EP141

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Carta 141 (AG 144)

Getafe, marzo de 1890

A LAS SRTAS. EJERCITANTAS

Sanlúcar de Barrameda

Srtas. Ejercitantas.

Mis muy amadas Hijas: Tal vez me llaméis importuno y aun entrometido; pero y ¿qué? Toda vez que no se trata si no de salvar vuestras almas, nada me importa con tal que se consiga.

Como si estuviese en ésa, me figuro que J. C., que ahí os reunió está llamando a la puerta de vuestros corazones, como el Esposo a la de su Esposa en los Cantares, y diciendo en cada una: Ábreme que quiero entrar y unirme contigo de tal modo que nada nos separe en adelante, incluso la muerte, que no es tan fuerte como el amor que te tengo y quiero nos una para siempre.

Ábreme que te veo enferma, y tanto más grave cuanto menos lo conoces, y vengo a curarte que para eso te he traído a este hospital de tu alma; porque no quiero que mueras si no que vivas para amarme. Soy el único que puedo curarte con sólo una palabra, con un acto sólo de mi voluntad y a eso vengo. Ábreme que soy tu Padre y quiero curarte; pero es preciso que tú quieras ser curada, que tú quieras vivir en mi santo amor, que recurras a mí y me pidas una voluntad sincera, un deseo ardiente de que te cure esa ceguera que te impide ver el mejor modo de servirme; esa sordera que no te deja oir mi voz y ser dócil a mi gracia esa mudez que te estorba para cantar mis alabanzas y proferir el sí de nuestra alianza eterna; esa lepra de tantos defectos que tanto te afea a mis ojos y te priva de infinitos bienes. ¿Salud quieres? Salud tendrás y eterna, pero déjame entrar en tu corazón, para que tú puedas entrar y vivir eternamente en el mío. No me rechaces que no volveré a llamar con tanto empeño ni, en caso que más adelante me abrieres, entraré con igual ternura. Heme aquí cautivo del amor que te tengo. Sé toda mía y yo seré todo tuyo y para siempre.

Ábreme, que te veo ignorante y soy tu Maestro, y quiero instruirte, y que me escuches y te aproveches.

No, no te causarán tedio mis lecciones, llenas de gracia y de verdad, de sabiduría y de ciencia, que deseo comunicarte.

No rehúses ser mi discípula y haré que me conozcas y te conozcas, y te enseñaré el precio infinito de la ciencia de mi cruz; instruiré tu corazón en mis secretos, y te inspiraré amor a mis máximas, y estimación a mis penas y así serás agradable a mis ojos, y gozarás de una alegría celestial y conseguirás tu salvación. Pídeme al efecto, inteligencia y docilidad; admira e imita las virtudes y ejemplo que te doy. Suplícame que te llene de mi doctrina, que te enseñará el camino de la vida y te haré entrar y caminar por él, y que le andes con amor; que encienda y alimente la caridad en tu corazón y yo escucharé tu súplica y pensarás como yo, y juzgarás como yo, y vivirás como yo y querrás, y desearás como yo, y harás lo que yo, que soy tu modelo y tu Maestro. ¿Saber quieres? Aquí me tienes, que soy la fuente de la sabiduría. Bebe, bebe, hija mía, bebe ahora en mi corazón y seguirás bebiendo por toda la eternidad. Bebe en estas aguas puras y no en los lodazales del mundo. Deja esas cloacas; ponte en salvo; acógete a mi corazón, que te ama con un amor infinito. No hallarás otro que tanto te quiera y tan feliz te haga. Ábreme, ovejita perniquebrada, que con tanto trabajo he traído sobre mis hombros a este redil que custodia mi Divina Madre. Ábreme que soy tu Pastor, pero bueno y no mercenario, que venga a matarte y perderte, si no a cuidarte y curarte; porque soy bueno en todo y hago brillar mi bondad en todas las ovejitas que me son muy dóciles. Tú debes ser una, porque eres mía; me perteneces en todos conceptos; porque yo te crie, yo te he conservado hasta ahora y sólo yo puedo conservarte y hacerte feliz en adelante.

Eres donación de mi Padre y precio de mi Sangre; muchas veces te has perdido y otras tantas te he buscado y vuelto a mi redil sobre mis hombros. Haz que siempre te reconozca por mía no alejándote más de mí, siguiéndome por todas partes, viviendo siempre en mi presencia, y sumisa en todo a mi voluntad... y te amaré tanto que me compadeceré de tus trabajos hasta ayudarte a soportarlos, y remediaré tus necesidades, y te sostendré en tus peligros, y te instruiré con mis palabras, y te alimentaré con mi propia carne, de mi sustancia misma, y seré tu guía y tu protector, y te llevaré un día para siempre a un lugar de delicias, donde nada te faltará y lo tendrás todo en abundancia... ¿Quieres más? ¿Puede alguien ofrecerte y concederte tanto? ¿Puede hacerte el mundo tan feliz? Si así lo crees para tu desgracia, síguele; que amarguísimo será tu desengaño... ¡Y sobre amargo, tardío e irreparable! Pero si comprendes los derechos que tengo sobre ti, no me disputes ese corazón que te di para que sólo a mí me amases.

No me niegues lo que te pido para tu dicha, no sea que ya nada te pida por tu desgracia.

Sólo yo formé tu corazón, yo solo debo poseerlo.

No me ultrajes dividiéndolo con otro, ni me lo niegues dilatando el entregármelo...

Os bendice,

El Pobre Viejo