DelAlamoBiografia/CAPITULO XXXII: ¿AMAGO DE CISMA?

De Wiki Instituto Calasancio
Saltar a: navegación, buscar

CAPITULO XXXI: MUERTE DE LA RVDMA. M. JULIA REQUENA Y CISMA PROMOVIDO A SU MUERTE. AÑOS 1923 A 1924
Tema anterior

DelAlamoBiografia/CAPITULO XXXII: ¿AMAGO DE CISMA?
Índice

CAPITULO XXXIII: TRANSITO DEL SIERVO DE DIOS
Siguiente tema


CAPITULO XXXII: ¿AMAGO DE CISMA?

Siguiendo la pauta que nos hemos marcado en el capítulo precedente de poner a la vista los elementos más significativos y esclarecedores que hayan llegado a nuestro conocimiento, para formarnos una idea aproximada de los sucesos que estamos narrando, vamos a copiar en primer lugar las determinaciones emanadas de la REUNION DE GETAFE, en su parte más sustancial.

Afortunadamente se han encontrado en el Archivo de Monforte de Lemos. En otras Casas han desaparecido sin dejar huella, a pesar de haber conservado otros documentos de escasa o nula importancia. Por ejemplo, en el LIBRO DE SECRETARÍA DE CHIPIONA, durante estos acontecimientos fue Superiora M. María Casáus, se salta la Cronista desde el 21 de septiembre de 1919 hasta octubre de 1928; sin explicación ninguna y estando las páginas sin numerar induce a sospechas bien fundadas. ¿Cómo es posible que se deje sin crónica los sucesos más interesantes y por desgracia nada bonancibles durante tan largo tiempo, en casa tan cercana a la casa madre… con las inspecciones obligatorias de las visitas? ¡Cosa rara e incomprensible!

Son cinco los documentos que se enviaron a todas las Casas, para su lectura y conservación, en los que se explica el desarrollo de la crisis en que se vio envuelto el Instituto, a raíz de la muerte de M. Requena. El 1° “Es una explicación introductoria: “Para dar cumplimiento a lo mandado en nuestras Constituciones y al mandato de nuestro Rvdo. P. Fundador, enviamos a V.C. los adjuntos oficios y documentos, para que según el orden numerado se sirva leerlos a toda la Comunidad, reunida en la Capilla, al toque de campana. Dios guarde a v.C. muchos años. Getafe, 10 de febrero de 1924. Sor Concepción Hidalgo (Firmado y refrendado con el sello de la SUPERIORA GENERAL de la CONGREGACION).

El primer documento expone lo siguiente: “Reunido el Consejo General en Getafe, después de oído el parecer del Señor Nuncio de Su Santidad en cumplimiento del Derecho Canónico y de nuestras Constituciones, declara que la sustituta de la Rvda. M. Julia Requena de Jesús (q.e.p.d.) es la M. Concepción Hidalgo de Jesús, hasta hoy Superiora local de Getafe, la cual desde este momento queda constituida Superiora General. Lo que comunicamos a V.C. para su conocimiento y el de las Religiosas de esa Casa y efectos consiguientes”, etc. (Firman el documento Sor Concepción Hidalgo, Padre Faustino Míguez, Sor María Amada García de Jesús, Sor Luisa Villegas de Jesús).

El Segundo documento se refiere a los nuevos nombramientos para completar el número de Consejeras, qué son Margarita Artime, que hará también las veces de Vicesecretaria, y Anunciación Merino de Jesús.

El tercer documento es una carta explicatoria del Padre, que por su importancia copiamos íntegramente: J.R.E.N.C. [Notas 1]

Amadas Hijas: Antes de despedirme de vosotras para siempre, creo es mi deber justificar mi conducta ante vosotras para vuestra tranquilidad explicándoos las gestiones por mi realizadas:

1. ° A la muerte de la M. General (q.s.g.h.) telegrafié al Consejo allí reunido que “inventariase lo del Archivo y aplazase lo demás”.

2. ° Avisé que viniesen a Getafe tanto las Consejeras como la Superiora de Sanlúcar, en sustitución de M. Natividad, a la sazón ausente, en conformidad con las Santas Constituciones.

3. ° En ésta expuse a la M. María de Jesús el impedimento canónico que anulaba su elección de Vicaria General y Consejera y la conveniencia de que escribiera al Emmo. Cardenal Protector que se dignase solicitar de S.S. el favor de nombrar directamente Superiora General, mirando por su buen nombre, por lo cual se diferiría el cumplimiento de las Santas Constituciones.

4. ° Pasaron los tres meses, plazo que el Nuevo Código fija para cumplir lo que se pide, sin contestación de la Sta. Sede, urgiendo la resolución por los muchos y serios males que se siguen de esta situación insostenible, en que figura como Vicaria, una inhábil, que ni lo es ni lo puede ser.

5. ° Legalmente no es otra la Superiora General que la Madre Concepción de Jesús. (Era la 2ª Consejera general, elegida canónicamente en el último capítulo).

6. ° Cumplida la fecha de los tres meses de la defunción de la Madre General, recibido el parte de la Fundación de Buenos Aires, se avisó a todas las Consejeras para su aceptación o negación y para normalizar vuestro estado.

7. ° En este intermedio llegó a mis oídos que había marejada en los Colegios y me resolví a escribir en el acto a todas las Superioras para que dijesen si era verdad y quiénes la promovían; tuve la satisfacción de recibir la contestación inmediata de que no había nada de eso, lo cual agradecí mucho por lo que prescriben los “Principios de Gobierno”[Notas 2].

8. ° Posteriormente llamé de nuevo a las Consejeras y la M. María no tuvo a bien acudir, sino que ante mi llamamiento dijo que no vendría a no mandárselo el Arzobispo, el Nuncio o el Papa y que no faltaban religiosas que aprobaban su proceder.

9.° Al aprobar S. S. las Constituciones de vuestro Pio Instituto ratificó la ley del Nuevo Código de que ninguna que sea ilegítima pueda ser PROVINCIAL, VICARIA PROVINCIAL, NI MENOS GENERAL; así lo hace, como centinela avanzado de las Religiones y de la Moralidad (esto último está añadido en tinta; todo el texto anterior está escrito a máquina)[Notas 3].

10. ° Llamada la M. María por el Consejo en Virtud de Santa Obediencia a Getafe para normalizar definitivamente vuestra situación en cumplimiento de las Santas Constituciones, no acudió al llamamiento, sin alegar imposibilidad ni razones a su desobediencia.

11.° Después de todo lo expuesto comprenderéis, amadas Hijas, la honda pena de mi corazón, que ya estaba lacerado por la conducta nada satisfactoria que de tiempo atrás venía observando la M. María; seguramente esas religiosas que aprueban el proceder de dicha Madre estaban ignorantes de lo referido, pues en caso contrario por si mismas quedarían juzgadas.

Vuestro Padre, que como sabéis no tuvo otro pensamiento que el de buscar con vuestro Instituto la Gloria de Dios, ha visto apenado la intrusión absurda y desatentada de quién ninguna Superioridad tenía en derecho; y al vislumbrar sus santos propósitos por dicha causa, concibió la idea, si no se ponía remedio de añadir al testamento un codicilo, legándolo a toda la Escuela Pía en favor de los niños pobres o a los Obispos de la Diócesis, en que hay enclavados Colegios vuestros para obras de beneficencia.

Espero que no llegará este caso, porque el Consejo sabe cumplir su deber. Seguid por el camino de la observancia y daréis Gloria a Dios y será feliz vuestro Padre que os bendice públicamente por última vez. P.F.Míguez.”

El 5. ° escrito comprende la sentencia decretada contra M. María Casáus y que es del tenor siguiente:

“El Consejo General, en vista de la inexplicable conducta que la M. Ma Casáus observó con la difunta y digna Superiora General y de que a su muerte y contra las órdenes del Consejo y del Fundador se abrogó derechos que no tenía, sin parar mientes en el gravísimo escándalo que daba al Instituto y en vista de la desobediencia al precepto formal, dictado en virtud de Santa Obediencia, de presentarse ante el Consejo en nuestro Colegio de Getafe, declaro para siempre a la hasta ahora conocida por M. María Casáus de Jesús: 1° “Sin derecho alguno al puesto que por orden de antigüedad venía ocupando entre las Coristas, no siendo Corista, por impedimento canónico y por las Constituciones del Instituto (Este último subrayado está en el texto añadido en tinta).

2° Sin voz activa ni pasiva, de que venía usando, por no ser corista, según el número 1°.

3° Qué ni interinamente puede tener derecho a tal puesto de antigüedad entre las Hnas. Operarias, por no haber hecho su Noviciado.

4° Sin poder comunicar con las Religiosas por su escandalosa desobediencia al precepto formal del Consejo General y mal ejemplo a las religiosas. Todo esto sin contar con las consecuencias que resulten del juicio abierto a petición del R.P. Fundador y en trámite para averiguar otras cosas en vista de la inconcebible conducta de las que imitan y apoyan su denigrante proceder, a fin de aplicarles el castigo que según los”. Principios de Gobierno” corresponda. Así verán todos los miembros del Instituto que está en vigor su lema: “O ser como se debe ser o no ser”, y que así debe seguir hasta el fin. Sea cual fuere la conducta de la M. María Casáus de Jesús, se advierte que siempre quedarán en pie los números 1° y 2°. Dios guarde a V.C. muchos años. Getafe, 10 de febrero de 1924. Sor Concepción Hidalgo. —Sor Luisa Villegas. —Sor María Amada García de Jesús, -Sor Anunciación Merino Jesús,-- Sor Margarita Artime de Jesús”[Notas 4].

Con todos estos antecedentes ¿Quién se atreve a emitir un juicio valorativo de conductas y actuaciones en esta intrincada maraña? ¡Que el P. Fundador obró con la mejor buena voluntad y mirando el bien del Instituto no lo podrá dudar nadie! ¡Que quizá no estaban bien clarificadas en las Reglas las jurisdicciones y la solución de un caso tan imprevisto, también parece patente! ¡Qué debían haber esperado la respuesta de Roma, es una deducción muy lógica! Pero en aquellas circunstancias especiales y ante la inminencia de determinaciones que no se podían tramitar con la urgencia requerida…, tienen explicación todas estas precipitaciones… Estaban en suspenso las tramitaciones de Chile y de Buenos Aires… Y había un divorcio entre la cabeza y el Consejo. Vamos a terminar la narración de estos acontecimientos lamentables, implicados con muchas ramificaciones que no son fáciles de detectar, con las declaraciones de dos de las protagonistas de estos sucesos que viven en la actualidad (1967). Estas son: M. María Amada de Jesús y Margarita Artime, a quién en el Proceso Diocesano algunas testigos dan por muerta, quizá porque su presencia no les era nada grata y si muy embarazosa. M. María Amada García Yepes de Jesús fue un alma sencilla, muy piadosa y espiritual, “un corazón sin hiel”, según el testimonio de cuantos la han conocido, quizá de una candidez excesiva, amantísima de su Congregación y del P. Fundador, por quién sentía una veneración extraordinaria, ya que hizo para ella prácticamente de Padre Verdadero. Habiendo quedado huérfana desde muy niña, fue su Director Espiritual, así como de su querida madre, que estimaba sobre manera al P. Míguez. Fue Superiora de varios Colegios durante muchos años y Maestra de Novicias más de veinte. Hoy, ya difunta, tengo a no pequeña satisfacción haber conocido y tratado a esta alma tan singular y haber disfrutado de su confianza total. A insinuación mía escribió unas veinte cuartillas, con el fin de aclarar algunas de estas actuaciones en que estuvo implicada durante esta crisis. Su intervención práctica en los sucesos fue mínima, por padecer deficiencias notables en el oído y la memoria no puede precisar fechas nombres e intervenciones. Expondremos algunas de sus afirmaciones, quizá inconexas pero que pueden ambientar esta situación. Al número 21 del cuestionario que le propuse sobre las relaciones de las religiosas MM. Casáus y Margarita, contesta: “De esto no puedo hablar por el poco roce que con ambas he tenido. He estado más ocupada en las clases y en el Noviciado; mi roce era más con las niñas. He oído decir que estaban desunidas; pero de estas cosas me quitaba de ello para evitar; y daba consejos prudentes y con cariño a Margarita. He procurado estar siempre bien con todas, pues perjudicaban a mi alma los altercados y cosas semejantes. A mí no me gustaba ni oír ni hablar”; decía: “Dejemos obrar a Dios”, como mi Padre (Fundador). Hasta este caso, que tan lamentablemente se presentaba, no sabía una servidora que M. María no podía ser General y veía que estaba fuera de ser el quererla poner. ¡Qué días de purgatorio me hicieron pasar, y más al empeñarse tanto conmigo! Por fin, una temporada me pude librar (no recuerdo fechas ni días) y recibí una tarjeta donde me decían que urgentemente me fuera a Getafe, que su Reverencia así lo deseaba; y yo de primeras creí cosa de ellas; lo consulté con la M. Maestra que me apreciaba mucho, y me dijo: ¡Por Dios!, M. Superiora, no haga caso. Yo me disculpé cuanto pude y así estuve una temporada y lo mismo para hacerme firmar en todo cuanto escribieron contra M. María, Margarita y el Consejo que formaron sin deber hacerlo, por no ser válido, faltando M. Natividad, Vicaria, que era la que debía convocar al Capítulo, y se encontraba en América. Nuestro Señor nos perdone a todas y cuando venga la Madre (¿Vásquez?) con permiso de Roma y según nuestras Constituciones cumplirán lo que deba ser. De mi hagan lo que quieran y merezca; yo a nada me opongo; cúmplase la voluntad de Dios en todo y por todo. Desgraciadamente llegué, como quería el CONSEJO MAL FORMADO, y sin haberme llamado mi Rvdo. P. Faustino.

Fueron las MM. que así lo hicieron con servidora; ¡Cuánta oposición por mi parte a todo y más sabiendo la oposición de mi Padre! Le desobedecí, y después de tanto sufrir y de tantas lágrimas derramadas no lo vi; sólo al Visitador, que me recibió bastante mal.

La Rvda. M. María Casáus de Jesús con la Rvda. M. Gema de Jesús me llamaron para decirme que el Sr. Visitador quería verme; pero antes ambas MM. me hablaron, más bien me indicaron ¿Qué deseaba hacer? , y una servidora contestó: No soy la que tengo que disponer; estoy en las manos de las MM. y del Visitador; para echarme y castigarme no me pidieron parecer, así que, como he pasado todo el año por tonta, me dejaron sin votos y lo demás que han querido, pueden seguir; pero fuera de la Congregación de ninguna manera; no he dado motivo para tal cosa; siempre he cumplido con la ayuda de Dios mis deberes. El Sr. Visitador me preguntó ¿Tiene usted empeño en ir a Sanlúcar? No, señor; le contesté. Pues entonces las MM. la pondrán donde a ellas les parezca. Y, M. María (Casáus) dijo: M. Margarita irá destinada a Belalcázar; saldrá M. Antonia Amor, Superiora de esta Casa; y M. María Amada a Beas de Segura, allí destinada. Pueden preparar sus cosas para salir cuando les digan y si algo les hace falta que lo pidan. Dios se lo pague madre”[Notas 5].

Continúa la narración de M. María Amada:

“Cómo eran los últimos días de terminación del curso de verano, estaban haciendo los exámenes a las niñas mayores y pequeñas y en los tiempos libres preparando los premios y funciones. ¿Qué iban a hacer con una servidora? , iban otras dos destinadas para las clases.[Notas 6]

La Superiora era M. Ángeles González y me indicaron que podía ayudarles en todo lo que pudiera: que arreglara los dibujos, labores y todo cuánto pudiera, y que hiciera tarjetas para premio de las niñas[Notas 7]. Como es de suponer, el sufrimiento fue penoso, permitido por Dios, ofrecido muy de corazón por mi P. Faustino, ¡y pensar que ni le veía, ni sabía nada de él ni me dejaban escribirle! ; ¡Qué duro se me hacía para mi pobre persona! … Como cumplí los consejos de mi P. Fundador…, Jesús me quiso premiar mandándome para consuelo de mi alma, tan ruin y pecadora, carta de mi Fundador. ¡Qué dicha la mía! Pero a los pocos días, me la aprendí de memoria de tanto rumiarla, y como soy tan tonta, quién me la dio me la quitó y no me la quiso dar[Notas 8]. “Ella, sin embargo, le guardó un resentimiento totalmente injustificado hasta el final de sus días” (Cf. Summarium Proc. Ord. Matriten, pág. 95).

“Me fui al Sagrario y allí mi corazón se desahogó de lo lindo, y le dije: tócala al corazón para que me la de, ¡pero ni por esas! … Como los sábados procuro hacer la Sgda. Comunión todo lo más fervorosa que puedo y me uno mucho a mi Jesús, me dio el consuelo de la carta de mi Padre, que decía así: “hija mía, como ni me has visto ni te he visto y sé que estás pasando y sufriendo horrores, según tienes costumbre de decirme muchas veces todo lo que te pasa, y ahora estamos lejos; unamos los sentimientos, no sufras nada, todo pasa, quiero que disfrutes de esa paz que Jesús permite que tengas, cuando de verdad te das a Jesús y a María; no te aflijas ni hagas caso de nada; amar y sufrir; yo hago igual; me voy pronto y me despido de ti ; no te apenes que cuando Nuestro Señor te llame iré por ti , para llevarte con Jesús y Nuestra Stma. Madre la Divina Pastora; procura aprovecharte bien, para que tu preparación sea agradable a nuestros DOS AMORES. Ahora sigue trabajando por las almitas que te confíen tus Superioras”.[Notas 9]

La segunda Testigo y Protagonista de estos sucesos es Margarita Artime, nacida en 1885 en Jerez de la Frontera, si bien su vida y educación la pasó en la Montaña (Santander); había hecho estudios de Magisterio, pero el título oficial lo sacó, estando ya en la Congragación en 1909. Fue Superiora y Fundadora del Colegio de Monforte de Lemos y Martos e intervino en los de Belalcázar y Beas de Segura. Mujer de talento, dotes de mando, simpatía y dotada de bella voz. Fue muy estimada del P. Fundador y de la M. General Julia Requena. Mantuvo con el P. Míguez frecuente correspondencia de dirección que, aunque la conservaba, la hizo desaparecer durante la Guerra de Liberación ante los peligros que entrañaba su posesión. Tuvo pretensiones de ser religiosa carmelita descalza, con otra hermana suya que lo fue en el Convento de Ciudad Rodrigo, pero su Director espiritual, don Anselmo Bracho, la inclinó por las Hijas de la Divina Pastora. Las conoció veraneando en Sanlúcar de Barrameda, y por medio de M. Antonia (Marín) la mandó a decir “que era deseo de Dios que ingresara en esta Congregación”. Así lo hizo en Sanlúcar, pero habiendo visto y conocido allí a M. Ángeles, que era la General, se decepcionó (por algunos defectos notables que observó en ella) y volvió al siglo. Instada de nuevo por su Director, diciéndole: “Que defectos y miserias había en todas partes”, volvió a ingresar pero esta vez en Getafe. Después de los sucesos y no inmediatamente, como insinúan algunos testigos del Proceso, abandonó la Congregación, según su dictamen, porque se le hacia la vida imposible dentro de ella por incomprensiones y persecuciones, en 1931. Regentó un colegio particular, que no prosperó, terminó siendo institutriz de la Duquesa del Infantado para la educación de sus hijos. En los últimos años de su vida se retiró con sus familiares a Comillas (Santander), donde falleció a los ochenta y seis años de edad, en 1970, considerándose siempre como una Hija de la Divina Pastora, aunque desterrada, y ansiando de corazón la glorificación del P. Fundador, de quien siempre se manifestó muy devota y agradecida.

Vamos a presentar las Respuestas que ha formulado a tres cuestionarios que le hemos enviado, con el fin de clarificar en lo posible estos lamentables sucesos en los que ella fue Víctima, ¿Culpable o inculpable?, después de la intervención de la Visita del Sr. Rodríguez Queveda.

1° ¿Qué sabe de la escisión habida en los últimos años del Padre? Relaciones entre las Religiosas MM. Casáus y Margarita entre sí y con el Fundador.

Respuesta. —Las relaciones entre ambas religiosas fueron siempre muy cordiales, hasta el extremo de firmar la M. María en sus cartas a Margarita con el seudónimo de “su abuela”. Dejo consignado que yo me dirigía con el Padre y estaba en Monforte. Ignoro las relaciones que M. María tuviera con el Padre como con las demás religiosas. Acompañé a Cestona a la Rvdma. M. Julia en el año 23; la vi llorando muchas veces, pero no sabía la causa, ni me dijo nada que se refiriera a la M. María, pues yo no era Consejera. Al morir M. Julia fui a Getafe con idea de continuar a Sanlúcar para asistir al entierro y el P. Fundador me dijo que no fuese. La M. Concepción, que era Consejera, debió ser la que enteró al P. Fundador de lo que ocurría con M. María, yo había vuelto a mi destino de Monforte; me llamaron a Getafe, y entonces supe lo que pasaba. Conste que no volví a ver al Padre ni a las demás tampoco. Todas sus decisiones y escritos venían por el P. Gonzalo Etayo.

En sus escritos que fui la encargada de copiar, aseguraba el Padre interpretar los Sdos. Cánones, cuyos números citaba y añadía que obrando así: “La Santa Madre Iglesia obraba como centinela avanzado en la evitación de Mayores Males.” El Sr. Visitador que era D. Emilio Rodríguez Queveda, me tuvo encerrada durante tres horas en una habitación del Obispado (calle de la Pasa) HASTA QUE FIRME LO QUE ÉL QUERÍA QUE FIRMASE; NO SE DE QUE; y Mons. Tedeschini, influido quizá por el Visitador, me quitó de las manos las Constituciones, diciendo: “NO HAY DERECHO NI CONSTITUCIONES, NI CÁNONES. EL DERECHO SOY YO”. Dándose una palmada en el pecho.

La M. María (Casáus ), en la Capilla de Getafe, me pidió perdón PORQUE ME HABÍA ECHADO A MI TODA LA CULPA DE LO QUE HABÍA PASADO, y al decirle yo cómo había hecho eso, me contestó: PORQUE ME PARECIO QUE ERA LA QUE MEJOR PODÍA SOBRELLEVARLO. El Rvdo. Padre, repetidas veces, nos mandó a decir que le echáramos a él la culpa y todas optamos por callar y asumir la responsabilidad de aquello que nuestro Padre Fundador, creyendo obrar con lo ordenado en los sagrados Cánones, había hecho. (A mí en particular, por el P. Confesor, me mandó a decir dos o tres veces que dijera que había sido él) No volví a ver al Rvdo. Padre después de la Muerte de M. Julia, ocurrida el 28 de octubre de 1923, a los pocos días de regresar de Cestona donde nos cogió el nombramiento de la Dictadura (del General Primo de Rivera). Deseo que quede bien claro que todos los escritos que copié y las decisiones de nuestro amado Padre llegaban a nosotras por el P. Gonzalo Etayo. Omito muchas cosas que fácilmente pueden leerse entre líneas.

2° “¿Qué Concepto le merece a Ud. la M. Ángeles, la Primera General y única que perseveró de las cinco primeras Novicias qué ingresaron en la Corporación?

RESPUESTA. – Cuando llegué a Sanlúcar mi impresión no fue buena (personalmente me ha indicado un defecto repelente y público que posteriormente han confirmado otras religiosas), y a los tres meses regresé a mi casa. Mi confesor me hizo ver que, a pesar de todo, yo podía santificarme allí. Escribió él solicitando mi reingreso, que fue concedido, diciendo que lo hiciera a Getafe, donde había sido trasladado el Noviciado.[Notas 10] Fui pues a Getafe, y al abrazarme la M. Ángeles me dijo que ya no era ni General, ni Superiora, que ambos cargos tenía M. Antonia (García Marín). Observé las mismas disensiones entre ambas y pocos días después –no recuerdo si llegó a un mes—llegó de Monóvar la Rvda. M. Requena, llamada por el Padre y nombrada General y Maestra de Novicias, con la que emprendimos viaje a Sanlúcar dos novicias y una servidora de postulante, porque no sé si fue el Obispo o el Nuncio lo ordenó así.

3-- ¿Habló usted con el Padre después de la muerte de M. Requena sobre el defecto o impedimento qué afectaba a M. Casáus para ocupar el cargo de Vicaria General?

Respuesta. —Ya he dicho que a la muerte de M. Requena llegué a Getafe y el Rvdo. Padre no me dejó continuar a Sanlúcar. Estuve allí unos días; llegó la M. Casáus, (según hemos consignado anteriormente tomado de las crónicas de Sanlúcar, salió de allí M. Casáus el día 22 de noviembre y regresó el día 5 de diciembre), y como siempre estuvimos en armonía, volviendo yo a Monforte, que era mi destino sin saber que la M. Casáus tuviera impedimento alguno. Pocos días después me llamaron a Getafe y M. Concepción (Superiora y Consejera General) me dijo lo que ocurría; no vi al Rvdo. Padre.

4° -- Puesto que parece que el Padre lo ignoraba. ¿Quién le puso en antecedentes sobre este particular?

Respuesta. —Debieron ser las MM. Concepción Hidalgo y Luisa Villegas, que eran Consejeras y tenían que estar enteradas. Estas dos dijeron que la M. Requena había llamado a la M. Casáus al último Consejo que se había celebrado y no había acudido. La M. Concepción era Superiora de Getafe, la M. Casáus lo era de Chipiona y la M. Luisa de Daimiel. (Parece que hay un lapsus al decir que M. Requena había llamado a M. Casáus al último Consejo que se había celebrado. ¿no será M. Concepción? De haber sido M. Requena, como insinúa algún otro testimonio, la falta de M. María Casáus hubiera sido muy grave, de desobediencia o de desprecio.

5°.-- ¿Cómo recibió el Padre esa comunicación y sus reacciones?

Respuesta,-- Me dijeron que había recibido un disgusto muy grande y sus reacciones pueden colegirse por lo dispuso y transcribió por medio del P. Gonzalo Etayo.

6° -- ¿Cree que el Sr. Visitador habló con el Padre para resolver pacíficamente ese percance?

Respuesta. —No el Sr. Visitador no habló nunca con el Padre para resolver el percance pacíficamente.

7°.-- ¿Sabe Ud. que el Padre hizo algunas manifestaciones públicas indicando que se había equivocado? ¿A quiénes se las hizo y de qué manera? ¿Por palabra? ¿Por escrito?

Respuesta. –Como no volví a verle, ignoro si hizo esas manifestaciones. Las veces que mandó a decir que le culpáramos a él lo hizo por medio del confesor y del P. Gonzalo Etayo. (En el Proceso Diocesano hallamos estas testificaciones que se refieren a este lance.) “Así las cosas, el Siervo de Dios, después de haber celebrado la Santa Misa, escribió en un sobrecito pequeño con lápiz, entre verde y azul, estas palabras escritas a la Superiora de Getafe”. Madre Superiora, celebrando la Santa Misa he entendido del Señor que he tenido yo la culpa, siendo inocente la Madre Consuelo (¿Querrá decir Casáus?). Por consiguiente así lo hago constar para que lo anuncie al Sr. Visitador de la Diócesis y a las Religiosas todas y sepan que yo debo ser culpado en este asunto. Hágalo por Dios”.[Notas 11]

8°. ¿Habló usted con el P. de estos asuntos confidencialmente alguna vez después de los sucesos?

Respuesta. —No, Padre, no me permitieron nunca volver a verle.

9°.-- ¿Qué pena disciplinar le impusieron a Ud. y a las demás compañeras del Consejo?

Respuesta. —No, Padre, no me permitieron nunca volver a verle. Al recordarlo, fue la mayor que impone la Sta. Madre Iglesia. Unos días estuvimos sin poder oír Misa, ni Comulgar varios días, y privadas de voz activa y pasiva – según dijo M. Ángeles – Por toda la vida. (No es extraña esta intervención de M. Ángeles conociendo sus sentimientos desde su deposición).

10°.--¿Qué clase de escritos copió Ud. de orden del Padre y adonde los dirigió? Especifique cuanto pueda el contenido de ellos.

Respuesta. – L a pena que me impusieron se me desgarraba el alma Padre, escritos todos los que se mandaron a las Casas y el que fue a Roma por el P. Gonzalo Otayo, pues ya se ha dicho que el Rvdo. Padre tenía anquilosadas las manos, quedándole libres solamente los dedos pulgar e índice de ambas manos, como él decía, “Para poder celebrar la Sta. Misa; LOS QUE MANDARON O MANDÓ A ROMA (pues a fuerza de pedir poder olvidar no lo recuerdo bien) me parece fueron dirigidos a S. Santidad, y se decía en ellos lo que ocurría con la M. Casáus, que era la Vicaria General, y a causa de su nacimiento, descubierto por la M. Requena, que a fin de arreglarlo había convocado Consejo, al que se negó a asistir la M. Casáus (residía y era Superiora de Chipiona), y las MM. Concepción Hidalgo y Luisa Villegas, que eran Consejeras, hicieron esta declaración al Padre, que desconocía también el hecho, y en vista de tal situación y teniendo en cuenta lo preceptuado en el canon, cuyo número se citaba, había sido nombrada NUEVA SUPERIORA GENERAL Y CONSEJO PROVISIONALES hasta obtener de S. Santidad la Solución definitiva qué había de darse a tal situación, ya que la Sta. Madre Iglesia, al prohibir que personas nacidas en tales condiciones y circunstancias pudieran ocupar cargos de máxima responsabilidad (Por parecer queda la oración y el pensamiento truncado hemos añadido ese complemento). Obraba, como centinela avanzado que prevé y evita riesgos muy posibles). Me parece que era un solo escrito en papel de barba o tela, pero de ese tamaño. Como yo no lo hice ni añadí una tilde, no puedo decir más sobre esto. El Visitador, con ese escrito en la mano y dirigiéndose a mí solamente, MUCHO, MUCHÍSIMO, ME HIZO SUFRIR. NO QUIERO NI RECORDAR SUS FRASES[Notas 12].

11. ¿Escribió Ud. alguna vez al Sr. Nuncio o al Visitador don Emilio Rodríguez?

Respuesta. –No, No escribí al Nuncio ni al Visitador por orden del Padre. A quién no volví a ver, ni por iniciativa propia tampoco.

12. ¿Sabe Ud. si M. María Casáus escribió alguna vez a Roma al Cardenal Protector Pompili?

Respuesta. —Tampoco sé si la M. Mª Casáus escribió a Roma o al cardenal protector Pompili

13. ¿Cómo cree Ud. qué se portó en todo este asunto el Visitador de Madrid con Ud., con el Padre y con las demás?

Respuesta. —En todo este tristísimo asunto el Visitador de Madrid, D. Emilio Rodríguez Queveda, se portó con el Rvdo. Padre y conmigo especialmente, COMO UN VERDADERO TIRANO: porque la M. María Casáus, como ya he declarado anteriormente, me hizo RESPONSABLE DE TODO LO OCURRIDO OBLIGÁNDOME A FIRMAR BAJO COACCIÓN LO QUE ÉL QUERÍA. No molestaba tanto a las demás; sólo me llamaba a mí y con sus terribles amenazas me intimidaba sin permitirme hablar. Sólo sé que el Padre SUFRIÓ MUCHÍSIMO CON ESTO. A MÍ ME PROHIBIERON TERMINANTEMENTE VER O ESCRIBIR AL RVDO. PADRE.

14. ¿Sabe dónde iría a parar lo que Ud. firmó, y sospecha el contenido de ello, ya qué dice firmó sin saber lo que firmaba?

Respuesta. —Ignoro donde iría a parar lo que coaccionada y estando encerrada por el Visitador D. Emilio Rodríguez en una habitación de las oficinas del Obispado de la Calle de la Pasa, pero supongo sería para entregar al Nuncio, que su vez lo remitiría a Roma. Si las acciones ejecutadas bajo coacción dicen que no son válidas, esta debe ser una de ellas”[Notas 13].

No queremos hurtar a la curiosidad de los eruditos y para constatar una imparcialidad que nos hemos propuesto y consideramos esencial para todo el que se precie de historiador, la declaración que añadió a su dictamen una vez concluida su testificación en el Proceso Diocesano la Rvda. M. Gema Martínez, Superiora General que lo era entonces del Instituto. Según muchas religiosas que conocieron estos percances fue la única que sacó provecho de estos sucesos, porque actuó con mucha diplomacia sagacidad durante su tramitación.

Aunque no desempeñaba cargo de importancia al inicio de los sucesos, al terminar salió de Vicegeneral y después fue, durante doce años, General de la Institución. He aquí su declaración: “También quiero hacer constar que en el año 1922 (querrá decir 1923 como es notorio) al morir la Superiora General del Instituto, M. Julia, esta M. General había ido antes a tomar aguas acompañada de M. Margarita, Superiora del Colegio de Monforte”.

“Esta Madre había cobrado mucho odio a la M. María, que era Vicaria, y mientras estuvo en las aguas con la M. General estuvo engañándola en el sentido que tenía que quitar a la M. Vicaria de su cargo. Al regresar de las aguas engañaron al Siervo de Dios, y le obligaron a deponer a la M. Vicaria. Yo acompañé a la M. Margarita en este viaje que hizo a Getafe para engañar al Siervo de Dios, como he dicho, desde Monforte, donde ella era Superiora y yo estaba destinada, y al regresar y preguntarme a mí si había felicitado a la M. Vicaria por su santo y responderle yo afirmativamente, me dio un revolcón tremendo. A poco de llegar a Monforte murió la Superiora General. La M. Margarita volvió de nuevo a Getafe y cogió de nuevo al Siervo de Dios, y engañándolo de nuevo al Siervo de Dios, nombraron Superiora General y nombraron nuevo Consejo, del que esta Margarita era la Secretaria, y mandaron un oficio a las Casas contando que la M. María no era legítima y por eso la habían destituido. Llamaron a la M. a Getafe y ella escribió al P. Pompili, que era el Protector que le aconsejó que estuviera quieta. Vino la M. María a Getafe llamada por el Sr. Nuncio, y cuando se enteró de lo que estaban haciendo con ella ordenó que la M. María volviera a su puesto de Vicaria y destituyeron a todo el Consejo, incluso a la nombrada Superiora General, y declararon nulos todos los nombramientos anteriormente hechos.

Con motivo de estos jaleos, creo que el Sr. Nuncio llamó al Siervo de Dios y creo que le prohibieron volver más a la Casa de las Religiosas. Castigaron a todas las que habían tomado parte en la revuelta y a la M. Margarita la expulsaron. Se celebró un Capítulo, y al tomar posesión de sus cargos las elegidas, el Siervo de Dios nos dijo que pidiéramos perdón a la Congregación en su nombre por todo lo ocurrido; que él tenía la culpa de todo; nosotras le dijimos que no, pero él insistió en que si hubiera sido más enérgico no hubieran pasado las cosas como pasaron. Todo esto consta en el oportuno expediente que está en el Obispado de Madrid. Y yo estoy completamente cierta de que en toda la intervención del Siervo de Dios en este desgraciado asunto fue engañado por la M. Margarita. Yo siempre tuve al Siervo de Dios por un Santo, me pareció aún más santo el día que nos rogaba que pidiéramos perdón en su nombre a la Congregación”[Notas 14].

Nos vemos precisados a continuar rehaciendo la historia con los testimonios, aunque sean indirectos de otras personas que no fueron llamadas a deponer en el Proceso. Nos extraña sobremanera que no cursaran invitación a la ex M. Margarita que fue devotísima del Padre y hubiera aportado datos muy concretos fehacientes y esclarecedores; pero había personas muy interesadas en que desaparecieran de la escena y así afirmaron con ligereza sin igual que había muerto, cuando gozó de vida y perfecta salud y de una envidiable memoria hasta edad muy avanzada, como pudimos comprobarlo personalmente en 1967, en que tuvimos con ella una entrevista en Comillas. Otro testimonio también muy interesante hubiera sido el del P. Gonzalo Etayo, que tuvo una comunicación con el Padre muy íntima, fue su Director Espiritual en los últimos años de su vida, hombre muy austero y cumplidor fidelísimo de las Reglas y Constituciones de nuestra Orden, Rector del Colegio de Getafe y Bilbao y posteriormente Provincial de la Provincia de Vasconia. El P. José Olea le señala como uno de los Padres que podían aportar noticias y declaraciones más trascendentales en favor del Padre y de su Santidad de Vida. Sin duda había personas comprometidas en que esas aguas no se removiesen, y varias señalan a M. General Gema como una de las responsables. ¡Qué pena que puedan más los intereses personales que el amor a la verdad!

Hagamos una breve semblanza de M. María Casáus, principal protagonista de esta crisis, que padeció el Instituto y que fue para el Padre como la última lanzada que traspasó su agobiado corazón, cuándo ya se hallaba en la cima del Gólgota de su vida a punto de poner su alma en manos del Redentor.

Nació en Sevilla y recibió una esmerada educación a pesar de su origen fraudulento. “Mujer de gran talento, de mucha actividad y experiencia de vida”[Notas 15]. Poseía el título de Maestra Nacional, y quizá ese fue el motivo para celar su impedimento M. Ángeles que parece fue la que la admitió. Tuvo el N° 9 de las primeras religiosas que perseveraron en la naciente Institución. La M. María era religiosa observante, amante como nadie de la Congregación, celo grande de la enseñanza de las niñas, pero primero piedad, luego las letras. Entusiasmo grande por el P. Fundador y un deseo profundo de que trabajáramos por enaltecer el Instituto. “Nada sabíamos cuando un día, de pronto, subió D. Tiburcio al presbiterio y dijo: “No se extrañen, porque algunas estrellas cayeron del cielo”. Una religiosa, Faustina del Agua, que vive, leyó un decreto que decía en sustancia: Que la M. María Casáus andaba fustigando a M. Julia y ahora la exigían que renunciara a sus cargos; porque siendo contra la Regla, pues era ilegítima, no podía ser General y por eso tenía que renunciar sus cargos. Y en vista de que no había obedecido la ponían la última de las legas. Cuando oí aquello entendí que había engaño y que algunos no habían informado debidamente al Padre. D. Tiburcio me dijo: “Esto es duro, pero son cosas que pasan. Como comprendo que algunas están emocionadas, me voy a sentar en el confesonario. Vengan las que quieran. Yo le dije: ¿Oiga, Padre, esto qué es? Esto no queda así. ¡Y qué vamos a hacer! Acuda arriba, acuda al Altísimo…

Transcurrió algún tiempo, y hablando de la sabiduría y de las virtudes y prudencia del Padre dijo (dudo sí no leyó la carta misma); que le escribió el Padre: “Querido amigo D. Tiburcio. Ayer, en la Misa, tuve luz clara del asunto ese”[Notas 16].

Incluimos aquí algunas otras informaciones que nos han proporcionado personas que estuvieron más o menos implicadas en estos percances, pero que no han podido prestarse a hacerlas públicas por ciertos temores y reparos naturales, vistas las represalias tomadas con algunas y la prohibición de hablar sobre estos asuntos, que se les conminó, y qué pesó sobre ellas durante bastantes años.

“La M. María Casáus era Superiora de Chipiona y Vic. General al suceder estos acontecimientos. Su confesor era el P. José Robador, a quién algunas ha atribuido demasiada influencia en la M. María para mantenerse en la línea dura de su posición. Otras que también influyeron y se manifestaron partidarias de sus pretensiones parece que fueron las MM. Gema Martínez y Ángeles González, que respiraba dolorida por las sanciones que le impusieron anteriormente y por ello se consideraba injustamente preterida por el Padre. El Confesor de la Comunidad era el P. Azurmendi, Franciscano Menor, y ante estos acontecimientos, éste les decía con frecuencia: “Tengan paciencia qué es una borrasca que sufren todas las Congregaciones en sus comienzos; ya llegará la bonanza”. La Hna. Dolores Carrillo acompañó a la M. Casáus cuando acudió a Sevilla al Cardenal (parece fue Almaraz). Después de leer unos documentos el Cardenal dijo: “vaya y preséntese al Nuncio, ¿Al cabo de tantos años se dan cuenta ahora de esto? “La tuve de Superiora tres años y no vi en ella nada de particular; llevaba las clases con mucho rigor, era observante, estaba delicada, carácter violento y fuerte. Después hubo una orden severísima en la que se prohibía hablar absolutamente nada de los acontecimientos sucedidos”[Notas 17].

Otra religiosa añade: “En los últimos años de la vida del Padre, creo que tuvo que sufrir con M. María Casáus, porque sus resentimientos con M. Margarita después de la muerte de M. Julia Requena ocasionaron algunas cosas anormales, llegando hasta el extremo de poner en juego al Padre. No sé si sería de venganza contra M. Margarita (parece que había cierta animosidad contra ella porque era muy estimada del Padre y de la M. Julia Requena) o que por defenderse personalmente no acató los mandatos del Fundador, ocasionando disgustos serios. Se hizo un Consejo Provisional, siendo Superiora General M. Concepción; Secretaria M. Margarita; Vicaria M. Luisa y Consejeras, MM Amada y Anunciación”[Notas 18].

De la misma informante es esta relación, quizá un poco extensa, pero que nos permite precisar el ambiente que entonces se respiraba en algunas Casas del Instituto durante este desdichado episodio. “En el mes de noviembre de 1923 (¿será febrero?) llegaron a nuestro colegio de Belalcázar (sin avisar) M. Concepción, M. Villegas y Margarita Artime. Como no las esperábamos nos llamó la atención esta visita. Nos reunieron y comunicaron que habían formado un Consejo General Interino (compuesto de la manera ya conocida). Después de dos días escasos de estancia marcharon a Sanlúcar. Yo me quedé pensando en la visita tan precipitada e inesperada y me decía yo sola pero ¿No era M María Casáus, Vicaria General? ¿Qué ha pasado aquí? Estando bajo esta meditación incomprensible, a los ocho días recibo la siguiente carta de m. María Casáus: “El día tal no recuerdo la fecha salga a Córdoba con M. Inmaculada (que siendo Procuradora General la habían mandado a este Colegio Castigada); nunca supe los motivos ni me interesa saberlos; salí como se me había dicho y en el mismo tren llegaría una religiosa para esta casa, en las mismas condiciones que la anterior. ¡Ay! , Dios mío me dije: ¿Será esta casita el Penal de Santoña? ¿Y yo una Superiora de Prisiones? ¡Dios no tenga en cuenta cuánto tuve qué oír y sufrir y perdone todos mis pecados!

Cuando llegó el tren que venía de Madrid vi asomada a la ventanilla a la Guardia Civil, que me hacía señas para que me acercase. Lo hice y me preguntaron: ¿Usted espera a una Religiosa? Sí, les dije: ¡M. Margarita! Ella toda acongojada dijo: ¡M. Antonia! , y se echó en mis brazos. Uno de los guardias dijo: denla un poco de café, que viene enferma. ¡Pobrecilla, no tenía consuelo y yo en medio de esta serie de cosas no podía consolarla! Una vez qué marchó la otra para Beas pasamos a la fonda, donde ésta comió, pues desde las once de la noche del día anterior no había tomado nada. Hay que tener en cuenta que era de mucho comer. Me contó que desde Madrid a Manzanares habían venido juntas M. María Casáus, ella y M. María Amada. Como esta última iba para Beas se marchó M. María con ella y a ésta la mandaron sin billete, sin dinero y sin merienda. Esto fue lo que tanto al Revisor como a la GUARDIA les puso en sospecha…

A las tres de la tarde tomamos el tren hasta las nueve. ¡Qué de cosas oí! ¿Cómo es posible que almas, a quién después de Dios debemos lo que somos, hayan hecho sufrir tanto a un Padre Fundador tan anciano y tan santo? Me pidió que por lo que más quisiera la pusiera en el dormitorio y demás lo más cerca de mí; y que a ser posible la dejase sola. Yo le dije; esto último de ninguna manera; que ella siempre que no tuviese clase estuviera en el Gabinete mío. Me dijo: Bueno, Dios se lo pague. El comportamiento siempre fue bueno, era prudente y educada como pocas; yo nunca la conocí más que una vez de visita, pero cuándo la aconsejé me hizo caso.

Las Religiosas estaban bajo un pasmo que se les veía en la cara. Ella no pudo ver al Padre. A los pocos días yo recibí una carta dirigida a mi nombre, pero dentro en un sobre cerrado era para ella, no sin antes decirme a mí: si te parece bien y prudente entrega esa. La llamé al Gabinete y dejándola sola se la entregué. Cuando pasado algún tiempo entré estaba pasmada y llorando sin consuelo; hubo que darla un poco de café y cuándo vino el médico y la vio, preguntó si había tenido alguna desgracia familiar. Yo le dije que sí. ¿Qué le iba a decir? Aconsejó que no se la dejase sola. ¡Dios mío!, ¡cuántas cosas malas, disgustos, sufrimientos, faltas de caridad y demás cosas se hubieran evitado con un poquito de humildad y amor a nuestro P. Fundador, quién no se merecía estas amarguras en los últimos y tristes días que la quedaban de vida!...

Así fueron pasando los días, hasta que recibimos la triste noticia del fallecimiento de nuestro amadísimo P. Fundador. En esta Casa estábamos como para morirnos todas, pues el sufrimiento que teníamos con lo que había ya, y con la pérdida del Padre, ya no había consuelo. Se recibió un telegrama que no se comprendía bien el contenido; así que al ver que me tenía que venir para Getafe, todas la Religiosas me dijeron: Madre, ya qué M. Margarita está sufriendo tanto en las cosas que están haciendo a nuestro Padre Fundador, llévela, por si tiene algún consuelo de verle muerto. Desgraciadamente ni esto fue posible, pues ya estaba enterrado. Cuando llegué a Getafe me llamó la atención que una de las Madres (M. Gemma) dijese: “¡Qué bien se ponen las cosas!” Ignoro el porqué de aquella exclamación llena de satisfacción. ¡Pobrecito, Padre mío, qué amargura tan grande hubo de tener al ver cómo sus Hijas, a quienes tanto amaba y había hecho tantos favores, en sus últimos momentos le pagaran tan mal! Como vi el giro que tomaban las cosas aquí sobre la interesada (M. Margarita, por cuya venida habían demostrado disgusto) decidí decir a la M. General que me era imposible seguir de m. Superiora. Mi salud y estado de ánimo me impedían estar al frente de una Comunidad. No me dijo más que estas palabras, pero llenas de compasión hacía lo que había dicho: Pero, ¡Madre Antonia! Sintiéndolo lo hago, M. por V.R. no lo hago (era ya M. Natividad la General y M. Gemma la Vicaria). Me retiré y no volví a enterarme de nada más. Se marcharon y al despedirse, M. Margarita me abrazo y me dijo: Madre, nunca olvidaré la gran caridad que ha tenido con esta pobre y perseguida religiosa. Nuestro Padre se lo pagará. Y hecha un mar de lágrimas, Salió con M. Gemma para Belalcázar. ¡Qué triste es recordar ciertas cosas! Dios haya perdonado a todas, pues han muerto muchas”[Notas 19].

Vamos a exponer el testimonio cualificado de uno que conoció a las principales protagonistas y que representa como si dijéramos el eco de la tradición: “Durante el tiempo que permaneció el Siervo de Dios en Getafe hubo de sufrir sin duda alguna el disgusto mayor de su vida, porque dentro de la Congregación llegaron a formarse dos bandos; uno de ellos dirigido por dos religiosas, M. María y M. Margarita, ambas fallecidas, que entre sí fomentaban grandes ambiciones. Este bando llegó a organizar por su cuenta el régimen de la Congregación con la agravante de que la M. María era hija natural. La M. María, por su cuenta y riesgo, escribió a Roma al Excmo. Sr. Cardenal Pompili, Protector de la Congregación, contando a su manera las relaciones del Siervo de Dios con el Instituto, poniéndole de vuelta y media; El Cardenal escribió al Nuncio de S.S. y de este modo la Santa Sede tomó carta en el asunto. Destituyeron a todo el Consejo y confinaron al Siervo de Dios al Colegio de los PP. Escolapios de Getafe, no permitiéndole que interviniese en los asuntos de las Religiosas”. (Cf. Summarium proc. ord. Matritem. P. José Olea Montes, pág. 41 – 42).

Es de suponer que con los datos aportados por estas informaciones y algunas más del mismo tenor podremos formarnos una composición de lugar más eficiente para comprender la triste realidad de que entre personas de buenas prendas puede “el enemigo del hombre” sembrar la cizaña de la incomprensión, del amor propio y otras debilidades capaces de dar al traste con una Obra que se hallaba ya en plena granazón. Buscando el Bien y la Prosperidad del Instituto—siempre hemos de salvar la rectitud de intención subjetiva—proporcionaron al Padre Fundador un desgarro dolorosísimo en su alma—máxime siendo él tan juridicista y amante de la Ley--- esta fue sin duda, la última prueba purificatoria de su espíritu en el crisol del sufrimiento, para alcanzar la madurez sobrenatural “hasta la medida de Cristo”. Penosos en extremo resultaron estos sucesos para un anciano, que ya el peso de los años y los achaques de la ancianidad tenían reducido a la inmovilidad de su habitación. Con un poco de prudencia y sagacidad en el Sr. Visitador se habrían ahorrado situaciones violentas, postergaciones innecesarias y reacciones de desquite a todas luces imprudentes y humillantes. Porque si podía haber habido alguna inconsideración o precipitación en el desenlace promovido respecto a M. Casáus … al fin y al cabo era una sola y no se pidió más que una renuncia en beneficio de todas, a la que debe estar uno presto por virtud religiosa…, porque si para Santa Teresa de Jesús era suficiente razón ver en el sujeto religioso algún deseo de Superiorato para juzgar que no debía elegirse nunca, ¿Qué habría que pensar en una ocasión donde se ventilaba el porvenir de la Congregación y después resultarían varias destituciones del cargo de Superioras con otras sanciones humillantes para varias religiosas beneméritas, sin haber cometido a sabiendas ningún acto reprobable? Faltó tacto en el planteamiento de la cuestión, hubo actitudes irreflexivas en perjuicio de terceras personas, los resultados fueron efímeros, sin resolución positiva, pues la reposición de M. Casáus no duró más de seis meses. Fallos que se prodigan casi siempre que se interviene en la Vida Religiosa, desconociendo los condicionamientos de su intimidad.

El Sr. Visitador parece que no se tomó la molestia de hablar con el venerable Fundador, que es de suponer conocía al personal y las necesidades de la Congregación bastante mejor que un simple advenedizo. Pero sí cuidó de que llegasen a este anciano de noventa y tres años las salpicaduras de sus sanciones, como hemos indicado anteriormente. Quedaron suspensos los PP. Escolapios de Getafe de atender a sus hermanas en los servicios que les dispensaban como confesores y capellanes. A M. María Amada, Superiora de la Casa Madre de Sanlúcar se le exoneró del cargo y se la trasladó al Colegio de Beas de Segura. a M. Margarita se la destituyó del Superiorato de Monforte de Lemos, del que había sido fundadora y se la mandó desterrada a Belalcázar, con órdenes especiales a la Superiora, que viendo la situación creada y las arbitrariedades que se cometían con ella, tuvo que presentar la renuncia al cargo. Ya hemos indicado las sanciones que se impusieron a las otras que intervinieron en la provocación de esta crisis. Ninguna de ellas figura en el elenco que se formó para el Gobierno de la Congregación. M. Casáus, M. Gema Martínez y M. Ángeles, aunque más en la penumbra, aparecen como autoras de la revancha.

Una vez elegida legalmente en el Capítulo convocado en Getafe para el 14 de noviembre, la Rvda. Madre Natividad Vázquez de Jesús, la única que no había tenido intervención alguna en los episodios anteriores, entró la Congregación en un período de paz y tranquilidad. Muy necesario en verdad para restañar las heridas abiertas en un organismo todavía tan delicado, con la concordia y serenidad de los miembros de la misma familia religiosa. M. María Casáus, después de la muerte del Siervo de Dios, fue enviada a América, como delegada, para evitar las maledicencias y resquemores que habían soliviantado la vida de las Comunidades y que tuvieron hondísima repercusión en el corazón del Siervo de Dios y en tantas almas buenas que no podían comprender en que situación quedaba la veneración y respeto que todas sentían por su P. Fundador. El Sr. Visitador, que se podía mostrar muy poco ufano de los resultados obtenidos, según algunas religiosas de responsabilidad y conciencia, continuó durante muchos años, como asiduo comensal de la Casa de Madrid, donde residían las que con sus protecciones especiales habían llegado a las altas magistraturas de la Congregación. Tuvo la suerte, sin embargo, de lograr la palma del martirio en las cruentas jornadas de la Revolución Roja en 1936. ¡Feliz él que pudo rubricar con su sangre la fe en Cristo y nos legó a toda la posteridad un ejemplo tan admirable de amor a Jesucristo hasta la muerte, que habrá sido sin género de dudas su galardón y corona en el Cielo!

Notas

  1. Siglas propuestas por el P. Fundador a todas sus Hijas, como saludo, y que significaban: Jesús Reine en Nuestros Corazones.
  2. Estos Principios de Gobierno están redactados en las Constituciones del Pío Instituto aprobadas por la Sta Sede el 27 de Julio de 1922, ocupando el solio pontificio S. S. Pío XI y dadas a la imprenta en Sevilla, en 1923. Los principales y que podían tener aplicación en este caso eran los siguientes: “A) Consentir que dicho instituto deje de existir antes que de ser como debe ni transigir nunca en nada que a ello se oponga o tienda a variar o a mitigar el espíritu que se revela en sus Constituciones. B) Preferir siempre la vida del Instituto a la de alguno o algunos de sus miembros, por muy esencial o esenciales que parezcan. C) Acudir, por consiguiente, a cortar la gangrena a los primeros síntomas que presente alguno de dichos miembros, sea el que fuere, y a separarle al punto del cuerpo, si continuase amenazando su existencia. D) Tener por motivo suficiente para cuanto queda dicho (castigo o expulsión según los casos) toda grave infracción de un voto cuando puede menoscabar el prestigio del Instituto o minar su existencia, cualquier manejo ambiciosos y cuanto pueda alterar la paz y buena armonía que debe reinar siempre entre las Hijas de la Divina Pastora” (Constituciones del Pío Instituto de Hijas de la Divina Pastora, pág 99-100-109. Sevilla, 1923)
  3. Para que se vea la severidad de la iglesia en la admisión de los pretendientes a la vida religiosa, aun en la actualidad,, que ha habido tan gran mitigación, obsérvese estas prescripciones y facultades que ha concedido la santa sede a los obispos residenciales, según las modificaciones del derecho canónico actualmente en vigor: “Núm 36: la facultad de dispensar, a petición del superior competente, la ilegitimidad del nacimiento a los que han de ser admitidos en la religión, si están destinados al sacerdocio y también a otros, si a estos, por prescripciones de las Constituciones se les prohíbe igualmente ser admitidos en la religión. Pero en uno y otro caso no pueden ser admitidos los adulterinos ni los sacrílegos”. (Cf. Documentos postconciliares, P. Gerardo Escudero,C.F.M., pág 7. Ediciones Claune. Madrid, 1972. Aunque han desaparecido los documentos oficiales, como partida de bautismo, etc, de M Casáus, hay algunos testigos que han asegurado que era hija adulterina.
  4. Respecto del comportamiento de M. Ma Casáus, con un escolapio que hacía de capellan del colegio de religiosas de Sanlúcar se conservan dos cartas entre el epistolario de M. Julia (del 17, IV- 1911 y 22 –V-1911), en las que no queda en buen lugar su ecuanimiodad ni tacto: “Me compensa con creces los sinsabores que tengo; por otra parte, mi gratitud es grande y por él (el P. Míguez) y por Ud. (M. Julia Requena) no he dado hace tiempo un paso que a Uds. dos les había de sorprender y segurmente tendrían gran disgusto. Pero, Madre, la medida está muy llena, a punto de rebosar, siendo muy fácil que en contra de mi voluntad me vea obligado a dar ese paso, es decir, que si Ud. tarda mucho en volver, no me encuentre más en mi colegio, donde siempre me tendrá a su disposición, sea en otra parte. Donde quiera que esté. Ni el más ligero roce he tenido mientras Ud ha estado aquí; pero desde su ausencia, la M. Ma y yo andamos de tropezón en tropezón, no nos entendemos…” (continúa la narración de varios percances, de mutua incomprensión y de poca o nula delicadeza de M. María); “ es probable que a su regreso no me encuentre de capellan; si se ha empreñado en echarme, lo conseguirá a poco más que apriete”. Se desconoce por ahora el nombre del capellán que así se queja del trato incorrecto de M. María. El P. Rector del colegio nuestro era el P. Salvador del oro.
  5. Cf. Testimonio de M. Mª Amada Yepes de Jesús. Con el fin de ver si podíamos aclarar algunos extremos de estos sucesos, supliqué a dicha madre, de la que fui director espiritual los últimos años de su vida, me escribiera para mi uso particular todo lo que pudiera recordar de estos incidentes.Así lo hizo en un escrito de unas 20 cuartillas. Por sufrir amnesia muy notable de nombres y fechas, su testimonio es de valor muy relativo, págs. 98-102. (Aclaraciones sobre la Vida y Virtudes del Siervo de Dios P. Faustino Míguez, P. A. del älamo, 1967). Añadimos otras pequeñas muestras: No sabían que el Reverendo Padre lo tenía todo arreglado y no era del gusto suyo que se metieran en nada; pero a ciegas y sin saber lo que hacían, hicieron disparates. Me destroza el corazón, me quita la paz y no puedo escribir estas cosas; les expliqué que lo que querían hacer contra la Congregación era un mal perverso; que a mi no me cogieran en nada, que no era gustosa; a más estaba tranquila al frente de la casa de Sanlúcar y de ninguna manera quería mi padre (Fundador) que fuera con ellas. El me había dicho, no te muevas sin yo decírtelo ni ahora ni más tarde; veremos si hacen caso; están fuera de ser, me dan muchos disgustos. La que se puso al frente no hizo caso de nada, con la compañera hicieron disparates el pobrecito padre sufrió horrores, las dejó y en nada se metió, cerró su boca y pidió a Dios perdón y misericordia…” (Como puede colegisrse por lo transcrito, no hay hilación de ideas y parece confunde las distintas actitudes de las protagonistas). En el escrito continúa: “En 1936 empezarton, y en 1939 terminaron con una servidora”. Reanudamos la versión de M. Mª Amada por si en sus manifestaciones pueden traslucirse algunos retazos de verdad.
  6. Hemos modificado la puntuación, pues en el texto está todo seguido. Hacemos gracia al lector de todas estas manifestaciones, muy inconexas y deslavazadas, pero que nos muestras mejor que mil sutiles explicaciones la desorientación y turbaciones que tuvieron que sufrir muchas almas buenas por estos acontecimientos y las represalias que se siguieron tras la visita del Sr. Rodríguez Queveda. Es obvio que la M. Natividad no era la Vicaria ni tenía ella que convocar el Capítulo. Mientras no aparezca el documento de la visita, no podemos juzgar con conocimiento de causa la actuación de nadie.
  7. Fue hasta su ancianidad una notable calígrafa y dibujante, que trabajaba con primor en tarjetas a plumilla en color, admiradas por propios y extraños.
  8. Este atropello lo realizó M. Ángeles, entonces superiora de Beas, que sentía un celo indiscreto por las que mantenían correspondencia con el P. Fundador, ya que a ella, desde su desdichada caída, no la escribía mas que por razón de necesidad, a pesar de haber sido su Hija predilecta en los inicios de la Congregación y haber gozado “casi en exclusiva” durante muchos años de la máxima confianza del Siervo de Dios.
  9. M. Mª Amada murió en la paz del Señor y con altísimas señales de perfecciones, en 1969, suspirando por la pronta glorificación de su amado padre, que entonces veía vilipendiado y preterido por algunas de sus mismas hijas.
  10. Testimonio de M. Margarita Artime. (Aclaraciones a la vida y virtudes del Siervo de Dios P. Faustino Míguez, P. A. del älamo, pág, 104, Getafr. 1867)
  11. Testimonio de D. Tiburcio Ruiz de la Hermosa (Proc. Ord. Matriten, pág 89).
  12. Parece deducirse, por lo expuesto, que dicho documento, enviado a Roma, había vuelto a Madrid, quizá a la Nunciatura.
  13. Testimonio de M. Margarita Artime (Cf Aclaraciones sobre la vida y virtudes del Siervo de Dios P. Faustino Míguez, P. A. del älamo, pág 107)
  14. En esta relación encontramos vrios contrasentidos; en primer lugar, parece que indica que las gestiones de M. Margarita para deponerla del cargo fueron antes de la muerte de la M. General y que ella la acompañó en esta ocasión, cuando consta que el viaje fue a la muerte de la M. General. Por otra parte, es muy inverosímil, por no decir imposible, que una religiosa embaucara al Padre en un negocio de tanta importancia, máxime que el Padre era difícil de dejarse engañar; por otra parte, tuvo que tener habilidad singular para engañar a todas las religiosas del Consejo. También parece que pone en duda que M. Casáus fuera ilegítima, haciendo al P. embustero o calumniador, en las aclaraciones de su actuación, que ella conocía perfectamente. Consigna falsamente que M. Margarita fue expulsada por este motivo; salió después de mas de seis años de estos acontecimientos y por su propia voluntad. (¡ Qué pensar de toda esta declaración en una persona de tanta responsabilidad! Cuando menos, se hace sospechosa, con fundamento, de insinceridad en sus declaraciones). El P. una y mil veces se declara responsable de todo lo que aconteció. Señala que todo este proceso se halla en la curia de Madrid. Hemos hecho numerosas gestiones para conseguir ese documento y todas han terminado en fracaso. Por cinco días diversos hemos trabajado durante muchas horas en el archivo martritense y no hemos hallado ni rastro de tal documento, ¡cuando se conservan papeles de nimia importancia!. Es verdad que hemos tenido la mala fortuna de haber hecho nuestras indagaciones a raíz del traslado del archivo de la calle de la Pasa a su nueva instalación de la Almudena: pero ¡ que casualidad, hasta ahora siempre que se trata de algún documento compremetedor, han desaparecido hasta los más pequeños vestigios! Nuestras indagacines han llegado hasta el archivo secreto de la Nunciatura, a donde, como es natural, nose nos permitió entrar; pero el Sr. Secretario hizo a indicación nuestra las averiguaciones oportunas y nos certificó que allí no se hallaba documento ninguno referente a estos sucesos, a pesar de estar todo el periodo del cardenal Tedeschini muy bien ordenado y catalogado. Sin embargo, nos interesaría muchísimo encontrar tan curioso documento, que nos daría luz para poder emitir un juicio valorativo de estos tristes sucesos.
  15. Testimonio de M. Emilia de Jesús, sobrina de la M. Mª Casáus, Superiora de Sevilla y otros colegios y secretaria general varios años.
  16. Testimonio de M. Lourdes Morote Marín, religiosa residente en el colegio de Sanlúcar. (Cf. Aclaraciones sobre la vida y virtudes del Siervo de Dios, P. Faustino Míguez, P. A. del Alamo. Getafe, 1967)
  17. Cf. Aclaraciones sobre la vida y virtudes del Siervo de Dios, P. Faustino Míguez, P. A. del Alamo, pág 109). Test. de Hna. Dolores Carrillo.
  18. Testimonio de M. Antonia Amor Fernández, superiora durante muchos años de diversos colegios y el tiempo de la escisión en Belalcázar, donde residenciaron a M. Margarita Artime después de la intervención del visitador.
  19. Testimonio de M. Antonia Amor (Cf. Aclaraciones, etc, págs. 110-113). Como colofón de las pinceladas descriptivas sobre la M. María Casáus, me place copiar las que estampa M. Elena Coto de Jesús, secretaria de M. General Salesa Baña en su Historia mecanografiada de la Congregación de Hijas de la Divina Pastora Calasancias pág. 80 “Según testimonio unánime de sus contemporáneos fue (M. Casáus) ejemplar y observante religiosa. Su espíritu, como las rocas, duras y tranasparentes de cuarzo que forman nuestros macizos serranos. Dura se puede decir por la fortaleza de ánimo que mostró siempre en los muchos y especiales sifrimientos conque el Señor la probó y transparente porque su alma era sencilla y amante de la verdad hasta decirla sin rodeos ni disimulos”. Sobre su ambición patente de mando, su falta de tacto para desencadenar una tragedia inútil, sus cabildeos con otras religiosas, su evidente oposición a la superiora General anterior, M. Julia Requena, su falta de veneración y respeto, a las sugenrecias del P. Fundador, de todo eso… ni una palabra. Si la histotia es y representa algo no se puede reducir a una serie de alabanzas y ditirambos.