EP055

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Carta 55 (AG 56)

Getafe 26 de marzo de 1.889

M. Ángeles González León

Sanlúcar de Barrameda

Jesús. ¿No ves adelanto? ¿En qué consiste la virtud? En estar siempre con Cristo en la Cruz. ¿No lo estás? Pues eso es adelantar. En la Cruz siempre y de la Cruz al cielo. Respecto al genio. -Si no lo tuvieses, no merecerías en dominarlo. Por mucho que maltraten a un niño antes de tener razón, nada merece; así la que no tiene pasiones que dominar. Dios permite algunas faltas para que más nos reconozcamos y humillemos.

Dile al P. P. que lo haces porque te lo mando; pero que también te mando que lo obedezcas, si él opina otra cosa y que en todo te conformes. Respecto a la vanagloria, respóndele siempre al diablo lo de S. Bernardo: Ni por ti lo empecé ni por ti lo dejaré, y no hagas caso.

El permiso se pide a la más antigua que asista al acto. Esas mortificaciones interiores son las que más me gustan y apruebo: sigue.

Ya diré cuándo habéis de quemar otra vez todas las cartas: mientras, sigue.

A Dolores no le des oídos en eso; que así te lo mando; que me escriba y se atenga en todo a lo que le mande y nada más que así no falta.

Ya supongo que el demonio ha de trabajar contra los Ejercicios. Cuanto más haga, más alma y más fuerte. Que rabie aún más.

Todos los días no podré escribir. Tengo muchísimo que hacer y preciso.

Respecto al libro. El que Dios te inspire de los que tú tengas o pidas. El mejor, la viva voz. Para la lectura, ídem., y sobre todo ningún día dejes de leer algún capítulo del Kempis y con especialidad los coloquios de Jesús con el alma y viceversa.

Sobre la confesión general, déjalas en libertad y aconsejándoles que si creen la necesitan, sí, si no, no y con quien quieran. Las que confesaban conmigo, casi todas la hicieron, si mal no recuerdo. La confesión no puede hacerse con un ausente. Una cosa es cuenta de conciencia para dirigirlas, y otra confesión. Entonad el Te Deum, pero la bendición solo puede echarla el Sacerdote que dirige los Ejercicios si está autorizado y por Roma.

Escucha e instruye a las niñas en todo lo que buenamente te manifiesten. Es un deber del que dirige los Ejercicios. Lo demás que lo escriban. Se pondrá lo de los Ejercicios de las que peligren; aunque ya se indica en las CasasAsilos.

Veré lo de poner lo de la misa de las niñas; pero me parece ha de sentar mal meterlo ahora. Por eso no quería yo se empezase todavía. Además, no me gustan tantas condiciones en las Reglas.

No quiero ridiculeces, ni permito de ningún modo lleven las disciplinas a la cintura. Prohibido terminantemente y cuidado; quiero hagáis amable y no repulsiva la virtud.

No estoy porque las niñas recen el Oficio. Todo se les iría en aprender. El rosario en su lugar; es muy precioso.

Antonia debía poner dos palabras a su padre; que está buena y contenta o no y nada más; y que pide mucho a Dios por él, pero que vaya la carta por el Arcipreste que fue su Director. Me parece bien lo de las pretendientas. No te mando los originales de las Reglas y Dios sabrá hasta cuándo. Ahí los tuviste. No haberme mandado más de lo que pe día, que bien claro lo dije, y si no, míralo.

Veré lo de las comidas o almuerzo de las gratuitas y lo de la primera Comunión. No le digas más a la inglesa.

Ahí recibirás unos retratos certificados. Guárdalos que ya diré a quién has de mandárselos. Que no los vean. También recibirás pronto el obsequio para Dña. Francisca. Prepara el bolsillo. Recién llegado de Filipinas. Es una cajita para guantes, de marfil, con finísimos tallados. Es una cosa de mifó. Dña. Paula se lo indicó, a una cuñada suya que ella la quería para mí y como dicha señora se había visto casi ciega y yo, después de Dios la había curado, accedió al momento.

Dña. Paula me entregaba ayer 120 rls. 20 para la madre de esa niña Boj. y 100 de limosna para ese Colegio. No los tomé, añadí lo que faltaba para lo que os importa la caja y Stas. Pascuas. Veremos cuándo me pagas y no con las gracias, simplemente; que yo no tengo ninguna mina.

Pasé el día por Madrid. Salí de este pueblo en coche a las nueve, llegué a Madrid a las diez de la mañana. Fui a ver a un Padre muy amigo, a las once y media a la casa de Ridruejo, donde me esperaba casi toda la familia. Una hermana de Dña. Paula con cuatro hijas, su cuñada, el marido de ésta, el ama de llaves de su tío, en fin, la mar. A la una, a comer en grande, etc., A las cinco y media al coche y a las seis y media en este mi Colegio desde donde te bendice.

Respecto a Carmen G.: nunca la he tenido en otro concepto. Un corazón muy sano, alegrota... vista por fuera y vista por dentro como me gustan.

Nada vario en el orden de los ejercicios; pero creo que debía tener un poquito, media hora de recreo por mañana y tarde. Son niñas y aún a las mayores se les aconseja. Que escriban cuando quieran o quieras. Yo no puedo escribirlas, mientras no sepa quiénes son; que ya te lo pregunté. A ninguna más escribo.

Os bendice un millón de veces a todas, todas