EP220

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Carta 220 (AG 220)

Getafe, 3 de marzo de 1891

M. ANGELES GONZALEZ LEÓN

Sanlúcar de Barrameda

Lo que más debes inculcar a las niñas es que amen muchísimo a Dios y antes consientan en la muerte que en ofenderle. Para mejor conseguirlo que amen también muchísimo a la Stma. Virgen y vivan de modo que en nada la disgusten. Como de eso se penetren bien y lo cumplan en adelante, bien les irá y bendecirán mil veces la hora en que así se resuelvan a vivir.

Cierto que era bien raro el nombre de Griselda; Dios haga que honre el que ha tomado superando en amor de Dios a la Dra. y heroína de Ávila y que sea entre las Hijas de la Divina Pastora lo que aquella entre las del Carmelo.

Dile a la dormilona, que no hay inconveniente en que haga lo que me pregunta, si quiere. Dale tantos tirones de orejas, como minutos se haya retrasado durante los Ejercicios.

Cien mil millones de bendiciones a las Ejercitantas y que sus propósitos no pasen como nubes de verano. Regálales los adjuntos alfileres para sus acericos:

1º No son los consuelos divinos para los que aman las vanidades del mundo.

2º No hay verdadero temor de Dios en el que adora el vicio que ama.

3 º No vendrá Dios a tu alma, si no echares de ella el amor del mundo.

4 º Para ver el sol tienes que volver la espalda a la sombra y para ver a Dios, a las vanidades del mundo.

5 º Ni Moisés halló a Dios si no entre las zarzas de la penitencia, ni tú le encontrarás en los deleites de la vida.

6 º No arraiga el amor de Dios en el alma que antes no desarraiga el amor del mundo.

7 º Ni el arca santa estuvo con Dagón en el mismo altar, ni Dios estará con el vicio en el mismo corazón.

8º Ni Dios se apareció a Moisés en Egipto, ni tú le gozarás en las tinieblas del mundo.

9º No hallarás gusto en las cosas celestiales si estuvieres ahita de las terrenas.

10º Vacía tu corazón de las cosas y vanidades terrenas y Dios te la llenará de consuelos celestiales.

11º Si el Señor no ha derramado hasta ahora en tu corazón el aceite de sus consuelos, es porque no se le ofreces vacío del mundo.

12º Si quieres ir al cielo, salva todos los obstáculos que te lo impidan, aunque sea el amor de tus parientes.

13 º Es una ilusión engañosísima el aparentar que te entregas a Dios, si te deshaces en cumplimientos con el mundo.

14 º Jesucristo sólo ama a quien el mundo desprecia.

15 º Pronto sigue la voz de Dios la que no tiene compromisos con el mundo.

16 º Desecha el Señor todo corazón partido; para sí lo crió y entero lo exige.

17 º No es buen cristiano el que ama las vanidades, como infiel.

18º Cuanto más te aficionas a las vanidades del mundo, tanto más te alejas del camino del cielo.

19º La austeridad en que vivió JC. condena lo regalado de tu vida, y la modestia de su traje la profanidad del tuyo.

20º Tus modas lunáticas reprueban la conducta de JC. que no cambió de túnica en toda su vida mortal.

21º Mira que no derroches tanto en trajes que no tengas con que cubrir a J. C. en los pobres.

22º Mejor es ser pobre y humilde que rico y vano; despreciado y justo, que alabado y pecador.

23 º Si a Dios amares, tendrás con usura cuanto por El menospreciares.

24 º No es digno de Dios quien no desprecia al mundo por Dios.

25 º Considera el castigo del pecado y dejarás de cometerlo.

26 º Breve es lo que deleita y eterno lo que atormenta.

27 º Guárdate del mundo que entra halagando para salir mordiendo.

28º Los bailes ciegan a los hombres y pierden a las mujeres; son tristeza de los ángeles y fiesta de los demonios.

29º La que valse o polke con el diablo, no reinará con Cristo.

30º Tanto tendrás de mérito cuanto de virtud y modestia.

31º Si guardares los mandamientos, dice Dios, serás bendita en la ciudad y en el campo, en tu granero y en todas tus cosas.

32º Si no guardares los mandamientos,... serás,... todo lo contrario.

33 º Es gracia sobre gracia una joven santa y pudorosa.

34 º Procura, si te casares, que pueda decir tu marido: mi casa es un cielo; he logrado cuanto podía desear.

Me han interrumpido, no puedo más, que me guarden y cumplan los alfileres y dichos.

Os bendice mil millones de veces,

El viejo