EP124

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Carta 124 (AG 127)

Getafe, 5 de enero de 1890

M. ANGELES GONZALEZ LEÓN

Sanlúcar de Barrameda

J.R.S.E.N.C.

A la pregunta que me haces respecto al mayor recreo que has dado en estos días pasados y a la alteración en las horas de la distribución del tiempo: Lee el artículo 7 º de dicha distribución en las Reglas y si el Copista lo puso, como está en el original, dirá: 7 º «Queda a la prudencia de la Superiora el modificar lo anterior, si así lo exigieran la estación, el clima, las circunstancias de la población u otras; pero sin faltar esencialmente a lo que se prescribe.»

Este original es el mismo que os mandé antes de presentarlo en Sevilla. Esta fue mi mente. Esto lo que vosotras aceptasteis, según carta que obra en mi poder.

Si no consta en ésa; estoy seguro que así está en la que yo escribí y mandé a Sevilla y está allí aprobado.

Por lo tanto, no habiendo omitido nada de lo prescrito, no hubo extralimitación de facultades.

En ninguna de las Reglas de las que yo he visto, y he visto algunas, tanto de Religiosos como de Religiosas, se exceptúan las festividades, ni Pascuas, ni día alguno de observar las Reglas; y sin embargo, así unos como otras tienen alguna expansión más en ciertas ocasiones, aunque siempre según lo exige la moderación religiosa.

Me gusta que se mire por la estricta observancia de las Reglas y lo alabo si se hace con la prudencia y caridad que endulza aún las advertencias y reconvenciones más amargas; pero repruebo con toda mi alma el celo indiscreto y todas aquellas advertencias que en vez de llevar el convencimiento al alma y afianzar por él la observancia, inquieta los espíritus y acibara la vida religiosa.

Ninguno más fuerte que Jesús, nuestro Amantísimo Salvador; nadie más celoso por la honra y gloria de su Eterno Padre, y sólo una vez, no obstante, se mostró airado con los que profanaban su templo.

Por lo demás, siempre dulcísimo, siempre amable... y mandándonos siempre que aprendamos de El a ser mansos y humildes de corazón, si queremos conseguir la paz de nuestras almas.

Si el mismo Apóstol dice de las Escrituras: Que la letra mata y el Espíritu vivifica, ¿cuánto mejor podemos decirlo de las Reglas?

Espíritu, hijas mías, espíritu; corazón y recto fin e intención en todo es lo que me habéis de procurar en todo...

¿No habéis leído los 11 Discursos de San Alfonso de Ligorio para la preparación a la Natividad?

¡Cuánto y cómo nos enseña todo un Dios Niño!

Pues San Juan nos dice que todo lo que está escrito, lo está para nuestra utilidad e instrucción; para que aprendamos esas amorosísimas lecciones de todo un Dios hecho hombre, sólo por nuestro amor.

Por el Santo Niño os ruego que nunca me obliguéis a que os aplique las palabras de J.C. a sus Discípulos, cuando le pidieron que bajase fuego del cielo contra las ciudades que no querían oírlos: "No sabéis de que espíritu sois.»

¿Quién os sacó del mundo? El Amor. ¿Quién os llevó a ese recinto? El Amor. ¿Quién os mantiene ahí? El Amor. ¿Quién os ha de conservar? El Amor. ¿Quién os ha de prosperar en todo, todo? El Amor y solo el Amor Divino.

Si ése no arde; si no abrasa vuestro pecho; si no os enardece y mueve para todo; si no ha de ser el resorte y motor al mismo tiempo de todas vuestras acciones, pensamientos y palabras... romped esos hábitos y volveos al mundo... si no queréis haceros doblemente culpables por doblemente ingratas...

Léelo todo ante las Profesas.

Os bendice