DelAlamoBiografia/CAPITULO XXV: PROCESO SOBRE LAS VIRTUDES

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CAPITULO XXIV: BOSQUEJO ESPIRITUAL DEL SIERVO DE DIOS
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CAPITULO XXV: PROCESO SOBRE LAS VIRTUDES

Tomamos, como es natural, la palabra proceso en su sentido etimológico y no en sentido legal. Comprendemos que estas materias resulten un tanto fatigosas y algo monótonas para los no iniciados. Pero las consideramos muy interesantes para presentarnos un diagnóstico que nos proporcione una seguridad moral sobre la verdadera santidad y perfección de vida del Siervo de Dios. El mismo lector puede traer a su memoria ocurrencias corroborantes y sucesos y testimonios expuestos anteriormente en el transcurso de esta biografía.

No debemos olvidar antes de adentrarnos en la exposición de las Virtudes que éstas, según la aprobación de los tratadistas ascéticos, pueden practicarse en grado heroico, de dos maneras: 1° Cuando el alma se entrega al ejercicio de las virtudes, con exigencia, prontitud, alegría y constancia, y de esta suerte alcanza en el decurso de su vida el desarrollo de la Gracia “hasta la medida de Cristo”. Podríamos sintetizar esta etapa como una dinámica de la vida del creyente en la fidelidad constante del sin altibajos ni claudicaciones, hasta alcanzar la meta de su transformación, llegar a la cima del Monte Santo, al impulso de la docilidad a las mociones del Espíritu Santo. Es como si dijéramos un arco en tensión continúa hacia las alturas de la Perfección.

Pero hay otra manera de practicar la Perfección de las Virtudes en Grado Heroico. Se alcanza cuando en la práctica de éstas no se presentan ocasiones excepcionales o exigencias de máxima tensión, sino que por circunstancias especiales, carácter, enfermedad, medio ambiente o dificultades subjetivas, en el común de los cristianos no alcanza su plenitud, por falta de fidelidad, sino que dejándose arrastrar de la corriente acomodaticia, de la atracción de los sentidos siguen el camino ancho y fácil con la huida de la mortificación y el sacrificio por amor de Dios. Pero no faltan otros muchos que, calladamente, sin ruidos ni exterioridades llamativas se aplican con toda la vehemencia de su alma a conseguir lo que sintetizaba S. Juan de la Cruz en sus conocidos versos: “¡Olvido de lo creado—memoria del Creador --, atención al interior y estarse amando al Amado!”. O sea, que practican la virtud de una manera constante, callada, exigente, con fidelidad nimia, de tal suerte que su vida constituye una heroica santidad en miniatura, sin llamativas, sin traumas espectaculares.

En ambos sentidos, según el común parecer de los testigos, practicó nuestro Padre Faustino la heroicidad de las Virtudes. Todavía existe otro método para controlar la santidad alcanzada por un alma, que utilizaremos en otro capítulo. Esta exploración se acomoda más a los sistemas de “test” hoy en día tan en boga en todos los sectores de los conocimientos humanos, de manera especial para el discernimiento de la personalidad y actividad humana y que ya la mística Doctora Santa Teresa, por mera intuición expone en sus obras, de manera especial en el Camino de Perfección.

Como complemento de mayor fuerza y menos expuesto a ilusiones de ninguna clase, haremos una explicación de la actividad de los dones del Espíritu Santo en nuestro biografiado, siguiendo las directrices de los PP. Garrigón-Lagrange y González Arintero[Notas 1].

Para los especialistas y maestros de la Vida Espiritual esta constatación de la actividad y mociones del Espíritu Santo constituye la prueba más concluyente y característica de la autenticidad de las virtudes o de la santidad o comunión continúa, constante y perfecta del alma con la Divinidad.

La vida interior constituida por el estado de gracia en desarrollo permanente que nos impele hacia Dios y nos une íntimamente a Él, hasta transformarnos en otro Cristo, engendra en nosotros una conversación interior, que nos une hasta identificarnos con su divino querer e iniciar en nosotros, dentro de la oscuridad de la fe, la misma vida eterna, que no podrá conseguir toda su expresión, hasta que traspuestas las murallas que nos separan de la otra, veamos a Dios cara a cara, como dice el Apóstol.

Para llegar a comprender lo que representa para nosotros este germen de la vida eterna, que constituye la gracia santificante, habremos de estudiar los caminos y medios por los que descienden las virtudes infusas, teologales y morales y los dones del Espíritu Santo, que a la manera de siete fuentes de funciones vitales de un mismo organismo espiritual se van perfeccionando hasta conseguir la plenitud de la Vida Sobrenatural, que tendrá su eclosión en la bienaventuranza del Paraíso.

El primer problema a resolver es si podemos probar de alguna manera el estado de Gracia Permanente en el Siervo de Dios desde sus más tiernos años, o de otra suerte si se conservó en él constantemente incontaminada la estola bautismal. Creo que podemos responder afirmativamente a esa sugerencia por encontrar eco suficiente en los testimonios del Proceso y por haber sido testigo abonado de la narración insólita que voy a relatar.

Personalmente se lo oí al Arcipreste de Daimiel en el año 1950, cuando permaneció unos días en Getafe con motivo del traslado de los restos del P. Míguez desde nuestro Panteón del Cementerio hasta el sepulcro-sarcófago preparado en la capilla de sus Hijas, las Religiosas de la Divina Pastora, donde reposa incorrupto, esperando la resurrección de los justos.

Invitamos a D. Tiburcio Ruiz de la Hermosa a dirigir durante aquellos días unas charlas sobre nuestro Padre en el Noviciado y durante tres sesiones nos deleitó con el relato de innumerables sucesos y detalles de su vida que conservaba en su memoria de amigo agradecido y sincero. “En una de las ocasiones en que el Siervo de Dios se encontraba en Daimiel le suplicó D. Tiburcio, por devoción, que le oyera en confesión general de toda su vida. Pero ¿cuál sería la sorpresa al levantarse del confesonario y ver que el Siervo de Dios le suplicó a su vez le oyera en el tribunal de la penitencia e hizo con él confesión general de toda su vida? Pues bien, yo le oí personalmente y cuantos estuvieron presentes en la sala de conferencias del Noviciado estas palabras: “PUEDO DECIR, ANTE LA PRESENCIA DE DIOS Y PUESTO QUE SE TRATA DE LA GLORIFICACION DE UN SIERVO SUYO : QUE EN EL P. FAUSTINO NO PERDIÓ NUNCA DURANTE SU VIDA HASTA AQUEL MOMENTO LA GRACIA BAUTISMAL” (ENTONCES TENDRÍA EL P. UNOS OCHENTA AÑOS). Estas palabras de un hombre tan ponderado son concluyentes. Otro elemento importante y de señalada trascendencia es la recepción de los sacramentos, que son las fuentes de la Gracia, según el Tridentino.

Respecto del Sacramento de la Penitencia lo recibía regularmente todas las semanas, ordinariamente los sábados y así lo hizo hasta la víspera de su muerte. Esta santa costumbre, propia de las almas de más alta perfección, demuestra por sí sólo el celo de la purificación propia y su delicada conciencia. Con toda probabilidad era su Director Espiritual en la última etapa de su existencia el R.P. Gonzalo Etayo, hombre de una austeridad proverbial que rimaba perfectamente con las vivencias exigentes del P. Míguez.

La Santa Misa la ofreció al Señor como sacrificio incruento que renueva el de la cruz, durante sesenta y nueve años consecutivos. Solamente cuatro meses antes de su defunción dejó de ofrecer el Santo Sacrificio a requerimiento del Padre Superior, al observar que ya no podía sostener la Sagrada Forma por anquilosamiento artrítico de los dedos, que le imposibilitaba el uso correcto de los mismos.

Expongamos sobre estos extremos algunos testimonios de los Procesos, que son altamente reveladores de la devoción, preparación y unción con que los recibía y administraba, exponente patentísimo de la intensidad de su Fe en tan altos y profundos Misterios.

“Tenía mucha devoción a Jesús Sacramentado y comenzaba sus conversaciones con una jaculatoria al Santísimo Sacramento”[Notas 2].

“Como Director de conciencias gozaba de mucho prestigio y por eso eran muy numerosas las almas que se dirigían con él. A mi entender el Siervo de Dios comenzó en Sanlúcar su labor de confesonario de una manera intensiva, continuándola en Getafe. La Dirección la realizó también el Siervo de Dios por carta y nunca le vi quejarse de las molestias que esto le proporcionase En Getafe el Siervo de Dios dedicaba todas las mañanas mucho tiempo a las confesiones de tal modo que se sentaba después de la Misa y permanecía en el confesonario dos o tres horas, y más si hacía falta”[Notas 3].

“Por todo lo dicho ya se aprecia la gran estima que el Siervo de Dios tenía al confesonario. Yo, directamente, nunca le oí plática alguna sobre este tema, pero sé que los Padres de la Comunidad se acercaba a su confesonario siempre con verdadera complacencia de escuchar en él sus sabios consejos, ya que gozaba de gran prestigio como director de conciencias de los Sacerdotes y de los fieles; yo mismo me acercaba a él en el confesonario como a un santo”. “Sus dirigidos en el confesonario veían siempre en él el verdadero maestro de conciencias y consolador de sus espíritus, gozando siempre de un gran prestigio en este sentido”[Notas 4].

A pesar de haber fallecido el Siervo de Dios a edad tan avanzada, estuvo celebrando la Santa Misa hasta los últimos días de su vida, y cuando ya no pudo celebrar pidió que le llevasen la Sagrada Comunión, como así se hacía”[Notas 5]. “Celebraba la Santa Misa con fervor y con mucho cuidado de las rúbricas. A mí me llamaba la atención y me edificaba viendo la manera de celebrar En bastantes ocasiones le he visto haciendo la vista al Sagrario y rezaba el Rosario con mucha devoción, según yo pude ver y ya he dicho que no faltaba nunca, mientras podía, a los actos de Comunidad”[Notas 6].

“Celebraba la Misa con mucha devoción y rezaba el Santo Rosario con un fervor especial. Era puntualísimo a los Actos de la Congregación”[Notas 7].

Celebraba la Santa Misa a las seis menos cuarto de la mañana todos los días a pesar de su mucha edad, con mucho recogimiento y mucho fervor”[Notas 8].

“Oí muchas veces su misa en los Padres Escolapios y acudían otras muchas personas, que se dirigían con él porque daba devoción oírla”[Notas 9].

“Para la oración siempre era el primero, antes de que comenzar aquella. Quise algunas veces adelantarme a él: no me fue posible; siempre le encontraba primero”[Notas 10].

“En cuanto a las oraciones prescritas por la Regla, siempre se distinguió por su puntualidad en acudir a ellas y por el gran fervor edificante con que las practicaba”. “No iba al coro a hacer las Visitas (a Jesús Sacramentado), sino a una tribuna que está en la derecha del Claustro del Coro, sin duda para hacerlas allí con más recogimiento y sin que nadie le viese, por lo que tengo para mí que la santidad del Siervo de Dios era oculta, callada y que él pretendía que no trascendiera al exterior”[Notas 11].

“Siempre hablaba con mucha ilusión y entusiasmo de su sacerdocio”[Notas 12].

“Siempre que el Superior le ordenaba atender a la catequesis de los niños o a la preparación para la Primera Comunión lo hacía con mucho gusto, siendo siempre el primero en acudir a estos ministerios. Y cuando se trataba de confesiones de niños era el primero que se sentaba en el confesonario y el último que se levantaba”[Notas 13].

“Me consta por lo que he oído que tenía en gran estima el ministerio del confesonario, ya que en Getafe todos los niños.se confesaban con él. Estando a veces varias horas en el confesionario[Notas 14]. “También amaba entrañablemente a Jesús Sacramentado, de lo que me apercibí la primera vez que le conocí, pues estando ambos en el Colegio de las Pastoras de Getafe, donde habíamos ido paseando desde el Colegio de los Escolapios, interrumpió la conversación para decirme: “Pero, Señor Cura, estamos aquí y todavía no hemos ido a visitar al Amo” .Y acto continuó se levantó y nos fuimos a la Capilla. Para mí la Eucaristía era el punto principal de su devoción al Señor”[Notas 15].

“El Siervo de Dios tenía gran estima por el confesonario, como lo demuestra el hecho de confesar a los niños del Colegio y a mucha gente del pueblo que a él acudían. No era prolijo en sus confesiones, sobre todo cuando confesaba a novicios. El gran prestigio que gozaba como director de conciencias lo demuestra el hecho de que muchos deseaban dirigirse con él. Yo siempre lo vi asiduamente a la dirección de almas en el confesonario. Todos los días después de la Santa Misa se sentaba en el confesonario y no le abandonaba mientras tuviese penitentes”[Notas 16]. En el tiempo que yo le conocí era verdaderamente ejemplar la manera como celebraba la Sta. Misa, ateniéndose escrupulosamente a todas las prescripciones de la Liturgia.” “Era grande su amor a Jesús Sacramentado, como se aprecia por el hecho de verle muchas veces en el Coro, en tiempo en que no era momento de oración colectiva[Notas 17]. “Yo en la calle creo nunca llegué a verlo; lo vi en cambio muchas veces en la Iglesia, celebrando la Sta. Misa y sobre todo dando gracias, en una actitud de reverencia y veneración, que bien revelaba que de nada se preocupaba de cuanto sucediese en torno a él. Por eso éramos tantas las personas que acudíamos a confesarnos con él, por la fama de santidad que entre todos tenía, por los saludables consejos que nos daba en la penitencia, no dudando que se trataba de un Director de conciencias verdaderamente extraordinario; de aquí que, a pesar del mucho tiempo que estaba confesando, siempre había cola en el confesonario”[Notas 18].

Los testimonios sobre su devoción al Smo. Sacramento y la Sta. Misa, su asiduidad en el Ministerio del Confesonario, son constantes y reiterativos hasta la saciedad, pero por considerarlo un síntoma clarísimo de su unión con el Señor y su espíritu de fe, según el refrán popular “el amor y la fe en las obras se ven”. Creemos que el lector nos dispensará de la adicción de algunos asertos más sobre el mismo tema. “Celebraba la Misa con mucho fervor y recogimiento, y este fervor se le veía en todos los actos del Culto”[Notas 19]. Puedo asegurar, puesto que lo vi personalmente, que el Siervo de Dios tenía una gran estima al confesonario, misión que desempeñaba todos los días, ya que a primera hora bajaba a la iglesia siempre tenía cerca del confesonario un gran número de personas, a quienes dirigía espiritualmente. Yo mismo me confesé con él durante ocho años. No era prolijo en las confesiones ni mucho menos pesado; una cosa normal; pero lo que más impresionaban eran las consideraciones que hacía al penitente[Notas 20]. “Con respecto a este interrogatorio sólo puedo contestar que celebraba la Misa con gran fervor y recogimiento, apreciando en su valor las prescripciones de la Liturgia y cumpliéndolas escrupulosamente, como yo mismo pude observar”[Notas 21]. “Acredito, asimismo, su gran amor a Jesús Sacramentado, no solamente por la fervorosa celebración de la Santa Misa, sino también por las repetidas visitas que cada día hacía al templo, como yo mismo lo pude ver en tantas ocasiones”[Notas 22].

Celebraba la Santa misa con mucha devoción y con edificación de todos los que le escuchaban. Y cuando hubo de nombrar capellán para la Casa de la Congregación en Getafe, estuvo observando a todos los PP. Escolapios de la Comunidad de Getafe y escogió a los que celebraban la Santa Misa con más devoción y fervor. (Fueron estos PP.: Gonzalo Etayo, David Álvarez y Leonardo Rodríguez)[Notas 23]. Tengo por cierto que el Siervo de Dios tenía la virtud sobrenatural de la fe. Yo le oía la Santa Misa todos los días y pude advertir que la celebraba con mucha devoción, comunicando esa devoción a todos los presentes. Estaba entregado por completo a Dios Nuestro Señor. Su delirio era visitar al Santísimo y a nosotros nos exigía que no dejáramos de hacer la visita”[Notas 24]. “Recomendaba la frecuencia de Sacramentos y la Comunión diaria .Tenía gran respeto a los sacerdotes, a los Religiosos, a los Señores Obispos y al Santo Padre, al que tenía grandísimo amor y agradecimiento. Nos recomendó muchísimo que no faltásemos en recomendar y enseñar a los niños las prescripciones del Beato Pío X, sobre la Comunión de los niños”[Notas 25]

Queremos terminar esta enumeración de testimonios sobre los Santos Sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía, que podríamos alargar indefinidamente con otras aportaciones de testigos que no hicieron sus declaraciones al Tribunal Oficial. Valga una que puede resumir otras muchas en el mismo sentido laudatorio. Se trata de un testimonio extraño al Proceso, enviado desde la Argentina donde reside desde hace muchos años. “Yo conocí al Siervo de Dios en el año 1906; tenía ya setenta y cinco años, vividos desde 1850 en la Orden de la Escuelas Pías. Había cosechado grandes méritos dedicado a la enseñanza en los Colegios donde la Obediencia le mandó, sobresaliendo principalmente en las Ciencias… En esa fecha no diré que estaba ya jubilado, pues vivía para correr cual gigante la carrera de la Santidad: ¿Lo consiguió? Para cuántos le conocieron, sí. Para los que no tuvieron esa suerte, le juzgarán por sus Obras, mejor por sus frutos, según el Evangelio.

Vida de Santidad: Según está indicado en las Reglas Calasancias, todos los días dedicaba tres o cuatro horas en rezar y enseñar a rezar a grupitos de niños que llevaba a la Tribuna que daba a la Iglesia, por las necesidades del Colegio y de la Iglesia (Es lo que entre nosotros se llama la Oración continúa), preparándolos al mismo tiempo para la Primera Comunión.

Para el P. Faustino no había vacaciones. Siempre y a todas horas estaba dispuesto para confesar. Cualquiera diría que no había en el Colegio o en la ciudad de Getafe. Tenían que confesarse con el P. Faustino. Por su parte nunca estaba cansado; siempre dispuesto a atender en confesión. Los días festivos era el primero en comenzar y el último en concluir. Sus religiosas y alumnas, alumnos del Colegio, aspirantes, novicios, juniores, a todos llegaba su ministerio, incansable siempre, siempre contento. Nunca sabía cuántos habían pasado por el confesonario.

La Misa que celebraba valía más a juicio de los fieles. Con frecuencia había varias Misas; todos querían oír la del P. Faustino. Era oír la Misa y ver un santo.

Visitas de Enfermos: Llegaban todos los días desde Madrid, de sus alrededores, de provincias; personas mayores, niños, consultas de médicos, enfermos desahuciados; para todos había consuelo, esperanza; su mirada fija, su palabra consoladora llegaba a todos Muchas veces llevaba a los enfermos, rezaba con ellos, invocaba a la Santísima Virgen, a S. José de Calasanz: Dios le va a sanar. ¡Cuántas veces caían a sus pies! ¿Padre, me quiere confesar? Su humildad, su fe le hacía decir: LA SANTÍSIMA VIRGEN LE PONDRÁ BIEN. DIOS LE SANARÁ.

Los milagros los hace Dios, pero se vale lo más frecuentemente de los santos del cielo o de la tierra. Si venían a agradecerle: De Gracias a Dios que le ha sanado. Confiésese; comulgue. Eso era para el Padre la mejor paga. No admitía regalos. A veces venían a su nombre para el Colegio. Si le preguntaban, no sabía nada. Esa es la señal de la santidad: humildad, humildad. Dios, sólo Dios, autor de lo extraordinario. Alumnos, a veces eminencias que le recordaban, decían: ¡Es un sabio, es un santo!... Tenía habilidad especial cuando le elogiaban para ausentarse disimuladamente. No era difícil encontrarle fuera de los actos de Comunidad… pues era infalible, estaba en el coro, en la Tribuna de la Iglesia, rezando, meditando… Sus consejos en la confesión y fuera de ella siempre eran edificantes. ¡Con qué facilidad se daba cuenta del estado del penitente! ¡Que bondad! ¡Qué dulzura! No se cansaba en el confesonario, nunca tenía prisa. Siempre tenía recursos de aliento… siempre se podía rectificar la conducta. ¡Vera cómo Dios le va a ayudar! ¡Puede ser santo cómo lo fueron tantos! ¡Valor! Nada de cobardía. El triunfo siempre es de Dios. Esta idea frecuente en el Padre Faustino, era la gran confianza en Dios. Esta idea la oí muchas veces. Me confesé con él frecuentemente: no olvido sus consejos paternales, de aliento, de confianza. Ya era sacerdote y me alentaba cariñosamente: sacerdote para santificarse, para santificar las almas; para atraerlas a Dios. No repartía palabras ni tampoco ideas; se recordaban por la unción con que las decía y se gravaban fácilmente. El depósito de su doctrina era inagotable, su paciencia sin límites. No pase más de una semana sin confesar. ¡Cómo le premia Dios!, le dije en una ocasión. Pues mucho más le debo yo. Todo se lo debo: vocación religiosa, vocación sacerdotal. Como escolapio, para guiar ángeles en el santo temor de Dios: El educador pule esos ángeles para el cielo. Era un arsenal de piedad que ardía en su corazón al hablar de la Escuela Pía y un foco inagotable de ciencia. Como sacerdote era modelo para los sacerdotes con quienes vivía, que se edificaban de sólo verlo[Notas 26].

Con todos estos rasgos de la fisonomía espiritual de nuestro Padre Faustino tenemos más que suficiente para poder considerarlo como un discípulo del Señor, que ha realizado plenamente su unión con Dios, que es a vida inmersa en Cristo. Esta plenitud perfecta no se alcanza hasta la vida eterna, pero se desarrolla continuamente, perfeccionándose durante la peregrinación de nuestra vida terrena. Esta vida es la que vulgarmente llamamos Gracia Santificante, que tiene su inicio por la FE que recibimos en el Bautismo, engendrada por la Palabra de Dios (cfr. Rom. 10,17) toma su incremento por la recepción asidua y bien dispuesta de los Sacramentos, se hace plena en la Santa Eucaristía, Sacramento del máximo encuentro con Cristo Jesús y solamente alcanza su perfección última en la Patria celestial. A esta vida que llamamos GRACIA y a toda su expansión en nosotros estamos llamados todos los cristianos. De ahí que el Concilio Vaticano II quiere dejar bien patente “Que todo los cristianos, lo mismo los que pertenecen a la jerarquía, que los apacentados por ella, están llamados a la Santidad” (L.G., 39). ¿La alcanzó nuestro Padre? Solamente la Santa Madre Iglesia, con su DECISIÓN INFALIBLE, nos lo podrá proclamar un día, que todos esperamos con gozo. El proceso de virtudes está en su última etapa y la constatación de su heroicidad puede quizá no demorarse mucho. Mientras tanto nosotros podemos y debemos profundizar en la fisonomía espiritual de nuestro biografiado y los vamos a intentar aunque sea muy esquemáticamente considerando cada uno de los Dones del Espíritu Santo y sus operaciones en el Alma del Siervo de Dios.

Recuerdo cuando visité por primera vez el taller de un gran artista, en este caso D. Mariano Benlliure, que lo primero que me llamó la atención fue ver que estaba trabajando en las diversas obras que tenía entre manos algunos operarios, que iban desbastando la madera o piedra. Solamente cuando estaba ya la obra en su última fase, era él con su gubia o cincel el fijaba los detalles, los rasgos fisionómicos, que imprimían con el soplo de su alma de artista algunos rasgos o caracteres que bullían en su espíritu y eran realidad un trasunto de su propio genio. Así parece que obra también Dios al pulir o improntar su propia imagen en el alma de los justos. Comienza por dejar obrar a las causas segundas según las leyes generales de la Providencia y después actúa Él mismo, con sus toques divinos, y ya no la abandona hasta que imprime en ella la Semejanza y Santidad que se había propuesto al crearla, si se deja modelar. Sin violentar la voluntad, que es la que da valor a nuestras obras y las hace meritorias, va perfilando esa imagen de Cristo, a la que nos tenemos que configurar todos si queremos alcanzar la meta señalada: Hasta hacernos semejantes a la imagen de su Hijo. La santidad en realidad y verdad no consiste tanto en multiplicar nuestros esfuerzos e inventar soluciones, cuánto en dejarnos invadir por Él. No consiste, como falsamente nos imaginamos en más de una ocasión, que triunfemos nosotros de tantas debilidades y miserias como nos invaden: ignorancias, concupiscencias, tentaciones, desorientaciones, escrúpulos, flaquezas, enfermedades… etc., lo que, con frecuencia, aun teniendo buena voluntad y un anhelo sincero nos resulta prácticamente imposible, sino que más bien lo que debemos pretender sin descanso es que triunfe Dios, mediante su Espíritu, en nosotros de todas las resistencias y desviaciones de nuestro amor propio y egoísmo. De ahí la necesidad de las virtudes activas y pasivas de que nos hablan los teólogos, las noches oscuras y las purgaciones especiales a que Dios somete al alma para purificarla.

Esta influencia divina se manifiesta particularmente y con mayor claridad para los expertos mediante la actuación de los Dones de Espíritu Santo en el alma del Justo. De ahí la importancia que tiene escrutar esta actividad en el alma, para percatarse de su riqueza espiritual y las directrices que les señala el Señor en su ruta hacia la perfección.

El P. Garrigou Lagrange, y entre nosotros el P. Gonzalo Arintero, nos han trazado esquemas especiales para detectar esta actuación en el alma de los santos; no olvidemos que el principal y verdadero actor, modelador - director de las almas es el Espíritu Santo. Por eso, como hemos expuesto en otro lugar, la primera investigación es constatar la conservación de la Gracia en el alma y su subsiguiente desarrollo, así como su interés porque este beneficio sea patrimonio de los demás hijos de Dios; porque cómo creeríamos que una persona ama a otra si no se preocupa de sus intereses? De ahí que desde las primeras cartas que se conservan del Siervo de Dios comprobemos con satisfacción que lo único que le interesa en gran manera de sus padres y hermanos, es que vivan en gracia…”Que es lo único necesario e importante”, “Que es un tesoro que llevamos en vasos frágiles”, “Que su único anhelo es que se vean todos en la Patria Celestial”. Y después en sus cartas a M. Ángeles continuamente prodiga sus exhortaciones: “Lo primero es su alma, su santificación… trabajar por los demás sí; pero primero nosotros…” “Yo me creería el más feliz de todos los nacidos si supiera que algún día me había de ver con ustedes en la celestial morada”. . “Yo, hija mía (escribe a una joven dirigida que estuvo en trance de muerte) no dejé de pedir por ti y de suplicar al Señor y a su Madre que si habías de vivir para manchar y perder tu bellísima alma, te llevase ahora, y si habías de vivir para servirle siempre, santificarte y contribuir a la salvación de muchos, que te conserve tantos años como a Matusalén, para que sea más preciosa la corona que te espera y deseo”. Estos deseos y anhelos de su salvación y la santificación de los demás son el índice más claro de una perfección muy elevada, según estas palabras de S. Bernardo: “El deseo incansable del aprovechamiento propio y el esfuerzo continuo para conseguir la perfección se considera como la misma Perfección”. Hagamos, pues, un proceso, sobre los Dones y exploremos hasta donde nos sea posible su repercusión sobre el alma del Siervo de Dios, 1° Don de Temor de Dios. La primera condición que debe poseer un alma que se dispone a recibir bienes es no poner obstáculos. Estar en plan de una ENTERA y COMPLETA SUMISIÓN a DIOS. No perdamos de vista que los Dones obran en nosotros como motores que empujan el alma hacia la Voluntad de Divina, son como los vientos que empujan al bajel de nuestro espíritu hacia las orillas de las Profundidades de la Divinidad. Observan los teólogos que el Don de Temor de Dios que, según la Sagrada Escritura, “es el principio de la Sabiduría”, ocupa el mismo lugar en la economía de la gracia que la humildad en la economía de las virtudes. Nos sitúa en un plan de entera sumisión y docilidad e influjo directo de parte de Dios. Tiene estas manifestaciones externas: DELICADEZA de CONCIENCIA. Sabemos que purificaba su alma todas las semanas invariablemente y hay multitud de detalles en su vida que así lo demuestran y por eso nos abstenemos de hacer una enumeración más prolija. CONFIANZA en LA PROVIDENCIA de DIOS: Cuando el Siervo de Dios conoció la persecución que movían contra él los médicos de Madrid, prosiguió sin inmutarse, dejándolo todo en manos de los Superiores, mejor dicho, de la Providencia, como el Siervo de Dios decía”[Notas 27]. “En todas estas circunstancias él se mostró con una gran firmeza y serenidad de espíritu, dando a entender que su FE en los destinos de la Providencia estaba muy por encima de las circunstancias humanas y de los comentarios de las personas a él tan allegadas, como eran las Religiosas y los PP. Escolapios”[Notas 28]. “Jamás se observaba en él síntoma de violencia y en los momentos en que fue criticado dentro de la Orden, porque manejaba mucho dinero, él seguía su camino sin inmutarse ni darle importancia ni al dinero ni a las críticas de que era objeto”[Notas 29]. Toda su confianza y actuación respecto de la Divina Providencia de la que vivía como del regazo de una madre la sintetizaba en aquella expresión tan sabia y verdadera que había aprendido de la actitud ante la vida y sus acontecimientos de su Santo Padre. DEJEMOS OBRAR A DIOS”, a lo que él añadía invariablemente, como consta por múltiples testigos; PARA MEJOR SERA”. Sabía por experiencia que el Señor siempre nos da lo mejor, lo que más nos conviene en cada momento, si nos abandonamos en sus brazos de Padre para dirigirnos por sus amorosos impulsos. Otra expresión del Santo Temor de Dios es la adhesión a la Voluntad Divina que debe ser para nosotros la manifestación de su amor concretado en una circunstancia determinada. Son muchas las actitudes y manifestaciones del P. Míguez a este respecto: “El veía a Dios en todas las partes y obraba siempre con gran sentido de esa PRESENCIA DIVINA y nos inculcaba siempre que lo primero era Dios después todo lo demás”[Notas 30] (M.María Amada). “El Siervo de Dios en esta ocasión dijo únicamente que este traslado era sin duda Voluntad de Dios, para que se viese a las claras que la naciente Fundación era Obra del Cielo y no de los Hombres”[Notas 31]. “Además de lo narrado, el Siervo de Dios hubo de sufrir otro disgusto que consistió en que algunos seglares, de acuerdo con algunos Padres de la Orden, intentaron sorprender algunos secretos científicos del Siervo de Dios, y para ello no dudaron en allanar su propio cuarto. Cuantos lo conocieron se indignaron de este abuso, pero el Siervo de Dios no tuvo ni una palabra de reprueba o indignación[Notas 32]. Y el mismo testigo cualificado añade: “Toda la vida del Siervo de Dios era una sumisión continua a la Divina Voluntad, que él veía reflejada en todos los acontecimientos”[Notas 33].

Tal era su adhesión a la Divina Voluntad “que el Siervo de Dios era como una roca firme inconmovible en todas las circunstancias, aún adversas, por las que tuvo que atravesar; nunca perdió la calma y siempre se mostró optimista, diciéndome muchas veces que él realizaría su pensamiento hasta el último instante de su vida”[Notas 34]. “El Siervo de Dios tenía siempre a Dios en los labios tanto en la clase como en las visitas que hacía a casa de mis padres. Nos incitaba mucho a tener siempre Presencia de Dios y en las cartas que yo tenía del Siervo de Dios me daba muy buenos consejos sobre este particular[Notas 35]. Podríamos multiplicar indefinidamente con múltiples testimonios salidos de su pluma esta aserción sobre la Divina Voluntad y la Adoración a la Presencia Divina, como pueden constatarse en el libro titulado Semblanza Espiritual del Siervo de Dios, al que remitimos al lector y solamente esta desvaída proyección con estas palabras que sintetizan sus pensamientos en esta doctrina : “No teniendo otra Voluntad que la de Dios, podréis todo lo que Dios puede y seréis tan fuertes como el mismo Dios”[Notas 36].

II. Don de Fortaleza Divina, de considerarnos y ser Hijos adoptivos de Dios y por lo tanto fieles hasta la muerte antes que apartarnos de Él y ofenderle. Esta verificación eficaz nos proporciona una fortaleza inmensa en las tribulaciones, en el repudio de toda injusticia, en no dejarse arrastrar de las simpatías ni antipatías, en saber dejarse triturar y perderlo todo por amor de Dios. La resistencia humana es propia de la virtud de la fortaleza… pero esta sería muy limitada y a la vez imposible si no nos sostuviera la Divina y única Fortaleza, que es una especie de inmutabilidad divina, en participación y unión con el que según S. Pablo, “Todo lo podemos en Aquel que es nuestra Fortaleza” ¿y qué modalidades de posible exploración presenta en el alma de los elegidos el Don de Fortaleza? Podríamos decir que tiene tantos matices, tantos rasgos significativos, que llena la del hombre. Heroísmo de las virtudes pequeñas, insignificantes, dominio de carácter, fidelidad a las reglas más nimias, martirio de la vida cotidiana, perseverancia en el bien obrar ante el cansancio de la monotonía del deber de cada día y de cada hora … Soportarse a sí mismo en las horas de desaliento o del llamado por el Santo Padre Pío XII el cansancio de los buenos, que lo han experimentado todos los santos; cumplimiento exactísimo del deber sin desfallecimiento… aceptación de los sufrimientos y tentaciones como prueba de que Dios nos ama y desea y desea nuestra identificación con Él . Por eso dice en una carta a sus Hijas de Sanlúcar: A mí me persiguieron, dijo Jesucristo a los Apóstoles; a vosotros os perseguirán también; no han de ser las esposas menos que el Esposo. Y los Apóstoles salían gozosos de los tribunales donde los habían maltratado, injuriado y llenado de contumelias; ¿qué reis ser más?” (Carta 6-3-90). No podemos ni siquiera poner algunos ejemplos del don de Fortaleza en el Siervo de Dios. Su vida estuvo llena de persecuciones, incomprensiones, y perfidias, fiel traducción en su carne de la sentencia del Apóstol “Todos los que quieren vivir piadosamente en el Señor padecerán persecución” (2Tim. 3,12).

III Don de Piedad. Consiste en esencia en considerar a Dios como nuestro Padre y manifestar nuestra ternura y agradecimiento de Hijos ante su infinita bondad y los innumerables beneficios que nos otorga gratuitamente y sólo porque somos “sus pequeñuelos” el Padre Faustino manifiesta en su comportamiento una confianza filial respecto de Dios nuestro Padre y de nuestro Hermano Mayor Jesucristo a pesar de nuestras deficiencias, como él decía en una de sus cartas (carta 5-2-922): “Si tan bien se encontraba S. Pedro en el Tabor, ¿estaremos mal en los brazos del Señor?” Toda la vida de nuestro venerado hermano estuvo por decirlo así impregnada de estos sentimientos: Rezaba con grandísimo devoción y confianza (Es testimonio unánime de todos los Deponentes del Proceso). Por las noches sabemos que cuando se despertaba alababa al Señor y dirigía un saludo al solitario del Sagrario… su devoción al Sagrado Corazón es una de sus manifestaciones predilectas y que inculca con mayor insistencia y manda que se celebre todo el mes de junio para hacer honrar a este deífico Corazón que tanto ha amado a los hombres. Escribe un hermoso libro lleno de ternura lleno de ternura y con admirables sentimientos para honrar esta devoción, que constituye para las almas selectas las síntesis de todas las demás… Se dirige a Dios por su camino Vía Dei que llamaron los Santos, o sea, a través de una dedicación y Consagración especial a la Stma. Virgen mediante la llamada”. Esclavitud Mariana”, suficiente, según el sentir de S. Pío X, para elevar un alma a la más alta santidad. Sus devociones predilectas, como hemos señalado anteriormente, eran la Santa Misa y la Eucaristía. Siente una predilección especial por S. José y los Santos Ángeles. Recomienda insistentemente el Mes de María. “que se celebre en todos los Colegios y con todas las alumnas”.

IV. Don de Consejo. —L a vida humana es muy complicada, una auténtica maravilla en su constitución y funcionamiento; pero en la parte espiritual se halla implica en muchas de las repercusiones somáticas y por lo tanto no deja de sentir la debilidad de la carne y los enemigos que la acechan; estos son máximas, ejemplos, comportamientos, alicientes, que, en los tiempos cada vez menos comprometidos con la fe, constituyen un ambiente moral difícil de superar. Para no extraviarnos necesitamos un Consejo, una ayuda, una Dirección; pues bien, el Espíritu Santo”. Os sugerirá todo lo que yo os he predicado”, dijo el Señor. Así es como mediante sus sugerencias divinas, sus inspiraciones y sus hablas interiores sin ruido de palabras, acude solícito a nuestro socorro en todas las ocasiones de necesidad; por eso fluía de él como de un hontanar de ideas muy anticipadas a su tiempo, tanto pedagógicas… la instalación de los pabellones en Sanlúcar contra la opinión de otros que los juzgaban desacertados con su mirada astigmática; la expansión del Colegio de Getafe con la adición de las eras que lo circundaban, convirtiéndole en magnífico parque, hoy complejo deportivo de maravillosa previsión para la docencia y educación por medio de los deportes. También se traducía su don de Consejo en las Directrices que señaló en sus Constituciones y Principios de Gobierno, Reglamentos para los comienzos de la Institución. Definición de vocaciones a multitud de personas…Dirección en el confesonario que pueden contarse por millares; lo mismo por carta. Su epistolario conservado, se aproxima sin duda al millar de cartas y muchísimas que se han perdido en los avatares de la guerra, como lo confirman con sentimiento personas que tuvieron trato con el Siervo de Dios. Todo ello forma un elenco de consejos, sentencias, estímulos, incentivos, sugerencias de muy subido valor espiritual, fiel eco del Espíritu que vivía en el fondo de su corazón.

V. Don de Ciencia. —Este don, como es conocido, comprende el conocimiento y contemplación de Dios a través de sus obras… es la sombra de Dios que pasa… es la figura del Amado que viste de hermosura a todos los seres que Él ha creado. Todo parece a los elegidos maravilloso, como pinceladas de la mano de Dios. Suben al monte santo de la oración y contemplación, donde mora la divinidad y desde allí contemplan toda la creación como obra de amor y entonces se dejan llevar de un doble impulso hacia las criaturas: 1º) de cierta repulsa, porque no pueden seducir, hechizarnos y dejarnos prendidos en sus encantos, sin hacer referencia al dueño de todo y, por lo tanto, puede sufrirse un desvío del bien supremo. Por el contrario, también se manifiesta un sentimiento de afecto, de apoyo, de delectación en la belleza, de auténtico amor, para ayudar a que no se desvíen, a que permanezcan unidas indefinidamente al Creador, y si se hallan atisbos de perdición, ayudarlos a salir de sus enredos, de la seducción del maligno que han experimentado cuando le sugieren: “seréis como dioses”. El hombre se ha prostituido por endiosamiento y soberbia. Y este es el germen constitutivo del pecado: “aversio a Deo, conversio ad creaturas”. Las criaturas deben ser los peldaños que nos eleven a Dios. Por eso nuestro P. Míguez, un enamorado de la Ciencia Verdadera, a través de sus estudios, sus experiencias, sus inventos, alaba y glorifica al Señor que ha creado tantas maravillas, las flores las plantas, las aguas con sus virtudes medicinales escondidas en su seno son una visión del Señor que se oculta, para que le busquemos como se busca al Amado a través de las espesuras y de los oteros. Por eso se extasía, alaba y glorifica al Señor que cela estas bellezas a los soberbios y se los descubre a los humildes. Recomendaba mucho la humildad, nos revela uno de sus confidentes, y decía que era” la escala del cielo”[Notas 37]. Las virtudes medicinales escondidas en las plantas o en las aguas son para el Siervo de Dios despertadores que le incitan a amar a Dios, y le elevan a la contemplación, y adoración de sus divinos atributos. “Nada de las criaturas; todo de Dios”. Cree sinceramente que Dios ha puesto el remedio de todas las enfermedades en la Naturaleza y por eso trabaja infatigable, ya entonces, a principios de siglo, por encontrar el remedio de la tuberculosis y del cáncer. Y escruta los secretos de la naturaleza con paciencia, con constancia, con asiduidad de horas y muchas veces encuentra remedios que hasta hoy han procurado a millares de enfermos la salud y el alivio que nadie les proporcionaba, como tendremos ocasión de manifestar en el capítulo referente a las curaciones excepcionales. “Todo lo refería a Dios incluso en la explicación de sus asignaturas, llevaba a los discípulos a la fe por la Ciencia”. Cada átomo era para él un beso de Dios a través de la naturaleza, la huella de su pisada plasmada en maravillas.

VI. Don de Entendimiento. —Ya sabemos que etimológicamente significa (Intus –legere – leer o interpretar el interior). Es por consiguiente el Don que nos permite vislumbrar como en un espejo la vida interior y las magnificencias la Divinidad con el Misterio Trinitario y la trascendencia de sus maravillosos atributos Es un trasplante a las obras ad extra de Dios, es conocer e interpretar la Sagrada Escritura, como vemos que ha ocurrido en almas que no tenían estudios teológicos y hablaban y escribían con una soltura de conceptos impropia de sus conocimientos adquiridos. Santa Teresa de Jesús, Santa Catalina de Siena, San Félix de Cantalicio… Es la intuición sobre los acontecimientos propios y extraños dentro del contexto de la Providencia divina que “escribe derecho con renglones torcidos”; es entender e interpretar legítimamente los “signos de los tiempos” tan en boga como si nunca hubieran existido…; es explicitar los símbolos religiosos con sus enseñanzas e iluminaciones… , es interiorizarse en el desciframiento del Misterio de la Cruz, tan escondido para muchos y un enigma insoluble para muchísimos que no tienen más criterio que sus pobres luces tan exiguas. El Misterio Eucarístico, imán irresistible de atracción para las almas interiores y El Misterio terrible y desconcertante del Pecado. Sobre este último Misterio nos ha dejado el Padre unas sentencias muy hermosas y unas meditaciones y luces recibidas de lo alto. Se titulan los Capítulos: Excusa del pecado – Ambición—Soberbia refinada – Ambición de Prelacías—Necesidad de querer valer y mandar- Verdadera valentía… etc. Todo esto supone una ilustración interior y unas luces tan especiales que es imposible adquirirlas con meros estudios humanos. Sólo la meditación y la contemplación de las perfecciones divinas pueden proporcionarnos estas iluminaciones interiores. La Presencia del Espíritu Santo en el alma del justo y su actuación por medio de los dones, de manera especial el de Entendimiento, proporciona esta intuición de los misterios y da a las almas una visión muy perspicaz de las conciencias de los demás. De estos conocimientos hay indicios muy sugestivos en la vida de nuestro Padre; a título de ejemplo pondremos algunos ejemplos en el capítulo siguiente. Maneja las Sagradas Escrituras y los Santos Padres con soltura y facilidad, experimentando en ello una delectación especial, como señala en algunas de sus cartas, “Que las palabras de la Sagrada Escritura tienen una unción y fuerza singular para mover los corazones”. También cita con frecuencia a los Autores Ascéticos y Místicos, como S. Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, San Francisco de Sales, S. Alfonso María de Ligorio. Riman perfectamente con sus vivencias y sentimientos más íntimos. Están en su misma línea de conceptos. Lo podríamos comprobar nos sólo en el Libro Semblanza Espiritual del Siervo de Dios, sino igualmente en las numerosas sentencias acumuladas en su Cuaderno Espiritual donde según su misma expresión “ Va libando como abeja solícita el néctar más puro y delicioso de las más excelsas doctrinas”.

VII. Don de la Sabiduría.—Mediante este don tocamos el ápice de la médula divina Es la entrada a la séptima morada de Santa Teresa en su castillo interior, Sabiduría Contemplativa es tener gusto o sabor, es la degustación, el saborear y sentir a Dios en el fondo del corazón. Cuando este sentimiento se hace dominante y constante hemos llegado a la transformación e identidad con Dios cuanto se puede alcanzar en esta vida. Por eso en este don, preferentemente, como en todos, se dan grados y sólo cuando se hace estado permanente, la unión es completa y perfecta y entonces el alma tiene que abandonar la tierra, porque ha llegado a la meta señalada. Son los últimos cantos del cisne; esto como es natural solo se da en las últimas manifestaciones de la unión transformante. El alma no ve todavía a Dios cara a cara, porque está en estado de viandante, pero gusta ya de la grandeza de Dios y siente su Divina Presencia en lo más profundo del alma, en un estado de contemplación casi habitual que se traduce con frecuencia en éxtasis, arrobos, levitaciones, y demás epifenómenos de la unión con Dios. ¿Se dieron en nuestro Padre algunos fenómenos concomitantes de estados de contemplación? No faltan en los procesos testimonios que nos pueden hacer vislumbrar estos estados alcanzados por nuestro Padre. Pero sólo la Santa Madre Iglesia puede dictaminar sobre ellos Nosotros expondremos algunas curaciones, conocimiento de cosas ocultas, premoniciones y otras manifestaciones en un capítulo especial.

Notas

  1. Las tres edades de la vida interior, R-Garrigou- Lagrange, O.P. Ediciones Desclée de Brouwer, Bilbao. La evolución mística, R.P. Maestro Fr, Juan G. Arintero, O.P., 4ª edición, Edit., Fides, 1940, Salamanca.
  2. M. María Amada. (S. Proc Ord. Matriten, pág. 183).
  3. Testimonio P. David Álvarez (Summarium Proc.Ord. Matriten p. 6)
  4. Testimonio del P. José Olea Montes. (S. Proc. Ord. Matriten p. 33).
  5. Idem P. 44.
  6. Testimonio del Hermano Cirilo Vázquez (S.Proc. Ord. Matriten., P. 164 ).
  7. Testimonio P. Leonardo Rodríguez (S. Proc. Ord. Matriten. P. 233)
  8. Testimonio de Dña Purificación Benavente. (S. Proc. Ord. Matriten., pág. 238).
  9. Testimonio de Dña .Rosario Delgado Ñudi. (S. Proc. Ord. Matriten, 212 et passim. No hallo la constitución textual en el Sumario, pero fácilmente pudo dármela en varias de las consignaciones personales que tuve con ella).
  10. Testimonio del P. José Alarcón. (No consta en el sumario, pero si en el texto del Proceso de Madrid, folio 435).
  11. Testimonio del P. José Eusebio Gómez de Miguel. (Proceso Ord. De Madrid, folio 208. En el Summarium de Roma, pàg 156).
  12. Test. M. Gemma de Jesús. (Proc. Ord. de Madrid. Folio 348-r. Summarium, pág. 218)
  13. Testim. P. José Olea. Montes. (Summarium Proc. Ord. Matriten, pág. 82 )
  14. Testimonio de D. Tiburcio Ruiz de la Hermosa. (Summarium Proc. Ord. Matriten)
  15. Idem. (Pág. 92)
  16. Testimonio del R. P. Manuel Pinilla.(Summarium Proc. Ord. Matriten pág. 116 )
  17. Idem (Pág. 118).
  18. Testimonio de Dña. Mercedes Benavente. (Summarium Proc. Ord. Matriten. , pág. 126)
  19. Testmonio de M. Antonia Amor Fernández (Summarium Proc. Ord. Matriten ., pág. 137)
  20. Testimonio del M.R. P. Eusebio Gómez de Miguel (Summarium Proc. Ord. Matriten. , pág. 153)
  21. Idem. (Pág, 155)
  22. � Idem. (Pág. 156 ).
  23. Testimonio de M. Aurora Rea de Jesús. (Sum. Proc., Ord., Matriten pág. 171)
  24. Test. M. María Amada García Yepes (Sum.Proc. Ord. Matriten. pág. 156)
  25. Test. M. María Amada García Yepes (Sum.Proc. Ord. Matriten. pág. 187)
  26. Testimonio P. José Uria, en otro tiempo de nuestra provincia de Castilla, hoy día, capellan de los Hnos. Maristas enBuenos Aires (La Plata)
  27. Testimonio del R. P. Dávid Álvarez . (Summmarium Proc. Ord., pág. 5).
  28. Idem. (Pág. 10)
  29. Testimonio del M. R. P. Eusebio Gómez de Miguel (Summarium Proc. Ord. Matriten., pág. 157)
  30. Testimonio de M María Amada García Yepes. (Proc. diocesano folio 225-r)
  31. Testimonio del P. J. Olea Montes.(Proc. Dioc. Folio 69 ).
  32. Idem ( folio 72-r)
  33. Idem (Folio 82)
  34. Testimonio del M. R. P. Eusebio Gómez de Miguel(Proceso Diocesano folio 208).
  35. Testimonio de Dña Rosario Delgado Ñudi. (Proc. Dioc. , folio 338)
  36. Semblanza Espiritual del Siervo de Dios P. Faustino Míguez (P. A. del Álamo, Sch. P. pág. 107, Madrid , 1969)
  37. Test. Dña Victoria Florido Sanz. . (Proceso Diocesano, folio 333 )