EP201

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Carta 201 (AG 201)

Sin fecha

Sin destinatario

Habréis de dispensarme me levante de nuevo a cumplir con un deber de justicia que me obliga a manifestar la parte que en estos resultados cabe al ilustre Sr. Arcipreste que tan decidido apoyo viene prestando a esta Institución, con los demás Sres. Párrocos que tan dignamente preside; al R. P. Guardián y Venerable Comunidad de PP. Capuchinos que con tanta constancia y apostólico celo vienen levantando con ventaja la pesada carga espiritual que sobre mí pesaba.

Al Excmo. Ayuntamiento que, comprendiendo con tan levantado criterio y buen sentido práctico, las ventajas que esta Institución reporta a la Ciudad que representa, se ha declarado, por así decirlo, su Protector y no obstante la escasez de sus fondos, se compromete a costear el alquiler de esa casa sucursal donde reciben su educación más de 300 niñas.

¡Y, cuánto siento que altas consideraciones de delicadeza me impidan rendir un público testimonio del más profundo reconocimiento a muchas y muy distinguidas personas que, ni aún me es dado mentar, por lo generosas que han contribuido a la adquisición del mueblaje y a tantas otras atenciones de esa misma casa y a las modificaciones que en esta se han introducido! Todos las conocemos bien, porque son las mismas que emprenden y fomentan toda buena obra, y Dios las tiene muy presentes, por más que yo no pueda pagarles nominalmente ese público tributo de gratitud, para no mortificar esa modestia, hija del Evangelio que no quiere sepa la mano izquierda lo que hace la derecha, y es por lo mismo más digna de nuestra admiración y encomio.

Ni contraría poco mis deseos la penuria del tiempo que me obliga a pasar por alto el profundo sentimiento religioso de tantas y tan distinguidas familias como han confiado la educación de sus hijas a esta Corporación, por el buen criterio que manifiestan en el cumplimiento de uno de sus deberes más sagrados, por la satisfacción que esto debe causarnos al presente y por las halagüeñas esperanzas que nos ofrecen para lo futuro, pues nos demuestran que hay todavía sentido común y sentimientos religiosos, y es una garantía de que los habrá también en adelante, porque esas niñas, recompensadas hoy por su intachable conducta y constante aplicación, hemos de mirar las Esposas y Madres del mañana y por consiguiente las familias y el Sanlúcar del siglo veinte.

Gracias mil por todo y a todos y que el Señor se las dé tan abundantes como de corazón se lo pide el más indigno de sus Ministros y de todos los aludidos y de cuantos me escuchan, humilde Capellán cuyo señuelo ha sido, es y será hasta la muerte realizar en ésta su patria adoptiva, el pensamiento que hace muchos años bulle en su cerebro y ha consignado en el Reglamento de esta Institución.

Que el cielo se digne suscitar otro más afortunado que lo lleve a cabo para la prosperidad temporal y eterna felicidad de todos los habitantes presentes y futuros de Sanlúcar.

¡Viva Sanlúcar!