EP153

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Carta 153 (AG 156)

Getafe, 29 de abril de 1890

M. ANGELES GONZÁLEZ LEÓN

Sanlúcar de Barrameda

J.R.S.E.N.C.

A la H.ª Sacramento ya le contesto en la adjunta que quiero leas antes de dársela.

De todos los años que yo estuve de Director de Colegiales apenas pude hacer oración mental en la mayor parte de los días y no es eso lo que más me apura.

El que siempre está trabajando por Dios, está siempre en oración y tal vez una sola jaculatoria le sirva más que muchas horas de oración.

El unir siempre nuestra intención con la de los justos de la tierra y santos del cielo en todas las alabanzas que dan a Dios, es acompañarlos, y uno de los ofrecimientos que yo hago a Dios en la Misa por mí y por vosotras.

Di a Sacramento que como se me intranquilice ya más, te voy a mandar le des un tirón de orejas. Que ya sólo trate de enterarse bien de las Reglas y de cumplirlas como Dios manda y de trabajar mucho a honra y gloria de Dios y bien de la Corporación y de las almas y sobre todo de santificar la suya a toda prisa.

Anímala mucho y como estará acostumbrada a tomar alimentos más fuertes, mucha carne, como se necesita en su país, no le escasees nada, que en ese caso no es singularidad alguna, ni infracción tampoco de las Reglas, si no su exacto cumplimiento, caridad. Díselo también a las demás que así lo mando, porque así lo creo necesario y conforme a justicia; que no se ha de privar la pobre de lo que necesite. Poco a poco, según se vaya aclimatando, se irá haciendo a los alimentos del país; mientras tanto hay que tener con ella esa consideración. Que no quiero se vaya a debilitar y a contraer alguna enfermedad por acomodarse en todo a lo vuestro; paciencia, que ya lo hará sin violencia. Ahora tendría que hacerse mucha y podría costarle.

Al de la carta puedes responder que nada de lo que sintió es ni ha sido nunca efecto de esa medicina, si no síntomas generales del trancazo. Que no le conviene tomar mucha quina, simplemente agua de hierro que puede prepararse echando clavos viejos en agua de limón o naranja o vinagre y tomando de ella a todo pasto. Si le carga un poco la cabeza que tome menos o lo suspenda por uno o dos días solamente y se aliviará. Que la quina unas veces produce y otras sostiene la enfermedad que padece.

Que los síntomas que siguen inmediatamente a la medicación que le mandan son precisamente los contrarios de los que ha notado a no existir otra enfermedad, como le ha sucedido con el trancazo.

Por tanto: que debe notar menos sed, mejor bienestar, más fuerzas y menos necesidad de orinar con frecuencia. Si esto no hay, o coexiste otra enfermedad o han adulterado la medicina.

Supongo le habrás dicho cómo debía tomarla. Nunca pura, si no mezclada con una copita de agua o de vino antes y después de comer y almorzar y aún en el agua o vino que tome durante la comida. Una cucharada de las medianas cada vez en el agua o vino correspondiente. Y que puede comer de todo y bien; que las féculas o dulces podían aumentar la cantidad de glucosa en la orina, pero no la enfermedad. Que tome de cuanto le guste; que lo que se toma a disgusto o con repugnancia no aprovecha.

¿Quieres más? A paseo.

Los Documentos de Sor Sacramento están bien y te los remitiré para otra, que esta lleva bastante carga.

Aquí empiezan las fiestas de Beatificación del B. Pompilio el 234.

En esos días nada podré escribirte.