EP154

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Carta 154 (AG 245)

Getafe, 1890

A SOR SACRAMENTO

Sanlúcar de Barrameda.

No soy tu queridísimo P., no; si no tu apenadísimo. ¿Qué mal te hice para que así me correspondas? ¿Ignoras que no es de almas bien nacidas el ser desagradecidas? Cierto que ya nada me merezco y por eso no lo siento por mí, sino que por lo que a Dios ofendes y escandalizas a tus hermanas.

No es esta sola temporada la que llevas sufriendo, no; bien sabes que empezaste antes y seguirás mientras seas tan envidiosa que te hace esclava del demonio que es el padrino de la envidia.

Si, esa es tu pasión dominante. Por ella te ha cogido el diablo, y por ella te perderás.

Lo observé en ésta y lo veo confirmado por tu conducta en ésa. Dios te había dado un corazón a propósito para amarlo cuanto puede hacerlo una pura criatura y tú lo has envilecido por tu egoísmo.

Te hace creer el demonio que el bien de otros impide el tuyo. No tienes fe. Ignoras que Dios tiene para todas. No sabes que en la Religión del bien de una participan todas y del de todas cada una. Por eso se llama la Religión gloria anticipada, para todas, las que en ella sirven como deben y no como tú lo haces.

Por eso te dije ya en ésta que será tanto mayor tu castigo cuanto más estás contrariando las miras que el Señor tenía sobre ti. Con tu pan te lo comes, desgraciada. Imita a la mujer de Lot y tu castigo será sal que preserve de la corrupción a otras, que no hay mal que por bien no venga. Por su soberbia y envidia se perdió el ángel en el cielo. ¡Qué extraño te pierdas tú en la Religión a que Dios te llama para que siempre le alabases! Dios en su misericordia e inescrutables designios te llamó y escogió para que eternamente le amases, como esposa queridísima; pero tú, como necia, no quieres ser de las escogidas. En el pecado llevarás penitencia. Ya te lo previne en otra carta, si quisiste entenderlo. Crees se te dicen las cosas por interés propio; allá tú veras, pero tarde.

¡Piénsalo bien! Al apartarte de tu vocación, juegas tu salvación; pero sin probabilidad alguna de ganar y sí con la seguridad de perderte. ¿Qué darás entonces por tu alma? Te extrañas de que no te haya castigado ya el Señor y te diré el por qué y es porque le queda una eternidad para hacerlo. Tus hermanas miran mal tu conducta y se harían tus cómplices si te lo aprobasen; pero a sus oraciones debes el estar todavía con ellas. Como el Niño que no quería aprender porque no sabía; tampoco tú empiezas a ser virtuosa porque no conoces la virtud.

¿Cómo has de tener tranquilidad siendo ingrata a Dios? Nunca la tendrás como así sigas. ¡Dios tenga misericordia de ti!

No quiero decirte más que a otras o adelante o atrás; o fuera o dentro; o de Dios o del diablo; o fiel Esposa de Jesús o esclava de Satanás.

¡Piénsalo bien!...