EP067

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Carta 67 (AG 68)

Getafe 29 de Marzo de 1889

Srtas Ejercitantas

Sanlúcar de Barrameda

Mis muy amadas hijas en J.C.: ¡La bendición de Dios descienda sobre vosotras y permanezca siempre! ¡Que Él os colme de todas las gracias que os deseo y os dé en esos días de Santos Ejercicios tantas luces para conoceros a vosotras mismas y la nada de cuanto perece, que ya no penséis más que en lo que más pronto os puede llevar a Dios en cuyo solo amor está toda vuestra dicha temporal y eterna! ¡Que de tal modo os penetréis de la fealdad y trascendencia del pecado, que jamás, ni por nada ni por nadie os atreváis a cometerlo! ¡Que conozcáis la importancia del tiempo que Dios os concede sólo para labrar la corona eterna que desea ceñir a vuestras sienes de tal manera que ni un instante perdáis ya, ni empleéis en cosa que no pueda conduciros a esa dicha inefable a que os llama por tantos medios y favores singulares!

Mirad, hijas mías, gue favores obligan, y los Santos dicen que uno de los mayores que Dios dispensa a las almas que quiere especialísimamente para sí, es el proporcionarles esos Ejercicios Espirituales; pues el mismo Dios dice que a esas almas las llevará al retiro de los Ejercicios para hablarles al corazón.

¡Con que el mismo Dios os va a hablar! ¡Hijas de mi alma!

¡Bendito sea El y benditas seáis vosotras por El mismo!

¡Oh, dichosas, hijas mías, si prestareis atento oído a cuanto os diga en la lectura, en las pláticas, en los exámenes de conciencia, en las meditaciones... y siguiereis dóciles sus llamamientos, y pusiereis en práctica sus inspiraciones, y le dijereis con la mano sobre el corazón: Señor, aquí nos tenéis! ¿Qué queréis que hagamos? ¡Vuestro es y desde ahora para siempre nuestro corazón con todos sus afectos; vaciadlo de todo lo que no seáis Vos y llenadlo de sólo vuestro amor, que sólo Él nos puede hacer felices! ¡Tomad posesión de Él, desde ahora para toda la eternidad; que sólo para Vos lo creasteis y sólo Vos podéis llenarlo, como lo confesó bien desengañado vuestro Siervo San Agustín!

¡Antes que tengamos la desgracia de sufrir ese amarguísimo desengaño, os lo entregamos, Dios mío, para que, ni por un momento deje de ser vuestro trono y hoguera de vuestro amor! Amor, Dios mío, amor Purísimo, amor perfecto, amor perpetuo; amor eterno os pedimos... y eterno amor os juramos. Dadnos vuestra gracia para así cumplirlo.

La mayor parte de los santos empezaron a serlo por unos Ejercicios Espirituales; ¡haced, pues, Dios mío, que éstos produzcan también en nosotras los mismos efectos! ¡Que salgamos de ellos tantas santas, como somos las que los hacemos!

Que desde ahora se unan, se fundan, formen un sólo corazón y una sola voluntad; nuestros corazones y nuestra voluntad, con la voluntad santísima y el Sacratísimo Corazón de vuestro Divino Hijo, y que esta unión que empieza ahora dure por toda la eternidad. Haced, Dios mío, que descienda sobre nosotras, si no visiblemente, como sobre los Apóstoles y discípulos, vuestro Divino Espíritu; al menos invisiblemente para que nos inflame en su divino amor, y nos llene de sus dones, y nos haga salir de estos Ejercicios fortalecidas con su gracia, llenas de su espíritu y resueltas a trabajar siempre, como aquéllos, en vuestra honra y gloria y en la salvación propia y ajena, empezando por la de nuestra familia, por nuestra conducta intachable, con nuestras oraciones fervientes, con el desprecio de todo lo que más afanosos buscan y aman los esclavos del demonio, o sea de sus pasiones.

Es de fe que nos queréis santas; pues, santas queremos ser, Dios mío. Queremos cumplir vuestra santísima voluntad y para que nunca de ella se aparte la nuestra, también os la consagramos. Ya desde hoy no queremos tener más voluntad que la vuestra; manifestádnosla en cuanto pueda conducirnos a más y más cumplirla, a más y mejor amaros, a serviros como merecéis serlo y a nunca separarnos de la senda que queráis sigamos y deseamos conocer. Mostrádnosla, Dios mío; decidnos por dónde hemos de ir más pronto a Vos y con más seguridad, que somos jovencitas inexpertas y nos esperan grandes peligros, muchos trabajos y sólo Vos sabéis cuántas otras cosas, si no seguimos vuestro llamamiento, si no nos embarcamos en el mismo buque que Vos mismo capitaneáis y gobernáis. Así como no hay salvación para el que vive fuera de la Iglesia Católica; tampoco para el que se embarca en el buque que Vos no guiais; para el que abraza un estado a que no le llamáis.

Aquí estamos obedientes como Samuel; hablad a vuestras siervas que prontas están a obedeceros en cuanto les ordenéis; y si no lo estamos, haced que lo estemos y que jamás nos apartemos de la senda que nos tracéis; ¡que la conozcamos, Dios mío, y, conocida, la sigamos para siempre! Hablad, que prontas estamos a cumplir dóciles cuanto nos ordenéis.

Vuestras somos y nos resignamos por completo a vuestra santísima voluntad. Que se haga ahora y siempre en nosotras. Allanad todas las dificultades que se opongan en su cumplimiento en nosotras y no permitáis que exista nunca alguna por nuestra parte. Morir queremos antes que faltar a nada de cuanto nos mandéis. Estos son nuestros deseos, estos nuestros propósitos; haced que se conviertan en realidad, para que os alabemos siempre aquí y os gocemos después en la gloria.

Os bendice con todo su corazón y con toda su alma; se encomienda a vuestras oraciones y os encomendará muchísimo más a Dios y a su Santísima Madre en el Santísimo Sacrificio y especialísimamente durante esos Stos. Ejercicios el que se une a vosotras durante los mismos.