EP064

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Carta 64 (AG 65)

Getafe, marzo 1889

A una ejercitanta

Núm. 6

Sanlúcar de Barrameda

Te dije que me temía llamarte hija; porque al leer tu carta y ver tanto apego al mundo, contra lo que de ti me prometiera, recordaba lo que hizo la Santísima Virgen con el venerable Tomás de Kempis que antes la amara mucho y después se resfriara, y, apareciéndosele cuando estaba rezando con muchos hermanos religiosos... a todos los regaló y besó, menos a él, a quien pasó de largo, sin mirarle siquiera... Pero él se reconoció y la amó muchísimo después viviendo y muriendo como un santo y tú... Dios sabe todavía...

Dices que me quieres y yo te contesto diciendo que: Obras son amores.

Si me quieres, no me hubieras dado ese disgusto. No me has querido, ni me quieres; así lo prueba el que no me hayas creído ni me crees todavía.

¿Recuerdas te dije que o tenías que ser una Santa Teresa o un demonio?

Eres muy ingrata a Dios que te ha llamado y llama de mil maneras y llevas tu ceguedad hasta preferir... lo mortal y caduco y despreciable a lo inmortal, al mismo Dios que te quería toda, toda para sí y para siempre.

En el pecado llevas la penitencia.

Piénsalo bien, que te va en ello tu salvación o tu condenación.

Dios no quiere almas pusilánimes, indecisas, ingratas. ¡Infeliz! ¿Cabe duda entre Dios y el hombre?

Que Dios te ilumine como yo te bendigo en su nombre