EP170

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Carta 170 (AG 244)

Getafe, 1890

A SOR SACRAMENTO

«Por Dios le pido». Así concluye tu carta. ¿Pero qué me pides? ¿Te he negado algo que te conviniese? ¿Cómo has correspondido? Ignoras que es de almas bien nacidas el ser agradecidas? Si cabe ya en tu corazón tanta ingratitud no con las criaturas, si no con tu Criador que te llamó para Esposa suya, ¿qué se puede esperar de ti para el día de mañana? ¿Crees que Dios necesita de ti para algo? ¡Infeliz! Tú eres la que necesitas de Dios para todo.

Si Dios te llamó, fue por un rasgo de su paternal Providencia, para librarte de la desgracia que, si así sigues, te espera, para hacer tu dicha temporal y eterna... ¡y así te olvidas de tu Clementísimo Bienhechor! ¡Así conviertes contra El las armas que te dio para conquistarle gloria y rescatarle almas que compró tan caras, no perdonando a su propio Hijo por salvarlas! Tanto amor propio, tanta envidia, tanto egoísmo... tanta soberbia...,¿cómo se concilian con tanto desprecio de tu decoro de tu pobre alma...? ¡Así respondes al que te llamó para la mayor dicha a que puede aspirar la joven más feliz!

¡Cuánto siento haya salido lo que ya me daba el corazón cuando te escribí la 1º a ésa sobre las Vírgenes Prudentes y Necias...! Cual lo preví así salió. Y para tu mayor responsabilidad, por estar ya prevenida.

«Por Dios que no te eche». No, no seré yo el que lo haga, que no quiero hacerme cómplice de tu perdición. Tú, tú misma con tu conducta impropia de una joven bien educada estás dando sobrados motivos para ser echada.

Ni sé cómo tanto te han sufrido tus Superioras, ni te han tolerado tanto tus mismas compañeras.

Si quieres salir por no tener vocación, bien puedes hacerlo sin dar esos escándalos y dejar ese rastro que tanto te deshonra. Para eso es el Noviciado, para ver si es o no de Dios el llamamiento. Más franca tienes la puerta para salir, que la tuviste para entrar, sal, pues, si quieres. Si habías de ser mala religiosa vuélvete al siglo que él te dará lo que deseas. Vuélvete a ese Egipto que él te saciará de las cebollas que echas de menos. En el siglo, entre tantas malas, no harás tanto daño, serás una de tantas; pero en la Religión bastarías sola a inficionar a todas, por buenas que fuesen. Buena entre malas, te harás como ellas. Mala entre buenas, las pervertirás a todas.

Dices en fin, que Dios te ha perdonado; yo no te puedo condenar, pero sí diré a lM. Superiora que si vuelves a las andadas, te plante al punto en el arroyo. Bien sabe Dios que lo siento; pero primero es el cuerpo que el miembro y, sobre todo, si está podrido.