EP162

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Carta 162 (AG 164)

Getafe, 10 de Junio de 1890

M. ANGELES GONZÁLEZ LEON

Sanlúcar de Barrameda

Recibí la carta que me dices de esa señora de Cádiz y la contesté el mismo día, incluyéndotela de nuevo. Recibí la de los sellos que de nada han servido, por lo emborronados. Ya no los necesito para nada. También recibí la de la lista que siento haberte pedido sin gran necesidad, por la molestia que te ocasioné.

El jueves o viernes, pienso ir a examinar los niños y si me hubieras mandado la lista de los libros me ahorrarías otro viaje que no me gusta repetir.

En parte alguna estoy mejor que en el Colegio y en mi cuarto.

Dichosos dibujos que ya me apestan. Demasiado debíais comprenderlo desde un principio. Yo así me lo figuré.

Escribí al Provincial sobre mi ida a ésa, basándola en mi salud que también se halla un poco torcida. Va por dos meses, si no pasa, que apenas duermo tosiendo toda la noche y echando a veces sangre por la boca, como me sucedió aquí mismo el año 65. Nada me ha contestado ni espero me conteste, hasta que entre el nuevo, que ha de tardar todavía y veremos entonces con que sale. El anterior tiene un gran rimero de cartas sin contestar para que lo haga el entrante y mientras tanto joróbate prójimo.

¿Estás enterada? Pues ya ves que no queda por mí. Si me contestase podía estar en ésa para el martes a las 12. Y así las cosas, Dios sabe si iré y cuando. Por tanto, no me molestes más con esa cantinela. Cuando Dios así lo dispone o permite, mejor sabe que nosotros el porqué. ¡Bendito sea! y nos bendiga a todos ahora y siempre.

No dejes de avisarme con anticipación bastante cuando vayan a pasar por ésta los Sres. de Argüeso, que deseo saludarlos a su paso.

Más me disgusta una sola falta entre vosotras que todas las persecuciones exteriores: Estas tienden a unir, por consiguiente a edificar, y aquéllas a destruir.

Ninguna Corporación se arruinó por persecución exterior, sino por la inobservancia interior. Unión, unión, mucha unión y observancia y Dios defenderá vuestra causa. Y si Dios defendiere vuestra causa, ¿a quién temeréis? Os es tan necesaria la persecución para vuestro bien espiritual y propia conservación, como el alimento para la vida y sustento del cuerpo. Esa persecución se convertirá en gozo si os portaseis como debéis y lo llevaseis como Dios manda.

Si no recibisteis la carta sobre la Sra. de Cádiz, lo dejaba todo a vuestra prudencia para que hicieseis lo que quisiereis.