EP140

De Wiki Instituto Calasancio
Revisión a fecha de 12:49 29 dic 2016; Ricardo.cerveron (Discusión | contribuciones)

(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Saltar a: navegación, buscar


Carta 140 (AG 143)

Getafe, 5 de marzo de 1890

A LAS SRTAS. EJERCITANTAS

Sanlúcar de Barrameda

Srtas. Ejercitantas.

Amadas hijas en J. C.: Si habéis tenido la dicha de abrir a J. C. la puerta de vuestro corazón para que cure vuestras enfermedades, disipe vuestra ignorancia y os conduzca, como Pastor, a buscar el alimento a vuestras almas y a calmar su sed con las aguas más puras, aguas de la gracia, habréis reflexionado sobre los motivos que tenéis de amar a Dios, de huir de cuanto pueda impedir ese amor en vosotras y de aplicar diariamente los medios que podáis para crecer diariamente en el mismo.

¿Hay algo más justo, más hermoso, más útil, más necesario y dulce que el amor de Dios? ¿A quién pertenece el fruto del árbol? -a su dueño, me diréis. ¿Y de quién sois vosotras? De Dios en cuerpo y alma, añadiréis.

Luego justísimo será que empleéis el alma y el cuerpo sólo en su servicio. Y cometeréis un robo sacrílego si dais a otro que a Dios algo de cuanto hacéis, decís o pensáis; vuestro cuerpo con todos sus sentidos, vuestro corazón con todos sus afectos, vuestra alma con todas sus potencias. Todo, todo es de Dios, y ¡desgraciadas de vosotras si no lo empleáis todo en su santo amor y servicio! Y nada más honroso.

Se tiene a gran honra servir de cerca a los reyes de la tierra. ¿Cuánta mayor será la de servir al Rey de los reyes y al Señor de los señores? Se sirve con gusto a los grandes de la tierra, que nada hicieron por sus servidores y ¿no haréis de buen grado cuanto podáis por el que hizo tanto por vosotras? ¿Os pudo amar Dios con un amor más ardiente, más tierno, más generoso, más fuerte y más constante? ¿Sera, pues, mucho que vosotras le améis con todas vuestras fuerzas, con todo vuestro corazón, con toda vuestra inteligencia, con toda vuestra alma, como tantas veces lo manda en las Sagradas Escrituras? Sí, Él os amó hasta dar la vida por vosotras, alimentaros con su sangre y apagar la sed de vuestras almas con su propia sangre; siendo Dios no necesita de vosotras y haciéndoos el beneficio inefable de permitiros que le améis, ¿no será honrosísimo para vosotras el corresponderle agradecidas entregándoos por completo a su servicio, empleando en amarle esos corazones excelentes que sólo para eso os dio? ¿Podrá el amor que tengáis a las criaturas, siquiera sean las mejores, granjeros la honra y gloria que el amor de Dios? ¡Ah! ¿No lo entendieron así Santa Inés cuando rechazó al hijo del Prefecto de Roma, y Santa Susana al César Maximino y la Beata Juana, Infanta de Portugal, a Luis II de Francia y la Beata Inés a Fernando II, y tantas, y tantas otras. Y si eso no hubiesen hecho, ¿tendrían hoy la honra que tienen en el cielo y en la tierra? ¿Quién se acordaría de ellas? ¿Quién bendeciría su memoria e invocaría su intercesión? Y por haber escogido la mejor parte Dios las colmó de gloria en el cielo y en la tierra, y los hombres tienen en bendición su memoria y los veneran en los altares. ¿Y quién se acuerda ni aun de los que reinaron en su tiempo? ¿Dónde están y qué tienen ya de lo que gozaron...? La que tenga oídos, oiga; la que ojos, vea, y la que inteligencia, discierna. Y si a la utilidad miráis, ¿de qué podréis sacar tanta como de amar a Dios?

Los grandes de la tierra despiden o, cuando más, jubilan con un mezquino sueldo a sus antiguos y más fieles servidores, después de haberles retirado su confianza; pero Dios los ensalza tanto más cuanto mejor le han servido y los hace sus privados. Las arrugas de los años, los achaques de la vejez, las enfermedades más penosas son méritos a sus ojos para más y más elevarlos.

Si han caído, los levanta; si han faltado, les perdona; si no pueden, los ayuda... ¿Obran así los hombres? Si algo habéis observado, habréis visto en torno vuestro desengaños amarguísimos. Seguramente habréis oídos quejas de la inconstancia del hombre, y ¿querréis ser también su víctima? En el pecado llevaréis la penitencia. Nada más necesario que el amor de Dios. Nadie entrará en el cielo que no fuese hallado conforme a J. C. que es nuestro modelo. Es, pues, indispensable parecerse a J. C. en el espíritu, en el corazón y en la lengua; y juzgar de todas las cosas como El juzgó, y despreciar lo que El despreció y estimar lo que El estimó. Que todas las riquezas de la tierra, que toda la gloria del mundo, que todos los placeres de los sentidos, que todas las alegrías del siglo sean a vuestros ojos como lo fueron a los suyos: vanidad de vanidades y todo vanidad. Lazos y celadas que os arma el enemigo, manantiales inagotables de aflicciones incesantes.

Que sólo el cumplir bien la ley de Dios con los preceptos de la Iglesia y vuestras obligaciones tengáis por necesario y el salvar a todo trance vuestras almas.

Que hagáis bien todas las cosas, como El las hizo, y cada una de vuestras acciones será un acto de virtud a que corresponderá un grado de gracia en esta vida y de gloria en la otra.

Que en todo obréis con Dios, por Dios y para Dios y El estará con vosotras, y reinará en vosotras y velará por vosotras y hará vuestra felicidad como lo desea el que en su nombre os bendice.

Mañana tal vez no pueda escribir. Tengo que hacer, y acaso pasado.