EP108

De Wiki Instituto Calasancio
Saltar a: navegación, buscar


Carta 108 (AG 109)

Getafe, sin fecha

JÓVENES EJERCITANTAS

Sanlúcar de Barrameda

V.J.M. y J.

Muy amadas en J. C.: He tomado la pluma sin saber qué deciros.

Noto en las vuestras un no sé qué. En ellas veo lo que ya sabía: que hay excelentes disposiciones, pero no comprendo que a todas os inspire el Señor, como vosotras decís, lo mismo. No hay entre vosotras dos siquiera que os parezcáis en el rostro; pues más diferentes creo serán los medios de hablar Dios a cada una. O no me decís la verdad o no lo entiendo. Si queréis que os diga lo que siento, me parecéis a otros tantos pedacitos de cera blanda que recibís cualquiera impresión; pero me temo que no ha de ser duradera. La menor elevación de temperatura, o el más mínimo grado de calor que adquieran vuestras pasiones, me parece que borrarán esas impresiones, y seréis más responsables a los ojos de Dios, que tanto nos mima y tan estrecha cuenta ha de pediros de los beneficios que os hace y, sobre todo, de ese que estáis recibiendo. ¿Basta tomar esas resoluciones? ¿Creéis suficiente resolveros a ser obedientes y humildes? ¿Os figuráis que podéis formar un oratorio de vuestro corazón y elevar en él un trono a Jesús, sin cuidarse de la puerta, del mural o antemural que ese templo necesita, para que no sea profanado por el enemigo? ¿No habéis oído lo que dice el Señor en el Evangelio que ningún rey prudente declara la guerra a otro sin considerar antes si podrá resistir con diez mil combatientes al que viene contra él con veinte mil? ¿Sabéis lo que decís, hijas mías? Cierto que no habéis prometido cosa que no debáis a Dios y que nada de eso es imposible, pero ¿os fijáis en los medios de cumplir lo que prometéis? ¿No sabéis que al prometer eso declaráis la guerra al mundo, al demonio y a vosotras mismas? ¿Comprendéis el poder de esos tres enemigos que vienen contra vosotras? ¿Qué plazas o castillos habéis escogido para defenderos? ¿Qué víveres habéis almacenado? ¿Qué aliados habéis buscado? ¿Qué tratados habéis hecho...? ¿Podréis defenderos por mucho tiempo de esos enemigos quedándoos en medio de ellos? Hasta los gatos que tienen tan buenas uñas se meten en las casas o suben a los árboles, cuando se ven perseguidos de los perros. Y¿ dónde os refugiáis vosotras, si hasta en vuestras casas habéis de encontrar quien os persiga, si no tenéis un árbol a donde subiros? ¿Dónde os refugiareis del mundo, si estuviereis en él? ¿Dónde del demonio, si domina en todo el mundo? ¿Dónde de vosotras, si habéis de llevar a todas partes vuestra propia voluntad con todas vuestras pasiones? Decidme por vuestra vida, ¿os creeríais seguras entre las garras de un león? ¿Lo está el ratón entre las uñas del gato...? Pues así y mucho peor os quedaréis vosotras, hijas de mi alma, en poder del mundo y del demonio. No, no, no me interpretéis esto que os digo con el corazón en la mano y con vosotras dentro de mi corazón y todos en el Sacratísimo Corazón de Jesús, no me lo interpretéis en mal sentido; que sólo es prueba de lo muchísimo que os quiero en Dios, de Dios y para Dios, que así os ha grabado en mi corazón, como el cuño en la moneda.

Figuraos cuál estaría una madre que delirase por una hija y la viese jugando o saltando, a oscuras y al borde de un profundísimo pozo sin brocal, suponed más todavía y es que estuviese en compañía de otras más juguetonas e inconsideradas y tan mal intencionadas que tratasen de empujarla para que cayese; decidme por vuestra alma, ¿estaría tranquila su buena madre? ¿No le parecería a cada instante verla caer en lo profundo y oír sus gritos sin remedio? ¿No la llamaría la madre...?

¡Hijas de mi corazón! Tal me sucede a mí, que os amo en Dios más que todas las madres a sus mejores hijas. Yo, yo soy esa madre que ya os ve con sobresalto al borde de ese pozo sin fondo de las máximas corruptoras del mundo, donde os zambullirán muy pronto las malas compañías, los malos ejemplos, los respetos humanos, las vanidades, las profanidades, el lujo, los halagos..., el demonio, la carne... Esos veinte mil enemigos que ya vienen contra vosotras. Por eso os llamo, hijas mías, mientras hay remedio. Os llamo porque la corrupción de lo óptimo es pésima, como dice el Espíritu Santo, y la vuestra será terrible, por lo mismo que, gracias a Dios, sois tan buenas y os favorece tanto, tanto. ¡Ay de vosotras si fuerais ingratas a Jesús, vuestro amantísimo Esposo, que tiene sus complacencias en vuestros corazoncitos angelicales!

¿Y qué viveros de virtudes habéis allegado todavía para resistir a los continuos cercos que os han de poner vuestros enemigos y los repetidos asaltos que os han de dar? ¿Dónde están todavía esas sólidas virtudes que sólo se adquieren con mucha práctica, grandísimo trabajo, mucha penitencia y propia abnegación? Y sin ellas, ¿podréis por menos de rendiros a la primera arremetida de vuestros enemigos? ¡Ah, pobres hijas mías, y cómo desgarráis mi corazón con engañaros de ese modo!... ¿Y dónde están vuestros aliados? Los santos no pueden serlo, porque sobre no ser ese el camino ni la conducta que ellos siguieron y observaron, no pueden favorecer a los temerarios que obran contra la voluntad de Dios fiándose de la suya; Dios tampoco, porque no se contradice. ¿Dónde están, pues, vuestros aliados? ¿Con qué auxilio contáis? Con los de los hombres. Serán vuestra ruina. ¿Qué tratados habéis hecho para obligar a que os defiendan? Ninguno habéis hecho, ni haréis: si no siguiereis la vocación que Dios dé. Siguiéndola, Dios se compromete, mejor dicho, está ya comprometido a ayudaros con bien en todo. Os bendice mil veces con todo su corazón.