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(Página creada con «Carta 59 (AG 60) Getafe, Marzo de 1889 A una ejercitanta Núm. 6. Sanlúcar de Barrameda ¡Pobrecita! ¡Así empiezo, así creo debo seguir y Dios sabe ya por cuanto t...»)
 
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Carta 59 (AG 60)
 
Carta 59 (AG 60)
  

Última revisión de 12:48 29 dic 2016


Carta 59 (AG 60)

Getafe, Marzo de 1889

A una ejercitanta

Núm. 6.

Sanlúcar de Barrameda

¡Pobrecita! ¡Así empiezo, así creo debo seguir y Dios sabe ya por cuanto tiempo, o si para siempre! Para Dios no hay caretas. Lo mismo ve el rostro que el corazón; igualmente penetra el cuerpo que el alma; nos ve por dentro como por fuera. Hija, si es que así puedo llamarte, que lo dudo muchísimo, pero muchísimo, entraste en los Ejercicios sólo con el cuerpo; dejaste fuera el corazón y el alma, y como Dios sólo quiere el alma y el corazón, te pasó de largo, al ver que no estaban contigo y...; me temo sobre manera que un beneficio tan señalado, como ese de los Ejercicios, haya sido para ti, como los que N. S. J. C. dispensó en la noche de la Cena para Judas. ¿Será posible? Dios lo sabe. Yo lo temo. Tú, lo verás.

Ya verás lo que es ser ingrata a Dios.

Casi veo cumplida en ti aquella terrible sentencia del Espíritu Santo: «La corrupción del óptimo es pésima.» ¡Infeliz! Vuélvete a Dios y vuélvete de todo corazón. Mira que esa alma tan bella que te cupo en suerte y tienes medio vendida al demonio, que eso haces al entregarla al mundo y a esas pasiones que ya rugen en tu corazón como los volcanes en su cráter.

Mira por ti y pronto, si no quieres venir a ser en breve piedra de escándalo para las que arrastrarás con tu ejemplo, y estatua de sal para aquéllas que escarmienten en tu cabeza.

¡Que Dios te ilumine y toque en el corazón con su gracia y una verdadera contrición!