EP107

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Carta 107 (AG 108)

Getafe, sin fecha

EJERCITANTAS

Sanlúcar de Barrameda

J.M.J.

¡Bendiga el Señor una y mil veces a mis queridísimas hijas en J.C.! Una y mil veces os bendiga ahora y siempre y os llene de ahora para siempre de su santo amor y gracia para que nunca os apartéis de su servicio ni tengáis la desgracia de serle infieles.

Apenas leí vuestras cartitas parecióme ver en ese recinto aquellas jovencitas que en tiempo de S. Ambrosio se reunían también para abrazar aquella vida que el Santo les aconsejaba y ellas, renunciando a tomar parte en la comedia de la vida y a hacer en ella esos papeles que de nada han de servir para la hora de la muerte, se abrazaban fuertemente con Jesús crucificado y decían a sus padres que les ofrecían los mejores acomodos: Nos ofrecéis unos esposos que decís muy buenos; pero nosotras ya hemos hallado otro mejor. Exageradnos las riquezas de los que nos proponéis, encomiad su hermosura, ponderad su nobleza, ensalzad su poder...; que nosotras ya estamos en posesión de Aquel con quien no puede compararse otro alguno; es el dueño del mundo, es el Omnipotente, su nobleza es celestial. Ninguno tan fiel. Ninguno tan hermoso. Es eterno y nos ama desde y hasta la eternidad y nos hace felices ahora y para siempre. Nunca muere, ni afloja en el amor que nos tiene. Siempre amable, siempre amante; nunca se resfría en su amor, ni se hastía de nosotras... Si tenéis otro esposo semejante que ofrecernos, no lo rehusamos; pero si nos presentáis otros que no tengan estas cualidades, no miráis a nuestra felicidad, si no que nos lo envidiáis. Sus padres, en su mayor parte gentiles y arrianos, las encerraban en sus casas para que no fueran a oír las exhortaciones y consejos que el Santo les daba, y ellas se encerraban en su corazón con Jesús y allí se lo consagraban para siempre. Y la misma determinación que sus padres tomaban contra ellas, les ayudaba a preservarse de los peligros que tenían.

Las hijas de padres católicos acudían en bandadas, como de palomas, a consagrarse ante los altares a su dulcísimo Esposo y a que el Santo Obispo les diese su bendición. Y cuando ya todos los padres llegaron a oponerse, venían de otras partes a porfía y ninguna se daba por contenta si no llevaba a otras al mismo amor de Jesús. ¡Qué diferencia de amor a amor! En el carnal, todo es celos que devoran y provocan a mil crímenes. En el de Jesús es tanto más fino el amor cuanto es mayor el número de almas a que se extiende.

Aquella ama más a Jesús y es más amada de Jesús, que lleva más almas a Jesús, que busca más esposas a Jesús.

El amor carnal se entibia con la frecuencia; muchas, muchas veces se convierte en odio al punto, como de Amán dice la Escritura; de todos modos es siempre poco duradero; pero el espiritual va siempre en aumento; crece y nunca hastía, nunca dice basta; porque nunca llega el amor de la amada al del amante y confundida de no amarle nunca cuanto Él se merece, se esfuerza sin cesar por amarle más y más y como más y más se ve correspondida, hace un cielo anticipado de esta vida. Testigos vosotras mismas en estos días en que así vivís abrasadas continuamente y estrecháis contra vuestros corazoncitos de ángeles a vuestro amantísimo Esposo que os habla en el secreto de vuestra alma, que os brinda a esas bodas celestiales. Más gozas, seguramente, y con más pureza de alma y cuerpo en esos días, que habéis de gozar entre el borrascoso mar de la vida, por muy bien que os vaya, como os lo deseo.

Por esos ocho días que ahí estáis con Jesús y hablando siempre con El, os podéis formar una idea de lo que es la vida espiritual y religiosa. Por lo que veis en vuestras casas podéis conocer la vida del mundo y de matrimonio. Así podéis conocer los dos extremos y compararlos para optar por el que Dios os inspire no olvidando lo que dice S. Bernardo: que la mujer debe casarse o encerrarse. Seguid el partido a que Dios os llame, pero no olvidéis que os quiere santas. Embarcaos en el buque que queráis, pero tened presente que Dios sólo os ofrece las gracias eficaces para llegar al puerto seguro de la gloria, si os embarcáis en el que Él os mande o inspire. No os equivoquéis, hijas mías, que va en ello, vuestra felicidad temporal y eterna. Haced desde ahora lo que queráis haber hecho a la hora de la muerte. Estos son días aceptables, como dice San Pablo; aprovechadlos; estos son días de salud, aseguradla. Mientras tenéis tiempo, obrad el bien.

Mucho me place ese gusto que decís. Tenéis en esos Ejercicios. ¡Dios haga que toméis el gusto a ese dedito de miel y nunca queráis ya gustar la hiel del pecado!; pero temed aquella sentencia del Espíritu Santo: La que conoció el buen camino y lo emprendió, siquiera sea por poco tiempo, no es apta para el reino de los cielos, si lo deja.

Os decía al principio que esta vida es como una comedia, donde cada uno hace su papel; uno, el de rey; otros, los de príncipes; otros, los de vasallos, etc., pero al terminar la comedia, todos son iguales, todos vasallos. Todas desempeñaréis vuestro papel en esta vida, pero sólo llevaréis, al fin, vuestras obras ante el tribunal de Dios, que os ha de pedir a proporción de lo que os ha dado, y os recompensará según lo que hubiereis hecho.

Solas las virtudes, solas las buenas obras os abrirán las puertas del cielo.

Las vanidades, el lujo, los placeres os las cerraran para siempre.

¡Ya es la última!

Os bendice