula para su explotación); ante estas críticas el Siervo de Dios no reaccionó con violencia, sino que calló, guardo un escrupuloso silencio”.[Notas 12]

“Él veía a Dios en todas partes y obraba siempre con gran sentido de esa presencia Divina y nos inculcaba siempre que lo primero era Dios y después todo lo demás”.[Notas 13]

“A mi juicio estas curaciones deben atribuirse más a la santidad del Siervo de Dios que a la eficacia de las medicinas”.[Notas 14]

Conocí al siervo de Dios desde el año 1893 – 5, siendo yo novicio. Era una figura destacable y venerable; sin embargo, ya aprecié entonces su norma de vida y la ejemplaridad que nos ofrecía a cuantos convivíamos en la Casa”.[Notas 15]

“Dados mis pocos años entonces no comprendía a qué podían atribuirse tales curaciones; hoy me inclino a creer que más que a la eficacia de los específicos había que atribuirlos a la Santidad del Siervo de Dios”.[Notas 16]

“Yo he tenido al Siervo de Dios siempre como santo. Esta fama de santidad que todos tenían, se fundaba en hechos extraordinarios, tales como el de una Religiosa a la que por tres meses consecutivos, dijo que se confesase, porque no lo había hecho bien. Tengo por cierto que el Siervo de Dios tuvo dones sobrenaturales, como revelaciones, interpretación de conciencias y milagros”.[Notas 17]

“Únicamente he oído que cuando estaba en Getafe predicaba el evangelio todos los domingos con mucho fervor”.[Notas 18]

“En los últimos años de su vida su conversación era siempre muy espiritual. Las conversaciones que yo tuve con él siempre eran para mí edificante”. [Notas 19]

“Por esto lo tuve siempre como un sabio (por una curación que obró en ella). Pero además de esto lo consideré siempre como un santo por sus muchas virtudes, sobre todo en el confesonario. No se enfadaba nunca; daba unos consejos tan acertados que yo creo que si el Siervo hubiera seguido confesando, todas sus confesadas hubiéramos sido santas. Adivinaba las cosas de mi espíritu antes de que se las dijera. Celebraba la Santa Misa a las seis menos cuarto de la mañana todos los días a pesar de su edad, con mucho recogimiento y con mucho fervor”.[Notas 20]

“He oído hablar a muchas personas del Siervo de Dios y a todas en términos encomiásticos. Únicamente un P. Escolapio, el P. Carlos, se permitió decir en alguna ocasión delante de mí, algo menos cierto”.[Notas 21]

Así se expresa uno de ellos. “Para dedicarse a estas actividades (elaboración de los específicos), contaba con el permiso de la Santa Sede, gestionado por medio de su legítimo Superior, el Rector de Getafe, P. Luis Latorre, ya fallecido, quien con ocasión de asistir a algún Capítulo de la Orden dejó ya todo arreglado perfectamente”.[Notas 22] “Estoy convencido de que era un verdadero santo; porque lo he tratado íntimamente durante la vida religiosa y he observado en él siempre un fondo de santidad, que no era ruidosa sino callada. Jamás se observaban en él síntomas de violencia, y aún en los momentos en que fue criticado dentro de la Orden, porque manejaba mucho dinero, él, sin inmutarse y sin darle importancia ni al dinero que tenía ni a las críticas de que era objeto, respondía tranquilamente que contaba con el permiso de Roma para poder manejar tal dinero”.[Notas 23] “Tengo para mí que la santidad del Siervo de Dios era oculta, callada, y que él pretendía que no trascendiera al exterior”.[Notas 24]

“Yo siempre tuve al Siervo de Dios por santo, pero me pareció más aún el día en que nos rogaba que pidiéramos perdón en su nombre a la Congregación”.[Notas 25]

Renunciamos a proseguir con otros múltiples testimonios esta concatenación ininterrumpida de alabanzas y exaltaciones del concepto de santidad e integridad de vida en que fue venerado nuestro hermano por sus contemporáneos, pero para no cansar la atención de nuestros lectores con la reiteración de conceptos altamente elogiosos y que quizá en otros apartados sobre las virtudes tendremos ocasión de volver a poner de relieve.

Vamos ahora a plantearnos el verdadero problema acuciante, que más nos interesa dilucidar y constituye la médula de su personalidad. ¿Cuál fue la fisonomía espiritual del P. Míguez? ¿Cómo se desarrolló su vida sobrenatural y cuáles fueron sus caminos y etapas? ¿Qué metas alcanzó en la prosecución de su objetivo? ¿Llegó de veras a la plenitud señalada para su vida, según la medida de Cristo?

Naturalmente que nosotros, como hemos indicado anteriormente, sólo podemos sugerir algunas conjeturas avaladas por múltiples testimonios válidos y por una especie de chequeo espiritual basado en síntomas y manifestaciones de un perfecto funcionamiento de su vida sobrenatural.

Es el objetivo que se propone la santa Madre Iglesia al estudiar y enjuiciar las causas de los presuntos Siervos de Dios, para alcanzar oficialmente la glorificación en la tierra, como modelo de imágenes perfectas de Cristo-Jesús.

Constituye lo que se llama el Proceso de Heroicidad de las Virtudes. En esta etapa se hallan nuestras pretensiones. Roma tiene la última palabra y ella sola es Juez Válido y Competente. A nosotros sólo nos queda orar, hacer propaganda y cooperar con nuestro granito de arena a levantar el monumento que se merece la venerada figura de nuestro biografiado, que ya en 1925 añoraba su primer panegirista. P. J. Cerdeiriña, con estas palabras: “Esta preclaro hijo de S. José de Calasanz se ha llevado consigo al otro mundo el secreto de datos preciosísimos, con los cuales, a buen seguro, se podría hacer un libro que resultaría muy interesante, provechoso, e instructivo”. A casi medio siglo de distancia, nosotros hemos pretendido sencillamente dar respuesta a las insinuaciones del primer biógrafo; presentar un libro que sea interesante, provechoso e instructivo. Muchos secretos guardó celosamente este humilde escolapio en su corazón y conciencia, pero otros muchos hemos conseguido desvelar para consuelo y edificación de todos.

Vamos a continuar proyectando luz sobre el diagrama clásico, que utiliza la Sta. M. Iglesia en los procesos apostólicos, y que en esencia consiste en la valoración de los siguientes elementos: Desarrollo de la Gracia; ejercicio de las Virtudes; recepción santificante de los Sacramentos, y actuación de los Dones del Espíritu Santo. El Estado de Gracia quiere decir que haya sido permanente o habitual, sin que obste a ello que en alguna etapa de su vida no haya podido ser infiel a la Gracia y hasta que hubiera cometido faltas graves, con tal que haya habido arrepentimiento eficaz y consiguiente penitencia. Muchos santos ha habido de uno y otro sexo que durante su vida estuvieron mancillados con pecados y perversiones, como San Agustín, Sta. Ángela de Foligno, Sta. Margarita de Cortona, etc. y no ha sido óbice para su canonización y para que el Señor les haya concedido gracias extraordinarias.

Este examen es muy revelador y significativo, porque sigue a la Gracia en su desarrollo, que queda de manifiesto por la recepción de los sacramentos y el espíritu de oración en sus diversos estadios: oral, mental, contemplativa. La Gracia se desarrolla como una semilla, y la oración, la compunción y las mortificaciones son como el oxígeno, la humedad y los fertilizantes, que aseguran su incremento y sazón. Pero si el germen o semilla lo constituye la Gracia, el núcleo primario o celular vendría representado, en símil o semejanza, por la Fe, La Esperanza y la Caridad. ¿Y qué podríamos decir de las Virtudes Teologales de nuestro Siervo de Dios para ambientar su vida espiritual? Un brevísimo resumen nos señalará unas pinceladas del magnífico Cuadro que enmarca la Figura Espiritual de nuestro P. Faustino.

La Fe. —Es como la vista del alma cristiana o la luz que ilumina todo el entorno de la vida sobrenatural, pudiendo considerarla como la leche materna que empezó a nutrir a nuestro Padre (P. J.Otal).[Notas 26] Desde los primeros años ilustró su mente con los esplendores de las enseñanzas evangélicas, en aquel hogar ejemplar de Acebedo, donde todos los días se rezaba en familia el Sto. Rosario, según atestigua la tradición de todos sus parientes. Esta fe revistió siempre un carácter de vitalidad práctica, la vivió con toda la intensidad, como lo atestigua en sus múltiples escritos. Tomándolo de la V. M. decía con frecuencia: “La mayor ciencia de la criatura es dejarse toda en manos de su Creador, que sabe para qué la formó y cómo la ha de gobernar”.[Notas 27] “Te recomiendo—escribe a M. Ángeles—el lema de mi Sto. Padre.: Dejemos Obrar a Dios, que suele, puede y sabe enderezar lo que creemos torcido”.[Notas 28] Toda la Vida del Siervo de Dios era “Una sumisión continua a la Divina Voluntad, que Él veía reflejada en todos los acontecimientos”.[Notas 29] “En las Instrucciones que yo le he oído – testifica una de sus Hijas[Notas 30] – siempre nos inculcaba la virtud de la Fe, diciendo que con la Fe se hacían verdaderos milagros”. Y en otra, muy agradecida a su protección, relata”. “El Siervo de Dios tenía muy arraigada la virtud de la Fe, como se revelaba por las pláticas frecuentes que nos hablaba frecuentemente de la Fe. Y ese de fe nos lo inculcaba a todas constantemente”.[Notas 31]

“En confirmación de la Fe heroica, que estoy convencido tenía el Siervo de Dios, se mostró en el caso de posesión diabólica que tuvo en la parroquia…, de mi cargo, del que fue víctima un muchacho de nueve años y en el que con licencia del Prelado le apliqué los exorcismos; el Siervo de Dios asistió cierto día en el Colegio de las Religiosas de Daimiel a un acto en el que el joven estaba bajo los efectos de la citada posesión, tendido en el suelo, como él acostumbraba, en forma de cruz y privado de todo sentido. Sacó el Siervo de Dios un “Lignum Crucis”, que siempre llevaba en el pecho y al que tenía singular devoción y, acercándose a prudente distancia, rápidamente el poseso dio un salto, tratando de arrebatárselo. Y de momento pasaron los efectos de la posesión, puesto que, según yo creía y después vi confirmado por el cardenal Billot—nos permitimos corregir el original, que dice: “Y después confirmó el cardenal Billot”--, se trataba –de un poseso en cuerpo y no en alma. Con tal motivo me dijo el Siervo de Dios que ya en alguna ocasión, en Irache, se había valido del mismo “lignum Crucis” para lanzar el demonio del cuerpo de un poseso” con lo que acredita la gran fe que tenía el Siervo de Dios.[Notas 32] (Nos permitimos aclarar que quizá en vez de Irache se puede referir a Monforte, pues no consta su estancia en Irache en ningún momento de su vida).

Virtud de la Esperanza: Continuamente nos exhorta la Sagrada Escritura a que pongamos nuestra esperanza y confianza en el Señor. “El Señor es mi esperanza, ¿a quién temeré, quién me hará temblar? “Quizá porque conoce nuestras flaquezas y miserias no quiere que propendamos a la desesperación y tengamos siempre confianza en que Dios no nos abandonará, si no le abandonamos. Por eso la esperanza es el fruto de la Fe cuándo está en sazón. Una fe viva, exigente y activa, corresponde a una esperanza plena, absoluta en el Señor, como el Sto. Job, que proclamaba: “Señor, aunque me mates… yo seguiré esperando en Ti. “La confianza verdadera tiene que ser completa sin claudicaciones, a la manera que la practicaba un alma privilegiada del Señor, que le decía: “Señor, aunque supiera que mi salvación pendía de un hilo de tela de araña, yo confiaría en Ti , de que no me quieres condenar; pero, aún más, si viera que ese hilo de tela de araña se rompía y yo me despeñaba hacia el abismo, aún en ese momento yo seguiría confiando En Ti, que eres inmensamente bueno y no me puedes condenar; porque yo te amo.” Esta Esperanza latía en el fondo del alma de nuestro Siervo de Dios y comprendía todas las circunstancias donde se ejercitó y manifestó más espléndidamente esta hermosa virtud, por desgracia infravalorada. Sería hacernos interminables. Muchas incidencias tuvieron que soportar en su dilatada vida, que ya hemos manifestado en páginas anteriores. Todas ellas pusieron a prueba su Confianza en el Señor y la poca o nula consistencia de las opiniones humanas y el fracaso de las estratagemas del enemigo, cuando se cuenta con la Protección de la Divina Providencia. Así advierte a las religiosas venideras en la especie de Testamento Espiritual que le hizo escribir la Rvdma. M. Julia Requena. : “A nada perdonó el infierno para ahogar a Vuestra Congregación en su cuna. De cuántos medios se valió para realizar sus proyectos. Y lo más raro, cuántas y qué personas le ayudaron en su tarea. Pero escrito está: Dios es Dios y hace lo que quiere y nadie triunfa contra ÉL”.[Notas 33]

Sin duda, muy pronto aprendió experimentalmente y sin maestros humanos lo que el Espíritu le dictaba y que posteriormente leyó y meditó en las Obras de la gran Teresa de Jesús; “Hasta ahora parecíame había menester a otros y tenía más confianza en ayudas del mundo; ahora entiendo claro ser todos unos Palillos de romero seco y que adhiriéndose a ellos no hay seguridad; que en habiendo algún peso de contradicciones o murmuraciones, se quiebran. Y ahí tengo experiencia que el verdadero remedio para no caer, es asirnos a la Cruz y confiar en el que en ella se puso. Hállole amigo verdadero y hállome con esto con un señorío que me parece podría resistir a todo el mundo que fuese contra mí, con que no me faltar Dios. “Estos fueron los sentimientos de nuestro Padre respecto de la Confianza y Esperanza en el Señor. Su vida lo abona suficientemente, como lo hemos indicado en sus lugares correspondientes.

La Virtud de la Caridad.—No sin razón llamada la reina de las Virtudes, porque en realidad es una partecita de la misma esencia de Dios, ya que los teólogos la identifican en cierta manera con la Gracia Santificante.¿ Cuáles eran los sentimientos del P. Míguez y su estima y comportamiento respecto de esta fundamental virtud? Podríamos explayar su actuación en tal múltiple facetas, aportando datos, hechos, acontecimientos, que en realidad constituyen toda la vida completa del Siervo de Dios. Volveríamos a repetir con insistencia muchos rasgos de su vida entregada al amor de Dios y del Prójimo en toda su plenitud, sin titubeos ni desmayos. Creemos más que suficientemente probado estos extremos en su dilatada vida, y desearíamos dejar constancia de sus sentimientos respecto de tan bella y santificante virtud. Transcribimos unas hermosísimas palabras de la santa de Ávila, que cual águila de las alturas, con unas pinceladas escuetas y maravillosas, nos presenta toda la panorámica y alcance de esta excelsa virtud.: “díjome (un día el Señor). ¡Ay, hija mía, que pocos me aman de verdad! Que si me amasen no os encubriría yo mis secretos. ¿Sabes qué es amarme de verdad? Entender que todo es mentira lo que no es agradable a Mí.[Notas 34] Toda la actuación de nuestro Padre estuvo, por decirlo así, broquelada en esta sentencia, para él inquebrantable: “Primero, Dios; después todo lo demás”. Podríamos llenar páginas y páginas con sentencias y reflexiones del Siervo de Dios que riman perfectamente y vienen a ser como un eco de las palabras de la Santa abulense: “¡Oh amor fuerte de Dios, y como no le parece que debe haber cosa imposible a quien ama! ¡Oh dichosa alma que ha llegado a alcanzar esta paz de su Dios; que está señoreada sobre todos los trabajos y peligros del mundo; que ninguno tema, a cuenta de servir a tan gran Señor!”.[Notas 35] “Vive – dice nuestro Padre a una de sus confidentes – como un serafín, abrasada en amor de Dios. Nada hagas que no sea para Él, por Él y en su presencia”.[Notas 36] “Estréchale sin cesar contra tu corazón por las comuniones espirituales continuos actos de amor.”[Notas 37]

El amor de Dios no consiste en consuelos y ternuras, de lo contrario Jesucristo no amaría al Padre Eterno, al confesarse triste hasta la muerte”.[Notas 38] “¿Quién os sacó del mundo? El amor. ¿Quién os llevó a este recinto? El amor. ¿Quién os ha de prosperar en todo? El amor y sólo el amor Divino”[Notas 39].

“Si el amor no arde; si no abrasa vuestro pecho; si no enardece y mueve para todo: si no ha de ser el resorte y motor al mismo tiempo de todas vuestras acciones, pensamientos y palabras…, romped esos hábitos y volveos al mundo, si no queréis haceros doblemente culpables por doblemente ingratas”[Notas 40]. Y ante los sucesos tenebrosos, incendios, y persecuciones de la Semana Trágica de Barcelona, escribe a sus Hijas, que acuden a él, asustadas ante las perspectivas que se presentaban, y las anima:

“lo de Barcelona no fue más que un escape de escoria del infierno, la lucha de Satanás y los suyos contra Cristo y sus servidores. Si éste que pudiera sepultarlos en el infierno los deja purificar a los que le aman; ¿qué debemos hacer nosotros sino compadecerlos por lo que les espera?”

Y anima a sus Religiosas al Martirio, que es la Prueba suprema del Amor:

“¡Si Dios nos concediera a todos el morir por su amor! ¡Dios me conceda lo que siempre le he pedido: La Gracia del Martirio, que indica el don de la perseverancia! ¡Si tenemos que morir, hija mía y no sabemos de qué! ¡Sea lo que Dios quiera, que siempre será lo que más nos convenga” “Si van a China y a otros puntos en busca del Martirio. ¿No sería una ganga encontrarlo en esta? ¡Qué no fuera verdad tanta belleza!”[Notas 41].

Estas sentencias, que no se desdeñarían en firmar los más excelsos santos de nuestro Santoral, eran un simple eco del corazón enardecido del Siervo de Dios, que se expandían al exterior por los gavilanes de su pluma

Notas

  1. P. José Olea M. (Proceso Diocesano, pág. 93)
  2. Carta del Siervo de Dios a M. Ángeles(5-II- 89 ). Son, por otra parte, muy significativas estas palabras del Siervo de Dios de una carta a la misma (de 188-89?) “aunque no creo falta lo del retrato, que no se por dónde habéis pescado, creo debes hacer a Jesús, tu Esposo, el sacrificio de no repetir eso”.
  3. Cf. D. Tiburcio Ruiz de la Hermosa. (Proces. Dioc., pág 126-r)
  4. Testimonio de M. Antonia Narración de los hechos mas notables en la Fundación de Chipiona. Pocos testimonios se nos conservan del aspecto fisonómico o somático del Padre. Es, sin duda, la fotografía que aún hoy en día se conserva en dicho Colegio, y sacada en madrid cuando el P. podría contar unos cincuenta años.
  5. Cf. P. José Cerdeiriña : El P. Faustino Míguez de las Escuelas Pias. (2º edición, pág, 13, Madrid, 1970).
  6. P. José Olea Montes. (Discurso necrológico pág. 12).
  7. Testimonio del Rvdo. P. Eusebio Gómez de Miguel, Provincial que fue de las Escuelas Pías de Castilla (Proc. Dioc.pág.209).
  8. Declaraciones en el Proceso Diocesano de Madrid de D. Manuel Fernández Sánchez. (pág, 115- r).
  9. Carta del Siervo de Dios a M. Angeles, del 15-XI-1888. (Cf. “Semblanza Espiritual del Siervo de Dios P. Faustino Míguez”. P. A. del Álamo, Sch.P., pág. 134, Madrid,1969)
  10. Referenias de Doña Concepción Delgado Ñudi, nacida en 1887 en Sanlúcar de Barrameda, alumna del colegio de la calle de San Jorge desde los siete años hasta los diecisiete. El P. Míguez apreciado de toda su familia y Director Espiritual de su madre.
  11. Testimonio de D. Tiburcio Ruiz de la Hermos (Proceso diocesano pág. 96)
  12. Testimonio de D. TiburcioRuiz de la Hermosa. (Proceso Dioc. Pág 96-r)
  13. Testimonio de M. María Amada de Jesús. (Proceso dioc. Pag., 255-r. Summarium Proc. Ord. Matriten, pág. 190.
  14. Testimonio de la Rvda M. Natividad Vázquez. En el Summarium Proc. Ord. Martriten, se omite su deposición; y en el de Madrid siempre nos extrañó muchísimo que una de las que más trataron al Padre fuera tan parca en suministrar datos. Máxime que mantuvo con el Siervo de Dios una correspondencia muy frecuente, y llegó a ser General, después de la famosa crisis. Ya en Roma, ha llamado la atención esta anomalía, pero hay personas de solvencia que indican que tanto M. Ängeles. Como M. Ma Casáus y M. Natividad, se mostraron siempre muy reticentes al hablar del P. Míguez. En su descargo, algunas religiosas sugieren que en los íltimos años de su vida sufrió algunos trastornos mentales.
  15. Summarium Proc.Ord. Matriten., P.Manuel Pinilla (pág. 112)
  16. Testimonio de D. Vicente Serrano.(Proc. Dioc. pág. 138)
  17. Testimonio M. María Amada de Jesús. (Proc. Dioc. pág. 258
  18. Testimonio P. Leonardo Rodríguez. (Pros Dioc. pág. 365)
  19. Testimonio P. Lonardo R. (Proc. Dioc. pág. 266-r)
  20. Testimonio de Doña Purificación Benavente (Summarium Proc. Dioc. pág. 235-r) Doña Josefa Delgado Otaolaurruchi (Proc. Dioc. pág. 312 Summarium Proc. Dioc. Matriten., pág. 198)
  21. Testimonio de M. María Casáus de los Ríos. (Proc. Dioc. Pág. 323-r, Summ., pág 203) Quizá fuera el P. Carlos Lasalde, que como ya sabemos, se opuso a que el Siervo de Dios adquiriera la parte del parque del Colegio por entender que no tenía permisos competentes para manejar los dineros provenientes de los específicos… ya hemos indicado aneriormente el estado de ese problema delicado y cómo posteriormente quedó todo zanjado dentro de la más depurada ortodoxia canónica,,,. Pero no todos los testigos estaban enterados de estas subsanaciones.
  22. Testimonio del P. Leonardo Álvarez. (Proc Dioc. pag. 364-r)
  23. Testimonio P. Eusebio Gómez de Miguel (Proc. Dioc. pág. 209. Summarium Proc. Dioc. Ord. Matriten., pág 158)
  24. Testimonio P.Eusebio Gómez de Miguel. (Proc. Dioc. Pág. 208. Summarium Proc. Dioc. Ord. Matriten., pág 156)).
  25. Testimonio de M. Gemma Martínez, Superiora General del Instituto de Hijas de la Divina Pastora. (Proc. Dioc. pág. 361-r).
  26. Proc. Beatificación, Rvdo P. Juan Otal. (Folleto, pág. 23, Madrid ,1952).
  27. Cfr. Semblanza Espiritual del Siervo de Dios P. Faustino Míguez, P. Anselmo del Álamo (pág 35). Carta del Siervo de Dios, sin fecha
  28. Carta del Siervo de Dios del año 1922,5 II
  29. Testimonio P. J. Olea Montes (Summarium Proc. Ord. Matriten., pág. 52)
  30. Testimonio de M. Antonia Amor Fernández. (Summarium Proc. Ord. Matriten., pág, 1379
  31. Testimonio M. Presentación Ceballos (Summarium Proc. Ord. Matriten., pág. 141)
  32. Testimonio D. Tiburcio Ruiz de la Hermosa (Proc. Dioc. pág. 115)
  33. Consejos del P. Míguez a sus Religiosas. Serie Primera. (Cfr. Proceso de Beatificación, P. Juan Otal, pág 38)
  34. Obras de Sta. Teresa de Jesús P. Silverio de Sta. Teresa. (3º edición, Burgos 1939, pág 322).
  35. Obras de Sta. Teresa de Jesús P. Silverio de Sta. Teresa. (3º edición, Burgos 1939, pág 694)
  36. Carta del P. Fundador, sin fecha 1889. (Cfr. Semblanza Espiritual Pág. 128)
  37. Carta del P. Fundador, sin fecha,1889. (Cf. Semblanza Espiritual, Pág 128)
  38. Carta del P. fundador, 4-1-1890. (Semblanza Espiritual..p. 128)
  39. Carta del S. de Dios .¿Navidades de 1890? (Cfr. Semblanza espiritual del Siervo de Dios. Por el P. A. del Alamo, pág 129).
  40. Carta del S. de Dios , de las navidades de 1980. (Cfr. Semblanza espiritual del Siervo de Dios. Por el P. A. del Alamo, pág 129).
  41. Carta del S. de Dios (14-IX-1909 ) (Conf. Semblanza Espiritual, p.167).