DiscursoNecrologico

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EL VENERADO PADRE FAUSTINO MÍGUEZ, FUNDADOR DEL PIO INSTITUTO CALASANCIO DE RELIGIOSAS HIJAS DE LA DIVINA PASTORA
DISCURSO NECROLÓGICO PRONUNCIADO EL 12 DE NOVIEMBRE DE 1950 POR EL M.R.P. JOSE OLEA MONTES DE LAS ESCUELAS PIAS

EL VENERADO PADRE FAUSTINO MÍGUEZ, FUNDADOR DEL PIO INSTITUTO CALASANCIO DE RELIGIOSAS HIJAS DE LA DIVINA PASTORA

DISCURSO NECROLÓGICO PRONUNCIADO EL 12 DE NOVIEMBRE DE 1950 POR EL M.R.P. JOSE OLEA MONTES DE LAS ESCUELAS PIAS

MADRID. EDITORIAL BIBLIOGRÁFICA ESPAÑOLA. 1951

En las puertas del Centenario de Getafe, el día 12 de noviembre de 1950, ante el cadáver del R. P. Faustino Míguez, que -a los veinticinco años de su muerte- fue trasladado, con toda solemnidad, a la Capilla del Colegio de Religiosas Hijas de la Divina Pastora.

Alabemos a los varones esclarecidos… ¡En tonemos un himno en su honor…! Laudemus viros gloriosos…! Así comienza el capítulo 44 del Libro de la Sabiduría…

Cantemos nosotros un himno de gloria al dignísimo, y nunca bien ponderado, P. Faustino Míguez, cuyo cadáver tenemos ahí delante… Para mí es una honra grandísima el comenzar ese himno, el entonar ese canto… Más aún: considero providencial el que circunstancias variadísimas me hayan traído aquí, en este día memorable, en este instante solemne…

Conocí al Rdo. P. Faustino allá en los últimos años del siglo pasado… Para todos era el santo, el sabio…Con él me confesé muchas veces… ¡Ah, y con qué respeto me acercaba al varón justo, ganoso de que me llevase con certeza por las rutas de este valle de lágrimas…! Lo mirábamos con veneración y… (Conste que hablar de veneración y de santidad, lo hago siempre en sentido humano, sin adelantar juicios; y sometiéndome por anticipado a cuanto diga la Santa Madre Iglesia). Por fortuna están aquí no pocos testigos que afirmarían cuanto yo estoy diciendo. Presente está el dignísimo señor Párroco de Daimiel, don Tiburcio Ruiz, amigo y confesor del P. Faustino, de quien tiene cartas y recuerdos de inestimable valor. Presente está el Muy Reverendo P. Agustín Turiel, Provincial de los Escolapios de Castilla, y los RR.PP. Rectores de los Colegios de Madrid y Getafe, con no pocos hijos de San José de Calasanz, que conocieron como yo al venerado P. Míguez.

Aquí están presentes el Excmo. Sr. Alcalde y Autoridades de este noble pueblo de Getafe, donde viven los escolapios desde hace más de dos siglos, y donde pasó nuestro P. Faustino la mayor parte de su preciosa vida. Aquí veo multitud de personas que también lo conocieron y lo trataron…Y veo otras muchas venidas, de diversas regiones de España, ex profeso para asistir a este acto…Miro bandadas de niñas y niños con sus directores y profesores a la cabeza.

Y, finalmente, me fijo emocionado en la dignísima Superiora General y en su Consejo, y en esa nutrida representación de Religiosas Hijas de la Divina Pastora, Congregación floreciente, fundada en 1885 por el benemérito Padre Míguez.

Salta mi corazón de gozo en este momento, en esta tarde memorable, al contemplar tan numerosa y selecta comitiva.

A todos saludo: y comienzo por afirmar que el P. Míguez, cuyos despojos mortales tenemos ante la vista, fue y será siempre un diamante preciadísimo de la corona Calasancia. Diamante de innumerables, y lindísimas facetas, de las que bastaría una sola para hacer el panegírico de un santo, de un sabio, de un gran hombre…Pretender compendiarlas en un discurso, equivaldría a querer contar las arenas de la playa, o las estrellas del cielo.

Pero ya que en esta tarde histórica tengo el alto honor de dirigiros mi modesta palabra, ya que se me proporciona la ocasión de rendir públicamente un pequeño tributo de admiración a quien en privado admiré toda mi vida, intentaré presentar -como en cinta cinematográfica- , intentaré poner ante vuestra consideración algo de lo más saliente de la prodigiosa, de la fructífera vida de ese hombre extraordinario que se llamó el P. Faustino.

De él puede afirmarse lo que alguien (F. Garrigós) ha dicho de S. José de Calasanz: “Fue el P. Míguez un sacerdote castizamente español, un hijo de su pueblo, heredero de su raza, noble por su sangre, caballero por su porte, hidalgo por sus actos, sabio por su ciencia, santo por sus virtudes y grande entre los más grandes de su siglo…”

Hoy, con veneración y asombro, al cabo de veinticinco años de su muerte, hemos encontrado su cadáver casi intacto…[Notas 1].Bendito sea Dios, que nos ha permitido verlo y trasladarlo a una nueva caja, y conducirlo a la Capilla de la casa que él fundó, que él amó tanto y donde sus piadosas hijas[Notas 2] entonarán constantemente las vibrantes estrofas de ese himno de que hablé al principio: Laudemus Virum gloriosum… Alabemos y ensalcemos la memoria de nuestro amado y gloriosísimo FUNDADOR…!

El P. Míguez, aún en lo humano, ya fue un hombre gigante. Nació en tierras de Galicia, en Acevedo (Orense), el día 24 de marzo de 1831. Vivió hasta el 8 de marzo de 1925. Amado de Dios, recibió de su bondad el beneficio de la longevidad, como los Patriarcas, como San José de Calasanz, a quien tuvo siempre por modelo, después de Jesucristo. Y esa su prolongada vida de noventa y cuatro años la dedicó por completo a santificarse y a santificar a cuantos le rodeaban… De buena estatura, bien formado, color blanco, fuerte, robusto… Para mí era una montaña, como esa granítica del Guadarrama, que vemos en las lejanías de este horizonte, y que eleva al cielo sus “siete picos” famosos.

También nuestro P. Faustino, para admiración de todos, levanta en su vivir fructuoso siete cumbres esclarecidas: ESCOLAPIO, SACERDOTE, APÓSTOL, SABIO, FUNDADOR, MÁRTIR Y SANTO…

ESCOLAPIO.

Una verdadera casualidad[Notas 3] puso a Faustino en contacto con los hijos de San José de Calasanz. Míguez, que entonces se llamaba Manuel, por los años de su juventud, estudiaba en el Santuario de los Milagros (Orense), bajo la dirección de los Reverendos Padres Paúles. Esto lo decía muchas veces el mismo interesado; pero su modestia no le permitió decir nunca que fue siempre el primero, sin discusión, entre todos sus compañeros. Por fortuna lo hemos sabido nada menos que por el mismo testimonio del Excmo. Sr Obispo de Murcia, P. Vicente Alonso, pisano y amigo, quien añadía- hablando de nuestro P. Míguez-: “era un yunque para el trabajo…”

Uno de sus amigos tenía un tío escolapio, hombre insigne, que predicaba principalmente con el ejemplo. Y prendado Faustino de las palabras y virtudes del hijo de Calasanz, quiso seguir sus huellas e incorporarse a las huestes del Santo aragonés, fundador de la Orden Escolapia. ¡Cuán admirables y variados son los medios de que se vale Dios Nuestro Señor para llamar a las almas al retiro del claustro…!

Vistió Faustino la sotana en el hoy derruido Colegio de San Fernando del Lavapiés, hace precisamente un siglo: el 5 de diciembre de 1850. En 1853 profesó de votos Solemnes. Y en 1855 se ordenaba de Presbítero en la Parroquia de San Marcos .Desde este momento aquel nuevo sacerdote comienza a llamar la atención por sus virtudes, y ser admirado por todos. Primero por sus mismos Superiores, que lo incorporan a una expedición de escolapios distinguidos, de todas las Provincias calasancias, que había de marchar a la Isla de Cuba para fundar dos Colegios. Allí fue nuestro P. Faustino, allí completó sus estudios, sobre todo en ciencias físico-químicas; y allí llegó a ser conceptuado bien pronto como un profesor notabilísimo.

Cuando los Superiores lo estimaron conveniente, volvió a la Península. Y nombrado Director del internado del Colegio de este pueblo de Getafe, fue tanta su fama, fue tanto su acierto, que en año 1865 le brindaron con insistencia una mitra… Pero él declinó tal honor, diciendo que prefería vivir humilde para morir ignorado. La Providencia le marcaba otro derrotero: el año 68 tuvo el discurso inaugural del Colegio de Celanova, discurso de gran resonancia en los centros culturales. Pasa después, por disposición de la Obediencia, al Colegio de Sanlúcar; y allí, sin pretenderlo, empieza a darse a conocer como médico insigne. Nombrado bibliotecario-archivero de El Escorial, se dedica con ahínco al estudio de las lenguas orientales. La Escuela Pía le pidió entonces el sacrificio de aceptar el Rectorado de Monforte de Lemos; y a los tres años le mandó de nuevo a Sanlúcar, donde le esperaban días de gloria. En 1888 vuelve a este noble pueblo de Getafe, para pasar aquí ya los treinta y siete últimos años de su preciosa vida.

Y si en las LETRAS rayó muy alto, aún se distinguió por su PIEDAD. Religioso observantísimo, nunca buscó ni anheló privilegios ni exenciones dentro ni fuera del claustro; vivía como el más humilde y ejemplar novicio; su vestido y comida en nada diferían de los de sus hermanos…Y siempre fue el primero en la asistencia a los actos de Piedad ordenados por nuestras Santas Constituciones.

En todas partes dejó un nombre venerado; en todas partes lloraron su salida; en todas partes lo recuerdan con cariño… Y aun hoy, de labios de cuantos tuvieron la dicha de conocerle, se escapan estas palabras: ¡era un SANTO, era un SABIO…!

SACERDOTE

Había grabado el P. Faustino en lo más hondo de su alma aquella frase del Apóstol de las Gentes a los fieles de Corinto: “Que los hombres nos consideren como ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios.” No puede decirse más de la grandeza, dignidad y oficios del sacerdote cristiano. Y nuestro P. Faustino, desde el día de su ordenación sacerdotal, no fue otra cosa que un instrumento dócil en las manos del Divino Redentor, para continuar su obra admirable de la transformación del mundo .Era el P. Faustino otro Cristo… Y en los oídos del sacerdote escolapio, en los oídos de su alma noble, resonaban constantemente estas palabras: “así como mi Padre me envió, así yo os envío” (Jn.20).Y en todo momento de su vida procuró dar “gloria a Dios en lo más alto de los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” (Lc.2).

APÓSTOL

Fue apóstol incansable, y mil veces pudo exclamar con San Pablo: “charitas Christi urget nos…” (IIª ad Cor 5).

¡Gaudeamus omnes in Domino…! Con este saludo de sabor litúrgico se ha dirigido al mundo entero el Superior General de los Padres del Inmaculado Corazón de María, al ser elevado a los supremos honores de los altares -en este Año Santo- su ínclito Fundador San Antonio María CLATET, el Apóstol por antonomasia… Gaudeamus: alegrémonos de un modo particularísimo nosotros los escolapios. Que fue precisamente el nuevo Santo quien, hace un siglo, llamó a los hijos de Calasanz para que le ayudasen en su gran obra de apostolado allá en la “Perla de las Antillas” .Y los Superiores de las Escuelas Pías designaron, entre otros padres venerables, al entonces joven P. Faustino Míguez, que se hizo discípulo y admirador y amigo del magno Santo María Claret, y copió sus virtudes tan en alto grado que alguien , viendo a nuestro P. Faustino, repetía las palabras de San Isidoro: “occuli Chisti Apostoli sunt, qui scientiae lumen universo corpori Ecclesiae praestant…” Además, desde entonces, el espíritu de apostolado envuelve a todos los escolapios, de tal manera que, hoy dentro y fuera del círculo de sus Colegios, evangelizan a millares de niños en diversas regiones de América; y ha prendido la llama de santo apostolado hasta en el remoto Imperio del Sol naciente… Sea todo para mayor gloria de Dios, para mayor incremento de la piedad…Y repitamos con el Supremo Moderador de la benemérita Congregación Claretiana: ¡Gaudeamus omnes in Domino…!

SABIO

La oración y el estudio fueron sus alas… Todo en el P. Faustino era oración, hasta el trabajo, pues todo lo dirigía y encaminaba a cumplir la voluntad de Dios. Con verdadera justicia lo llamaban “el sabio”. Su cultura en ciencias eclesiásticas era inmensa y tuvo buen cuidado de ampliarla cuando fue bibliotecario en San Lorenzo de El Escorial. Y aunque poseía no escasos conocimientos humanísticos, el Padre Faustino, como profesor de Física y Química, se salió de los moldes hasta entonces en uso; pues consagrado intensamente a la investigación científica, supo arrancar muchos secretos a la Naturaleza, descubriendo las virtudes curativas de infinidad de plantas, y preparando esa serie maravillosa de específicos que llevan el nombre del P. Míguez, y que tan justamente son alabados y solicitados, por el eficaz alivio que proporcionan a diversas enfermedades. Feliz experimentador -escribe el Padre Cerdeiriña- dio el P. Faustino a la Química un carácter esencialmente práctico, que por aquel entonces no estaba en uso en la segunda enseñanza. Estudió en varios Centros Oficiales, y mereció que prolongase una de sus obras el señor Pizarro, Rector Magnífico de la Universidad sevillana.

FUNDADOR

Ad maius pretatis incrementum, para mayor incremento de la piedad trabajó siempre nuestro Padre. Vio un día un grupo de niñas pobres, mal atendidas en su educación y en su instrucción, y pensó que el formarlas bien en la Piedad y en las Letras, sería un capítulo adicionable a la magna obra de Calasanz. Y confiado en Dios, puso manos a la empresa. Todos los días, después de cumplir exactamente con sus deberes en el Colegio, dispensaba la instrucción religiosa a un grupo de niñas de una escuela humildísima, e iba trazando los planos de lo que había de ser, en no lejana fecha, el Pío Instituto Calasancio de Religiosas HIJAS DE LA DIVINA PASTORA.

¡Ah, y cuántas contrariedades en aquellos comienzos…! Pero el cielo le ayudó y la obra salió a flote; y la nueva barquilla Calasancia -contra viento y marea- siguió su rumbo; y hoy se presenta ante los ojos de Dios y de los hombres como rama frondosa y nueva del árbol plantado por San José de Calasanz en el jardín de la Iglesia. El día 2 de agosto de 1885 vestían el hábito (que ellas mismas, dirigidas por el buen Padre Fundador, eligieron) cinco, las cinco primeras Religiosas Pastoras. A la Reverendísima Madre Ángeles González, fallecida hace dos años, se la considera como la cofundadora del Pío Instituto. Este fue aprobado a los veinticinco años de existencia, el 6 de diciembre de 1910, por S. S. Pío X. Y las Constituciones por las cuales se rige, recibieron la aprobación definitiva del Papa Pío XI, el 27 de julio de 1922.

Cuenta hoy la Congregación con cerca de treinta Casas, de las que hay cinco en América del Sur, Muchas de ellas son magníficos Centros culturales, reconocidos oficialmente, para primera y segunda enseñanza .Tienen además numerosas clases gratuitas y algunos Asilos. Llevan a cabo esta labor unas seiscientas Religiosas, verdadero plantel de ciencia y virtud que, regido sabiamente por su Superiora General, la Rdma. M. Gemma de Jesús, extiende por doquier el lema “PIEDAD Y LETRAS”, siguiendo muy de cerca las rutas gloriosas trazadas por el Santo Pedagogo San José de Calasanz, cuyo espíritu tan directamente han heredado de este insigne hijo, el R. P. Faustino Míguez, su venerado FUNDADOR.

MÁRTIR

Del P. Faustino pudo afirmarse con el Apóstol: “virtus in infirmitate perficitur…” La tribulación purificó su alma haciendo que arraigasen profundamente en su corazón las grandes virtudes. Tuvo que sufrir por parte de todos… Sed magis praestat componere fluctus, que diría Virgilio; más vale echar un velo sobre este punto de la vida de nuestro Padre, a quien pueden aplicarse aquellas palabras del Libro de la Sabiduría (Sap. 10): certamen forte dedit illi (Deus) ut vinceret… ¡Y siempre salió victorioso…!

SANTO

Nuestro Padre recordaba constantemente la afirmación de S. Mateo: si obráis para contentar a los hombres “mercedem non habebitis apud Patrem vestrum” (Mt.6). Por eso puso siempre su mirada en Dios, cual si constantemente escuchase aquella voz, “sancti estote quia ego sanctus sum” Lev. 11).

Para mí la vida del P. Faustino Míguez fue sencillamente la vida de un santo: santa era su conducta, santas sus aspiraciones; y sus palabras eran todas palabras de santidad. ¿Quién no recuerda su modestia, su humildad, su fervor, su caridad, su devoción a la Santísima Virgen…?

La vida de un santo, dice el piadoso escolapio P.A. Clemente, no es más que una página brillante de la historia de la Iglesia Católica, mística esposa de Jesucristo y madre fecunda de numerosos hijos de bendición y de gracia .La santidad es uno de sus principales y divinos caracteres, que nunca puede faltarle, por lo cual ostenta siempre en el curso de los siglos su frente majestuosa circundada de esa aureola esplendente. Jesucristo es el Maestro y Modelo Soberano con cuyo Sagrado Corazón deben conformarse todos los justos de todas las edades.

Al unísono de ese Corazón divino latió siempre el de San José de Calasanz, que milagrosamente se conserva incorrupto. Y con idéntico sincronismo se movió durante noventa y cuatro años el magnánimo corazón del Reverendo P. Faustino Míguez.

Pero basta con lo dicho; pues con respecto a la santidad del hombre extraordinario, cuyos restos mortales tenemos ante los ojos, tal vez un día hable la Santa Iglesia Católica. Callemos por consiguiente nosotros y guardemos nuestro juicio en lo más íntimo de nuestra alma.

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Piadosa comitiva: he cumplido mi palabra… Como en cinta cinematográfica he puesto ante vuestra consideración algo de lo más saliente de la prodigiosa, de la fructífera vida de ese hombre extraordinario que se llamó el Padre Faustino.

Gracias por la atención con que habéis escuchado, a pesar de la inclemencia de esta tarde otoñal. Gracias especialísimas al M.R. Padre Provincial de las Escuelas Pías de Castilla; gracias a los dignísimos PP. Rectores, y a la multitud de escolapios que han honrado este acto con su presencia.

Gracias, en nombre de la Rma. Madre General de las Religiosas Hijas de la Divina Pastora y de su Consejo, a todos los asistentes, en especial a los religiosos y religiosas de diferentes órdenes y congregaciones aquí presentes, y a las Autoridades de Getafe.

Y ahora recojamos un momento nuestro espíritu. Pidamos a la Sma. Virgen de los Ángeles - Patrona de Getafe - , pidamos a la Virgen de las Escuelas Pías y a la Divina Pastora, de la que fue tan tierno amante el piadosísimo Padre Faustino Míguez, pidámosle que nos bendiga a todos.

Y entre tanto, formemos con nuestras plegarias una corona para depositarla sobre ese féretro, que contiene restos tan preciados. Y a fuer de católicos digamos con la Santa Iglesia: LUX AETERNA LUCEAT EI…

A.M.P.I.

Notas

  1. Por orden del Excmo. Sr.Patriarca Obispo de Madrid-Alcalá, en todo lo referente a la apertura del nicho y traslado del cadáver del R.P. Faustino Míguez, actuó de Notario Eclesiástico el M.I. Sr. D. Hipólito Vacchiano García, Canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica.
  2. Una de ellas ha publicado en la revista “Madre” un lindo artículo del que son estas palabras: “Al mirar por última vez el féretro de nuestro PADRE… pensé en su vida, en sus anhelos, en sus sentires, en sus afanes... y me pareció la historia de un grano de trigo que, con celestial cariño, el Divino Sembrador había arrojado en el surco, esperando copiosos frutos…
  3. Y un verdadero milagro había precedido a la decisión de su padre de autorizarle a seguir la carrera eclesiástica. Véase como lo narra su sobrino el Sr. Ferreiro Míguez: Tenía el P. Faustino otros dos hermanos varones y los tres deseaban ser sacerdotes. Su padre, un viejo patricio enraizado en la tierra nutricia como un roble, quería que uno de sus tres hijos siguiese en la casa patrimonial para darle continuidad a la familia y cabal administración a las tierras y labranzas. Parece que el elegido era Manuel (Faustino), precisamente el más empeñado en dejarlo todo y seguir su camino, su misión, porque una voz interior y dulce le había llamado para un destino más trascendente. Y como no había posibilidad de acuerdo, porque los tres hermanos, tercos en su voluntad, insistían, su padre, un tanto salomónicamente, decidió obviar la cuestión echando suertes. Y fue a José-abuelo del que esto escribe-a quien correspondió dedicarse al mundo, y a fe os digo que fue siempre un espejo de hombres honrados, una fuente de piedad y de bondad sin límites”. (De la revista “Madre”, num.4)